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miércoles, 27 de enero de 2016

Cómo cultivar las semillas de la creatividad

Hay quien considera que únicamente los artistas, genios o inventores, son gente creativa pero desde mi punto de vista, la vida cotidiana de cada ser humano muestra que somos creativos por naturaleza pues utilizamos, constantemente, las posibilidades que nos ofrece el entorno para dar forma a cosas nuevas, útiles o significativas. Desde niños nos unimos a la realidad que nos rodea y “re-creamos” la vida, apoyándonos en nuestra capacidad de dar respuestas distintas a cada situación.

Si nuestros antepasados se hubiesen conformado con hacer las cosas "como siempre", no habrían convertido las piedras en herramientas útiles, ni encontrado el modo de cultivar las plantas silvestres, ni pintado las paredes de las cuevas, ni representado con símbolos, las ideas. Alteramos el concepto de lo posible con cada pequeña osadía humana. Soñamos, creamos y evolucionamos.

Además, cada persona añade otro nivel de creatividad a su propia vida, al encontrarle un sentido propio a su existencia y a su aportación. En la siguiente anécdota queda expresada esta posibilidad humana: Se cuenta que en la Edad Media  alguien se acercó a las obras de una catedral y preguntó sucesivamente a tres canteros sobre el trabajo que estaban realizando. El primero contestó adustamente: “Estoy desollándome las manos para pulir esta piedra”. El segundo indicó, serenamente: “Estoy ganando un salario para sacar adelante a mi familia”. El tercero, con voz entusiasta, respondió: “Estoy colaborando a edificar una catedral para gloria de Dios y bien de la Humanidad”

No obstante, aunque  la creatividad esté en nuestra naturaleza también somos capaces de resistirnos a ella. Ser creativos significa ir más allá de lo conocido y eso supone adentrase en el territorio de la incertidumbre en contrapartida con la seguridad que aporta lo rutinario. En este vídeo se explica, en forma clara y divertida, los principales enemigos de la creatividad:


Entendiendo que las semillas de la creatividad están en cada ser humano, hoy quiero compartir contigo algunas sugerencias que te ayudaran a cultivarlas y a impedir que las malas hierbas sofoquen su florecimiento:

Valora y aprovecha el presente como recurso creativo: Sea lo que sea acepta lo que es tu presente como punto de partida para el ejercicio de creatividad que es vivir. A partir de ahí, haz camino. Como demuestran los niños al jugar con una sencilla caja de cartón y mucha imaginación, las posibilidades son infinitas. Pregúntate a menudo: ¿Cómo se podría hacer esto mismo de forma más divertida y eficiente? Juega a dar respuestas disparatadas o alejadas de lo esperado. En el armario de la rutina guardas todo aquello a lo que te has acostumbrado. Conviene revisarlo para ver lo que hay que reciclar.

Procúrate ratos de soledad para pensar sobre cosas que no estén relacionadas con tus preocupaciones cotidianas. Tiempo para la ensoñación, para emprender incursiones en lo irracional, para imaginar, para dejar que la mente vague hacia cualquier rumbo o para observar la realidad con una mirada que no sea la habitual en ti. Tu imaginación puede llevarte allí donde no se atreve tu lógica pero ya está tu corazón. ¡Déjale que te muestre el camino!

Busca distintas perspectivas:  Acostúmbrate a hacerte preguntas que amplíen tu visión de lo que sientes y lo que deseas ante las situaciones que afrontas: ¿Qué diferencia hay entre lo que creo que debo hacer, lo que siento que debo hacer y lo que deseo hacer? ¿Qué haría si no creyera que es imposible? ¿Qué acciones emprendería si me sintiese libre? ¿Qué decisiones tomaría si supieras que voy a tener éxito? Para descubrir la verdadera dimensión de un asunto necesitas verlo desde distintas perspectivas. Anímate a mirar más allá de lo evidente. Alejate de etiquetas, prejuicios y estereotipos que te encasillan en un único punto de vista. Experimenta con diferentes opciones. Juega con analogías y metáforas. El caso es impedir que lo obvio obstruya la visión de una mejor opción.

Pasa del dicho al hecho: Asume la responsabilidad de convertir en acción las nuevas ideas para obtener nuevos resultados. Para no demorarnos en este paso suele ser útil ponerse a trabajar en algún detalle del proyecto. Comenzar con un párrafo, un compás, una conexión o una actividad que ya puedas realizar hasta que quede a tu gusto. Esa primera acción facilitará las siguientes. Como dice el estribillo de la canción del grupo argentino Las pastillas del abuelo”, la “creatividad crea actividad”:

“Ágil mente, corazón
sólo lo impensado es imposible.
No desconfiar de todo, sino estar dispuesto a todo opuesto.

Paciencia, ciencia de la paz,
debe ser herramienta eficaz,
cuando nos falta creatividad.
Qué cuanto menos lo pensés
menos límites te ponés
y es más fácil volver a nacer.

De las cenizas de pasado
sentado en las rodillas de un eterno atardecer,
te pasará por el costado un arco iris salado
y vos en la orilla sin mojarte los pies.

Cambiar patrones de conducta,
no asustarse si hay uno que eructa,
habiendo tantas cosas que asustan.
Dormir con la almohada en los pies
no gritar sin contar hasta diez
Y pasearse descalzo de una vez al mes.

