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martes, 27 de junio de 2017

¿Qué hago con mi enfado? 4 pasos para convertirlo en algo beneficioso

El enfado es una de esas emociones que no tienen buena prensa y, quizá por eso, cuesta recibirlo como un aliado en la búsqueda de bienestar. Si sufres a menudo las consecuencias negativas de enfadarte más de la cuenta quizá consideres merecida su mala reputación. Sin embargo, el enfado, como toda emoción, si lo atiendes y lo gestionas bien puede guiar constructivamente tus acciones.

“Cuando se experimenta una emoción, dice Fredy Kofman en su excelente obra “Metamanagement”, se incurre en una "deuda emocional". Para "saldarla" hace falta un "pago" en términos de acciones efectivas. Si uno paga, respondiendo conscientemente a las demandas e impulsos de la emoción, recibe un beneficio por responder, aprende su lección y sigue adelante con su vida. Pero si rehúsa pagar, relegando la emoción a la incosciencia, debe soportar el coste de no responder: la deuda comienza a acumular "intereses" y crece en forma exponencial. Si la deuda excede cierto nivel, uno cae en la "quiebra" emocional: un estado de ánimo negativo recalcitrante.”

En la raíz del enfado siempre hay una historia (verdadera o imaginada) que lo genera: la creencia de que, sea por un comportamiento o por una acción que perjudica o puede perjudicar, se transgreden límites significativos respecto a la propia escala de valores. El enfado actúa entonces como un mecanismo de defensa frente el malestar que se siente al interpretar que alguna necesidad no está atendida. Debajo del enojo también se puede reconocer tristeza por el sufrimiento y miedo por lo que se puede llegar a sufrir. De manera que, como sucede siempre con la llegada de una emoción, si conscientemente la reconoces, la aceptas y la escuchas, te puede aportar valiosa información sobre la percepción de tu mundo interior y exterior. Información que te abre la posibilidad de encontrar una acción efectiva para establecer nuevos limites más saludables.

Se siente seguridad y fortaleza al comprobar que se es capaz de afrontar los desafíos, reparar los daños o minimizar el riesgo de que vuelvan a producirse. Una buena canalización del enfado te pone en disposición de proteger aquello que te importa, te conecta con el respeto hacia ti mismo y hacia los otros y te afirma en la fuerza de saber que te definen tus propias acciones y no las de los demás.

Por el contrario, si no resuelves tu disgusto, fácilmente te sentirás impotente y manipulable por tu entorno. El enfado irá tansformándose en resentimiento, rencor y odio. A veces podrás mostrar una calmada y superficial sumisión pero estallará tu ira cuando y contra quien menos la merece.

No obstante, aunque en teoría se vean claros los beneficios de gestionar bien el enfado, no es fácil lograrlo. Si compruebas que se desgastan tus relaciones por frecuentes discusiones sobre temas irrelevantes, si respondes con cólera injustificada demasiadas veces, si a menudo pierdes el control enredado en tu propia espiral de pensamientos hostiles (al estilo de Groucho Marx en el vídeo que aquí te incluyo), te será útil aplicar las propuestas que hoy comparto contigo. 



Cuatro pasos  cuyo objetivo es encauzar constructivamente tu enfado (o sus sinónimos como la ira, rabia, indignación, cólera, etc) antes de que tal emoción te inunde el ánimo en forma incontrolable:

1.- Hazte consciente de tu enfado y acepta esa experiencia emocional:

No podrás hacerte cargo de tus emociones si antes no las descubres. Tu cuerpo te puede ayudar en esta tarea siempre que lo observes y aprendas a entenderlo. 

Empieza por tener en cuenta los gestos que sueles adoptar cuando estás enfadado. Quizás frunces el ceño, cierras los puños, aprietas las mandíbulas, o tensas los músculos del estómago, por ejemplo. ¿Dónde sueles sentir el enojo, la rabia o la ira? Si mejoras tusconsciencia corporal podrás descubrir tus emociones cuando todavía puedes atenderlas sin que te dominen.

 Para conseguirlo te sugiero parar tu actividad en cuanto notes algún pequeño signo de irritación. Haz una inspiración profunda y pregúntate: ¿Qué parte de mi está tensa? Y centrándote en esa zona,  date tiempo, espacio y tranquilidad para sentir tu enfado, respirarlo y darle espacio en tu consciencia, sin prejuicios. Acepta sentir sin evaluar, simplemente estando presente en la experiencia. No mejorarás la gestión de tu enojo si al reconocerlo lo juzgas negativamente y lo censuras. Recuerda que reconocer con respeto una emoción no significa dejarte capturar por ella. Tienes capacidad para ser testigo neutral y con esa disposición podrás obtener valiosa información para comprenderte más y mejor. En el artículo “Quince pausas para la autoayuda” encontrarás más ideas para mejorar tu autoconciencia.

