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martes, 27 de junio de 2017

¿Qué hago con mi enfado? 4 pasos para convertirlo en algo beneficioso

El enfado es una de esas emociones que no tienen buena prensa y, quizá por eso, cuesta recibirlo como un aliado en la búsqueda de bienestar. Si sufres a menudo las consecuencias negativas de enfadarte más de la cuenta quizá consideres merecida su mala reputación. Sin embargo, el enfado, como toda emoción, si lo atiendes y lo gestionas bien puede guiar constructivamente tus acciones.

“Cuando se experimenta una emoción, dice Fredy Kofman en su excelente obra “Metamanagement”, se incurre en una "deuda emocional". Para "saldarla" hace falta un "pago" en términos de acciones efectivas. Si uno paga, respondiendo conscientemente a las demandas e impulsos de la emoción, recibe un beneficio por responder, aprende su lección y sigue adelante con su vida. Pero si rehúsa pagar, relegando la emoción a la incosciencia, debe soportar el coste de no responder: la deuda comienza a acumular "intereses" y crece en forma exponencial. Si la deuda excede cierto nivel, uno cae en la "quiebra" emocional: un estado de ánimo negativo recalcitrante.”

En la raíz del enfado siempre hay una historia (verdadera o imaginada) que lo genera: la creencia de que, sea por un comportamiento o por una acción que perjudica o puede perjudicar, se transgreden límites significativos respecto a la propia escala de valores. El enfado actúa entonces como un mecanismo de defensa frente el malestar que se siente al interpretar que alguna necesidad no está atendida. Debajo del enojo también se puede reconocer tristeza por el sufrimiento y miedo por lo que se puede llegar a sufrir. De manera que, como sucede siempre con la llegada de una emoción, si conscientemente la reconoces, la aceptas y la escuchas, te puede aportar valiosa información sobre la percepción de tu mundo interior y exterior. Información que te abre la posibilidad de encontrar una acción efectiva para establecer nuevos limites más saludables.

Se siente seguridad y fortaleza al comprobar que se es capaz de afrontar los desafíos, reparar los daños o minimizar el riesgo de que vuelvan a producirse. Una buena canalización del enfado te pone en disposición de proteger aquello que te importa, te conecta con el respeto hacia ti mismo y hacia los otros y te afirma en la fuerza de saber que te definen tus propias acciones y no las de los demás.

Por el contrario, si no resuelves tu disgusto, fácilmente te sentirás impotente y manipulable por tu entorno. El enfado irá tansformándose en resentimiento, rencor y odio. A veces podrás mostrar una calmada y superficial sumisión pero estallará tu ira cuando y contra quien menos la merece.

No obstante, aunque en teoría se vean claros los beneficios de gestionar bien el enfado, no es fácil lograrlo. Si compruebas que se desgastan tus relaciones por frecuentes discusiones sobre temas irrelevantes, si respondes con cólera injustificada demasiadas veces, si a menudo pierdes el control enredado en tu propia espiral de pensamientos hostiles (al estilo de Groucho Marx en el vídeo que aquí te incluyo), te será útil aplicar las propuestas que hoy comparto contigo. 



Cuatro pasos  cuyo objetivo es encauzar constructivamente tu enfado (o sus sinónimos como la ira, rabia, indignación, cólera, etc) antes de que tal emoción te inunde el ánimo en forma incontrolable:

1.- Hazte consciente de tu enfado y acepta esa experiencia emocional:

No podrás hacerte cargo de tus emociones si antes no las descubres. Tu cuerpo te puede ayudar en esta tarea siempre que lo observes y aprendas a entenderlo. 

Empieza por tener en cuenta los gestos que sueles adoptar cuando estás enfadado. Quizás frunces el ceño, cierras los puños, aprietas las mandíbulas, o tensas los músculos del estómago, por ejemplo. ¿Dónde sueles sentir el enojo, la rabia o la ira? Si mejoras tusconsciencia corporal podrás descubrir tus emociones cuando todavía puedes atenderlas sin que te dominen.

 Para conseguirlo te sugiero parar tu actividad en cuanto notes algún pequeño signo de irritación. Haz una inspiración profunda y pregúntate: ¿Qué parte de mi está tensa? Y centrándote en esa zona,  date tiempo, espacio y tranquilidad para sentir tu enfado, respirarlo y darle espacio en tu consciencia, sin prejuicios. Acepta sentir sin evaluar, simplemente estando presente en la experiencia. No mejorarás la gestión de tu enojo si al reconocerlo lo juzgas negativamente y lo censuras. Recuerda que reconocer con respeto una emoción no significa dejarte capturar por ella. Tienes capacidad para ser testigo neutral y con esa disposición podrás obtener valiosa información para comprenderte más y mejor. En el artículo “Quince pausas para la autoayuda” encontrarás más ideas para mejorar tu autoconciencia.

