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domingo, 21 de enero de 2018

Cómo despedirte bien de tu pasado y poner paz en tu memoria

El viaje de la vida, puede percibirse como un complejo recorrido hecho de encuentros y despedidas. Tarde o temprano hay que decir adiós a trozos de la existencia y dar la bienvenida a lo nuevo. Todo es pasajero pero a veces cuesta aceptar esta evidencia,

Y sea porque nos perturba su recuerdo o porque añoramos los momentos vividos, a veces el pasado actúa como un imán que atrae nuestra atención y atrapa la energía que queremos dedicar a disfrutar del presente, a desarrollar nuevos proyectos o simplemente a mantener plena consciencia del ahora.

En un relato de la tradición budista se cuenta que “un hombre iba caminando con dificultad por la orilla de un río y observó que la orilla opuesta era mucho más transitable. Pronto comprendió que no podía alcanzarla nadando porque la corriente era muy fuerte, así que paró, reunió los materiales necesarios y construyó una balsa. Subido en ella cruzó el río sin problemas.

Ya en la otra orilla, sintió tristeza al pensar en abandonar su embarcación. Consideraba todo un logro personal haberla construido y le gustaba contemplarla. De modo que decidió cargar con ella. Pero conforme iba pasando el tiempo sus pasos se hacían cada vez más torpes y lentos. A pesar de que el camino era más fácil, se iba quedando sin fuerzas, y empezó a preguntarse si realmente estaba preparado para realizar ese viaje. 

Cuando enfiló el camino que llevaba a la cumbre de la montaña y le resultó imposible escalarla se dio cuenta del desgaste que le estaba suponiendo llevar la balsa con él. Entonces decidió abandonar su carga. Volvió sobre sus pasos, dejó la balsa junto a la orilla para que otros viajeros pudieran utilizarla y siguió su camino más ligero y con paso más equilibrado.”

A menudo nos cuesta despedirnos de aspectos de nuestro pasado que significaron mucho para nosotros, sea porque sufrimos o disfrutamos con ellos. Y además de la dificultad para desprendernos de objetos o poner distancia en algunas relaciones también culpas, resentimientos, añoranzas o decepciones pueden llegar a pesar tanto que, por más dulce que aparezca el presente, nos amargan la experiencia. 

El pasado tiene un lugar y una función siempre que podamos acceder a él o soltarlo libre y conscientemente pero es un compañero tóxico cuando secuestra nuestra atención y nos bloquea la capacidad de acción.

Al comenzar un nuevo año es habitual afrontar nuevos retos aunque quizás no es tan común tomar consciencia de todo aquello que hemos de dejar atrás para que no nos reste energías  Sin embargo, desde mi punto de vista, la mejor manera de empezar un nuevo ciclo es cerrando bien el anterior. Considero que despedirse bien del pasado es el preámbulo necesario para poder dar la bienvenida al presente.

¿Cómo hacer para honrar el pasado y, a la vez, vivir un sano desapego? ¿Cómo equilibrar, ser sensibles a la dimensión afectiva de los vínculos con permitirnos fluir dentro la dinámica de cambio

No conozco recetas mágicas, pero en mi experiencia personal y profesional he comprobado que tener en cuenta los siguientes aspectos puede resultar muy útil y terapéutico:

1.- Darte cuenta: Observa hacia dónde va tu atención.

Llevar undiario sobre tus experiencias, preocupaciones, sentimientos y sueños puede mostrarte si el pasado está dominando tu enfoque. ¿Qué aspecto del pasado te tiene atrapado? ¿En qué escena no puedes dejar de pensar? ¿De qué recuerdo amargo no logras desprenderte? ¿Estás estancado en algún rencor? ¿Qué memoria nubla tu paz interior? ¿Qué etapa te resulta difícil cerrar?

