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domingo, 14 de febrero de 2016

Es humano tropezar pero también, dejar de hacerlo


Reconozco que, hace tiempo, me creía aquello de que “el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra”. Siguiendo el refranero solía repetirme eso otro de "a la tercera va la vencida". Y terminaba comprobando, con frustración y desasosiego que, una vez más, no era así.

Después descubrí este texto, cuyo autor desconozco, titulado “Autobiografía en cinco capítulos”. Y me di cuenta que la experiencia que describía, era mucho más cercano a la realidad. O al menos a la realidad que yo percibía, pues acostumbraba a tropezar más de dos veces, antes de aprender la lección:

 “Capítulo Uno
Voy caminando por la calle.
Hay un pozo enorme en la vereda.
Me caigo.
Estoy perdida. Estoy indefensa.
No fue culpa mía.
Me lleva toda una vida encontrar una salida.

Capítulo Dos
Voy caminando por la misma calle.
Hay un pozo enorme en la vereda.
Hago de cuenta que no está ahí.
Me caigo otra vez.
No puedo creer encontrarme otra vez en el mismo lugar.
Pero no fue culpa mía.
Me lleva un montón salir de ahí.

Capítulo Tres
Voy caminando por la misma calle.
Hay un pozo enorme en la vereda.
Veo que está ahí.
Me sigo cayendo. Es un viejo hábito.
Mis ojos están abiertos.
Sé dónde estoy.
Es mi responsabilidad.
Salgo enseguida.

Capítulo Cuatro
Voy caminando por la calle.
Hay un pozo enorme en la vereda.
Lo esquivo.

Capítulo Cinco
Voy caminando por otra calle.”

En la actualidad, ya peinando canas y habiéndole tomado el gusto a afrontar la vida con paciencia y sentido del humor, sobre todo, pienso que es posible cambiar. Pero a la vez acepto que, a veces, ni dos ni cinco tropiezos son suficientes para asimilar el aprendizaje. 

Así que dejando a un lado adicciones o hábitos autodestructivos graves que necesitarán de la intervención de un profesional de la salud, hoy quiero compartir contigo diez claves que te pueden ayudar a deshacerte, más pronto que tarde, de perniciosas rutinas. Porque considero que es humano tropezar pero también, dejar de hacerlo:

1.- Desarrolla tu capacidad de “darte cuenta”: Se trata de aprender a ser un buen observador de ti mismo y de las situaciones que vives. Puedes empezar intentando descubrir las costumbres que obstaculizan tu prosperidad, salud, alegría de vivir y bienestar general.  Hacer camino también implica quitar de en medio todo aquello que te impide avanzar a buen paso. Rastrea lo que piensas,  lo que sientes,  tus reacciones habituales,  tus conductas de evitación y sobre todo, esos momentos en los que se disparan automáticamente respuestas que desearías transformar. Se trata también de empliar tu campo de reflexión para determinar los pros y los contras de tus decisiones en el presente y a más largo plazo. Y de considerar las posibles consecuencias de tus acciones. Desarrollar la plena conciencia te ayuda a reconocer objetivamente lo que te sucede. Y reconocerlo es el paso previo para poder comprenderlo y transformarlo. Además, te sientes más fuerte cuando eres capaz de ver con serenidad, tus debilidades.

2.- Hazte enteramente responsable de tus acciones: Sin este paso, que te convierte en el consciente y responsable protagonista de tu propia historia, no hay cambio posible. Asumir tal responsabilidad implica aceptar también tus ignorancias y todo aquello de lo que aún no eres consciente. Aceptarlo te pondrá ante la necesidad de un mayor autoconocimiento. Y comprenderás, como decía el psiquiatra Viktor Frankl, que “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas —la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias— para decidir su propio camino”.

3.- Comprende tu hábito en profundidad: Para hacerlo tienes que tener en cuenta que, aunque lo consideres una conducta nociva, esa costumbre está relacionada con algún tipo de recompensa emocional y además, es una dinámica que se pone en marcha en función de unos desencadenantes concretos. Si has estado observándote y tomado notas de tus reacciones, quizás ya has descubierto qué situaciones y qué sensaciones o pensamientos dan lugar a la conducta indeseable.  A veces, un mal hábito surge como forma de afrontar situaciones estresantes o aburridas y la recompensa llega en forma de tranquilidad o distracción.