2- Aprende a dialogar con tu enfado para poder entenderlo:

Una cosa es tu vida y otra lo que te cuentas sobre ella. Utilizando tu capacidad de razonar, descubre los pensamientos que subyacen a tu enfado y analiza su validez. Usa un lenguaje que te sitúe en un papel protagonista y no como víctima. Por ejemplo: “Me siento enfadado”, en vez de: “Esa persona me saca de quicio”.

Reflexiona por escrito en cuanto te des cuenta que un asunto te ha molestado. ¿Cuál ha sido el detonante? ¿qué necesidad no está atendida? ¿qué está faltando? ¿qué daño se ha producido? ¿quién consideras que lo ha provocado? ¿qué límite crees que se ha transgredido? ¿en qué forma te sientes amenazado? ¿qué evidencia tienes de todo esto?

Cuetiona las suposiciones, separa hechos de interpretaciones y descarta las generalizaciones, prejuicios y exageraciones. Te ayudará revisar el artículo “Cómo lograrentender, entenderte y que te entiendan mejor”, donde se hace un repaso de las distorsiones cognitivas más frecuentes tanto en el diálogo con uno mismo como en las conversaciones con los demás.

3.- Comprueba, antes de pasar a la acción, si tu enfado es proporcionado:

Cuando la rabia va creciendo es muy fácil caer en la sobreactuación y eso no solo puede restar efectividad a tu respuesta sino que puede traerte complicaciones añadidas e innecesarias.  A veces el cansancio físico, el estrés excesivo o una tendencia al perfeccionismo pueden propiciar una reacción desmesurada. Por eso es importante posponer cualquier respuesta hasta encontrar una perspectiva ponderada de la situación. Al aparecer el enojo pregúntate: ¿Mi grado de enfado es proporcional al grado de importancia del asunto que lo concierne?

Si consideras que la intensidad de tu ira es demasiado elevada prueba a reencuadrar, reinterpretar y ampliar la perspectiva de lo sucedido. Si alguien te ha faltado al respeto, o un amigo no ha respondido como esperabas, en vez de pararte a buscar otras situaciones anteriores similares que intensificarán tu malestar, reflexiona sobre lo que les ha podido suceder a esas personas para actuar así, o relativiza la importancia del agravio imaginando la poca importancia que tendrá ese hecho para ti dentro de unos años, por ejemplo. No se trata de disolver el enfado sino simplemente de rebajarlo a un nivel que sea manejable y te permita encauzarlo.

También puedes probar a equilibrar tu estado emocional buscando motivos de agradecimiento hacia las personas con las que estás enfadado. Igualmente te ayudará encontrar alguna perspectiva de la situación que incluya una buena porción de sentido del humor para desdramatizar el tema.

Además, puede ser necesario soltar el exceso de tensión en tu cuerpo. Tómate unos minutos para desahogarte de la forma que mejor te siente. Corre, salta, baila, grita, dúchate o boxea con tu cojín favorito. El caso es que logres relajarte expresando tu enfado y liberando el exceso de energía. El objetivo es sentirte con más autocontrol para poder actuar con asertividad y eficacia. Te puede resultar útil repasar el artículo “Cómo lograr que el sosiego sustituya a laprecipitación” donde encontrarás más ideas para frenar la impulsividad excesiva.

4. Elige una acción constructiva que, canalizando tu enfado, atienda tu necesidad:

Cada emoción tiene una demanda específica, relacionada con la percepción de la situación que la origina. Si atiendes esa demanda, la emoción fluirá y te sentirás en paz interior pero si no la atiendes, la emoción se estancará y aumentará el malestar. 

No obstante,  tienes que asegurarte que las acciones que elijas como respuesta realmente sean efectivas, es decir, te ayuden verdaderamente. No fuera que te suceda como al protagonista de este relato del psiquiatra y escritor Jorge Bucay:

Había una vez un hombre que iba por el mundo con un ladrillo en la mano. Había decidido que cada vez que alguien le molestara hasta hacerle rabiar, le daría un ladrillazo. El método era un poco troglodita, pero parecía efectivo, ¿no?.