También puede ayudarte repasar tus objetivos y descubrir lo que puede estar obstaculizando el avance en cada uno de ellos. Descubre lo que te ha sido útil en el pasado pero ahora es necesario transformar o soltar para que no te frene en tu camino.  ¿Te ayudaría probar con otra forma de organizar tu hogar, tu mesa de trabajo, tu economía o tu agenda? ¿Sería útil poner mejores límites en algunas relaciones? ¿Qué hábitos nocivos y ya caducos necesitas cambiar? ¿Acumulas ropa u objetos que te restan espacio y energía? ¿Asumes más responsabilidades de las que puedes atender? ¿Te aferras a creencias limitadoras? 

O puedes empezar haciendo un inventario de asuntos pendientes que te reclaman, desde tu pasado, para ser completados. ¿Prometiste algo que aún no has cumplido? ¿Tienes que responder alguna llamada incómoda que vas postergando? ¿Te hace falta pedir alguna disculpa? ¿Te gustaría expresar algún agradecimiento pendiente? ¿Qué reparaciones hay que hacer en tu casa? ¿En tus relaciones? ¿En tu salud? ¿Qué es lo que necesita ser ordenado? ¿En tus armarios? ¿Te prestaron dinero o cosas que aún no has devuelto?¿Olvidaste hacer algún regalo? ¿Qué palabras están pendientes de decir y qué penas y enfados esperan cauces de expresión? ¿Estás evitando alguna conversación necesaria? ¿Qué asuntos mantienes parados a la espera de tomar una decisión?

2.Aceptar cómo te está afectando, en el presente, la memoria de tus experiencias pasadas.

Si has hecho un honesto análisis en el paso anterior habrás descubierto qué te está afectado y cómo, es decir, qué reacciones, bloqueos e insatisfacciones del presente tienen su raíz en acontecimientos del pasado. 

Fingir que eres insensible a esos recuerdos solo aumentará tu malestar. Es más saludable aceptar, es decir, darte permiso para sentir esas emociones y, regulándolas, poder liberarlas.

Aceptar, por ejemplo, la tristeza ante una pérdida o lo que hayas vivido como  tal. Aceptar la rabia ante la imposibilidad de cambiar los hechos del pasado. O aceptar el vacío que produce decir adiós a eso que durante tanto tiempo a formado parte de tu experiencia vital.

Observa lo que sientes actualmente al recordar esa experiencia. Ubica esos sentimientos en tu cuerpo sin intentar alterarlos. ¿Dónde la siento? ¿En qué parte del cuerpo se está manifestando? ¿Siento esa zona cerrada, abierta, pesada, vacía, ligera, dolida, o…? Inspira y al expirar céntrate en la zona donde sientes presente la emoción y lleva allí tus manos. Permanece un rato con las sensaciones que te van viniendo y observa sus cambios sin juzgar. Ofrece atención, reconocimiento y aceptación a esos sentimientos.

Ten en cuenta que procesar las emociones no significa ni reprimirlas ni aferrarte a ellas sino dejar que se hagan presentes, contemplarlas desde la mirada de tu compasivo corazón y soltarlas o encontrar cauces constructivos para aplicar su energía.

“Desprenderse de una fuente de apego duele porque el organismo está habituado y ha creado un condicionamiento, pero es un dolor curativo.” (Walter Riso) Entiende, también, que para experimentar estos pasos necesitarás tiempo y paciencia, encontrar tu propio ritmo de asimilación y respetar tus necesidades especiales mientras curan tus heridas. Considera, además, que si tus memorias son muy traumáticas o te sientes superado por su influencia te convendrá buscar ayuda profesional para elaborar el duelo.

3.- Rituales de despedida: Resulta muy terapéutico desarrollar rituales de despedida en soledad o acompañado por personas que puedan darte apoyo y consuelo. 

Es importante aceptar la ayuda, la compañía o el apoyo social pero también la inestabilidad emocional, la disminución energética o la necesidad de intimidad y aislamiento temporal. 