2- Aprende a dialogar con tu enfado para poder entenderlo:

Una cosa es tu vida y otra lo que te cuentas sobre ella. Utilizando tu capacidad de razonar, descubre los pensamientos que subyacen a tu enfado y analiza su validez. Usa un lenguaje que te sitúe en un papel protagonista y no como víctima. Por ejemplo: “Me siento enfadado”, en vez de: “Esa persona me saca de quicio”.

Reflexiona por escrito en cuanto te des cuenta que un asunto te ha molestado. ¿Cuál ha sido el detonante? ¿qué necesidad no está atendida? ¿qué está faltando? ¿qué daño se ha producido? ¿quién consideras que lo ha provocado? ¿qué límite crees que se ha transgredido? ¿en qué forma te sientes amenazado? ¿qué evidencia tienes de todo esto?

Cuetiona las suposiciones, separa hechos de interpretaciones y descarta las generalizaciones, prejuicios y exageraciones. Te ayudará revisar el artículo “Cómo lograrentender, entenderte y que te entiendan mejor”, donde se hace un repaso de las distorsiones cognitivas más frecuentes tanto en el diálogo con uno mismo como en las conversaciones con los demás.

3.- Comprueba, antes de pasar a la acción, si tu enfado es proporcionado:

Cuando la rabia va creciendo es muy fácil caer en la sobreactuación y eso no solo puede restar efectividad a tu respuesta sino que puede traerte complicaciones añadidas e innecesarias.  A veces el cansancio físico, el estrés excesivo o una tendencia al perfeccionismo pueden propiciar una reacción desmesurada. Por eso es importante posponer cualquier respuesta hasta encontrar una perspectiva ponderada de la situación. Al aparecer el enojo pregúntate: ¿Mi grado de enfado es proporcional al grado de importancia del asunto que lo concierne?

Si consideras que la intensidad de tu ira es demasiado elevada prueba a reencuadrar, reinterpretar y ampliar la perspectiva de lo sucedido. Si alguien te ha faltado al respeto, o un amigo no ha respondido como esperabas, en vez de pararte a buscar otras situaciones anteriores similares que intensificarán tu malestar, reflexiona sobre lo que les ha podido suceder a esas personas para actuar así, o relativiza la importancia del agravio imaginando la poca importancia que tendrá ese hecho para ti dentro de unos años, por ejemplo. No se trata de disolver el enfado sino simplemente de rebajarlo a un nivel que sea manejable y te permita encauzarlo.

También puedes probar a equilibrar tu estado emocional buscando motivos de agradecimiento hacia las personas con las que estás enfadado. Igualmente te ayudará encontrar alguna perspectiva de la situación que incluya una buena porción de sentido del humor para desdramatizar el tema.

Además, puede ser necesario soltar el exceso de tensión en tu cuerpo. Tómate unos minutos para desahogarte de la forma que mejor te siente. Corre, salta, baila, grita, dúchate o boxea con tu cojín favorito. El caso es que logres relajarte expresando tu enfado y liberando el exceso de energía. El objetivo es sentirte con más autocontrol para poder actuar con asertividad y eficacia. Te puede resultar útil repasar el artículo “Cómo lograr que el sosiego sustituya a laprecipitación” donde encontrarás más ideas para frenar la impulsividad excesiva.

4. Elige una acción constructiva que, canalizando tu enfado, atienda tu necesidad:

Cada emoción tiene una demanda específica, relacionada con la percepción de la situación que la origina. Si atiendes esa demanda, la emoción fluirá y te sentirás en paz interior pero si no la atiendes, la emoción se estancará y aumentará el malestar. 

No obstante,  tienes que asegurarte que las acciones que elijas como respuesta realmente sean efectivas, es decir, te ayuden verdaderamente. No fuera que te suceda como al protagonista de este relato del psiquiatra y escritor Jorge Bucay:

Había una vez un hombre que iba por el mundo con un ladrillo en la mano. Había decidido que cada vez que alguien le molestara hasta hacerle rabiar, le daría un ladrillazo. El método era un poco troglodita, pero parecía efectivo, ¿no?.

Sucedió que se cruzó con un amigo muy prepotente que le habló con malos modos. Fiel a su decisión, el hombre agarró el ladrillo y se lo tiró. No recuerdo si le alcanzó o no, pero el caso es que después, tener que ir a buscar el ladrillo, le pareció incómodo. Decidió entonces mejorar el “Sistema de Autopreservación del Ladrillo”, como él lo llamaba. 