Sucedió que se cruzó con un amigo muy prepotente que le habló con malos modos. Fiel a su decisión, el hombre agarró el ladrillo y se lo tiró. No recuerdo si le alcanzó o no, pero el caso es que después, tener que ir a buscar el ladrillo, le pareció incómodo. Decidió entonces mejorar el “Sistema de Autopreservación del Ladrillo”, como él lo llamaba. 

Ató al ladrillo un cordel de un metro y salió a la calle. Esto  permitía que el ladrillo nunca se alejara demasiado, pero pronto comprobó que el nuevo método también tenía sus problemas: por un lado, la persona destinataria de su hostilidad tenía que estar a menos de un metro y, por otro, después de arrojar el ladrillo tenía que tomarse el trabajo de recoger el hilo que, además, muchas veces se liaba y enredaba, con la consiguiente incomodidad.

Entonces el hombre inventó el “Sistema Ladrillo III”. El protagonista seguía siendo el mismo ladrillo, pero este sistema, en lugar de un cordel llevaba un resorte. Ahora el ladrillo podía lanzarse una y otra vez y regresaría solo, pensó el hombre. Al salir a la calle y recibir la primera agresión, tiró el ladrillo. Erró, y no pegó en su objetivo porque, al actuar el resorte, el ladrillo regresó y fue a dar justo en la cabeza del hombre.

Lo volvió a intentar y se dio un segundo ladrillazo por medir mal la distancia. El tercero, por arrojar el ladrillo a destiempo. El cuarto fue muy particular porque, tras decidir dar un ladrillazo a una víctima, quiso protegerla al mismo tiempo de su agresión, y el ladrillo fue a dar de nuevo en su cabeza. El chichón que se hizo era enorme…

Nunca supo por qué no llegó a pegar jamás un ladrillazo a nadie: si por los golpes recibidos o por alguna deformación de su ánimo. Todos los golpes fueron siempre para él mismo.

Dependiendo de la honestidad y la profundidad con la que hayas respondido a las preguntas del segundo paso de este ejercicio, te será más o menos fácil encontrar las acciones adecuadas. Sobre todo en lo que se refiere a las preguntas: ¿qué necesidad no está atendida? ¿qué está faltando? 

Teniendo en cuenta tus respuestas ahora se trata de encontrar la acción más constructiva. Entendiendo por tal aquella que está en nuestra mano,  reduce o elimina la amenaza, molestia o peligro y lo hace con la menor cantidad de daño posible para uno mismo o los demás.

Quizá se trate de hallar alguna forma de expresar tu reclamación, minimizar el perjuicio, establecer un límite protector, autoafirmarte u obtener alguna reparación o reconocimiento, por ejemplo. ¿Hay algo que puedas pedir, consensuar, mejorar o cambiar? Si nada de eso es posible quizás tengas que pensar en acciones simbólicas como escribir una carta aunque nunca la envíes, elaborar un duelo o perdonar. Busca las opciones a tu alcance y elige la que más te pueda ayudar a recuperar tu equilibrio y sentirte en paz.  

Resulta muy saludable enfocar el enfado como una posibilidad de mejorar asertivamente tu experiencia. Te animo a repasar el artículo "Entre la pasividad y la agresividad, elige la asertividad" donde podrás encontrar más sugerencias para encontrar respuestas efectivas a tus desafíos.

Además, si te centras en buscar soluciones, descubriendo tus necesidades no atendidas y buscando la forma de cubrirlas también podrás comprender más fácilmente las necesidades de la persona con la que te has enfadado y las razones de su comportamiento. Pero si simplemente te quedas en el enfado, reprimiéndolo o dejándote llevar inconscientemente por su impulso, te estancas en la superficie sin descubrir la raíz de la experiencia y, por tanto, sin posibilidad de atender la verdadera demanda que la originó.

Por eso lo importante es que tu acción vaya encaminada, no a eliminar el enfado temporalmente como puede suceder con la venganza o a mantenerlo indefinidamente como pasa con el rencor, sino a atender la verdadera necesidad sobre la cual te  ha alertado dicho enfado. 

Si la acción que eliges es efectiva no se volverá contra ti como el “ladrillo boomerang” del relato, sino que servirá para construir relaciones más saludables contigo mismo y con los demás.

Gracias por tu atención. Me alegrá leer tus comentarios y sugerencias. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal




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sábado, 25 de febrero de 2017

La lección del diapasón

Como consecuencia del fenómeno físico de la resonancia, si colocas próximos dos diapasones  capaces de sonar en la misma frecuencia  y haces vibrar uno de ellos, el otro emitirá espontáneamente el mismo sonido. 

