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domingo, 23 de abril de 2017

Deshaciendo el apego ciego a un pensamiento

En un relato de la tradición hindú se cuenta de “un hombre que tenía un hijo al que amaba profundamente. Por algún motivo se vio obligado a viajar y tuvo que dejar a su hijo en casa. El niño tenía ocho años y su padre lo amaba profundamente. 

Habiéndose enterado de la partida del dueño de la casa, unos bandoleros aprovecharon su ausencia para entrar en ella y robar todo lo que contenía. Descubrieron al jovencito y se lo llevaron con ellos, no sin antes incendiar la casa.

Cuando el padre regresó a su hogar se encontró con la casa derruida por el incendio. Alarmado, buscó entre los restos calcinados y halló unos huesecillos, que dedujo eran los del cuerpo abrasado de su hijo. Con ternura infinita, los introdujo en un saquito que se colgó al cuello, junto al pecho, convencido de que aquéllos eran los restos del niño. 

Tiempo después, el hijo logró escapar de los perversos bandoleros y, tras poder averiguar dónde estaba la nueva casa de su padre, corrió hasta ella e insistentemente llamó a la puerta.

¿Quién es? -preguntó el padre.
Soy tu hijo -contestó el niño.
No, no puedes ser mi hijo -repuso el hombre, abrazándose al saquito que colgaba de su cuello-. Mi hijo murió.
No, padre, soy tu hijo. Conseguí escapar de los bandoleros.
 Vete, ¿me oyes? Vete y no me molestes -ordenó el hombre, sin abrir la puerta y aprisionando el saquito de huesos contra su pecho. Mi hijo está conmigo.
 Padre, escúchame; soy yo.
 ¡He dicho que te vayas! -replicó el hombre-. Mi hijo murió y está conmigo. 
Y no dejaba de abrazar el saquito de huesos.”

Aunque el relato guarda un sentido metafórico, lo cierto es que más de una vez, como el protagonista del cuento, yo también he llegado a negar la realidad creyendo equivocadamente que un vínculo afectivo estaba muerto o muy deteriorado. Y he sufrido innecesariamente por encerrarme en una historia dolorosa que solo estaba sucediendo en mi imaginación. Reconozco que, en ocasiones, el apego ciego a un pensamiento, con sus nocivas consecuencias, me ha pasado inadvertido. La honesta verdad, esperando sosegadamente en mi interior, ha quedado oculta tras la densa nube de una creencia no cuestionada.

También he comprobado que no son los pensamientos quienes se aferran a mi sino yo a ellos. Lo hago cuando los convierto en creencias inamovibles o cuando, luchando contra ellos,  trato de eliminarlos sin ofrecerles comprensión. 

Cuando me atasco de esa manera en alguna historia dolorosa, luego compruebo que, mientras soy inconsciente de ello, suelo separarme del ahora, incluyendo personas y situaciones, quedarme bloqueada en mis pensamientos sobre el pasado o el futuro, a la defensiva, tensa y negativa. Y aún cuando en la superficie aparezca frustración, enfado, rabia o tristeza, debajo supura un doloroso miedo.

La buena noticia es que aunque, por distracción, aún sigo tropezando con estas piedras también voy consiguiendo evitarlas.  He aprendido a cuestionar mis pensamientos, a descubrir qué emociones los acompañan, a detectar a qué actos me impulsan y a dejarme guiar, únicamente, por los que son verdad para mi corazón en paz. Cuando logro darme cuenta y mantengo abierta mi mente, me siento, sobre todo, en armonía con el momento presente. Y mi corazón sale contento a abrazar la realidad recordando así que estoy unida a ella.

Me ayuda mucho recordar que continuamente estoy dando un particular significado a todo lo que sucede. Y que son esas ideas, esos juicios, esas valoraciones las que generan lo que siento. Cuando crep que son los demás o determinadas situaciones las que me traen sufrimiento solo veo el camino de intentar convencer y controlar para producir un cambio fuera de mi. Pero ese intento me deja en manos de los demás como víctima impotente. Cuando recuerdo que la raíz de mi malestar empieza en mi interpretación de la realidad se abre un gran campo de acción bajo mi responsabilidad.