Aquí te sugiero cuatro propuestas que pueden dar fuerza a tu intención de soltar aspectos de tu pasado:

A) Cartas pendientes: Sea que finalmente las envíes a su destinatario o no, escribir cartas puede servirte para ordenar ideas, dar cauce a sentimientos no expresados y facilitar las despedidas.  Carta a un familiar fallecido al que aún no has dicho adiós, a un amigo a quien en su momento no agradeciste su apoyo, a un amor del pasado cuya ausencia aún no has superado, a ti mismo o al niño que hay en ti para darte ánimo y aliento ante un sueño que no ha podido ser. O escribe al miedo, al enfado, al rencor o a la tristeza que te abruman. 

Escribe lo que sientes, lo que piensas y lo que deseas. Agradece, antes de despedirte, lo que esa persona, situación o emoción te ha aportado y finalmente diles adiós. Lee la carta en voz alta las veces que sean necesarias permitiendo que surjan las emociones hasta que sientas que ya no tienes nada más que decir. Para terminar quema lo escrito y respira conscientemente mientras observas como el fuego va consumiendo la carta y la paz te va envolviendo.

B) Encuentra el aprendizaje y suelta lo que ya nada te aporta. A veces para poder soltar o dar por bien cerrado un asunto que no ha salido como querías, un paso esencial es extraer la enseñanza que te aporta. 

¿Qué es lo que he aprendido de esta experiencia? ¿Para qué me puede ser útil de aquí en adelante? 

Acepta que quizás nunca puedas comprender totalmente las razones de lo que sucedió, de los comportamientos  de otras personas o de tus propias reacciones en aquel momento. Pero puedes determinar para qué te vaa servir esta experiencia, qué es lo que puedes aprender de ella y cómo este aprendizaje puede mejorar tu vida. 

Después imagina que metes en un globo de helio todo aquello que ya no solo no te aporta nada sino que te pesa y retrasa, como rencores o vanas añoranzas. Y visualiza que lo sueltas observando cómo se lo lleva el viento hasta que desaparece de tu horizonte. Mientras lo ves alejarse recuerdasque, en la mochila de tu experiencia, ha quedado lo que sí valió la pena vivir y guardar. Respira hondo y sonríe dando la bienvenida a una nueva sensación de más paz y equilibrio.

C) La caja de los recuerdos: En ocasiones no es necesario dejar ni soltar pero resulta útil guardar algunos recuerdos cuya presencia, al menos de momento, te perturba. 

Elije un lugar o una caja donde, por un tiempo, coloques todo aquello que te remita a una experiencia que aún te duele. Quizás regalos, cartas o fotos de una relación rota, de un familiar fallecido, de un hogar que dejaste atrás o un trabajo que has perdido, por ejemplo. 

Una vez hayas superado el duelo puedes volver a ver el contenido allí guardado y decidir, más serenamente, que hacer con él. A veces necesitamos tiempo, sin que nada roce nuestra herida, para asimilar el cambio y soltar amarres con las vivencias del pasado.

D) Nada se pierde, todo se transforma. Considerarnos formando parte de un todo, en infinita y creativa evolución, nos ayuda a ver los cambios como transformaciones y no como rupturas o pérdidas. 

"Estamos hechos de polvo de estrellas. No es sólo una frase poética; es una realidad. En un universo joven, compuesto principalmente de hidrógeno y helio, las estrellas que se inmolaron para convertirse en superenovas dieron origen a casi todos los demás elementos químicos y los dispersaron por el espacio. Con el transcurso del tiempo, se condensaron para crear nuevas estrellas, sistemas solares y, finalmente, la vida misma. Así, en cierto sentido, el impulso de entender las estrellas es parte de la trama de la existencia humana." (Karen Wright)

4.- Enfócate en el presente: El pasado no lo puedes cambiar pero puedes cambiar tu realidad actual poniendo tu atención en los aspectos mejorables y encontrando actitudes positivas para frontar aquello que es inevitable y no se puede modificar.

¿Estás idealizando el pasado? Quizás lo añoras tanto porque solo recuerdas lo positivo. Podrías utilizar la misma mirada para contemplar el presente y apreciar su riqueza y las oportunidades de disfrutar, amar y aprender que te ofrece. 