La explicación es que las ondas sonoras generadas por el primero presionan a través del aire al segundo.  No obstante, como puedes ver en el vídeo incluido en este artículo, si atornillas una pequeña placa metálica al segundo diapasón, cambias su frecuencia y no se producirá resonancia entre ambos.

No sé si es tu caso, pero yo, a veces, me siento alterada por “ondas” de críticas, intolerancia, envidias o negatividad de cualquier tipo cuyo eco convoca en mí vibraciones similares.  Me inquieta comprobar lo fácil que puedo verme arrastrada por algunas de esas intranquilizadoras inercias a la vez que me alegra darme cuenta que otra parte de mi trata de recuperar el sosiego, logrando que muchas de esas ocasiones se convierten en excelentes oportunidades para asentarme con más consistencia en una tranquila armonía interior.

En cierta ocasión acudí a una manifestación apoyando una causa importante desde mi punto de vista. No obstante, dudé en participar pues temía verme rodeada de pancartas y banderas que, aún apoyando el mismo objetivo, lo hacían desde perspectivas que no comparto. En medio de esas indecisiones me fue muy útil poner en práctica lo que llamo “la lección del diapasón”: Cuando temas la influencia ajena interprétalo como una llamada a concentrarte en lo que tú quieres ofrecer.y transmitir.



 Ese día, me centré en mi enfoque y ayudada por otras personas que compartían mi perspectiva, elaboramos una pancarta con un lema que estaba en total sintonía con nuestros valores. De esa forma logré mantenerme en mi propia “frecuencia de vibración”, respetando las consignas coreadas por otros manifestantes a mi lado pero sin entrar en resonancia con ellas.

En la línea de la metáfora del diapasón, hoy quiero darte a conocer  algunas sencillas herramientas de autoayuda que me resultan útiles en estos momentos en los que quiero volver a mi centro y al bienestar que eso supone, cuando me siento alcanzada por influencias no deseadas:

1.- Volver al centro:

Como en el ejemplo de la manifestación, se trata de volver a tu centro de paz interior a través de la coherencia entre lo que piensas, sientes y haces. Recordar tu propósito y actuar en consecuencia buscando cauces de expresión desde el respeto y la cordialidad.

“Con actitud confiada, cada vez que, haciendo tu diario caminar, adviertas incoherencia y desarmonía en tu interior o a tu alrededor, enfoca tu atención en la zona de tu corazón y afirma con convicción:

Tomo conciencia de lo que soy y, en el espacio y el tiempo, mis movimientos lo manifiestan.  Entro en sintonía con lo que mi corazón quiere contemplar y, en coherencia total, mi huella dibuja el mandala de mi propósito vital.
Danzando así, en mi conciencia de ser se reflejan tres círculos de plenitud: el círculo espiritual, el círculo del corazón y el círculo vital. En el primero, brillo en paz; en el segundo, alumbro con amor; y en el tercero, ilumino desde la alegría, la gratitud y el ánimo de celebración.

Después, haz lo que tengas que hacer manteniéndote en la vibración de esos tres círculos. Empieza buscando, en la circunstancia que afrontes, algún motivo de celebración y, por pequeño que sea, siente gratitud. Luego disponte a vivir esa situación con alegría de ser; afrontándola, en la medida que te sea posible, con ternura, sencillez y sentido del humor. Abraza esa experiencia con todo el amor que logres sentir y siéntete en paz por haber puesto en este momento tu mejor voluntad.”  (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

2.- Crear un ancla positiva y reforzarla:

Se trata de asociar un gesto con un recuerdo positivo y asentar conscientemente esta conexión para activarla cuando te pueda ser útil. Para crear este ancla elige un gesto que te resulte fácil de realizar. Puede ser unir el dedo índice con el pulgar,  coger una mano con la otra, tocarte el extremo inferior de la oreja, etc… 

Una vez tengas claro el gesto que prefieres, busca un lugar tranquilo donde no te vayan a interrumpir durante unos minutos y cierra los ojos. Respira tranquilamente mientras piensas en algún momento de tu vida en el que te hayan sentido en paz, bien conectado con tu entorno, resonando en armonía. Trata de revivir ese recuerdo con todos los sentidos, céntrate en las imágenes, emociones y sensaciones físicas que percibes. Cuando creas que estás logrando evocar la vivencia intensamente haz el gesto elegido mientras dices en silencio: “Anclo esta experiencia”. Luego abre los ojos, mira a tu alrededor para distraer tu atención unos instantes y vuelve a repetir el ejercicio. 