Para rastrear el pensamiento perturbador suelo poner por escrito la descripción de los hechos y luego completo estas frases: “Y eso para mi significa que…” o “E interpreto que eso quiere decir que…” Hacer este ejercicio por escrito me ayuda a tomar distancia de lo que pienso y así me resulta más fácil comprender que esas valoraciones no son mi identidad. Como poco soy el campo de conciencia dónde tienen lugar ess ideas. De esta forma me resulta más fácil cuestionarlas.

Seguidamente paso a comprobar si realmente ese punto de vista es verdadero para mi, aquí y ahora pues a menudo mantengo creencias que fueron verdaderas en el pasado o en otras condiciones o con otras personas y las proyecto al presente sin cuestionar su veracidad actual. 

Por eso también suelo preguntarme si, en este momento, puede haber otras maneras de contemplar la situación. Y entre esas perspectivas alternativas siempre incluyo mirar la realidad más allá de cualquier juicio sobre ella.  ¿Qué sentiría, cómo lo viviría, qué haría, cómo respondería si …? Sucede que cuando acepto recibir el ahora tal como se presenta, sin juzgarlo, cada momento me muestra un puente para unirme en paz a lo que es.

Cuando doy por buena una creencia, sin investigarla conscientemente,  y ésta no coincide con lo que está sucediendo, me siento mal. La vida es continuo cambio. Cuando intento atraparla en una estática y personal idea de lo que debería ser, me alejo de la realidad. Y si considero mi punto de vista inamovible quedo prisionera de él y del sufrimiento que me genera. Así que también tengo muy en cuenta y registro en mis notas los cambios de mis emociones cuando estoy afrontando la realidad desde el marco de unos pensamientos u otros. Intento ver muy claro lo que me aporta cada creencia y hacia qué tipo de conductas me impulsa.

A veces comprendo que estoy deseando tener razón como si en eso me fuera la vida. Sin embargo, la tensión que requiere ese esfuerzo me termina agobiando y me permite ver con claridad que lo que realmente deseo es sentirme serenamente en paz. Liberarme en vez de mantenerme encerrada, abrazar en vez de rechazar, unirme en vez de separarme y amar en vez de temer.

Es un trabajo personal que tiene que ver con la soberbia de creer que tengo la información suficiente para juzgar, especialmente cuando al rastrear los pensamientos me encuentro escribiendo frases que empiezan por “el o ella deberían ser así, o deberían hacer tal cosa…” o “esto no debería estar pasando…”

En este sentido me ayuda releer algo que escribí en “Lo que el corazón quiere contemplar”: “Si miras el camino que has ido dejando atrás, comprenderás que infinitos son los elementos que han posibilitado tal caminar. Infinito el caudal de energía desplegándose en luces y sombras, dimensiones, rumbos y geometrías. Infinita vida haciéndose y deshaciéndose para ir tejiendo la singular trama de tu laberinto vital. Tras esta contemplación puedes entender que desde la puntual e individual perspectiva no hay suficiente visión para determinar qué es digno de amor y qué no merece tal distinción. Así puedes llegar a comprender que para seguir creciendo tienes que confiar en la inteligencia de tu corazón, que es potente energía que convoca a la integración.”

Así, atreviéndome a cuestionar mis pensamientos, voy deshaciendo ese apego ciego a ellos y logro abrir mi mente lo suficiente para tener en cuenta lo que está diciendo mi corazón. Entonces recurro a la quietud. Confío una vez más en que siempre hay más de una forma de percibir cada situación y decido asomarme a aquella que surja de mi más profunda paz. Así que busco un lugar tranquilo y silencioso dentro y fuera de mi. 

Comienzo relajando las tensiones que localizo en mi cuerpo, voy llevando mi respiración a un ritmo sosegado y profundo y busco la calma que hay en lo más hondo de mi conciencia. Es la paz que ya había cuando era un bebé y existía sin más. Es una sensación que cuando la buscas por un instante, simplemente en el ahora de cada respiración, brota naturalmente.

En este punto es cuando, con frecuencia, siento como si algo cediera en mi interior, como si se hubiera deshecho una resistencia. Es como si cambiase una disposición interna. Paso de estar contraída por temor dentro del caparazón de mis juicios a entregarme con inocencia a lo que es, en ese presente.