4.- Elabora un plan de acción que incluya un compromiso:
Asegúrate que tu plan de acción sea claro y específico, que incluya plazos razonables, fechas de evaluación y formas concretas de premiar tu esfuerzo y resultados.  Añade, además, un compromiso por escrito contigo mismo o con alguien que hayas elegido para que te acompañe y apoye en este empeño. Cambia tus malos hábitos, uno por uno. Como dice el refrán: “el que mucho abarca, poco aprieta”. Es preferible trabajar a fondo en un tema hasta transformarlo completamente que tratar mucho asuntos de forma superficial y que, en poco tiempo, todo vuelva a lo de siempre y el cambio quede anulado. Si no puedes hacer mucho de golpe, haz algo cada día. Con compromiso, constancia y ritmo.

5.- Haz algunos cambios: Busca formas saludables de obtener los mismos beneficios que te aporta la mala costumbre. Ahora que ya has descubierto los desencadenantes, cambia de ambiente o de compañías si no son una buena influencia para ti en este momento. Y si eso no es posible hazte consciente del peligro y busca una forma positiva de lidiar con ello o reducir su impacto. Favorece las relaciones con persons que comprendan el proceso en el que estás y te apoyen en tus objetivos. Procura que las nuevas actividades te resulten atractivas y satisfactorias. Encuentra una forma de organizar tu tiempo que sea coherente con estas nuevas prioridades.

6.- Pon obstáculos: Para cambiar esa rutina perjudicial, ahora que has reconocido los momentos en los que aparece tal tentación, ponle dificultades que la conviertan en algo desagradable o complicado de realizar. Crear este tipo de barreras te ayudará, al menos, a no ceder automáticamente al impulso, dándote tiempo para una respuestas más consciente. Por el contrario, refuerza positivamente el hábito saludable que va a sustituir al nocivo.

7.- Visualiza tu éxito: Conecta con la fuerza de la motivación en tu corazón. Varias veces al día, cierra los ojos y dedica unos minutos a imaginarte situaciones en las que, pudiendo continuar con tu mal hábito, logras romperlo y disfrutas realizando una conducta diferente y positiva. Imagina también las consecuencias positivas que traerán los nuevos comportamientos y saboréa tus sensaciones, pensamientos y sentimientos por haberlo logrado. También te puede resultar de ayuda escribir esas escenas para así puedes leerlas diariamente y reforzar tu compromiso y motivación.

8.- Prémiate: Elige recompensas que puedas permitirte justo después de haber realizado la conducta deseada o alcanzado una meta fijada en tu plan de acción. Poco a poco, estos premios serán innecesarios porque aparecerán los beneficios innerentes al cambio de hábitos.

9.- Cultiva la paciencia, la compasión y el buen humor: Acepta de antemano que es humano tropezar y valora lo que has aprendido cada vez que vuelves a levantarte. No hagas de cada recaída una tragedia sino más bien añade a cada episodio, risas y compasión. La palabra humor empieza como humildad y acaba como amor. Cambiar habitos es complejo y requiere paciencia y perseverancia.

19.- Aprende a darte ánimo y ser amable contigo mismo:. Es el momento en el que más necesitas cuidar tu diálogo interior apra que sea positivo y alentador. Sé amable contigo mismo. Aunque tropieces muchas veces, como si se lo dijeras a tu mejor amigo, repítete a menudo, con cariño y convicción,  que “es posible, eres capaz y lo mereces”

Si como decía Aristóteles, “somos lo que hacemos de forma repetida”, creo que vale la pena aplicar plena conciencia y responsable compromiso en las rutinas diarias. Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal



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miércoles, 14 de octubre de 2015

Ocho claves para cultivar un ánimo esperanzado

Según el diccionario, la esperanza es un estado de ánimo en el que ves como posible algo que anhelas. Lo expresa muy bien Diego Torres cuando canta: “Saber que se puede, querer que se pueda …” Quizá “podríamos decir que todo cuanto se hace en el mundo es obra de la esperanza” como afirmaba Martin Luther King, pues un ánimo esperanzado es proclive a la acción. 