Hazlo así varios días hasta conseguir que simplemente al realizar el gesto revivas las placenteras sensaciones de tu recuerdo. A partir de ese momento, cada vez que vivas situaciones similares acompáñalas con ese ademán mientras te haces consciente de tu bienestar. Con este sencillo método estarás reforzando memorias positivas que podrás activar cuando, en ambientes que te resulten perturbadores, quieras recuperar una buena “onda” .

3.- Pasar la goma de borrar:

Este recurso te puede ayudar cuando consideres que, desde tu punto de vista,  hay tonos o comentarios que por ser irrespetuosas, ofensivas o fuera de lugar, están contaminando una conversación valiosa.

Puedes usarla en el mismo momento en que las estás escuchando, utilizando como goma de borrar frases tales como: “No me siento cómodo ante esas insinuaciones”, “prefiero enfocarme en otras facetas más positivas de esa persona”, “Es interesante el tema que propones pero esa generalización me parece injusta y no la comparto”, “Podemos hablar de esto pero evitando juicios insultantes”, etc….

O puedes practicar estra técnica tras una conversación que, habiendo tenido un contenido importante para ti, te ha dejado con malestar por algunas frases de mal gusto que no has podido interrumpir. En un caso así, rememora ese encuentro pero cuando aparezcan esos comentarios imagina que los borras de tu mente quedándote únicamente con los aspectos positivos de la reunión.


4.- Apreciar el valor de cada aportación:

¿Qué pasaría si, cuando vas de viaje, en vez de fijarte en toda la belleza que te rodea, dejases que las deficiencias, la fealdad o las incomodidades hipnotizaran tu atención? Posiblemente no disfrutarías de la experiencia. 

Por supuesto que, si lo vas a poder cambiar,  es positivo poner atención en lo mejorable. Pero siempre que no esté en tu mano transformarlo, busca en lo que te rodea, aquello que eres capaz de apreciar, los puntos de encuentro y todo lo que se pueda compartir en paz.  

Si te inquieta una reunión o un encuentro con personas desconocidas, que te resultan difíciles de tratar o con las que tienes que llegar a un acuerdo a pesar de las diferencias de puntos de vista te  sugiero escuchar esta visualización guiada, titulada “De corazón a corazón”. Te ayudará a sentir más confianza y a apreciar más fácilmente el valor de tu aportación y la de todos los demás. 


5.- Bailar bajo la lluvia:

Dejó escrito Stephen King: “No pedimos esta habitación, o esta música. Pero ya que estamos aquí, bailemos.”  Siguiendo esta idea, la “técnica del paraguas” te puede servir para filtrar la influencia de personas con las que tienes que tener un contacto habitual, sea por compromisos profesionales o de otro tipo. 

En esos momentos en los que quieras poner una distancia mental y emocional ante sus palabras o actitudes, imagínate que abres un gran paraguas, te cobijas bajo él y mientras dejas que vaya resbalando la lluvia negativa que estás recibiendo, cantas o recitas en silencio alguna melodía, estribillo o frase que te ayude a mantenerte tranquilo y a sentirte contento.

En cualquier caso, como nos eneseña "la lección del diapasón", lo importante es recordar que no estamos obligados a resonar con lo que no queremos y somos libres para elegir nuestra propia sintonía y  encontrar recursos para mantenernos en ella.

Gracias por tu atención.  Estaré encantada de leerte si deseas aportar tus comentarios. Abrazos y hasta pronto,

Pepa Arcay
Coach Personal



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Estaré encantada de atenderte.



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domingo, 11 de diciembre de 2016

Luces parpadeantes para el árbol de tu vida

A estas alturas de Diciembre, en muchos hogares tiene lugar un ritual que, a niños y mayores, encandila. Y digo encandilar porque se encienden sonrisas, aumenta el brillo en los ojos y aunque no sea nada nuevo lo que se contempla, los corazones laten un poco más aprisa, cómo esperando que saltan chispas de sorpresa.

De algún rincón de la casa se recupera una caja que en su interior guarda figuras, bolas, lazos y estrellas de todos los colores, guirnaldas de materiales brillantes, largas sartas de pequeñas bombillas y las esperanzas invisibles de buenos sentimientos, obsequios y los mejores deseos compartidos. Un invierno más se van a adornar árboles con lo más hermoso guardado en esas cajas y con todo lo nuevo que se elabore o encuentre en los mercadillos navideños.