Cuando alcanzo esa vibración vuelvo al tema que estaba afrontando conflictivamente y con ánimo de expandir mi percepción de ese asunto expreso en silencio la siguiente afirmación: “Confío en la inteligencia de mi corazón donde encuentro conocimiento y efectiva disposición para, aquí y ahora, vibrar en sintonía con todo lo que es y encontrar creativos cauces de acción desde la paz y la libertad de ser.” 

Y me mantengo en silencio, con confianza hasta sentirme en paz con esa situación. A veces encuentro cauces de acción concretos, a veces simplemente dejo de necesitar responder ante esos hechos o intuyo una comprensión no traducible en palabras pero sí en un bienestar interior. 

Lo que suelo comprobar después es que las primeras reacciones surgidas de la resistencia provocan más y más resistencia dentro y fuera de mi mientras que lo surgido tras la entrega consciente genera fluidez, coincidencias y apoyos inesperados. O una aceptación tranquila cuando no aparecen cauces posibles de acción.

No siempre logro completar estos pasos que hoy he querido compartir contigo pero los momentos felices en que sí lo consigo me llevan a pensar que quizá “para comprender la vida primero hay que amarla”. Bajo los duros juicios puede haber  semillas de amorosa percepción esperando brotar. Y está en nuestra mano permitir  que les alcance la claridad de la comprensión,  la cálida luz que emana de la inocencia en nuestro corazón.

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach personal


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sábado, 12 de noviembre de 2016

Diez sugerencias para convivir serenamente con la incertidumbre

Parece que no hay libro de instrucciones para la vida o, al menos, nadie afirma haberlo encontrado. Como mucho, algunos mapas incompletos y la incertidumbre como leal compañera de viaje. 

Los seres humanos hasta podemos imaginar nuevos horizontes antes de alcanzarlos pero, quien sabe si para que resulte más divertida la aventura, hacer camino siempre es una experiencia incierta. La ecuación vital incluye incógnitas y no hay cálculos de riesgo capaces de despejarlas totalmente. Lo que no sabemos es más que lo que somos capaces de prever.  

El desarrollo de nuevas tecnologías provoca cambios cada vez más rápidos y falta tiempo para gestionar bien el estrés que sentimos ante los aspectos desconocidos de lo que nos puede tocar vivir. En el pasado, desde la perspectiva científica, la física tradicional representaba un mundo de respuestas precisas mientras que, en la actualidad, la física cuántica, con el principio de incertidumbre establecido por W. Heisemberg, ya avisa que, a nivel de partículas, cuanta más certeza en la posición más incerteza respecto a su movimiento.  Lo que a nivel coloquial equivale a decir que no tenemos control total sobre la compleja realidad que experimentamos.

Como escribió Mario Benedetti, “vamos a tientas”:

“Se retrocede con seguridad
pero se avanza a tientas
uno adelanta manos como un ciego
ciego imprudente por añadidura
pero lo absurdo es que no es ciego
y distingue el relámpago la lluvia
los rostros insepultos la ceniza
la sonrisa del necio las afrentas
un barrunto de pena en el espejo
la baranda oxidada con sus pájaros
la opaca incertidumbre de los otros
enfrentada a la propia incertidumbre
se avanza a tientas / lentamente … (…)”

La buena noticia es que, a tientas y lentamente pero avanzamos. El espíritu humano, aún con tropiezos y retrocesos, termina encontrando fortalezas para contener el impacto de la incertidumbre. Aún sintiéndonos inseguros y vulnerables, paso a paso vamos ganando terreno a lo desconocido y ampliando el horizonte de lo posible.

¿Cómo lo hacemos? La incertidumbre es un conjunto de pensamientos que, proyectados sobre el futuro, generan una variedad de emociones. Por lo tanto, es en ese estado mental donde reside el campo de influencia para modificar las sensaciones derivadas del mismo. El objetivo no es eliminar la incertidumbre sino vivir sin angustia en su compañía.  Hoy quiero compartir contigo diez sugerencias que  te ayudarán en ese empeño:

1.- Reformula el significado que le das al concepto de “lo desconocido”: Aprecia las posibilidades que encierra. El no saber qué puede llegar también lo puedes interpretar como el despliegue de un abanico de multiples alternativas. Oportunidades para crear nuevos caminos, reinventarte y disfrutar de esa aventura. Nadie lo sabe todo de la vida. En ese misterio puede encontrar acomodo la más brillante esperanza.