Pero también es cierto que la esperanza parece algo escurridiza. A veces aparece y te sientes más vivo, a veces se oculta y cuesta más seguir viviendo. Dicen que forma parte de nuestra naturaleza humana pero cuando arrecian algunas tormentas emocionales su presencia puede resultar incierta.

 Eduardo Galeano ha descrito magistralmente esa sensación: … para mí, la esperanza es una cosa que tengo cuando me despierto, que pierdo en el desayuno, que recupero cuando recibo el sol en la calle y que, después de caminar un rato, se me vuelve a caer por algún agujero del bolsillo. Y me digo: “¿Dónde quedó la esperanza?”. Y la busco y no la encuentro. Y entonces, aguzando el oído, la escucho ahí, croando como un sapito minúsculo, llamándome desde todos los pastos. La tengo, la vuelvo a perder. A veces duermo con ella y a veces duermo solo. Pero yo nunca tuve una esperanza de receta, comprada en una tienda de corte y confección, una esperanza dogmática. Es una esperanza viva y, por lo tanto, no sólo está a salvo de la duda, sino que se alimenta de la duda.”

Sea cual sea su exacta definición, su materia y sus hechuras, el caso es que nadie quiere perder la esperanza . Quizás es porque suele venir vestida de confianza y perfumada de entusiasmo. O quizá es simplemente porque no siempre te lleva a donde quieres ir pero sin ella no irías a ninguna parte.  En cualquier caso, la buena noticia es que, como sucede con todo estado de ánimo, podemos favorecerlo. Por eso hoy quiero compartir contigo ocho sugerencias que te ayudarán a cultivar y mantener un ánimo esperanzado:

1.- Acepta que la vida es cambio:
Asumirque en la vida todo es temporal implica aceptar que siempre hay algo por descubrir. Alguien cuyo nombre desconozco escribió: “Cuando nada es seguro todo es posible”. De manera que, con flexibilidad, puedes adaptarte a los cambios inevitables sin perder de vista tus valores. Con esperanza. La clave puede consistir en esperar lo mejor, hacer lo necesario para lograrlo y aceptar lo inesperado como compañero de viaje. Para orientarte por esa senda manten un mapa mental que incluya coordenadas de inocencia, curiosidad y asombro.

2.- Mira cada instante como una nueva oportunidad:
La esperanza ganará a la incertidumbre si recuerdas que cada ocasión puedes convertirla en oportunidad. Cuando estés mojado por la lluvia de un fracaso ponte a buscar el arco iris de una oportunidad.  Porque aveces aparecen las sgundas oportunidades pero hay que tomar la perspectiva adecuada para descubrirlas y tener la confianza necesaria para esperarlas. Recuerda que, si estás vivo, tu eres la posibilidad y el ahora, tu oportunidad.

3.- Date permiso para soñar:
Permitirte soñar es ayudar al niño que hay en ti a descubrir un nuevo horizonte. Su entusiasmo te dará la energía necesaria para alcanzar, juntos, el soñado confín. Interésate también por los sueños de quienes te rodean. Los logros de cada persona encienden una luz de esperanza para todo el género humano. Apoya a ese niño que todos somos y que aún sueña como si quisiera colaborar e la esperanzadora tarea de dar forma a todos los sueños. Pero no confundas la esperanza con el apego a determinadas expectativas. Te sientes libre cuando ves que puedes ser feliz de muchas maneras sin necesitar ninguna de ellas para ser feliz. Tener esperanza te convoca a desplegar tu potencial mientras avanzas, disfrutando de cada paso, hacia tu horizonte soñado. Las expectativas de futuro son saludables si te ayudan a vivir mejor el presente. En esta línea, la siguiente visualización titulada “Abrazando a tu niño interior” también puede ayudarte a mantener un ánimo esperanzado:



4.- Establece metas alcanzables y cuenta con opciones alternativas:
Comprométete con dar lo mejor de ti a cada paso pero empieza poniendo el listón de tu exigencia a una altura que te resulte alcanzable en el momento y las circunstancias que afrontas. Conforme vayas logrando resultados podrás ir subiendo ese listón. La experiencia de conseguir logros y comprobar que, en medio de la adversidad, algo está bajo tu control, disminuye la sensación de impotencia y aumenta la esperanza. Además recuerda que hay muchos caminos para alcanzar una misma meta. Hazte preguntas que nunca te has hecho para divisar diferentes perspectivas y descubrir posibles rutas alternativas.

5.- Cultiva un autodiálogo alentador:
Recuérdate que cuentas con tu capacidad de aprendizaje, que cuanto más haces y aprendes más puedes hacer y aprender  y que desafiándote a superarte puedes encontrarte con nuevos talentos y desarrollar más recursos personales. Ser realista implica ver los problemas sin magnificarlos y reconocer tus capacidades sin idealizarlas. Quien solo ve las nubes es como quien solo ve los problemas. Uno se olvida del sol por encima de ellas y el otro de su capacidad de superación. Atiende el dolor, la pérdida y la frustración pero escucha también tus deseos de amar, disfrutar y aprender. Ante los retos más desafiantes y los más grandes obstáculos eleva tu ánimo recordando tus ideales, tus valores y el sentido de tu caminar. Mantentet fiel a su visión y a la esperanza en tu corazón.

6.- Cultiva la humildad y la paciencia:
Cuando contemples el polvo bailando en un rayo de luz recuerda que la vida es mucho más de lo que a veces percibes.  Con humildad puedes aceptar que no ves toda la trama de la vida pues desde tu individualidad tienes una visión parcial. Con paciencia puedes reconocer que quizás aún no puedes ver lo que está creciendo, como sucede con las preciosas flores que brotan tras los deshielos. “Más allá de lo que somos capaces de entender es posible intuir una belleza, una armonía y unos órdenes del amor que hablan de plenitud, paz y alegría. Cuando te desorientes busca esos vislumbres. Confía en que los encontrarás. Te voy a contar algunos que a mí me han maravillado y rescatado siempre: Escucha cantar a un coro; date cuenta de cómo son capaces de hacerse uno con sus voces. Abraza a otro ser humano, si puede ser a un niño; observa cómo eres capaz de entenderle aunque su idioma y su cultura te sean extraños. Párate en un verso; el baile de sus palabras te trasportará a una comprensión más allá de los signos. Contempla un cuadro al óleo, fija tu mirada en una pincelada y dile “existes y te veo”; luego observa el cuadro en su totalidad pero sin perder de vista ese trazo particular. Podrás comprender que cada cosa, por insignificante que parezca, tiene su lugar y su valor. Sólo es necesario adoptar la perspectiva adecuada al contemplarla.” (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

7.- Rodéate de gente esperanzada:
Alimenta tu espíritu con inspiradoras influencias. Elige lecturas, imágenes, compañías y experiencias que te ayuden a mantener un positivo enfoque y una esperanzada perspectiva. Interésate por las historias de superación de otras gentes. Estas historias alimentarán tu esperanza en la fortaleza del espíritu humano. “Quisiera, además, que siempre recordases que por pertenecer a la vida podrás contar, en todo momento, con la fuerza de tu espíritu. Es una cualidad que si confiamos en ella todos podemos manifestar. Y consiste en saber encontrar algo que dar cuando parece que ya nada nos queda; y, dándolo, encontrar una puerta de salida al drama y a la adversidad. Suele ser hermosa la manera en que toma forma y presencia este poder, pues todo empieza con una pequeña decisión, un primer paso, algo sencillo pero que finalmente resulta ser la entrada a la alegría de vivir, porque la propia vida ha encontrado su rumbo verdadero. En esos momentos también podemos aprender que, para comprender la vida, primero hay que amarla. Y que hay que creer para ver, pues con fe los ojos nos mostrarán lo que nuestro corazón quiere contemplar.” (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