Tomar caminos que no conduzcan a Roma.
Tomarme algunos dramas con más naturalidad.
Confiar en que el destino se desviste por tu aroma
y aprender a encontrarnos en la diversidad,
en el punto exactos donde se unen los extremo.
En un punto nuevo donde nada es tuyo,
donde nada es mío, donde todo es nuestro.
Confiar en mi ágil mente y en mi fiel corazón. 

Donde haya menos competir, más compartir.
Y donde decir mucho sea en verdad mucho decir.
Que lluevan mil ideas.
Que las tenga que escribir.
Jugar a ser creativo.

La creatividad, crea actividad. Creatividad.
La creatividad, crea actividad. Creatividad.
La creatividad, crea actividad. Creatividad.”

¿Cuándo fue la última vez que hiciste algo por primera vez? Date permiso para experimentar. Haz algo nuevo o haz lo mismo de forma diferente. Cambia el paso a la rutina y, por el simple deseo de jugar, prueba nuevas experiencias más allá de lo habitual. ¿Qué cosas te gustaría hacer y no te lo permites? ¿A quién sirven estas reglas? Si cierras la puerta a nuevas ideas y experiencias quedas cercado junto al aburrimiento y la mediocridad. ¡No aprisiones tu creatividad!

Cultiva la curiosidad y desarrolla la capacidad de atención: Si te aburres comprueba en qué parte del camino has perdido la curiosidad y vuelve a recuperarla. Observa con más atención el mundo que te rodea. En tu vida cotidiana disfruta de todos los matices con los cinco sentidos. Pregunta para aprender y para comprender. La creatividad se alimenta de la diversidad y se divierte jugando a integrar opuestos. De vez en cuando procúrate lecturas, músicas o películas que sean de estilos distintos a tua favoritos. Visita lugares de tu ciudad que no conoces. Frecuenta ambientes distintos al tuyo. Escucha a los abuelos y pregunta a los niños. Recuerda que todo puede inspirarte. Para quien mantiene viva la curiosidad, cada día supone un viaje de descubrimiento.

Mantén una actitud positiva frente a los errores: Algunas de las alfombras mas finas que se fabrican en el mundo provienen de pequeñas poblaciones de Oriente Medio. Se cuenta que “cada una de ellas esta hecha a mano por grupos de personas bajo la dirección de un maestro tejedor. Como los artesanos de alfombras normalmente trabajan viendo el reverso de la pieza, no es raro que alguno cometa un error y entreteja un color que no corresponda al diseño. Cuando ocurre esto, el maestro no ordena desbaratar la trama, sino que busca la manera de armonizar el error con el resto de la pieza.” Esta anécdota apórta una lección: Con una actitud creativa, cualquier error puede terminar enriqueciendo tu vida.

Quita lo que sobra: De alguna manera, en el oficio de vivir, todos somos creativos artesanos. Y todo movimiento creativo supone transformación que, a su vez,  implica desprenderse de algo viejo y asumir algo nuevo. Como hace un escultor, para transformar tu vida en una obra de arte, tienes que ir quitando todo lo que sobra. Tallarla hasta ver lo que tu corazón quiere contemplar. La experiencia que se muestra en este vídeo es una preciosa metáfora de esta idea:



Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios si decides participar. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal



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Cuentas con muchas inteligencias y todas ellas te pueden dar información útil

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domingo, 25 de octubre de 2015

¡Me lo voy a pensar mejor!

“Pienso luego existo” decía Descartes y posiblemente estarás de acuerdo conmigo en que la capacidad humana de reflexionar antes de actuar, en general, resulta ventajosa. Pero quizás también hayas podido constatar que, a veces, por mucho que te des tiempo para pensar, no logras salir de la confusión mental. Y es que pensar no es lo mismo que pensar bien. Con lo primero puedes contar por existir pero lo segundo puede requerir un cierto aprendizaje. El siguiente relato de la tradición judía ilustra bastante bien esta idea:


“Un joven que había estudiado lógica, acudió a un rabino y solicitó ser instruido en Talmud.
- "¿Lógica?", preguntó el rabino. "Dudo que eso sea suficiente para estudiar Talmud, pero te tomaré una prueba. Supongamos que dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?"
- "Eso es fácil, el de la cara sucia", respondió el estudiante.
- "Incorrecto", dijo el rabino. "El de la cara limpia. Veamos: el de la cara sucia mira al de la limpia y piensa que su cara también está limpia. El de la cara limpia mira al de la sucia y piensa que su cara está sucia, así que él se lava la cara."
- "No pensé en eso", admitió el joven. "Deme otra oportunidad."
- "Volvamos a empezar. Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?", planteó el rabino.
- "Acabamos de responderlo: aquel con la cara limpia", contestó el estudiante.
- "No. Ambos se lavan la cara", dijo el rabino. "Aquel con la cara sucia mira al de la limpia y piensa que su cara está limpia también. Pero el de la cara limpia mira al de la sucia, y piensa que su cara también lo está, entonces se lava. Cuando el de la cara sucia ve que el de la limpia lava su cara, él también se lava. Por lo tanto ambos lavan su cara."
- "No me di cuenta de esa alternativa", expresó el joven. "Deme otra oportunidad."
- "Está bien. Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?", preguntó el rabino.
- "Ambos lavan su cara", respondió con énfasis el estudiante.
- "No. Ninguno de los dos", dijo el rabino. "Aquel con la cara sucia mira al de la limpia y piensa que la suya también lo está. El de la cara limpia mira al de la sucia, y piensa que su cara también está sucia. Pero cuando él ve que el hombre de la cara sucia no se lava, él tampoco se lava. Por lo tanto ninguno se lava."
- "Una última oportunidad y le demostraré que puedo estudiar Talmud", pidió el joven.
- "Dos hombres bajan por una chimenea, uno sale con la cara limpia y el otro con la cara sucia ¿Cuál se lava la cara?", volvió a plantear el rabino.
- "Ninguno", exclamó triunfalmente el estudiante.
- "¿Ves ahora por que la lógica no es suficiente para estudiar Talmud?¿Cómo es posible que dos hombres que bajan por la misma chimenea, uno salga con la cara sucia y otra con la cara limpia? ¿No ves que la pregunta es tonta? Y si intentas contestar preguntas tontas, tu respuesta será tonta. Así que aprende algo más de lógica antes de que intentes estudiar el Talmud.", sugirió el rabino.”