2.- Recuerda que, sea lo que sea que acontezca, tú decides tu particular respuesta: La inquietud de no saber lo que puede ser, se alivia centrando la atención en lo que sí puede ser. Toma consciencia de tus valores y deja que ellos guién tus acciones. Frente a cualquier tormenta aférrate a ese mástil y cuando los vientos sean favorables despliega en él las velas de tus sueños. Te propongo que realices “el mandala de tus valores” para tener actualizada esa brújula interior.

3.- Apoya los sueños que promueven en ti una motivación más grande que el temor que genera la falta de certezas: Párate con frecuencia a imaginarte protagonizando esa soñada realidad. Describir por escrito esas escenas te puede ayudar a visualizarlas mejor: ¿Qué sucede y qué sientes habiendo alcanzado tus objetivos? ¿En esas felices escenas qué experimentas? ¿Qué recibes? ¿Qué das? ¿Con qué disfrutas? ¿En qué aspectos se despliega tu potencial? ¿Qué talentos desarrollas? ¿Qué cualidades manifiestas? ¿Qué puedes hacer hoy para acercarte más a ese horizonte?  En el artículo “¿Estás a la altura de tussueños?” encontrarás muchas herramientas para trabajar este aspecto.

4.- Atrévete también a visualizar tu escena más temida respecto al futuro:  ¿Qué peligros y perjuicios te aportaría? ¿Cómo podrías gestionarlo? ¿Qué oportunidades nuevas podrían generarse? Encuentra respuestas constructivas y elabora un buen plan de prevención que incluya consolidar tus fortalezas o cultivar un contexto social de mutuo apoyo, por ejemplo. El objetivo es pasar de lapreocupación a la ocupación.

5.- Desarrolla tu capacidad de observación e intuición: Procúrate pausas para mirar con plena atención dentro y fuera de ti. Desarrolla tucapacidad de empatía, y procura ir ampliando tus mapas mentales asomándote a nuevos puntos de vista. Esta visualización quiada titulada “De donde surge todo lo que es” te ayudará a confiar en tu inteligencia más intuitiva.


6.- Desarrolla una mentalidad flexible para adaptarte mejor a los imprevistos: La flexibilidad es una habilidad que facilita la gestión de la incertidumbre. Cuando sientas inquietud ante un imprevisto recuerda la sabiduría del río que desciende de la montaña buscando el mar adaptándose a los desniveles y obstáculos del terreno. En el día a día, asume con consciencia y responsabilidad los cambios que hagas en tu planificación. Recuerda que toda buena gestión del tiempo tiene que incluir flexibilidad para asumir los contratiempos. No percibas nada como una necesidad externa para ser feliz sino como una preferencia más. Cultiva esta independencia emocional frente a los apegos. No dejes que el miedo a perder algo te impida apreciar lo que puede llegar. Espera lo mejor, haz lo necesario para lograrlo y acepta lo inesperado como compañero de viaje.

7.- Afronta tu vulnerabilidad ante lo imprevisto afirmándote en tu capacidad de superación personal:
Desarrolla tu autoconfianza y haz un buen uso de los recuerdos. ¿Piensas que no vas a poder? Busca experiencias en tu historia que te demuestren que otras veces pudiste. ¿Piensas que es demasiado para ti? Busca en tu memoria momentos en que te sentiste superado y sin embargo encontraste el camino de salida. Escribe sobre los momentos de superación más importantes de tu vida. Experiencias que hablen de tu capacidad de afrontar adversidades y transformarlas en oportunidades para crecer y aprender. Cada vez que consigas realizar un cambio positivo, reconócelo, celébralo y añádelo también a ese registro y repasa esas notas cuando quieras reforzar la confianza en ti mismo.

8.- Ante tu ignorancia recuerda tu capacidad de aprendizaje: Aprender supone ir de lo conocido a lo desconocido. En ese camino, confianza e incertidumbre van de la mano. Cultiva tu curiosidad y procúrate formación continuada. Sentirte preparado para los continuos cambios te aportará seguridad y te ayudará a descubrir nuevos recursos personales. Encuentra estratégias para afrontar como aprendizajes los aparentes errores. De esta forma cualquier desafío se puede convertir en una forma de crecer y evolucionar. La inquietud de no saber lo que puede ser se alivia al poner tu atenciónen lo que puede ser.