Hoy, ese ritual, me ha parecido que hablaba de la vida del ser humano en su afán de mantener viva la esperanza. Cada invierno revisando lo acontecido a lo largo del año, tratando de rescatan lo más preciado y añadiendo lo descubierto y aprendido para lograr que siga brillando nuestra existencia.

 Y es que creo que más allá de las diferencias, todos tenemos una preciosa caja en la que vamos guardando aquello que más nos humaniza y, en algunas noches del alma, desplegamos su contenido para recordar lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Cada cual tiene sus tácticas para encender su existencia y me resulta inspirador ver las infinitas formas de hacer brillar el árbol de la vida.

Hoy, quiero mostrarte el contenido de mi propia caja. Frases que representan todo aquello que me ayuda a seguir creciendo y a disfrutar en el intento.  Percepciones que que mantienen mi ánimo sereno, mi esperanza intacta y,  aunque sea parpadeante, por aquello de que no hay día sin noche, mi alegría de ser, encendida.

Cuando adorno el árbol navideño suelo hacerlo por partes, intentando que brille de forma armoniosa y esté bien equilibrada la distribución de adornos y colores. De la misma manera, estas guirnaldas de ideas y sugerencias también están ordenadas en referencia a las diez relaciones que configuran mi forma de afrontar el mistrio de existir:

1.- Relación con la vida:
Para comprender la vida primero hay que amarla. Creo que nadie lo sabe todo de ella. Por eso, en ese misterio, puede encontrar acomodola más brillante esperanza. En el fondo de la vida siempre queda mucha espontánea alegría y mucha inocencia por nacer.A veces, más allá de lo que somos capaces de entender, es posible intuir una belleza  una armonía y unos órdenes del amor que hablan de plenitud, paz y alegría. Puede parecer que tu vida se rompe cuando solo es que la vida está haciendo una ventana en el muro levantado por tus miedos. Para quien mantiene viva su curiosidad, la vida es una contínua aventura de descubrimiento. Ante la incertidumbre sobre lo que la vida te traerá mañana, céntrate en la certeza de lo que tú vas a entregar hoy a la vida. Por muy escarpada que sea la costa de tu vida si no pierdes de vista el faro del amor, llegarás a buen puerto.

 2. Relación con uno mismo:
Quererte bien supone encontrar un buen equilibrio entre aceptarte y superarte. No abandones tu creatividad. La música de la vida quiere sonar a tu través. ¡Dejate oír! La oportunidad siempre está donde estás tú porque eres tú quien puede hacer de todo una oportunidad. Potencia lo que de ti te enorgullezca pero sobre todo comprende lo que te avergüenza. Y sea como sea tu ventana a la vida ¡asómate a ella! Si quieres conocerte prepárate para sorprenderte. Si quieres comprenderte empieza por amarte.

3.- Relación con los propios valores:
¿Qué es lo que más te importa en la vida? Ese es tu nortepersonal. Asegúrate de estar poniendo ahí tu mejor esfuerzo. Es inquietante pensar que la vida no tiene sentido pero es tranquilizador comprobar que que la vida tiene el sentido que cada uno quiera darle. Para hacer tu camino necesitas tener buenas razones y no que todo el mundo te de la razón. Si no le encuentras sentido a tu vida pon amor a todo lo que haces le darás sentido a cada instante.

4.- Relación con tus emociones:
Aquello que temes es algo que todavía no has aprendido a amar. La vida, buena maestra, quiere enseñarte. Lo que te enfada de ti mismo también está en la ira que proyectas hacia los otros. La sanadora reconciliación ha de abarcar ambas emociones. Reír a carcajadas es un acto liberador sobre todo cuando te estás riendo de ti mismo. Todas las emociones guardan información útil. Hay que sentirlas para entenderlas y después, dejarlas fluir y encauzar su energía.

 5.- Relación con tus pensamientos:
No te creas todo lo que te dicen. Cultiva tu propio criterio. No te creas todo lo que te dices. Cuestiona tus pensamientos. Cuando un “por qué” no te ayude a aprender cambialo por un “para qué”  Las excusas se volverán oportunidades y las trustraciones, resultados. No etiquetes como necesario lo que solo es preferible o sentirás una innecesaria angustia cuanto te falte lo que no es imprescindible. Si piensas desde el amor enfocas tu mente en la dirección adecuada para encontrar más amor.