Aunque no vayas a dedicarte a descifrar libros sagrados, cada vida ya es, por si misma, un libro abierto difícil de interpretar, así que hoy te propongo ocho estrategias que te pueden ayudar a pensar mejor. Se distinguen diferentes tipos de pensamientos según surjan de la actividad racional del intelecto o de las abastracciones de la imaginación. Así se habla de pensamiento deductivo, inductivo, crítico, analítico, lateral o divergente, por ejemplo. Las propuestas y ejercicios que te sugiero a continuación tienen en cuenta las características de la mayoría de ellos:

1.- Incluye en tu vida cotidiana, pausas y espacios para estar en silencio contigo mismo y escucharte en profundidad: Parece muy obvio pero es frecuente que uno no reflexione porque no se da tiempo para pensar. Así que empiezo con esta consideración cuyo objetivo es que logres tomar distancia de tu conversación interna y te ubiques en una posición de observador del curso de tus pensamientos. El silencio ayuda a escuchar el propio latido, el eco de una emoción y el rumor de una intuición

2.- Hazte preguntas que favorezcan la ampliación de tus puntos de vista: Para descubrir la verdadera dimensión de un asunto necesitas verlo desde distintas perspectivas. Si en tu mente no hay cabida para el misterio y las preguntas quizás es que los dogmas te aprisionan. Atreverte a dudar puede liberarte. Cuando te planteas preguntas que nunca te habías hecho obtienes respuestas que no habías imaginado y vislumbras nuevas posibilidades de acción. ¿Qué diferencia hay entre lo que creo que debo hacer, lo que siento que debo hacer y lo que deseo hacer? ¿Qué decisiones tomaría si supieras que voy a tener éxito?  ¿Qué me dice mi intuición? ¿Cuál es la decisión más fácil? ¿Cuál la que más me entusiasma? ¿Cuál es la decisión que siento más mía? ¿Qué haría si no creyera que es imposible? ¿Qué acciones emprendería si me sintiese libre?

3.- Detecta los pensamientos que te frenan y empieza por cuestionarlos:
A la vuelta de la esquina de una creencia limitadora te espera una nueva idea, otra emoción y diferentes campos de acción. Pero hay que dar la vuelta a esa esquina. Escribe los pensamientos negativos que vayas detectando y cuestiónalos, uno a uno, para descubrir en qué se basan y poder desmontar su solidez. Pregúntate: ¿A qué asunto se refiere este pensamiento? ¿Tengo la absoluta certeza de que es verdad? ¿En qué experiencias me apoyo para pensar esto? ¿Qué consecuencias tiene en mi vida pensar así? ¿Podría encontrar razones para pensar de alguna otra manera? Hay creencias que, como calles estrechas, te limitan la visión. Reconócelas, sal de ellas y verás un nuevo horizonte de posibilidades.

4. Observa los diferentes contextos de cada cuestion: El escritor griego Nicolas Papadalos cuenta una anécdota muy ilustrativa a este respecto: “Los niños del pueblecito griego en donde me crié teníamos que ir a la escuela de un pueblo vecino, que se encontraba a una hora de camino a pie. Mi madre me llevó el primer día de clases; para llegar a tiempo salimos de casa al amanecer. Cuando habíamos recorrido apenas 300 metros, me olvidé del objeto de aquella excursión. Quedé abstraído ante mi propia sombra, que avanzaba a zancadas y hacía que me sintiera un gigante de 30 metros de altura. De pronto, mi madre se detuvo, me miró directamente a los ojos y me aconsejó: No conemples tu sombra al amanecer, hijo,.... mírala al mediodía” Cuando reflexiones sobre una situación observa el contexto en el que se está desarrollando y también la atmósfera emocional desde la que lo estás contemplando. Las siguientes preguntas te pueden ayudar: ¿En qué consiste el problema? ¿Siempre sucede así o es un asunto temporal?  ¿En qué áreas o en relación a qué personas se manifiesta? ¿Qué creo que lo causa? ¿Qué otro  tipo de elementos pueden estar influyendo? ¿Estoy demasiado cansado, enfadado, abatido o ocupado para razonar? Antes de sacar conclusiones comprueba cual es tu perspectiva y con qué emoción está empañada tu mirada.