8.- Observa la estela de tu movimiento vital:
¿Cómo se ha ido tejiendo la trama de tu vida? ¿Qué sentido ha ido adquiriendo tu trayectoria al contemplar unidos, en una mirada retrospectiva, los significativos giros de tu recorrido personal? “Parte de una mirada compasiva capaz de encontrar a cada situación su sitio, su valor y su función en el camino de tu evolución. A continuación te propongo algunas preguntas cuyas respuestas te ayudarán a visualizar el sentido del camino que te lleva, el sueño que te eleva y el alma que te anima: ¿Qué has aprendido? ¿En qué aspectos te has expandido? ¿Has percibido situaciones aparentemente negativas que finalmente han facilitado tu evolución? ¿Te has reconciliado con algun capítulo antes rechazado de tu vida? ¿Qué te ha sorprendido? ¿Qué aspectos imprevistos han sido beneficiosos? ¿Qué retos has afrontado? ¿Se han transformado o desvanecido algunos sueños? ¿Han surgido nuevos deseos? ¿Qué maravillas has presenciado? ¿Quién te ha enseñado y en qué forma lo ha hecho? ¿Qué ha quedado liberado? ¿En qué has colaborado? ¿Qué tipo de huellas has dejado en tu camino?” (“Lo que el corazón quiere contemplar”) Aunque ahora estés viviendo situaciones que te parecen carentes de sentido, tras hacer este ejercicio crecerá la esperanza de que quizás desde otra perspectiva futura podrás contemplarlo positivamente comprobando los aprendizajes y la evolución alcanzada.

“En el fondo de la vida siempre queda mucha espontánea alegría y mucha inocencia por  nacer además de todo el amor que aún no ha podido ser” escribí en “Lo que el corazón quiere contemplar”. Y ese sigue siendoel pensamiento que, cada mañana, convoca a mi más motivadora esperanza. Cuando ya la tengo de la mano, para animarle a quedarse conmigo, le guiño el ojo y con mi mejor sonrisa, echo mano de Machado susurrándole: “Hoy es siempre todavía”. Y si el día amenaza con grandes nubarrones de impotencia me aferro al poema "Confianza" de Pedro Salinas que aquí comparto contigo. Así mantengo viva la esperanza y la esperanza mantiene viva, aquí y ahora, a cada paso,  mi alegría de vivir.

“Mientras haya
alguna ventana abierta,
ojos que vuelven del sueño,
otra mañana que empieza.

Mar con olas trajineras
—mientras haya—
trajinantes de alegrías,
llevándolas y trayéndolas.

Lino para la hilandera,
árboles que se aventuren,
—mientras haya—
y viento para la vela.

Jazmín, clavel, azucena,
donde están, y donde no
en los nombres que los mientan.

Mientras haya
sombras que la sombra niegan,
pruebas de luz, de que es luz
todo el mundo, menos ellas.

Agua como se la quiera
—mientras haya—
voluble por el arroyo,
fidelísima en la alberca.

Tanta fronda en la sauceda,
tanto pájaro en las ramas
—mientras haya—
tanto canto en la oropéndola.

Un mediodía que acepta
serenamente su sino
que la tarde le revela.

Mientras haya
quien entienda la hoja seca,
falsa elegía, preludio
distante a la primavera.

Colores que a sus ausencias
—mientras haya—
siguiendo a la luz se marchan
y siguiéndola regresan.

Diosas que pasan ligeras
pero se dejan un alma
—mientras haya—
señalada con sus huellas.

Memoria que le convenza
a esta tarde que se muere
de que nunca estará muerta.

Mientras haya
trasluces en la tiniebla,
claridades en secreto,
noches que lo son apenas.

Susurros de estrella a estrella
—mientras haya—
Casiopea que pregunta
y Cisne que la contesta.

Tantas palabras que esperan,
invenciones, clareando
—mientras haya—
amanecer de poema.

Mientras haya
lo que hubo ayer, lo que hay hoy,
lo que venga.”