 6.- Relación con tus sueños:
Permitirte soñar es ayudar al niño que hay en ti a descubrir un nuevo horizonte. Su entusiasmo te dará la energía necesaria para llegar juntos a ese soñado confín. Sea cual sea tu sueño para verlo cumplido tienes que pisar firme en el terreno de tu realidad. Prepárate calzando tu paso con  disciplina, entusiasmo, amor y plena atención. Si tu mente tiene claro el objetivo, a tu corazón le apasiona y aplicas tu mejor voluntas, activarás tu poder creador. ¿Te gusta la persona en la que te estás convirtiendo al intentar alcanzar  tus metas? Eso importa más que las propias metas. ¡No te peirdas por el camino!

7.- Relación con tus actitudes:
La mejor perspectiva para descubrir maravillas la consigues asomándote a la ventana de la gratitud. Siempre hay razones para la gratitud. Sea por lo que recibes o por lo que puedes entregar. Todo viene, florece y se va. Tú además puedes tomar consciencia de esa experiencia. Honra esa capacidad. Te sientes libre cuando ves que puedes ser feliz de muchas maneras sin necesitar ninguna de ellas para ser feliz. Si buscas motivos para admirar, agradecer y compartir, verás crecer tu alegría de vivir. Veas el vaso medio vacío o medio lleno lo importante es que vayas buscando una fuente.

8.- Relación con tus acciones:
Ama lo que haces y mantén abierta la ventana de la esperanza a todo aquello que confías llegar a hacer. Por poco que sepas, si lo aplicas,avanzas. Por mucho que sepas, te estancas si no lo aplicas. Tarde o temprano encontrarás piedras en el camino. Lo que importa es lo que decidas hacer con ellas. Todo te ayuda a alcanzar la cima. También el camino empinado que ahora subes aunque parezca frenarte. Que lo que no puedes hacer no te distraiga de loque sí está en tu mano lograr.. Si no tienes tiempo para todo procura que todo lo que consideres importante tenga su tiempo.

9.- Relación con los demás:
Para ir de corazón a corazón sigue el camino de la empatía. Los prejuicios son malos atajos. Para desarrollar empatía primero hay que dejar de criticar. Ponerte en el lugar del otro para comprender sin juzgar. Lo que recibes de los demás depende de ellos. Pero solo tú decides lo que les ofreces. Esa es tu libertad y tu responsabilidad. Atrévete a contemplar todo lo que sientes y atrévete también a poner límites a lo que consientes. Por miedos y prejucios cerramos la puerta del corazón  No dejamos entrar y nos impedimos salir. ¡Hay tanto amor que aún no ha podido ser!

10.- Relación con el pasado, presente y futuro:
No importa que todo pase cuando sabes que un momento también te puede saber a eternidad. Necesitas pausa y silencio para aprender del pasado, contemplar con grtitud el presente y soñar un mejor futuro. Regálate momentos de sosiego. No puedes cambiar lo que hiciste en el pasado pero puedes cambiar tú, ahora, para que el futuro sea diferente. Qué valorar lo que fue no te impida abrazar el presente para disfrutar de lo que es.

No hay dos árboles de Navidad iguales, como no hay dos vidas idénticas. Pasear por la ciudad en estas fechas y observar los abetos iluminados en las plazas, los escaparates o tras las ventanas es como observar los variopintos intentos humanos de encender la vida aún en medio de la oscuridad de guerras, odios, miserias y desesperos. Hay algo, en esta perseverante inocencia que me conmueve.  Me encanta como expresó Mario Benedetti este sentimiento en su poema “¿Por qué cantamos?”:

“Si cada hora viene con su muerte
si el tiempo es una cueva de ladrones
los aires ya no son los buenos aires
la vida es nada más que un blanco móvil
usted preguntará por qué cantamos

si nuestros bravos quedan sin abrazo
la patria se nos muere de tristeza
y el corazón del hombre se hace añicos
antes aún que explote la vergüenza
usted preguntará por qué cantamos

si estamos lejos como un horizonte
si allá quedaron árboles y cielo
si cada noche es siempre alguna ausencia
y cada despertar un desencuentro
usted preguntará por que cantamos

cantamos porque el río está sonando
y cuando suena el río / suena el río
cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino
cantamos por el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo
cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos
cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota
cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta
cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza.”