5.- Contempla tanto los aspectos positivos como los negativos y las posibles consecuencias:
Se trata de sopesar tanto los costes como los beneficios. Ten en cuenta tus esperanzas, las razones por las que crees que irá bien lo que estás pensando, los recuerdos de experiencias similares que también funcionaron, las ayudas con las que contarás, etc… Visualízate viéndote como protagonista de esas felices escenas. Después analiza la situación desde una perspectiva crítica. Ten en cuenta las posibles consecuencias negativas  tanto en el presente como a largo plazo, considerando además  las formas de prevenirlas, si las hubiera. Cultiva una atención equilibrada, sin caer en sesgos positivos o negativos, para ser capaz de descubrir tanto lo que puede mejorarse como lo que ya es una maravilla. Cuando veas más clara una opción pregúntate qué te mueve a decidirte por ella. Qué valores o qué prioridades te llevan a esa decisión. Teniendo en cuenta tus sueños y el tipo de vida que estás queriendo construir, ¿de qué manera afectaría tu decisión a esa trayectoria? ¿Esta decisión te acerca más a tu visión? ¿Saca lo mejor de ti y te permite seguir creciendo? De esta forma tendrás la seguridad de que lo que elijas, más allá de las consecuencias imprevistas, o la dificultad del momento, te ayudará a sentirte en paz contigo mismo.

6.- Atrévete a salir de tus líneas de pensamiento habituales:
Busca posibilidades alternativas y enfoques creativos antes las situaciones de tu vida.  Genera ideas que salgan de tus líneas de pensamiento habituales. Anímate a mirar más allá de lo evidente. Alejate de etiquetas, prejuicios y estereotipos que te encasillan en una única perspectiva del problema. Experimenta con diferentes opciones. Juega con analogías. La creatividad se alimenta de la diversidad y se divierte jugando a integrar opuestos. El caso es impedir que lo obvio obstruya la visión de una mejor opción. El físico Edward De Bono acuñó el término “pensamiento lateral” también llamado divergente o creativo, para denominar esta forma de pensar opuesto al pensamiento vertical, el cual incluye un pensamiento lógico y secuencial. Todo tipo de juegos de ingenio, rompecabezas o acertijos como los que te propongo a continuación (extraídos del libro "Ejercicios de pensamiento lateral" del ingeniero británico Paul Sloane), pueden ayudarte a desarrollarlo:
Acertijo A) “Tienes todos tus calcetines, sueltos, en un mismo cajón. Son calcetines blancos y negros únicamente. Se ha cortado la luz, estás a oscuras y debes vestirte y partir de inmediato al trabajo. ¿Cómo te aseguras de obtener dos calcetines iguales?”
Acertijo B) “Tu vecino ha olvidado su carnet de conducir en casa. Sin embargo, sale de casa, recorre tres calles en dirección prohibida, no se detiene en el semáforo, y en ningún momento toca la bocina. Un policía, que lo ve todo, no le multa ni le reprende. ¿Por qué lo deja ir tan tranquilamente?”
Acertijo C) “Un hombre entra en un bar y le pide al camarero un vaso de agua. El barman se arrodilla buscando algo, saca un arma y le apunta al hombre que le acaba de hablar. El hombre dice «gracias» y se va.” (Puedes ver las soluciones al final de estel artículo)

7.- Ten cuidado con las suposiciones, las generalizaciones y las conclusiones precipitadas:
El problema de las suposiciones comienza cuando las tomas como verdades absolutas, en vez de como alternativas dentro de un abanico de opciones (“Supongo que se ha dado cuenta…” “Es de suponer que se haya sentido cómodo …” “Doy por supuesto que vas a apoyarme…”) e inviertes en ellas tiempo y energía que restas de acciones como preguntar o comprobar. Para una mayor claridad mental, ante una preocupación, pregúntate: ¿Hecho,o suposición? Por otra parte, frases como “siempre pasa lo mismo, nadie me entiendie, nunca voy a lograrlo, etc” , son generalizaciones que te impiden descubrir la disficultad concreta a la que te estás enfrentando y por lo tanto, te impide también ver las posibles soluciones. Especificar aporta claridad y favorece la concentración en lo que es necesario tener en cuenta. Al suponer o generalizar puedes olvidarte del tamaño de la muestra y de la cantidad de información desde la que estás sacando conclusiones. Cuando estés pensando “esto es obvio” o “es normal”, pregúntate: ¿Para quién lo es? Considera la variada gama de matices que configura la realidad. Si tú solo admites blanco o negro cuestiona tu limitada percepción. En cuanto a las conclusiones precipitadas, el escritor Hanock McCarty, describe una anécdota que las refleja claramente:

“Un anciano está haciendo cola para subir al autobús y un joven que está detrás de él, le pregunta:
- "Perdone, ¿tiene fuego?"
- "¡No!" –le contesta algo enfadado el anciano.
El joven piensa: «No me muerdas», y pide fuego a otra persona.
Unos minutos más tarde, el anciano que tiene delante ¡¡¡enciende un cigarrillo!!!... Así que el joven le dice:
- "Oiga, ¿por qué me ha dicho que no tenía fuego cuando está claro que sí?"
- "Verá usted" –responde el anciano-. "Si le hubiera dado fuego, es probable que usted y yo nos hubiéramos puesto a hablar. Y si nos hubiéramos puesto a hablar, es probable que hubiéramos acabado sentándonos juntos en el autobús, es probable que hubiéramos acabado conversando. Usted parece un tipo agradable y es probable que hubiera empezado a caerme bien. Y entonces, podría haberle invitado a bajarse en mi parada para venir a casa a cenar. Y si usted hubiera venido a cenar, es probable que hubiera conocido a mi hija. Y si hubiera conocido a mi hija, es probable que hubiera salido con ella. Y si hubiera salido con ella, quién sabe, una cosa lleva a la otra, y es posible que todo hubiera acabado en boda... ¡y yo no quiero que ella se case con alguien que ni siquiera puede comprarse un encendedor!"