Gracias por tu atención. Me alegrará leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.



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jueves, 1 de octubre de 2015

Lo que aprendí de la vida viendo a los malabaristas

Hace unos días, mientras disfrutaba viendo el vídeo que aquí te muestro, pensé que el arte del malabarismo tiene mucho que ver con el arte de vivir. En los juegos malabares se utilizan bolas, mazas, antorchas encendidas u otros objetos y en la vida, circunstancias, sentimientos o proyectos, por ejemplo, pero en ambos casos se trata de mantenerlos en el aire realizando creativos equilibrios y sin dejar que caigan al suelo. Algo que a veces parece imposible. Algo que siempre merece mi admiración.



Hoy quiero compartir contigo las reflexiones que me ha inspirado la actuación de estos artistas. Diez lecciones útiles para la vida que he aprendido viendo a los malabaristas:

1.- Tres simples bolas: Los artistas que aparecen en el vídeo hacen un precioso número utilizando únicamente tres sencillas pelotas y mucha creatividad. Lo que me recuerda que es importante aceptar la vida que tienes entre las manos, por poca cosa que te parezca, poniéndole mucho ingenio para sacarle el mayor partido posible.  En Valorael presentepuedes ver un desarrollo más amplio de esta idea.

2.- Lanzar y recibir: En los juegos malabares y en la vida, se necesita una maestría esencial: la de saber soltar y recibir con destreza, sin resistencia y en el momento adecuado, los elementos en juego. Una forma de sano desapego que incluye no solo abrir la mano para soltar sino también para recibir. Todo movimiento creativo, incluido vivir, supone transformación. Y toda transformación supone desprenderse de algo viejo y asumir algo nuevo Si quieres aprender sobre este aspecto te puede interesar leer Fluir sin resistencia en la espiral delcambio.

3.- Mantener el equilibrio: Al hacer malabarismos no importa tanto el número de objetos en juego sino mantener el equilibrio conforme aumenta la difi­cultad y la creatividad de los lanzamientos y recepciones. El malabarista elige previamente con qué elementos realizará su número, cuales se adaptan mejor a su estilo, etc… De la misma manera, en la vida, es necesario tener claras tus prioridades y mantener un coherente equilibrio entre lo que quieres y lo que haces. En Vivir, amar,aprender y colaborar” puedes saber más sobre los cuatro pilares del equilibrio vital.

4.- Movimientos sorpresa: Los momentos que más me han gustado de la actuación han sido aquellos que me han sorprendido por inesperados. Esto me hace pensar lo importante que resulta no dejarse adormecer por las rutinas sino cultivar la curiosidad y mantenerse abierto a lo nuevo.  En Saltar el paso a la rutina te ofrezco algunas divertidas propuestas.

5.- Concentración: Los malabaristas se mantienen muy concentrados en los objetos que voltean entre sus manos. La plena atención al momento presente parece elemento indispensable para realizar con éxito cada figura. Considero que ese mismo dominio de la atención es necesario en cada asunto de la vida cotidiana. La intención, la atención y la acción son tres poderosos aliados con los que cuentas. Enfocados en un propósito vital concentran y transmiten poder creador. Te animo a practicar los ejercicios sugeridos en Como gestionar bien tuatención.

6.- Flexibilidad: Para hacer juegos malabares necesitas moverte con flexibilidad adaptándote a los distintas trayectorias de cada lanzamiento. Igual que es necesaria la flexibilidad a todos los niveles para adaptarte a los cambios de la existencia. Flexibilidad sin perder el equilibrio y teniendo en cuenta el objetivo que pretendes.  Para profundizar en este tema te será útil leer “10 formas de cultivar unamentalidad flexible” y también las sugerencias propuestas en este audio titulado "Aprende a cambiar tu enfoque":


7.- Perseverancia: Al ver los movimientos tan precisos y la perfecta coordinación entre los tres artistas he pensado en la cantidad de ensayos que habrán sido necesarios para lograr esa excelencia. Y he pensado que no hay talento que pueda florecer si no se cultiva con mucha paciencia y perseverancia. En ¡Que la fuerzade la perseverancia te acompañe!encontrarás muchas claves para mejorar este aspecto.