Aprecia la belleza de lo que es y te será fácil mantener ahí tu atención. Te propongo practicar a menudo el ejercicio del agradecimiento. que consiste en poner tu atención, durante varios minutos, en todo aquello que valoras y ya está presente en tu vida. Comienza a elaborar una lista con todo lo que vaya surgiendo y cada vez que realices el ejercicio, añade nuevos motivos de gratitud.

Deja, además,  que tu atención vaya de la mano de tu curiosidad, como cuando eras niño y el presente ocupará tu tiempo. Cultiva la actitud de los viajeros que captan los matices de los fugaces instantes. Abiertos al asombro, intuyendo lo maravilloso. Si en cada situación buscas motivos para admirar, agradecer y compartir, tu ánimo mejorará y crecerán tus ganas de vivir. 

Desarrolla tu capacidad de asombro. Aunque todo parezca igual, a cada instante todo es diferente y así visto, el presente resulta apasionante. Estés donde estés disfruta eligiendo la belleza como centro de atención

¿Te asusta algo del presente, te disgusta, te resulta insoportable y te refugias en los recuerdos del pasado para olvidarlo? ¿De qué estás escapando? Haz un buen uso de los recuerdos: ¿Piensas que no vas a poder? Busca experiencias en tu historia que te demuestren que otras veces pudiste. ¿Piensas que es demasiado para ti? Busca en tu memoria momentos en que te sentiste superado y sin embargo encontraste el camino de salida. 

Escribe sobre los momentos desuperación más importantes de tu vida. Experiencias que hablen de tu capacidad de afrontar adversidades y transformarlas en oportunidades para crecer y aprender. Cada vez que consigas realizar un cambio positivo, reconócelo, celébralo y añádelo también a ese registro y repasa esas notas cuando quieras reforzar tu autoconfianza.

Soltarte del pasado te permite entrar en el espacio de poder donde es posible preguntarte: ¿Qué puedo hacer ahora? Y avanzar. Abrirte al cambio supone dar permiso para que lo desconocido ocurra aquí y ahora formando parte de tu experiencia. En este audio, te propongo una visualización cuyo objetivo es entrar en contacto con aspectos de tu pasado que aún no han podido ser y facilitar su expresión. Quizás un talento que quedó oculto, una pasión reprimida, un proyecto a desarrollar o un sueño por cumplir. 




Hacer las paces con el pasado supone que podemos evocar su memoria para recoger aprendizaje, alegría y fortaleza aplicables al presente. A su vez, dentro de esa espiral de evolución que, a veces,  parece dibujar la vida, el presente es el único territorio donde podemos fundar buenos recuerdos que nos sostengan y animen en el futuro. Tal como lo expresó Benedetti:

“…un recuerdo amorosamente fundado
nos limpia los pulmones nos aviva la sangre
nos sacude el otoño nos renueva la piel
y a veces convoca lo mejor que tenemos
el trocito de hazaña que nos toca cumplir.”

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach peronal
p.arcay@la-llamada.com



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Y también ...


"En el fondo de tu corazón están esperando los sueños no cumplidos y todo el amor que aún no ha podido ser. Date permiso para vivirlos.(“Lo que el corazón quiere contemplar”) 

Ahora, a tu alcance, un apoyo para el despertar de tu consciencia: “Lo que el corazón quiere contemplar” Un libro, para  leer y practicar, que expandirá tu poder creador y promoverá la conexión con la inteligencia de tu corazón. 

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sábado, 9 de diciembre de 2017

Ver la luz que ya somos

Cuando empieza a respirarse en el ambiente el espíritu navideño, me gusta recordar este microrelato titulado “El mundo”, incluido en “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano:

"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. 

A la vuelta contó que había contemplado desde arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

-El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende"

Y es que esta época del año, con sus tradiciones y ritos sociales, culturales y religiosos, creo que da cauce a un anhelo humano de contemplar la vida desde otras perspectivas más elevadas. Puntos de vista que, aún percibiendo las diferencias, nos permiten también descubrir aquello que nos une.