Ató al ladrillo un cordel de un metro y salió a la calle. Esto  permitía que el ladrillo nunca se alejara demasiado, pero pronto comprobó que el nuevo método también tenía sus problemas: por un lado, la persona destinataria de su hostilidad tenía que estar a menos de un metro y, por otro, después de arrojar el ladrillo tenía que tomarse el trabajo de recoger el hilo que, además, muchas veces se liaba y enredaba, con la consiguiente incomodidad.

Entonces el hombre inventó el “Sistema Ladrillo III”. El protagonista seguía siendo el mismo ladrillo, pero este sistema, en lugar de un cordel llevaba un resorte. Ahora el ladrillo podía lanzarse una y otra vez y regresaría solo, pensó el hombre. Al salir a la calle y recibir la primera agresión, tiró el ladrillo. Erró, y no pegó en su objetivo porque, al actuar el resorte, el ladrillo regresó y fue a dar justo en la cabeza del hombre.

Lo volvió a intentar y se dio un segundo ladrillazo por medir mal la distancia. El tercero, por arrojar el ladrillo a destiempo. El cuarto fue muy particular porque, tras decidir dar un ladrillazo a una víctima, quiso protegerla al mismo tiempo de su agresión, y el ladrillo fue a dar de nuevo en su cabeza. El chichón que se hizo era enorme…

Nunca supo por qué no llegó a pegar jamás un ladrillazo a nadie: si por los golpes recibidos o por alguna deformación de su ánimo. Todos los golpes fueron siempre para él mismo.

Dependiendo de la honestidad y la profundidad con la que hayas respondido a las preguntas del segundo paso de este ejercicio, te será más o menos fácil encontrar las acciones adecuadas. Sobre todo en lo que se refiere a las preguntas: ¿qué necesidad no está atendida? ¿qué está faltando? 

Teniendo en cuenta tus respuestas ahora se trata de encontrar la acción más constructiva. Entendiendo por tal aquella que está en nuestra mano,  reduce o elimina la amenaza, molestia o peligro y lo hace con la menor cantidad de daño posible para uno mismo o los demás.

Quizá se trate de hallar alguna forma de expresar tu reclamación, minimizar el perjuicio, establecer un límite protector, autoafirmarte u obtener alguna reparación o reconocimiento, por ejemplo. ¿Hay algo que puedas pedir, consensuar, mejorar o cambiar? Si nada de eso es posible quizás tengas que pensar en acciones simbólicas como escribir una carta aunque nunca la envíes, elaborar un duelo o perdonar. Busca las opciones a tu alcance y elige la que más te pueda ayudar a recuperar tu equilibrio y sentirte en paz.  

Resulta muy saludable enfocar el enfado como una posibilidad de mejorar asertivamente tu experiencia. Te animo a repasar el artículo "Entre la pasividad y la agresividad, elige la asertividad" donde podrás encontrar más sugerencias para encontrar respuestas efectivas a tus desafíos.

Además, si te centras en buscar soluciones, descubriendo tus necesidades no atendidas y buscando la forma de cubrirlas también podrás comprender más fácilmente las necesidades de la persona con la que te has enfadado y las razones de su comportamiento. Pero si simplemente te quedas en el enfado, reprimiéndolo o dejándote llevar inconscientemente por su impulso, te estancas en la superficie sin descubrir la raíz de la experiencia y, por tanto, sin posibilidad de atender la verdadera demanda que la originó.

Por eso lo importante es que tu acción vaya encaminada, no a eliminar el enfado temporalmente como puede suceder con la venganza o a mantenerlo indefinidamente como pasa con el rencor, sino a atender la verdadera necesidad sobre la cual te  ha alertado dicho enfado. 

Si la acción que eliges es efectiva no se volverá contra ti como el “ladrillo boomerang” del relato, sino que servirá para construir relaciones más saludables contigo mismo y con los demás.

Gracias por tu atención. Me alegrá leer tus comentarios y sugerencias. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal




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sábado, 25 de febrero de 2017

La lección del diapasón

Como consecuencia del fenómeno físico de la resonancia, si colocas próximos dos diapasones  capaces de sonar en la misma frecuencia  y haces vibrar uno de ellos, el otro emitirá espontáneamente el mismo sonido. 

La explicación es que las ondas sonoras generadas por el primero presionan a través del aire al segundo.  No obstante, como puedes ver en el vídeo incluido en este artículo, si atornillas una pequeña placa metálica al segundo diapasón, cambias su frecuencia y no se producirá resonancia entre ambos.