8.- Trabajo en equipo: Los tres artistas que aparecen en el vídeo hacen una perfecta labor de equipo. Cada cual realiza su propia pirueta pero entre los tres crean un espectáculo completo. Además comparten las mismas bolas, respetando sus turnos, atentos los unos a los otros. También considero que la vida es una trama de colaboración donde todo cuenta y con todo hay que contar. Más sobre la idea de interdependencia en Compartir tus mejoressemillas”.

9.- Complicidad y humor: A veces sonriendo y a veces con un gesto cómplice y pícaro,  me ha parecido que los malabaristas no solamente disfrutaban sino que también invitaban a la diversión. ¿No es acaso esa la mejor actitud ante lo cotidiano? Creo que en la vida no solo es compatible sino también recomendable, combinar el esfuerzo y el enfoque lúdico, la búsqueda de la excelencia y el buen humor. En “La risa, medicina y placer gratis” encontrarás más sugerencias.

10.- Salir al escenario: Aunque he visto esta actuación en vídeo, al final he aplaudido. Y era un aplauso no solo para esos malabaristas sino para todos los seres humanos que aún con temor al fracaso, salen al escenario de la vida, tratando de compartir sus talentos y ofrecer su mejor versión. He aplaudido la osadía de hacer de la propia vida una pirueta creativa manteniendo en buen equilibrio aquello que más importa, sea lo que sea.

Y mientras aplaudía he recordado “Memorándum”, el poema de Mario Benedetti que describe con su tierna ironía, catorce movimientos de los humanos juegos malabares del día a día:

“Uno llegar e incorporarse el día
Dos respirar para subir la cuesta
Tres no jugarse en una sola apuesta
Cuatro escapar de la melancolía
Cinco aprender la nueva geografía
Seis no quedarse nunca sin la siesta
Siete el futuro no será una fiesta
Y ocho no amilanarse todavía
Nueve vaya a saber quién es el fuerte
Diez no dejar que la paciencia ceda
Once cuidarse de la buena suerte
Doce guardar la última moneda
Trece no tutearse con la muerte
Catorce disfrutar mientras se pueda”

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.



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lunes, 6 de julio de 2015

A favor de la ternura

A veces, frente a la adversidad, en medio de un infortunio y aún después de ajustarnos la férrea armadura de la indiferencia, sucede que, inesperadamente nos cala la ternura. Suele llegar envuelta en una muestra de afecto. Vestida de mirada, de caricia, de gesto cómplice, de voto de confianza o de mano amiga entre otras muchas apariencias. La ternura, ese rotundo y delicado sentimiento que paradójicamente ablanda y fortalece, nos llega desde afuera y con ella, nos llega quien la expresa.

También puede ocurrir que la ternura se despierte dentro de uno mismo, ofreciéndose como vehículo para transportar dulzuras, cariños y simpatías. Se abre paso aún en medio de desencuentros y diferencias. Con ternura llegamos a los demás y a ese viaje emocional suele apuntarse también la solidaridad, la empatía y la compasión. La ternura se lleva bien con todas las formas de estima. La ternura consigue con todas ellas, una buena rima.

Y además, la ternura, gusta de asomarse entre la hojarasca de la vida, para ser contemplada. En esos casos es fácil verla unida a la inocencia, a la fragilidad o a la pureza. Siempre bella y alegre, esperanzada abanderada de la vida, aún cuando brote en territorios de duelo y despedida.

Como puedes comprobar, estoy a favor de la ternura. Porque creo que consigue una cercanía emocional que enlaza a las personas de una forma entrañable, facilita la comunicación, disuelve la indiferencia y combate la monotonía. La ternura es un vehículo para el afecto y tiene tal magia que es capaz de encerrar en pequeños detalles, toda la grandeza del amor. Por todo esto y porque la ternura, si no se la tiene en cuenta, a vces llega y a veces se retira, hoy quiero proponerte algunas sugerencias para hacerla más presente en tu vida, sea porque la ofrezcas, porque te permitas recibirla o porque, contemplándola, la celebres.