Por eso, llegadas estas fechas, me gusta recordar al hombre de Neguá y ensayar esa mirada suya. Mirada que, según entiendo, solo se concentra en esa llama de vida que a todos nos habita y se expande con nuestro latido.

Tratando de imaginar ese “mar de fueguitos” que propone Eduardo Galeano me suelo embarcar en un ejercicio que consiste en dejar que vayan apareciendo en mi mente recuerdos de personas, estimadas o no, esforzándome por descubrir en cada caso, únicamente lo que creo que esos seres aman, lo que les motiva, apasiona y convoca a la acción. Aquello que les ayuda sentirse ardientemente vivos.

Los imagino crepitando con sus diferentes tipos de llamas todas ellas impulsadas por el aliento de vida que nos sostiene. Cuando reconozco el amor de ese padre por su hijo, de ese joven por su vocación, de esa ciudadana por su comunidad, de ese religioso por su fe o de esa mujer por la persona amada, por ejemplo, aunque mi mente no comprenda sus ideas, mi corazón sintoniza con la vibración de esos afectos. Y puedo unirme a todos ellos en esa chispa de humanidad que nos hermana. La vida dándose a luz una y otra vez. Cada ser humano, en su pasión, brillando con su propia luz.

Esta práctica transforma lo que siento hacia ellos. Logra que se amplie mi campo de resonancia empática. Y me lleva a reconocer mi propia llama interior. Repaso entonces mis afectos, mis pasiones, mis motivaciones, mis talentos y todo aquello que arde dentro de mi buscando cauces de expresión y expansión. Veo así mi diferencia y también el impulso vital que me une e iguala a toda la humanidad..

Un doble enfoque que me gusta subrayar practicando también con este otro ejercicio: "Contempla un cuadro al óleo, fija tu mirada en una pincelada y dile “existes y te veo”; luego observa el cuadro en su totalidad pero sin perder de vista ese trazo particular. Podrás comprender que cada cosa, por insignificante que parezca, tiene su lugar y su valor. Sólo es necesario adoptar la perspectiva adecuada al contemplarla." (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

Siempre está ahí, a tu alcance, la posibilidad de centrarte en el “fueguito” con el que brilla cada ser humano. Aún el que te parezca más frío y distante, más apático o negativo, ama algo aún cuando no encuentre formas constructivas de expresar ese aliento de vida. Ama la vida o algo que percibe en ella, sea una idea abstracta o una causa concreta, sea su propia sombra o la del prójimo, cada ser humano desde que nace ama hasta sin saberlo y desde ese impulso reconoce y expande la vida que todos somos.

En las costumbres navideñas se incluyen los encuentros entre los seres queridos, tratando de olvidar diferencias para compartir afectos, se iluminan las calles para recordar que tras la noche más larga del año volverá a amanecer y se confía en que alguna estrella en el cielo nos señalará un camino de paz. Pero quizás lo más hermoso del mensaje navideño sea recordarnos que el amor ya nos habita y solo espera ser reconocido, compartido.

“Igual que el firmamento abarca a todas las estrellas y éstas, expandiendo su luz, iluminan la bóveda celeste, también a todas las criaturas, en una red de luz, un principio de amor sustenta hasta que ellas mismas se transforman en manantial de amor y más red de luminosa vida crean.” (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

Por eso hoy, cercana la Navidad, con esta preciosa canción de Macaco y Chambao quiero hacerte llegar mis deseos de poder continuar compartiendo, ahora y siempre, la luz que ya somos.



Gracias por leerme y por tus comentarios si es que quieres compartilos. Abrazos, felices fiestas y hasta pronto,


Pepa Arcay
Coach Personal




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domingo, 21 de mayo de 2017

Moldea tu entorno para que te moldee positivamente

Si quieres hacer dieta convendrá que llenes tu nevera de alimentos adecuados. Si quieres  meditar te ayudará tener un espacio en tu casa donde puedas estar tranquilo y en silencio. Si tienes que superar un examen te será útil una mesa ordenada donde colocar solo lo necesario para estudiar sin distracciones. O si quieres hacer deporte tendrás que guardar tiempo en tu agenda para ese fín.