No sé si es tu caso, pero yo, a veces, me siento alterada por “ondas” de críticas, intolerancia, envidias o negatividad de cualquier tipo cuyo eco convoca en mí vibraciones similares.  Me inquieta comprobar lo fácil que puedo verme arrastrada por algunas de esas intranquilizadoras inercias a la vez que me alegra darme cuenta que otra parte de mi trata de recuperar el sosiego, logrando que muchas de esas ocasiones se convierten en excelentes oportunidades para asentarme con más consistencia en una tranquila armonía interior.

En cierta ocasión acudí a una manifestación apoyando una causa importante desde mi punto de vista. No obstante, dudé en participar pues temía verme rodeada de pancartas y banderas que, aún apoyando el mismo objetivo, lo hacían desde perspectivas que no comparto. En medio de esas indecisiones me fue muy útil poner en práctica lo que llamo “la lección del diapasón”: Cuando temas la influencia ajena interprétalo como una llamada a concentrarte en lo que tú quieres ofrecer.y transmitir.



 Ese día, me centré en mi enfoque y ayudada por otras personas que compartían mi perspectiva, elaboramos una pancarta con un lema que estaba en total sintonía con nuestros valores. De esa forma logré mantenerme en mi propia “frecuencia de vibración”, respetando las consignas coreadas por otros manifestantes a mi lado pero sin entrar en resonancia con ellas.

En la línea de la metáfora del diapasón, hoy quiero darte a conocer  algunas sencillas herramientas de autoayuda que me resultan útiles en estos momentos en los que quiero volver a mi centro y al bienestar que eso supone, cuando me siento alcanzada por influencias no deseadas:

1.- Volver al centro:

Como en el ejemplo de la manifestación, se trata de volver a tu centro de paz interior a través de la coherencia entre lo que piensas, sientes y haces. Recordar tu propósito y actuar en consecuencia buscando cauces de expresión desde el respeto y la cordialidad.

“Con actitud confiada, cada vez que, haciendo tu diario caminar, adviertas incoherencia y desarmonía en tu interior o a tu alrededor, enfoca tu atención en la zona de tu corazón y afirma con convicción:

Tomo conciencia de lo que soy y, en el espacio y el tiempo, mis movimientos lo manifiestan.  Entro en sintonía con lo que mi corazón quiere contemplar y, en coherencia total, mi huella dibuja el mandala de mi propósito vital.
Danzando así, en mi conciencia de ser se reflejan tres círculos de plenitud: el círculo espiritual, el círculo del corazón y el círculo vital. En el primero, brillo en paz; en el segundo, alumbro con amor; y en el tercero, ilumino desde la alegría, la gratitud y el ánimo de celebración.

Después, haz lo que tengas que hacer manteniéndote en la vibración de esos tres círculos. Empieza buscando, en la circunstancia que afrontes, algún motivo de celebración y, por pequeño que sea, siente gratitud. Luego disponte a vivir esa situación con alegría de ser; afrontándola, en la medida que te sea posible, con ternura, sencillez y sentido del humor. Abraza esa experiencia con todo el amor que logres sentir y siéntete en paz por haber puesto en este momento tu mejor voluntad.”  (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

2.- Crear un ancla positiva y reforzarla:

Se trata de asociar un gesto con un recuerdo positivo y asentar conscientemente esta conexión para activarla cuando te pueda ser útil. Para crear este ancla elige un gesto que te resulte fácil de realizar. Puede ser unir el dedo índice con el pulgar,  coger una mano con la otra, tocarte el extremo inferior de la oreja, etc… 

Una vez tengas claro el gesto que prefieres, busca un lugar tranquilo donde no te vayan a interrumpir durante unos minutos y cierra los ojos. Respira tranquilamente mientras piensas en algún momento de tu vida en el que te hayan sentido en paz, bien conectado con tu entorno, resonando en armonía. Trata de revivir ese recuerdo con todos los sentidos, céntrate en las imágenes, emociones y sensaciones físicas que percibes. Cuando creas que estás logrando evocar la vivencia intensamente haz el gesto elegido mientras dices en silencio: “Anclo esta experiencia”. Luego abre los ojos, mira a tu alrededor para distraer tu atención unos instantes y vuelve a repetir el ejercicio. 

Hazlo así varios días hasta conseguir que simplemente al realizar el gesto revivas las placenteras sensaciones de tu recuerdo. A partir de ese momento, cada vez que vivas situaciones similares acompáñalas con ese ademán mientras te haces consciente de tu bienestar. Con este sencillo método estarás reforzando memorias positivas que podrás activar cuando, en ambientes que te resulten perturbadores, quieras recuperar una buena “onda” .

3.- Pasar la goma de borrar:

Este recurso te puede ayudar cuando consideres que, desde tu punto de vista,  hay tonos o comentarios que por ser irrespetuosas, ofensivas o fuera de lugar, están contaminando una conversación valiosa.