Como complemento a estas sugerencias, te invito a poner en práctica la visualización guiada “Abrir las ventanas, la mente y el corazón” que aquí te presento en audio. Es una forma de utilizar tu imaginación para conectar con tu inteligencia más intuitiva y confiar en su sabiduría. Esta meditación tiene como objetivo dejar ir los pensamientos limitadores y abrirte a recibir ideas creativas y constructivas que te ayuden en los asuntos que te preocupan:




Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

(Soluciones a los acertijos)
A) Tomas tres calcetines del cajón. Por lógica, tomarás dos negros y uno blanco, o dos blancos y uno negro, o tres del mismo color. Así te aseguras de tomar, al menos, dos calcetines del mismo color.
B) Tu vecino iba a pie, por lo que no está infringiendo ninguna norma de tráfico.
C) El camarero se da cuenta de que su cliente le pide agua porque tiene hipo y decide cortárselo con un buen susto

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Como ampliar tu perspectiva: Cuando el problema es tu forma de contemplar el problema. ¡No te quedes aprisionado en tus puntos de vista!

El peligro de suponer: Claves para evitar que las suposiciones arruinen tu comunicación.

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domingo, 15 de febrero de 2015

Nueve propuestas para ampliar tu campo de resonancia empática

El psiquiatra y escritor norteamericano Irvin D. Yalom relata la anécdota de “una mujer que, en su adolescencia mantenía una tensa relación con su padre, hombre de carácter duro y negativo. Deseando algún tipo de reconciliación, esperaba con ansia el momento en el que iban juntos en coche hacia el colegio. Pero el viaje siempre resultaba un desastre pues su padre se pasaba todo el tiempo refunfuñando sobre el arroyo feo y lleno de basura que había al costado del camino. Sin embargo, ella no veía basura alguna en el hermoso arroyo rústico y virgen. Y, como no encontraba modo de responderle, al final terminaba por callar y pasaban el resto del viaja sin mirarse, cada uno con los ojos vueltos para su lado. Bastantes años más tarde, habiendo muerto su padre, volvió a hacer ese mismo trayecto pero esta vez ella conducía. Y, comprobó con tristeza, que el arroyo que vió por la ventana del lado del conductor era tan feo y estaba tan contaminado como lo había descrito su padre.”  

Al leer esta historia recordé el vídeo que aquí te presento, pensado para profesionales de la salud pero inspirador para todos y que empieza con la pregunta que se hacía Henry David Thoreau: “¿Podrá ocurrir un milagro más grande que mirar a través de los ojos de otro por un instante?



Apoyándome en estas reflexiones hoy te propongo profundizar en el tema de la empatía, pues considero que es el recurso que tenemos a nuestro alcance para lograr experimentar ese precioso milagro.

Entiendo por empatía, la habilidad cognitiva, enmarcada dentro de la inteligencia emocional y social, que te permite sentir y comprender el universo emocional de los demás y entender, sin necesidad de aprobar, las razones de sus comportamientos. Es sin duda una capacidad que, empleada con acierto, facilita el desenvolvimiento y progreso de todo tipo de relaciones. Entre las raíces que alimentan el árbol de los afectos está la empatía y sus frutos son relaciones en buena sintonía emocional. A través de la empatía logras apreciar las necesidades de los demás creando la base para el compromiso y la solidaridad, puedes reajustar tus propias conductas para facilitar un entendimiento más profundo y te ofrece la posibilidad de personalizar el tono y el estilo de los encuentros para favorecer una mayor armonía. Ser capaz de ponerte en el lugar del otro te permite también alcanzar una mayor conexión emocional y una mejor perspectiva para solucionar los conflictos en grupos o equipos. Mahatma Gandhi sostenía que "las tres cuartas partes de las miserias y malos entendidos en el mundo terminarían si las personas se pusieran en los zapatos de sus adversarios y entendieran su punto de vista".

La buena noticia es que la empatía se puede desarrollar. Por si ese es tu deseo, he reunido una serie de sugerencias que te pueden ser útiles en ese empeño:

1.- Cuanto más consciente seas de tus propias emociones mayor será tu habilidad para comprender los sentimientos de los demás. Para comprender las razones detrás de una respuesta emocional primero hay que aceptar la emoción. No estarás practicando empatía si te centras en consolar, animar o calmar le emoción que te están transmitiendo: “lo que ha pasado no es culpa tuya…” “no te preocupes, …” “tienes que animarte…” (Más información en: Cinco formas de relacionartesaludablemente con tus emociones”, “Cómo transformar positivamente tu atmósferaemocional”).

2.- Deja a un lado juicios y suposiciones y ve más allá de las simpatías o antipatías. Para poder desarrollar empatía, primero hay que dejar de criticar. Ponerte en el lugar del otro para comprender, sin juzgar  Acostúmbrate a buscar evidencias, a escuchar tu intuición y siempre, a verificar tus interpretaciones.