Estos son solo algunos ejemplos para mostrarte  que además de contar con tu entusiasmo y fuerza de voluntad, que a veces pueden flaquear, puedes  contar con tu entorno si sabes transformarlo en un factor colaborador.  

El entorno te influencia y tú puedes moldearlo para que, a su vez,  te moldee positivamente. Se trata de diseñarlo en forma tal que te apoye en tus propósitos, sosteniendo tu motivación y ayudándote a minimizar esfuerzos y optimizar rendimientos. Te propongo nueve pasos que te ayudarán en este empeño:

1.- Cada objetivo tiene su entorno ideal así que una vez que tengas claro lo que quieres lograr puedes empezar preguntándote: ¿cómo sería un entorno colaborador para este asunto? En general, un buen entorno es cualquier aspecto de tu vida que funcione como estructura de apoyo para tus propósitos. Puede tratarse de personas que te den soporte, tecnología que te facilite la vida, programas que te ayuden a sistematizar procesos y crear hábitos, espacios que te inspiren, formación que te ayude a evolucionar o grupos con intereses similares que refuercen tu motivación, por ejemplo.

 2.- Concreta los recursos que consideras más necesarios. Crear un entorno colaborador es como formar un equipo para que no tengas que depender solo de ti mismo. Por ejemplo, si te has propuesto pensar más positivamente y quieres repetir, cada cierto tiempo, palabras que te aportan un enfoque constructivo, sería muy estresante tener que recordar los momentos programados para hacerlo. Pero si activas alertas en tu móvil, podrás relajarte confiando en que te avisará puntualmente cuando llegue el momento de repetir tu frase inspiradora.

3.- Encuentra las diferencias: Una vez que hayas repasado todos los elementos que podrían transformar lo que te rodea en un entorno colaborador, pregúntate: ¿qué diferencias presenta esta visión con mi entorno actual? ¿qué cambios serían los más determinantes? ¿Cuáles son los que ya puedo llevar a cabo?

4.- Descubre los entornos nocivos: Quizá te des cuenta que que algunos de tus entornos actuales no solo no son colaboradores sino que contribuyen a frenar tu avance. Empieza por atender esas áreas. Y cuando tengas bien claros los cambios que quieres realizar, haz una lista, prioriza los más urgentes y pasa a la acción. Si quieres dedicar un tiempo a estudiar y en tu hogar no hay espacio para concentrarte sin interrupciones, estudia en la biblioteca más cercana. Si estás haciendo dieta y te resulta difícil seguirla comiendo con tus compañeros de trabajo, aprovecha para caminar hasta algún parque y come allí.

5.- Mucho de lo que te rodea puede convertirse en un entorno favorable para la consecución de un determinado objetivo. Si al mirar a tu alrededor piensas que nada puede apoyarte, repasa otra vez lo que necesitas,  coméntalo con tu familia, amigos o profesionales que puedan ampliar tu punto de vista   Observa otros entornos y los beneficios que les aportan a personas con necesidades similares a las tuyas.  

6.- En ocasiones resulta difícil superar las resistencias  ante el cambio. Te puede resultar tranquilizador empezar por detectar, valorar y agradecer  primero lo que ya funciona bien y establecer mejoras sobre ello. Quizá no necesitas un armario nuevo pero te puede resultar más efectivo otro sistema de ordenar tu ropa en su interior  o cambiar la ruta de paseo con tu mascota puede ser la oportunidad para hacer más ejercicio físico o usar Internet para revisar las ofertas antes de hacer la compra mensual en tu supermercado preferido  te ahorraría dinero, por ejemplo.  Empezar simplemente mejorando algunas áreas puede lograr una gran transformación del conjunto y un aporte de confianza para emprender cambios más drásticos.