Puedes usarla en el mismo momento en que las estás escuchando, utilizando como goma de borrar frases tales como: “No me siento cómodo ante esas insinuaciones”, “prefiero enfocarme en otras facetas más positivas de esa persona”, “Es interesante el tema que propones pero esa generalización me parece injusta y no la comparto”, “Podemos hablar de esto pero evitando juicios insultantes”, etc….

O puedes practicar estra técnica tras una conversación que, habiendo tenido un contenido importante para ti, te ha dejado con malestar por algunas frases de mal gusto que no has podido interrumpir. En un caso así, rememora ese encuentro pero cuando aparezcan esos comentarios imagina que los borras de tu mente quedándote únicamente con los aspectos positivos de la reunión.


4.- Apreciar el valor de cada aportación:

¿Qué pasaría si, cuando vas de viaje, en vez de fijarte en toda la belleza que te rodea, dejases que las deficiencias, la fealdad o las incomodidades hipnotizaran tu atención? Posiblemente no disfrutarías de la experiencia. 

Por supuesto que, si lo vas a poder cambiar,  es positivo poner atención en lo mejorable. Pero siempre que no esté en tu mano transformarlo, busca en lo que te rodea, aquello que eres capaz de apreciar, los puntos de encuentro y todo lo que se pueda compartir en paz.  

Si te inquieta una reunión o un encuentro con personas desconocidas, que te resultan difíciles de tratar o con las que tienes que llegar a un acuerdo a pesar de las diferencias de puntos de vista te  sugiero escuchar esta visualización guiada, titulada “De corazón a corazón”. Te ayudará a sentir más confianza y a apreciar más fácilmente el valor de tu aportación y la de todos los demás. 


5.- Bailar bajo la lluvia:

Dejó escrito Stephen King: “No pedimos esta habitación, o esta música. Pero ya que estamos aquí, bailemos.”  Siguiendo esta idea, la “técnica del paraguas” te puede servir para filtrar la influencia de personas con las que tienes que tener un contacto habitual, sea por compromisos profesionales o de otro tipo. 

En esos momentos en los que quieras poner una distancia mental y emocional ante sus palabras o actitudes, imagínate que abres un gran paraguas, te cobijas bajo él y mientras dejas que vaya resbalando la lluvia negativa que estás recibiendo, cantas o recitas en silencio alguna melodía, estribillo o frase que te ayude a mantenerte tranquilo y a sentirte contento.

En cualquier caso, como nos eneseña "la lección del diapasón", lo importante es recordar que no estamos obligados a resonar con lo que no queremos y somos libres para elegir nuestra propia sintonía y  encontrar recursos para mantenernos en ella.

Gracias por tu atención.  Estaré encantada de leerte si deseas aportar tus comentarios. Abrazos y hasta pronto,

Pepa Arcay
Coach Personal



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Estaré encantada de atenderte.



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sábado, 12 de noviembre de 2016

Diez sugerencias para convivir serenamente con la incertidumbre

Parece que no hay libro de instrucciones para la vida o, al menos, nadie afirma haberlo encontrado. Como mucho, algunos mapas incompletos y la incertidumbre como leal compañera de viaje. 

Los seres humanos hasta podemos imaginar nuevos horizontes antes de alcanzarlos pero, quien sabe si para que resulte más divertida la aventura, hacer camino siempre es una experiencia incierta. La ecuación vital incluye incógnitas y no hay cálculos de riesgo capaces de despejarlas totalmente. Lo que no sabemos es más que lo que somos capaces de prever.  

El desarrollo de nuevas tecnologías provoca cambios cada vez más rápidos y falta tiempo para gestionar bien el estrés que sentimos ante los aspectos desconocidos de lo que nos puede tocar vivir. En el pasado, desde la perspectiva científica, la física tradicional representaba un mundo de respuestas precisas mientras que, en la actualidad, la física cuántica, con el principio de incertidumbre establecido por W. Heisemberg, ya avisa que, a nivel de partículas, cuanta más certeza en la posición más incerteza respecto a su movimiento.  Lo que a nivel coloquial equivale a decir que no tenemos control total sobre la compleja realidad que experimentamos.

Como escribió Mario Benedetti, “vamos a tientas”:

“Se retrocede con seguridad
pero se avanza a tientas
uno adelanta manos como un ciego
ciego imprudente por añadidura
pero lo absurdo es que no es ciego
y distingue el relámpago la lluvia
los rostros insepultos la ceniza
la sonrisa del necio las afrentas
un barrunto de pena en el espejo
la baranda oxidada con sus pájaros
la opaca incertidumbre de los otros
enfrentada a la propia incertidumbre
se avanza a tientas / lentamente … (…)”

La buena noticia es que, a tientas y lentamente pero avanzamos. El espíritu humano, aún con tropiezos y retrocesos, termina encontrando fortalezas para contener el impacto de la incertidumbre. Aún sintiéndonos inseguros y vulnerables, paso a paso vamos ganando terreno a lo desconocido y ampliando el horizonte de lo posible.