3.- Aprende a escuchar sin prejuicios y con una actitud receptiva hacia las señales emocionales que los demás expresan con sus palabras, tonos, gestos y acciones. No desarrollas empatía cuando lo único que piensas es en contar una experiencia personal minimizando la vivencia del otro:  “Pues eso no es nada en comparación con lo que a mi me pasó …” o en dar lecciones o consejos que no se te han pedido: “esto que te ha pasado podría ser una gran enseñanza para ti…” “Lo que deberías haber hecho…” (Más información: Siete pasos para lograr entender,entenderte y que te entiendan”)

4.- Es bonito ser escuchado pero aún es más entrañable ser escuchado en los silencios. Para comprender en profundidad hay que saber entender los silencios. Respétalos y descubre la emoción que expresan. Calla para escuchar, calla para mirar, calla para entender, calla para aprender y calla para dejar hablar al silencio.

5.- Practica la atención plena para lograr estar presente para el otro, sin juicios ni distracciones, abierto a la experiencia de compartir  su aquí y su ahora. Al mantenerte centrado y consciente, creas un campo de resonancia empática que alcanzará el corazón de quien acompañas. La empatía es un regalo de atención plena a otro. No ser trata de estar de acuerdo o no, sino de estar presente. (Más información: Cómo gestionar bien tu capacidad deatención)

6.- Recuerda reconocer y aplaudir los logros de los demás. No señales a quien contigo va por el potencial que aún no ha sabido desplegar sino porque, aún en la oscuridad, adivinas su alma jugando a manifestar su luz.

7.- Colabora, abriéndote a sentir los intereses de otros como tus propios intereses. Sea con tus amigos, familia, compañeros de trabajo o comunidad, observa las dinámicas del grupo, descubre sus necesidades y haz tu aportación. La madurez implica un progresivo desapego del. egocentrismo infantil para ir dando espacio en tu conciencia a otros puntos de vista.

8.- Contempla la diversidad como una gran oportunidad para la creatividad y el aprendizaje. Cuestiona los prejuicios, los estereotipos y la intolerancia. No hay frontera religiosa, étnica o cultural que pueda impedir que los seres humanos podamos compartir un mismo sentimiento. El amor lo sabe.

 9.- Ejercita a diario el músculo de la empatía: 

a) Escribe el nombre de alguien que no soportas y detalla todo aquello que no te gusta de esa persona.
b) Piensa en sus circunstancias, su día a día y las motivaciones que le pueden llevar a hacer lo que hace. ¿Cuáles son las dificultades que afronta? ¿Cómo es su entorno? ¿Qué tipo de limitaciones tiene que asumir? ¿Está soportando presiones familiares, problemas económicos o preocupaciones de salud? ¿Qué es lo que más anhela? ¿Qué miedos le frenan?
c) Pregúntate cual es el valor positivo que esa persona quizás está buscando al comportarse de esas maneras que tanto  te disgustan. La intención puede ser positiva aunque la conducta elegida sea nociva. Los seres humanos a veces gritamos para captar la atención, mentimos creyendo que así logramos mantener la paz o traicionamos nuestros principios para atender una necesidad de seguridad o reconocimiento, por ejemplo.
d) Busca situaciones en las que tú hayas tenido reacciones similares y recuerda qué es lo que pretendías actuando así.
e) Recuerda en todo momento al hacer este ejercicio que no se trata de juzgar ni tan siquiera de evaluar sino de entender mejor los deseos, miedos y posibles razones detrás de la forma de ser de esa persona y percibir la situación desde sus mismos sentimientos.

Cada situación que afrontes puedes convertirla en una oportunidad para practicar la empatía. Cada día puede ser un buen día para calzar el ánimo en otra mentalidad y experimentar cómo se siente la vida en ese caminar Quizás, y con esta esperanza apuesto por entrenar y desarrollar la empatía, si escuchamos nuestro corazón y escuchamos el latido de la vida a nuestro alrededor, tarde o temprano,  escucharemos también un común y compartido canto de amor.

Gracias por tu atención. Me encantará leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.


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domingo, 8 de febrero de 2015

Cómo lograr que las suposiciones no arruinen la comunicación

Imaginar posibilidades es una forma de suponer y constituye una valiosa habilidad del ser humano. El problema de las suposiciones comienza cuando las tomamos como verdades absolutas, en vez de como alternativas dentro de un abanico de opciones. Las suposiciones se cuelan por las rendijas de nuestras conversaciones con nosotros mismos y con los demás (“Supongo que se ha dado cuenta…” “Es de suponer que se haya sentido cómodo …” “Doy por supuesto que vas a apoyarme…”) e invertimos en ellas tiempo y energía que restamos de acciones como preguntar o comprobar. Actuando así, a menudo, los resultados son malentendidos y desencuentros que socavan el buen entendimiento.

Para provocarte un par de sonrisas y centrar el tema del post, hoy empiezo compartiendo contigo un vídeo y una anécdota citada por Stephen R. Covey en su libro “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva”:


Dos acorazados asignados a una escuadra de entrenamiento habían estado de maniobras durante varios días. Yo servía en el buque insignia y estaba de guardia en el puente cuando caía la noche. La visibilidad era pobre; había niebla, de modo que el capitán permanecía sobre el puente supervisando todas las actividades. Poco después de que oscureciera, el vigía informó: “Luz a estribor” “¿Rumbo directo o se desvía hacia popa?”, gritó el capitan. El vigía respondió “Directo, capitán”, lo que significaba que nuestro propio curso nos estaba conduciendo a una colisión con aquel buque. El capitán llamó al encargado de emitir señales. “Envía este mensaje: Estamos a punto de chocar; aconsejamos cambiar 20 grados su rumbo”. Como respuesta llegó un mensaje que decía: “Aconsejamos que sean ustedes los que cambien 20 grados su rumbo.” El capitán dijo: “Contéstele: Soy capitán; cambie su rumbo 20 grados”. “Soy marinero de segunda clase –nos respondieron-. Mejor cambie su rumbo 20 grados”. El capitán ya estaba hecho una furia, así que ordenó enviar este nuevo mensaje: Soy un acorazado, cambie su rumbo 20 grados” La linterna del interlocutor envió su último mensaje: “Yo soy un faro”. Por supuesto, el capitán ordenó que cambiáramos nuestro rumbo.