 9.- Aprende a gestionar tus emociones: Al caminar das un paso en el vacío mientras con el otro te irmas más. Sólo así puedes avanzar. También en la vida, para evolucionar, es necesario integrar momentos de inestabilidad. Es necesario aprender a aceptar la ira, el miedo y otras emociones que puede generar la incertidumbre, como parte de la experiencia de vivir y aprenden a encauzar constructivamente esas energías. En este artículo podrás aprender cinco pasos para gestionar bien tus emociones.

10.- Por último, te animo a confiar en la fortaleza del espíritu humano: Cuanta más incertidumbre sientas respecto a lo que te traerá la vida, centra tu atención en lo que tú le vas a aportar: “Por pertenecer a la vida podrás contar, en todo momento, con la fuerza de tu espíritu. Es una cualidad que si confiamos en ella todos podemos manifestar. Y consiste en saber encontrar algo que dar cuando parece que ya nada nos queda; y, dándolo, encontrar una puerta de salida al drama y a la adversidad. Suele ser hermosa la manera en que toma forma y presencia este poder, pues todo empieza con una pequeña decisión, un primer paso, algo sencillo pero que finalmente resulta ser la entrada a la alegría de vivir, porque la propia vida ha encontrado su rumbo verdadero. En esos momentos también podemos aprender que, para comprender la vida, primero hay que amarla. Y que hay que creer para ver, pues con fe los ojos nos mostrarán lo que nuestro corazón quiere contemplar.” (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

Vacilantes y aún con la única certeza del terco latir del corazón, avanzamos. Cada cual anda sus pasos y entre todos hacemos avanzar la vida aportando consciencia a la experiencia. Esa cortina de niebla incierta en el horizonte quizás tenga como secreta función despertar aún más nuestra humana osadía aventurera. Volviendo a recordar a Mario Benedetti:

“No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.”

Gracias por tu atención. Te invito a colaborar con tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal



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sábado, 21 de mayo de 2016

Cómo lograr que el sosiego sustituya a la precipitación

Si eres de los que, con frecuencia, te dices eso de “si antes de…  me hubiera parado a …”, la información que incluyo en esta post te puede resultar muy útil. Pues tal como queda anunciado en el título, hoy quiero compartir contigo algunas claves para lograr que, aquellas acciones que merezcan reflexión, surjan más del sosiego que da la precipitación.

 Para matizar más lo que entiendo por precipitación he elegido este divertido relato de la tradición sufí: 

“Nasrudín llegó a una aldea gritando fusiosamente: “He perdido mi alforja. ¡Daos prisa en encontrarla o haré con vuestra aldea lo mismo que con la otra! Los aldeanos asustados corrieron por todas partes para buscar la alforja hasta que uno la encontró.  “¿Qué habrías hecho”, preguntaron los aldeanos, “si no hubiéramos encontrado tu alforza?” “Bueno”, respondió Nasrudín sonriendo, “habría dejado vuestra aldea y me habría dirigido a otra para buscarla.”

Cómo ejemplo de sosegada reflexión he seleccionado este diálogo del filósofo griego, Sócrates: 

“Un discípulo llegó muy agitado a la casa de Sócrates y empezó a hablar de esta manera:
– ¡Maestro! Quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…
Sócrates lo interrumpió diciendo:
- ¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de los tres filtros lo que me vas a decir?
- ¿Los tres filtros…?
- Sí – replicó Sócrates. -“El primer filtro es la verdad. ¿Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos?
- No… lo oí decir a unos vecinos…
- Pero al menos lo habrás hecho pasar por el segundo filtro, que es la bondad: ¿Lo que me quieres decir es por lo menos bueno?
- No, en realidad no… al contrario…
- ¡Ah!” – interrumpió Sócrates.- “Entonces vamos al último filtro. ¿Es necesario que me cuentes eso?
– Para ser sincero, no…. Necesario no es.
– Entonces -sonrió el sabio- Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario… sepultémoslo en el olvido.”