¿Cómo lo hacemos? La incertidumbre es un conjunto de pensamientos que, proyectados sobre el futuro, generan una variedad de emociones. Por lo tanto, es en ese estado mental donde reside el campo de influencia para modificar las sensaciones derivadas del mismo. El objetivo no es eliminar la incertidumbre sino vivir sin angustia en su compañía.  Hoy quiero compartir contigo diez sugerencias que  te ayudarán en ese empeño:

1.- Reformula el significado que le das al concepto de “lo desconocido”: Aprecia las posibilidades que encierra. El no saber qué puede llegar también lo puedes interpretar como el despliegue de un abanico de multiples alternativas. Oportunidades para crear nuevos caminos, reinventarte y disfrutar de esa aventura. Nadie lo sabe todo de la vida. En ese misterio puede encontrar acomodo la más brillante esperanza.

2.- Recuerda que, sea lo que sea que acontezca, tú decides tu particular respuesta: La inquietud de no saber lo que puede ser, se alivia centrando la atención en lo que sí puede ser. Toma consciencia de tus valores y deja que ellos guién tus acciones. Frente a cualquier tormenta aférrate a ese mástil y cuando los vientos sean favorables despliega en él las velas de tus sueños. Te propongo que realices “el mandala de tus valores” para tener actualizada esa brújula interior.

3.- Apoya los sueños que promueven en ti una motivación más grande que el temor que genera la falta de certezas: Párate con frecuencia a imaginarte protagonizando esa soñada realidad. Describir por escrito esas escenas te puede ayudar a visualizarlas mejor: ¿Qué sucede y qué sientes habiendo alcanzado tus objetivos? ¿En esas felices escenas qué experimentas? ¿Qué recibes? ¿Qué das? ¿Con qué disfrutas? ¿En qué aspectos se despliega tu potencial? ¿Qué talentos desarrollas? ¿Qué cualidades manifiestas? ¿Qué puedes hacer hoy para acercarte más a ese horizonte?  En el artículo “¿Estás a la altura de tussueños?” encontrarás muchas herramientas para trabajar este aspecto.

4.- Atrévete también a visualizar tu escena más temida respecto al futuro:  ¿Qué peligros y perjuicios te aportaría? ¿Cómo podrías gestionarlo? ¿Qué oportunidades nuevas podrían generarse? Encuentra respuestas constructivas y elabora un buen plan de prevención que incluya consolidar tus fortalezas o cultivar un contexto social de mutuo apoyo, por ejemplo. El objetivo es pasar de lapreocupación a la ocupación.

5.- Desarrolla tu capacidad de observación e intuición: Procúrate pausas para mirar con plena atención dentro y fuera de ti. Desarrolla tucapacidad de empatía, y procura ir ampliando tus mapas mentales asomándote a nuevos puntos de vista. Esta visualización quiada titulada “De donde surge todo lo que es” te ayudará a confiar en tu inteligencia más intuitiva.


6.- Desarrolla una mentalidad flexible para adaptarte mejor a los imprevistos: La flexibilidad es una habilidad que facilita la gestión de la incertidumbre. Cuando sientas inquietud ante un imprevisto recuerda la sabiduría del río que desciende de la montaña buscando el mar adaptándose a los desniveles y obstáculos del terreno. En el día a día, asume con consciencia y responsabilidad los cambios que hagas en tu planificación. Recuerda que toda buena gestión del tiempo tiene que incluir flexibilidad para asumir los contratiempos. No percibas nada como una necesidad externa para ser feliz sino como una preferencia más. Cultiva esta independencia emocional frente a los apegos. No dejes que el miedo a perder algo te impida apreciar lo que puede llegar. Espera lo mejor, haz lo necesario para lograrlo y acepta lo inesperado como compañero de viaje.

7.- Afronta tu vulnerabilidad ante lo imprevisto afirmándote en tu capacidad de superación personal:
Desarrolla tu autoconfianza y haz un buen uso de los recuerdos. ¿Piensas que no vas a poder? Busca experiencias en tu historia que te demuestren que otras veces pudiste. ¿Piensas que es demasiado para ti? Busca en tu memoria momentos en que te sentiste superado y sin embargo encontraste el camino de salida. Escribe sobre los momentos de superación más importantes de tu vida. Experiencias que hablen de tu capacidad de afrontar adversidades y transformarlas en oportunidades para crecer y aprender. Cada vez que consigas realizar un cambio positivo, reconócelo, celébralo y añádelo también a ese registro y repasa esas notas cuando quieras reforzar la confianza en ti mismo.