¿Cómo lograr que la buena comunicación no quede contaminada por las suposiciones?

Para responder a esta pregunta creo que primero es importante comprender algunas de las razones por las que los seres humanos tendemos a suponer y a confundir suposiciones con hechos reales. Por una parte, suponiendo llenamos rápidamente el vacio que produce la incertidumbre ante la dificultad para darle sentido al mundo y a las cosas que nos suceden. Por otro lado, generamos emociones tanto si estamos ante una realidad como si únicamente la estamos imaginando, así que somos capaces de crear un drama de una idea errónea. En tercer lugar, a veces, no resulta fácil gestionar la inseguridad que aparece al confrontar la propia ignorancia y nos sentimos aliviados, con una falsa idea de control,  dejándonos secuestrar por nuestros propios prejuicios. Además, puede suceder que, suponiendo, ganemos tiempo para reunir la suficiente fortaleza con la que hacer frente a una persona o situación que nos asusta.

Teniendo en cuenta estos factores y tomando como objetivo que las suposiciones no sustituyan ni malogren la comunicación, desde mi punto de vista, es importante aprender a darse tiempo para preguntar, gestionar las emociones y escuchar. En anteriores artículos he tratado lo relacionado con cuestionar los propios pensamientos o la formas de expresarlos (Hablarte antes de hablarle”, “¿Qué te cuentas?”, “7 claves para entender, entenderte y que te entiendan” o “A preguntas motivadoras, respuestas inspiradoras) y con la gestión de las emociones (Cinco formas de relacionarte saludablemente con tus emociones” o “Cómo transformar positivamente tu atmósfera emocional), de manera que hoy voy a centrarme en el tema de la escucha.

Cuando una persona se siente escuchada, se siente atendida, y eso  genera un profundo proceso que le anima a una mayor apertura. Al dar valor, importancia y consideración a las revelaciones de la persona que te habla, creas un clima de cooperación y receptividad ¿Qué tipo de  escucha desarrollas?  ¿Desde qué lugar estas prestando atención al otro? Generalmente cuando alguien nos habla estamos pensando qué nos quiere decir desde nuestra interpretación, nuestro estado de ánimo, nuestros juicios y nuestras circunstancias y creencias. La capacidad física de escuchar de una persona es de 480 palabras por minuto, mientras que nuestra capacidad de expresarnos es de 120 palabras por minuto. Esto nos “permite “ que mientras nos hablan,  la mente divague, evoque recuerdos, prepare respuestas o simplemente piense en otra cosa.

Dicen que el rey Salomón pedía: “Dame el don de un corazón que escucha”. Compartiendo la valoración de ese don, aquí van algunas reflexiones y propuestas para promover tu mejor disposición en el arte de escuchar:

De vez en cuando, expresa en tus propias palabras, lo que estás interpretando de lo escuchado, para que el otro compruebe si le estás entendiendo bien. Si no entiendes lo que la persona está diciendo, o te sientes confuso, o te has perdido, pide repetición o clarificación de las frases que no has llegado a comprender. Tus preguntas pueden enriquecer la conversación y son una forma de mostrar atención e interés.

No te dejes distraer por la forma de expresarse de tu interlocutor: ¿Te parece aburrido, repetitivo o superficial?  Por muy monótono que pueda ser el discurso, trata de pasar por alto su estilo para poder escucharlo y centrarte en la información que te ofrece. No supongas que lo sabes todo sino recuerda que de todo puedes aprender. 

Intenta ponerte en su lugar: Escucha sin prejuicios, dejando de lado las suposiciones, tratando de entender el contenido del mensaje desde el punto de vista de quien lo transmite y sin sentirte obligado a opinar lo mismo. Se trata de aceptar y respetar sus ideas y emociones mientras le ofreces interés y atención.

Trata de escuchar más allá de las palabras: Los gestos, las miradas, los tonos, el ritmo y las pausas también forman parte del mensaje.  Tenerlos en cuenta te ayudará a descubrir mejor el significado emocional de lo que estás escuchando. Son pistas que llegan a ser tan expresivas como el contenido de la conversación.

Respeta los silencios: Si quieres entender lo que alguien te dice, escucha sus palabras. Si quieres comprenderle escucha también la emoción de sus silencios. No te precipites en responder. Muchas veces, si esperas un poco antes de hablar, tu interlocutor te brindará más información. Adáptate a su ritmo como si estuvieras dejándote llevar en un baile. 

No des por supuesto que se necesita tu consejo, tu opinión o tu ayuda.  Quizás sólo quieren tu escucha y tu compañía. Si tienes dudas al respecto, mejor pregunta.