7.- Conviene, además, que diseñes entornos sostenibles que no necesiten, para mantenerlos,  más esfuerzo que el que te ahorran.  Si decides hacer cambios en tu terraza para convertirla en un espacio más acogedor pues quieres tener más momentos de tranquilidad al aire libre, procura que el cuidado que requieran las plantas y el mobiliario que escojas no reste demasiado tu tiempo de relax.
 
8.- No te olvides de evaluar: Para detectar estos errores de cálculo conviene que tras implementar un cambio evalúes su rendimiento en relación a lo que querías obtener al aplicarlo. La evaluación también te ayudará a que la inercia no te lleve de vuelta a las antiguas situaciones o costumbres.

9.- Diseñar paso a paso y rediseñar: Recuerda que la creación de nuevos hábitos requiere esfuerzo hasta que no están consolidados y empiezan a aportarte seguridad y beneficios.  Por lo tanto,  puede resultar conveniente ir paso a paso en vez de afrontar muchos cambios a la vez. E ir rediseñando conforme afrontas distintos retos que suponen diferentes necesidades.

Lo importante es que contemples la posibilidad de perfeccionar tu entorno para transformarlo en un sistema que te permita descargarte obligaciones, que te sirva de filto ante posibles distracciones,  que te refuerce en tu motivación y te apoye con efectividad en tu camino.  ¡Harás más con menos esfuerzo y la vida te resultará más fácil!

Gracias por tu atención. Me encantará leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal

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Coaching online: Si te interesa conocer mi labor profesional como coach personal te invito a visitar La Llamada También puedes escribirme a p.arcay@la-llamada.com y solicitar una sesión informativa y gratuita.
Estaré encantada de atenderte.



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lunes, 12 de septiembre de 2016

Esa gente tan necesaria

Hay gente famosa cuya labor, valores o actitud admiro. Me alegra ver que, de vez en cuando,  obtienen reconocimiento social y reciben premios por su labor.

Pero, en mi vida, también hay mucha gente admirable que no es famosa ni suele queda incluida en las nominaciones a prestigiosos galardones. Son ellos quienes hoy me inspiran este texto. 

Yo les llamo mi “gente necesaria”. Tal denominación la tomé de este precioso poema de Hamlet Lima Quintana:


“Hay gente que con solo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales,
que con sólo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente,que con solo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas.
Que con solo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.

Hay gente que con solo abrir la boca
llega hasta todos los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.

Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria,
pues sabe, que a la vuelta de la esquina,
hay gente que es así, tan necesaria.”

Hay personas en mi mundo que siempre son así. Y de una forma u otra procuro mostrarles mi gratitud para que sepan que les tengo en gran aprecio y son mi inspiración. A veces, cuando la vida parece ponerse difícil, invoco su recuerdo en mi corazón y, aunque sea a trancas y a barrancas, intento seguir su ejemplo, encendiendo alguna ilusión, colocando alguna guirnalda de esperanza o alimentando un sueño del alma. Pero sobre todo trato de poner en práctica algo que una de estas “personas necesarias” , me enseñó y hoy quiero compartir contigo.

“Las personas más necesaria son aquellas capaces de hacer que los demás se sientan necesarios”. Esta es la frase que me dijo ese maestro cuando le mostré mi agradecimiento por su positiva influencia en mi vida. Y, ante mi expresión interrogante, me contó este relato:

 “Dicen que una noche, hubo una curiosa asamblea en una carpintería. Las herramientas se habían reunido para arreglar diferencias que les impedían hacer equipo.
 El martillo pretendió ejercer la presidencia de la reunión pero enseguida la asamblea le notificó que tenía que renunciar:
 – No puedes presidir, martillo – le dijo el portavoz de la asamblea – Haces demasiado ruido y te pasas todo el tiempo golpeando.
 El martillo aceptó su culpa pero propuso:
 – Si yo no presido, pido que también sea expulsado el tornillo puesto que siempre hay que darle muchas vueltas para que sirva para algo.
 El tornillo dijo que aceptaba su expulsión pero puso una condición:
 – Si yo me voy, expulsad también a la lija puesto que es muy áspera en su trato y siempre tiene fricciones con los demás.
 La lija dijo que no se iría a no ser que fuera expulsado el metro. Afirmó:
 – El ,etro se pasa siempre el tiempo midiendo a los demás según su propia medida como si fuera el único perfecto.
 Estando la reunión en tan delicado momento, apareció inesperadamente el carpintero que se puso su delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Trabajó la madera hasta acabar una preciosa mesa. Al finalizarla se fue.
 Cuando la  carpintería volvió a quedar a solas, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando el serrucho, que aún no había tomado la palabra, habló:
 – Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Son ellas las que nos hacen valiosos. Así que propongo que no nos centremos tanto en nuestros puntos débiles y que nos concentremos en la utilidad de nuestros puntos fuertes.
 La asamblea valoró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.”