Ternura en el contacto físico:
- Un beso sutil como un acento.
- Un acurrucarse juntos como si se quisiera contemplar la vida desde una misma perspectiva.
- La calidez de un brazo sobre el hombro sea en medio del gozo o del desánimo.
- Un abrazo entregado.
- Un darse la mano en el paseo como forma de encontrar más equilibrio en el apoyo mutuo.
- Esa caricia que despeja el cabello del rostro como si quisiera apartar toda preocupación.
- Un masaje sin otro fin que acariciar.
- Las cosquillas que hacen brotar la risa en niños de todas las edades.
- Una mano en la espalda con vocación de presencia reconfortante.
- El regalo de la respetuosa distancia en el momento de soledad elegida.

Ternura en la comunicación:
- Un silencio paciente que aspira a entender la emoción.
- Una palabra amable para equilibrar respeto y confianza.
- Una pregunta que demuestra interés.
- Una frase de espontánea admiración que apuntala la autoestima.
- Una expresión divertida encaminada hacia la picardía.
- Un sensual suspiro que llama a la cercanía.
- La invitación a recordar momentos de feliz complicidad.
- Frases de reconocimiento que rescatan de la invisibilidad.
- Las muestras de gratitud que acortan distancias.
- Mensajes de apoyo y confianza capaces de motivar.

Ternura en el trato:
- Ese espacio de complice conversación dónde dejamos entrar, con respeto, todo tipo de sentimientos y anhelos.
- El ritual cotidiano que solo dos conocen.
- La visita necesaria para pedir disculpas y limar asperezas.
- El regalo inesperado.
- Una música a tiempo cuyo oculto significado solo dos entiendan.
- Ese buscarse despacito aún sin tener claro lo que se busca.
- El sencillo favor que facilita el día.
- La llamada que, aún desde la lejanía y mediante cualquier tecnología, ampara y abriga.
- Ese detalle, cualquier detalle, hecho con mimo.
- Ese sencillo acompañamiento en las penurias que fortalece las raíces del vínculo.
- El tiempo de espera compasivo hasta que la emoción del otro se calma y se serena.
- Aquello que decides hacer de corazón para facilitar el perdón, el adiós o el reencuentro.
- El tratar con cuidado y el cuidar.
- La sonrisa cordial, nota de alegría en el serio trajín cotidiano.
- Todo lo que pueda hacerle saber a otro que, sencillamente, puede contar contigo.
- La mirada que sostiene cuando estas a punto de desfallecer.
- El guiño cómplice que rompe el hielo de la pura cortesía.
- La bienvenida que hace sentir a otro que su presencia es la mejor compañía.
- El encuentro intencionado con la mirada de quien es tu cómplice en la aventura de la vida.

Contemplando la ternura:
- Una flor brotando en el asfalto.
- Un anciano de paseo, arreglado como si fuera a estrenar la vida y con la mirada confundida como si aún no supiera como afrontar tal osadía.
- Un pájaro rehaciendo, una vez más, el nido que ha destrozado el viento.
- Un niño buscando la mirada materna en el momento de afrontar la arriesgada aventura de deslizarse por el tobogán.
- Un perrito diminuto que corre audaz por el paseo y que, de pronto, mira hacia atrás como cuidando que no se pierda quien lo cuida.
- Dos seres humanos ordenando con esmero sus escasas pertenencias antes de recostarse juntos en el recinto de un cajero automático.
- Lo que se ve en este vídeo y tantas escenas de la vida cotidiana que quizás están viniendo ahora a tu memoria y que te invito a compartir:


Coincido con el poeta y cantautor Jacques Brel, cuando decía que: “Somos como barcos partiendo todos juntos en la pesca de la ternura” Y añado con convicción que no hay por qué esperar a las grandes ocasiones para darle espacio sino contar con ella siempre pues, la ternura, hace grande cualquier ocasión.


Gracias por tu atención. Me encantará leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.


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