Y cómo muestra de las consecuencias de actuar sin pararte a pensar te invito a sonreír con este vídeo:



En general, la precipitación suele ir acompañada de aturdimiento y atolondrada aceleración mientras que el sosiego se envuelve de serenidad y tranquila moderación. Lo que marca la diferencia entre estos dos tipos de respuestas es el grado de consciencia y responsabilidad con el que se actúa. Las siguientes propuestas inciden en esa área de trabajo personal y te pueden ayudar a ser más dueño de tus reacciones:

1.- Tu diálogo interior:
Una cosa es tu vida y otra, a veces muy distinta, lo que te cuentas sobre ella. Si en tu autodiálogo no cuestionas tus suposiciones, generalizaciones o prejuicios, si te enfocas siempre en lo negativa o tiendes a contemplar las situaciones en forma de todo o nada, sin aceptar puntos intermedios, cultivas un estado de ánimo propicio a saltar cuando menos te lo esperas. Prudencia y valentía son esenciales y complementarias en la buena comunicación… Valentía para expresarte y prudencia para no precipitarte.

Te puede ayudar:
Acostumbrarte a reflexionar por escrito cuando algún asunto empiece a preocuparte. ¿De qué va el asunto? ¿Cuáles son los hechos y cuáles mis interpretaciones? ¿Qué estoy sintiendo? ¿Qué quiero pedir, qué necesito? Una vez respondidas estas preguntas puedes completar la siguiente frase: “Ha pasado esto (el hecho que hayas detectado cómo detonante) y lo he interpretado de esta manera (tus interpretaciones de los hechos). No sé si esas interpretaciones son adecuadas, por eso quiero hablarlo. El caso es que, en función de esas interpretaciones, ahora me siento así (cómo te sientes ahora) y quiero esto (explica tu deseo)” Estos apuntes serán una buena base para comunicarte mejor.

2.- Tus emociones:
Si dices o haces algo cuando ya no puedes más, es decir, cuando estás sobrepasando tu límite de tolerancia, es probable que la impulsividad dirija tu respuesta. Pero no tienes por qué llegar a ese extremo. Puedes aprender a ser consciente de tu límite de bienestar en vez esperar a sentirte desbordado. Tomate tiempo para entender lo que sientes antes de entrar en acción.

Te puede ayudar:
De vez en cuando, a lo largo del día, vete a un lugar tranquilo, siéntate, cierra los ojos y concéntrate en el ritmo de tu respiración durante un rato. Luego pregúntate: ¿Qué estoy sintiendo, cómo lo siento, en qué parte del cuerpo noto esta emoción? Observa si notas algún tipo de tensión y lleva allí tu atención mientras respiras pausadamente. Permanece así, aceptando las sensaciones, pensamientos y emociones que se vayan presentando. Acepta sentir sin evaluar, simplemente estando presente en la experiencia. Para finalizar, pregúntate si hay algo que puedas hacer para sentirte mejor y, en la medida que esté en tu mano, hazlo.
En los artículos Cómo llevarte bien con tusemociones”, “Cinco pasos para cambiar positivamente tu ánimo” y “Cómo abrazartu sombra emocional, encontrarás más explicaciones para mejorar tu inteligencia emocional.

3.- Tu insatisfacción:
Frenar una respuesta impulsiva no significa reprimir tu derecho de expresión o desatender tus necesidades. Si por temor al conflicto o por complacer a los demás, escondes tu insatisfacción, te estás faltando al respeto y tarde o temprano, la rabia y la frustración acumulada explotarán en formas que no beneficiarán a nadie.

Te puede ayudar:
No dejar que se acumule la insatisfacción. Cuando te veas respondiendo “me da igual”, piénsalo bien. ¿Realmente es así? Abre una  "hoja de quejas" y revísala periódicamente. No dejes que se queden quejas estancadas. Descubre qué es lo que está sucediendo para que no hayan sido resueltas y cuál es tu responsabilidad en ello.

4.- Los detonantes:
Además de rastrear lo que piensas, lo que sientes y lo que necesitas, procura descubrir los detonantes que desatan tu precipitación. Situaciones que aún no sabes afrontar con serenidad y, por lo tanto, al menos de momento, son circunstancias de riesgo para tu impulsividad.

Te puede ayudar:
Hacer un registro diario, durante una semana, de los momentos en los que no has reaccionado de forma satisfactoria, según tu criterio. ¿Qué sentías? ¿Cuál era el tema que afrontabas? ¿En qué contexto? ¿Qué personas estaban implicadas? ¿Cuál crees que fue el estímulo que provocó tu reacción? ¿Recuerdas otras situaciones similares? ¿Puedes imaginar otra posibilidad de respuesta? ¿Qué necesitarías cambiar para poder responder así? Ten en cuenta que en ocasiones lo único que estará en tu mano hacer es alejarte de esos detonantes.
Además te animo a revisar las propuestas explicadas en Cinco pasos para establecer límites saludables”.