Tras escuchar este cuento entendí que el carpintero era de esas personas que son capaces de hacer que los demás se sientan necesarios.  Y comprendí además que era una habilidad que se podía practicar y desarrollar. Quizás no todos sepamos, como dice el poeta, encender hasta los rosales con una palabra o con solo dar la mano romper soledades. Pero si podemos aprender a poner la atención, no en las carencias y defectos de quienes nos rodean sino en los dones, cualidades, recursos y aspectos más valiosos que cada cual puede aportar.

Y a eso te invito. Es todo un recurso de autoayuda pues al practicarlo, quizá no te hagas famoso pero te sentirás útil  pues estarás colaborando a que, con la aportación de todos, hagamos del mundo una obra hermosa, como la mesa de la carpintería.

Para empezar a practicar te sugiero este ejercicio:

Escribe el nombre de alguien con quien, por circunstancias, estás obligado a relacionarte pero te resulta una incómoda compañía. Detalla todo aquello que te disgusta de esa persona.

Luego escribe sobre sus circunstancias, su día a día y las motivaciones que crees le pueden llevar a hacer lo que hace. ¿Cuáles son las dificultades que afronta? ¿Cómo es su entorno? ¿Qué tipo de limitaciones tiene que asumir? ¿Está soportando presiones familiares, problemas económicos o preocupaciones de salud? ¿Qué es lo que más anhela? ¿Qué miedos le frenan?

Pregúntate cual es el valor positivo que esa persona quizás está buscando al comportarse de esas maneras que tanto  te disgustan. Piensa que su intención puede ser positiva aunque la conducta elegida sea nociva. Los seres humanos a veces gritamos para captar la atención, mentimos creyendo que así logramos mantener la paz o traicionamos nuestros principios para atender una necesidad de seguridad o reconocimiento, por ejemplo.

A continuación escribe sobre situaciones en las que tú hayas tenido reacciones similares y descubre qué es lo que pretendías actuando así. Recuerda en todo momento que, al hacer este ejercicio, no se trata de juzgar ni tan siquiera de evaluar sino de generar más comprensión.

Después de estas reflexiones, quizá ya con un punto de vista más amplio y compasivo sobre esta persona, trata de buscar algo en su aportación que te parezca positivo. O algo que, dadas sus cualidades podría desempeñar bien. Imagínalo haciendo tareas constructivas para su entorno y trata de visualizar en qué aspectos podríais llegar a colaborar. Anota todo lo que se te ocurra y recuérdalo cada vez que estés en su compañía. Posiblemente te sentirás más cómodo a su lado pues cuando ayudas a otros a descubrir el valor de su colaboración tú también estás haciendo una valiosa aportación

Con esa actitud te habrás situado en el grupo de “la gente más necesaria”. Esa que "procura ofrecer una mirada que se enfoca  en la dignidad humana más allá de las apariencias. Que contempla con consideración lo que a su alrededor, por pequeño que sea, también sueña e intenta transmitir confianza, compromiso y esperanza. Logrando que en su compañía todos perciban la grandeza de la vida que son: una expresión única e irrepetible de la vida, con una función que realizar, un potencial a desplegar, y siempre dignos de amor y respeto." ("Lo que el corazón quiere contemplar")

Gracias por tu atención. Estaré encantada de que participes con tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal




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