8.- Ante tu ignorancia recuerda tu capacidad de aprendizaje: Aprender supone ir de lo conocido a lo desconocido. En ese camino, confianza e incertidumbre van de la mano. Cultiva tu curiosidad y procúrate formación continuada. Sentirte preparado para los continuos cambios te aportará seguridad y te ayudará a descubrir nuevos recursos personales. Encuentra estratégias para afrontar como aprendizajes los aparentes errores. De esta forma cualquier desafío se puede convertir en una forma de crecer y evolucionar. La inquietud de no saber lo que puede ser se alivia al poner tu atenciónen lo que puede ser.

 9.- Aprende a gestionar tus emociones: Al caminar das un paso en el vacío mientras con el otro te irmas más. Sólo así puedes avanzar. También en la vida, para evolucionar, es necesario integrar momentos de inestabilidad. Es necesario aprender a aceptar la ira, el miedo y otras emociones que puede generar la incertidumbre, como parte de la experiencia de vivir y aprenden a encauzar constructivamente esas energías. En este artículo podrás aprender cinco pasos para gestionar bien tus emociones.

10.- Por último, te animo a confiar en la fortaleza del espíritu humano: Cuanta más incertidumbre sientas respecto a lo que te traerá la vida, centra tu atención en lo que tú le vas a aportar: “Por pertenecer a la vida podrás contar, en todo momento, con la fuerza de tu espíritu. Es una cualidad que si confiamos en ella todos podemos manifestar. Y consiste en saber encontrar algo que dar cuando parece que ya nada nos queda; y, dándolo, encontrar una puerta de salida al drama y a la adversidad. Suele ser hermosa la manera en que toma forma y presencia este poder, pues todo empieza con una pequeña decisión, un primer paso, algo sencillo pero que finalmente resulta ser la entrada a la alegría de vivir, porque la propia vida ha encontrado su rumbo verdadero. En esos momentos también podemos aprender que, para comprender la vida, primero hay que amarla. Y que hay que creer para ver, pues con fe los ojos nos mostrarán lo que nuestro corazón quiere contemplar.” (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

Vacilantes y aún con la única certeza del terco latir del corazón, avanzamos. Cada cual anda sus pasos y entre todos hacemos avanzar la vida aportando consciencia a la experiencia. Esa cortina de niebla incierta en el horizonte quizás tenga como secreta función despertar aún más nuestra humana osadía aventurera. Volviendo a recordar a Mario Benedetti:

“No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.”

Gracias por tu atención. Te invito a colaborar con tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal



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domingo, 9 de octubre de 2016

Ocho pasos para recoger el regalo de un sueño

Los sueños forman parte de la vida humana. Soñamos dormidos y despiertos. En ambos casos, los sueños hablan de nuestros miedos y deseos, creencias y esperanzas, conflictos y querencias. En otra entrada del blog he reflexionado sobre los sueños que tejemos conscientemente, cuando estamos despiertos, con el fin de motivarnos y crear nuevas realidades. Hoy quiero compartir contigo una propuesta de trabajo personal referida a la experiencia onírica pues lo que soñamos mientras estamos dormidos también tiene influencia en nuestro ánimo y nuestra trayectoria vital.

Desde la perspectiva del autoconocimiento, tener en cuenta estos sueños, puede ser un recurso de autoayuda para conocer y comprender emociones, patrones mentales o aspectos denosotros mismos que quizás quedan ocultos en la vigilia. A veces, mientras soñamos, repetimos las experiencias del día pero desde una perspectiva distinta en la que hay menos limitaciones y el peso de las creencias es más débil. Eso supone la posibilidad de una nueva óptica que puede resultar muy útil para nuestra reflexión una vez despiertos.

Me gusta como lo expresa Antonio Machado: “Desde el umbral de un sueño me llamaron... Era la buena voz, la voz querida. Dime: ¿vendrás conmigo a ver el alma?...”

El ejercicio que hoy te propongo tiene como objetivo transformar el recuerdo de algo soñado en material de autoayuda. Comienza en el momento en que vayas a dormir y consta de ocho pasos:

Primero: Ya acostado haz un repaso de los sucesos que, durante el día, te hayan resultado más significativos. Se trata de recordar momentos que para ti hayan tenido importancia aunque puedan no haber tenido relevancia para los de tu alrededor. Quizás una llamada inesperada, un noticia impactante, una muestra de afecto, una preocupación que no has podido eludir, una tarea que te ha resultdo difícil de realidad, un momento de enfado, etc… Acepta sin juzgar toda esa lista de recuerdos. Deja que vayan apareciendo uno tras otro y asume las emociones que les acompañan.