5.- Las consecuencias de tus actos:
Puedes empliar tu campo de reflexión para determinar los pros y los contras de tus decisiones y las posibles consecuencias de tus acciones. Entendiendo que tan nocivo puede ser no querer ver los riesgos como exagerar su importancia.

Te puede ayudar:
Para aprender a tomar una perspectiva más equilibrada, antes de tomar una decisión, responde por escrito a estas preguntas: ¿Estoy ante una decisión de vida o muerte? ¿Qué importancia tiene? ¿Se producirán cambios importantes en mi vida en función de la decisión que tome? ¿Qué es lo que realmente está en juego? ¿Qué es lo que más temo que suceda? ¿por qué? ¿Cómo puedo prepararme para afrontar esa posibilidad?
En el artículo Seis pasos para tomar decisionesserenamente encontrarás más ideas al respecto.

6.- Tus alternativas:
Después de unos días de observarte y registrar tus reacciones, los detonantes y las consecuencias de tus acciones, probablemente se te habrán ocurrido formas diferentes y más constructivas de afrontar esas circunstancias. Para empezar a modificar tus conductas conviene que previamente familiarices a tu mente con los nuevos comportamientos.

Te puede ayudar:
Visualízate respondiendo sosegadamente. Varias veces al día, cierra los ojos y dedica unos minutos a imaginarte situaciones en las que logras ganar tiempo para la reflexión antes de actuar. Imagina disfrutando de las consecuencias positivas que traerá esa nueva conducta. Saboréa tus sensaciones, pensamientos y sentimientos al visualizarte lográndolo. Y en el momento en el que estés imaginándolo más intensamente añade un gesto que te pueda resultar fácil de realizar en cualquier momento, como por ejemplo poner en contacto los dedos índice y pulgar de una de tus manos. Ese gesto crea un anclaje con la sensaciones que estabas experimentando en el momento de la visualización. Cuando hayas repetido suficientes veces este anclaje simplemente con repetir el gesto podrás evocar ese bienestar cuando lo necesites.

7.- Tu autocontrol:
Todas las prácticas anteriores están encaminadas a introducir más consciencia y reflexión en tu forma de afrontar la vida y, si las ejercitas, ganarás terreno a la impulsividad pero para frenarla, en los momentos concretos en los que estabas acostumbrado a dejarte llevar por ella, necesitarás desarrollar más tu capacidad de autocontrol.

Te puede ayudar:
Firma un compromiso contigo mismo por el que te obligas durante, al menos, un mes, a contar lentamen te hasta diez antes de decir o hacer algo relevante. Mientras cuentas así procura respirar consciente y sosegadamente y realiza el gesto que hayas elegido para el anclaje. También puedes utilizar este tiempo para repetir alguna frase que te conecte con el objetivo de demorar tu respuesta como por ejemplo: “Puedo tomarme mi tiempo para responder” “Esta situación merece una reflexión”, “Voy a pensármelo mejor”, “Esta vez voy a actuar con sosiego y sin precipitarme”

8.- Tu ritmo de vida:
Una vida activa para que también sea efectiva ha de incluir momentos de descanso dónde se puedan reponer fuerzas, revisar el camino recorrido y descansar. Si no incluyes momentos para distraerte y relajarte, el estrés te dominará y caerás más fácilmente en la precipitación. Organiza tu agenda de manera que puedas encauzar constructivamente tus energías, practica algún deporte, mantente en contacto con la naturaleza, acompásate con sus ritmos y ciclos, cultiva las aficiones que te ayuden a relajarte y disfrutar e incluye pausas y momentos para la sosegada introspección.
En los artículos Cómo dar más vida a tu tiempoy gnar más tiempo para tu vida” y “10 claves para vivir más serenamente encontrarás más información sobre este punto.

Te puede ayudar:
Tal como te relajas en la intimidad de tu casa, te sugiero disfrutar, a menudo, de la paz de tu naturaleza más esencial. Como sugerencia te propongo practicar con la visualización explicada en este audio, titulada "En tu hogar interior". Es una forma sencilla de aprender a entrar en tu silencio interior y sentirte en casa:




Gracias por tu atención. Me encantará leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal




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