Como te decía al comienzo de este post, suponer es un ejercicio de imaginación que ayuda a ampliar las perspectivas. Pero si confundes tus suposiciones con la realidad y consideras que ese punto de vista es el único válido, quedarás constreñido en una limitada visión del mundo. Escuchar es tener en cuenta otros matices de la realidad y eso enriquecerá tu vida. No te quedes atascado en tus suposiciones. Date permiso para otear otros horizontes. En este sentido y como punto final de esta reflexión te invito a escuchar el audio “Tres propuestas para ampliar tus mapas mentales


Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.


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sábado, 22 de noviembre de 2014

La risa: una medicina gratis y un placer contagioso

Decía el filósofo William James: “No reímos porque somos felices, somos felices porque reímos.” Y después llegó la neurología explicando que cuando reímos nuestro cerebro segrega una hormona llamada endorfina, responsable de que nos sintamos muy bien. De manera que si estás intentando aumentar tu bienestar una buena pregunta puede ser: ¿Qué espacio dejas, en tu vida, para la risa?


Algunas personas limitan ese espacio pensando que “la risa es para cuando las cosas van bien”, “es de locos reírse sin ton ni son”, “tal como están las cosas no hay muchos motivos para sonreir”, “es de mala educación reir a carcajadas en público”, “el trabajo es algo serio, no es lugar  para risas”, etc … y luego se extrañan de sentirse tensos, estresados y … ¡de mal humor! En “Un minuto para el absurdo”, Anthony de Mello cuenta una anécdota a favor de la risa que me encanta recordar: “El maestro era cualquier cosa menos ampuloso. Siempre que hablaba provocaba enormes y alegres carcajadas, para consternación de quienes se tomaban demasiado en serio la espiritualidad y a si mismos. Al observarlo, un visitante comentó decepcionado: “¡Este hombre es un payaso!”. “Nada de eso” le replicó un discípulo: “Usted no ha comprendido nada. Un payaso hace que te rías de él. Un maestro hace que te rías de ti mismo.”

Desde mi punto de vista, el sentido del humor, -no la burla irrespetuosa o el sarcasmo hiriente-, es una fortaleza psicológica que ayuda a afrontar todo tipo de circunstancias y además, puede cultivarse. Hace un tiempo se hizo popular el lema: “Haz el amor y no la guerra”. Despues he visto modificada esta consigna diciendo: “Haz el humor y no la guerra”. Sin menospreciar la primera, hoy quiero compartir contigo algunas formas fáciles de poner en práctica la segunda. :0)

1.- Empieza por sonreir.
Sonríe porque estás vivo o por cualquier aspecto de tu vida por el que te sientas contento. Y además, sonríe sin motivo. Para experimentar. Inspira y al expirar, sonríe. Como si con tu sonrisa estuvieras preparándote para ser feliz.

2.- Busca motivos para reírte a carcajadas.
Ten siempre a mano y dedica tiempo a ver series de humor, comedias, monólogos o tiras cómicas. Queda con amigos con los que te rias mucho y compartan tu estilo de humor. Pregúntate: ¿qué puedo hacer hoy para reirme un poco más?

3.- Cuando más aburrido te encuentres ríete de ti mismo.
Recuerda momentos de frustración o situaciones en las que te hayas sentido molesto o avergonzado. Luego piensa que eso le ha sucedido a alguien que consideres muy serio, muy rígido o que no te cae bien. Exagera el asunto hasta llevarlo al absurdo como hacen los guionista en las películas cómicas. Encuéntrale su parte graciosa. Luego vuelve a recordar que eso te ha sucedido a ti. Posiblemente sentirás más empatía y ternura hacia ti mismo y hacia quien hayas escogido para protagonizar la escena. Humor empieza como humildad y acaba como amor.

4.- Date permiso para hacer “el tonto” y divertirte.
Atrévete a contar un chiste o trata de quitar hierro a una situación tensa con una respuesta  graciosa. Haz broma refiriéndote a alguna de tus manías o caricaturiza algo que sea propio de tu forma de ser. Diviérte haciendo “tonterías” con tus seres queridos, como lo hacías cuando eras niño, por el simple dese de reir y pasarlo bien. A veces, tener como “llave maestra”, una palabra dicha en un tono especialmente gracioso o un gesto cómico, puede ser una herramienta preciosa para disolver tensiones y abrir la puerta a la ternura.

5.- Cuando te sientas bloqueado ante un problema o falto de creatividad, encuentra algún comentario gracioso en relación a ese asunto. En ese momento habrás logrado distanciarte del conflicto lo suficiente para sentirte un poco mejor y verlo desde otra perspectiva. A veces, verlo con sentido del humor es la única forma de verle un sentido. En "Lo que el corazón quiere contemplar" propongo esta actitud:"Empieza buscando, en la circunstancia que afrontes, algún motivo de celebración y, por pequeño que sea, siente gratitud. Luego disponte a vivir esa situación con alegría de ser; afrontándola, en la medida que te sea posible, con ternura, sencillez y sentido del humor. Abraza esa experiencia con todo el amor que logres sentir y siéntete en paz por haber puesto en este momento tu mejor voluntad."

6.- Respeta los valores de los demás pero en lo concerniente a tus creencias pásalas por el filtro del sentido del humor. Si algo te parece demasiado “sagrado” para pasar esa prueba, quizás es que es un “tabú” y precisamente por eso conviene que lo puedas ver con más flexibilidad, inocencia y apertura de miras.

7.- Recuerda siempre que reir es un placer contagioso además de una medicina gratis. Como ejemplo este vídeo con el que espero sonrías y disfrutes.



Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Sonrisas y hasta pronto. 


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