Segundo: Si tienes algún asunto que te está costando resolver o alguna decisión que te resulta difícil de tomar, piensa también en ello e imagina que todos estos pensamientos y sentimientos que has hecho presentes los dejas ordenados en tu memoria para que, si puede resultarte beneficioso, tu mente los tenga en cuenta desde la perspectiva de los sueños.

Tercero: Afirma entonces tu deseo de una mayor comprensión para evolucionar y elegir las acciones más adecuadas. Hazlo confiando en que tu intuición y creatividad puedan aportarte, a través de los símbolos oníricos, enfoques inspiradores. Con esta confianza e intención deja que el sueño te alcance.

Cuarto: Al despertar mantente unos minutos en la cama comprobando si recuerdas algo de lo soñado. Si la respuesta es afirmativa anota todos los detalles del sueño que vengan a tu mente. Objetos, personas, situaciones o palabras que llamen tu atención. ¿Cuál es el elemento más intenso o más destacado del sueño? ¿Cuál es el elemento más extraño? ¿Se ve algún cambio brusco, sorprendente o inesperado? ¿Cuál es la emoción predominante? Registra también lo que sientes al recordarlo.

Quinto: Comprueba si hay alguna relación entre esas anotaciones y la revisión del día que realizaste al acostarte. ¿Veo alguna asociación entre algún elemento del sueño y situaciones vividas recientemente? ¿Algo del sueño me lleva a pensar en alguna vivencia o preocupación concreta? ¿Contiene el suelo algún mensaje o metáfora que pueda aplicarse a algún asunto de mi vida? ¿Muestra alguna experiencia ante la que siento temor? ¿Enfrento en el sueño situaciones que en la realidad evito? ¿Presenta el sueño alguna solución que pueda aplicar en algún conflicto?

Sexto: En el caso de que el sueño no parezca relacionarse directamente con nada concreto de tu experiencia pero es un sueño impactante o que llama tu atención especialmente, hazte preguntas relacionadas con lo soñado pero aplicándolas a tu vida en general. Por ejemplo si escapas de algún peligro: ¿de qué estoy huyendo en mi vida? ¿qué temo afrontar? Si despliegas capacidades o recursos desconocidos: ¿En qué situación de mi vida necesitaría estos talentos? ¿Cómo puedo ponerlos en práctica? Si te sientes atraído hacia un camino o un paisaje desconocido: ¿Qué cambios estoy queriendo hacer? ¿Qué nuevos proyectos esperan mi apoyo? Si quieres acercarte a alguna persona pero algo te lo impide: ¿Con qué relación estoy teniendo dificultades? ¿Qué es lo que me impide una mayor cercanía?, etc…

Séptimo: Encuentra el regalo que el sueño te ofreceagradécelo y comprométete a tenerlo en cuenta en tu vida. Tal regalo puede ser un aprendizaje, un descubrimiento, una solución, una dificultad que no veías o, de alguna manera, una consecuencia útil y creativa.

Ocho: En el caso de que no veas claramente este regalo sino todo lo contrario, es decir, que el sueño quede interrumpido en medio de un problema o una situación negativa, tómalo como si fuera un relato sin acabar y piensa un final feliz para esa aventura. Una vez hayas escrito ese final pregúntate: ¿qué significado puede tener esto en mi vida? ¿En qué situación podría aplicar un final así? ¿Qué está en mi mano hacer para lograrlo? Lo que sueñas dormido también puede apoyar tu evolución si permites que comtribuya a ampliar tu mapa de lo posible.

Dormidos o en estado de vigilia, desde mi punto de vista, avanzamos por el camino del despertar a un nivel más amplio de consciencia. Las experiencias oníricas también pueden ser un apoyo en el camino del autoconocimiento. Así lo pienso cuando recuerdo este poema de Antonio Machado que aprendí de niña y que con el paso del tiempo adquiere, para mi, un significado más profundo.

“Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una fontana fluía
dentro de mi corazón.

Di: ¿por qué acequia escondida,
agua, vienes hasta mí,
manantial de nueva vida
en donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que una colmena tenía
dentro de mi corazón;

y las doradas abejas
iban fabricando en él,
con las amarguras viejas,
blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que un ardiente sol lucía
dentro de mi corazón.

Era ardiente porque daba
calores de rojo hogar,
y era sol porque alumbraba
y porque hacía llorar.

Anoche cuando dormía
soñé ¡bendita ilusión!
que era Dios lo que tenía
dentro de mi corazón.”

Gracias por tu atención. Te invito a escribir tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal



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