Gracias por tu atención. Te deseo lo mejor ahora y siempre y te invito a escribir tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal

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sábado, 21 de mayo de 2016

Cómo lograr que el sosiego sustituya a la precipitación

Si eres de los que, con frecuencia, te dices eso de “si antes de…  me hubiera parado a …”, la información que incluyo en esta post te puede resultar muy útil. Pues tal como queda anunciado en el título, hoy quiero compartir contigo algunas claves para lograr que, aquellas acciones que merezcan reflexión, surjan más del sosiego que da la precipitación.

 Para matizar más lo que entiendo por precipitación he elegido este divertido relato de la tradición sufí: 

“Nasrudín llegó a una aldea gritando fusiosamente: “He perdido mi alforja. ¡Daos prisa en encontrarla o haré con vuestra aldea lo mismo que con la otra! Los aldeanos asustados corrieron por todas partes para buscar la alforja hasta que uno la encontró.  “¿Qué habrías hecho”, preguntaron los aldeanos, “si no hubiéramos encontrado tu alforza?” “Bueno”, respondió Nasrudín sonriendo, “habría dejado vuestra aldea y me habría dirigido a otra para buscarla.”

Cómo ejemplo de sosegada reflexión he seleccionado este diálogo del filósofo griego, Sócrates: 

“Un discípulo llegó muy agitado a la casa de Sócrates y empezó a hablar de esta manera:
– ¡Maestro! Quiero contarte cómo un amigo tuyo estuvo hablando de ti con malevolencia…
Sócrates lo interrumpió diciendo:
- ¡Espera! ¿Ya hiciste pasar a través de los tres filtros lo que me vas a decir?
- ¿Los tres filtros…?
- Sí – replicó Sócrates. -“El primer filtro es la verdad. ¿Ya examinaste cuidadosamente si lo que me quieres decir es verdadero en todos sus puntos?
- No… lo oí decir a unos vecinos…
- Pero al menos lo habrás hecho pasar por el segundo filtro, que es la bondad: ¿Lo que me quieres decir es por lo menos bueno?
- No, en realidad no… al contrario…
- ¡Ah!” – interrumpió Sócrates.- “Entonces vamos al último filtro. ¿Es necesario que me cuentes eso?
– Para ser sincero, no…. Necesario no es.
– Entonces -sonrió el sabio- Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario… sepultémoslo en el olvido.”

Y cómo muestra de las consecuencias de actuar sin pararte a pensar te invito a sonreír con este vídeo:



En general, la precipitación suele ir acompañada de aturdimiento y atolondrada aceleración mientras que el sosiego se envuelve de serenidad y tranquila moderación. Lo que marca la diferencia entre estos dos tipos de respuestas es el grado de consciencia y responsabilidad con el que se actúa. Las siguientes propuestas inciden en esa área de trabajo personal y te pueden ayudar a ser más dueño de tus reacciones:

1.- Tu diálogo interior:
Una cosa es tu vida y otra, a veces muy distinta, lo que te cuentas sobre ella. Si en tu autodiálogo no cuestionas tus suposiciones, generalizaciones o prejuicios, si te enfocas siempre en lo negativa o tiendes a contemplar las situaciones en forma de todo o nada, sin aceptar puntos intermedios, cultivas un estado de ánimo propicio a saltar cuando menos te lo esperas. Prudencia y valentía son esenciales y complementarias en la buena comunicación… Valentía para expresarte y prudencia para no precipitarte.

Te puede ayudar:
Acostumbrarte a reflexionar por escrito cuando algún asunto empiece a preocuparte. ¿De qué va el asunto? ¿Cuáles son los hechos y cuáles mis interpretaciones? ¿Qué estoy sintiendo? ¿Qué quiero pedir, qué necesito? Una vez respondidas estas preguntas puedes completar la siguiente frase: “Ha pasado esto (el hecho que hayas detectado cómo detonante) y lo he interpretado de esta manera (tus interpretaciones de los hechos). No sé si esas interpretaciones son adecuadas, por eso quiero hablarlo. El caso es que, en función de esas interpretaciones, ahora me siento así (cómo te sientes ahora) y quiero esto (explica tu deseo)” Estos apuntes serán una buena base para comunicarte mejor.

2.- Tus emociones:
Si dices o haces algo cuando ya no puedes más, es decir, cuando estás sobrepasando tu límite de tolerancia, es probable que la impulsividad dirija tu respuesta. Pero no tienes por qué llegar a ese extremo. Puedes aprender a ser consciente de tu límite de bienestar en vez esperar a sentirte desbordado. Tomate tiempo para entender lo que sientes antes de entrar en acción.

Te puede ayudar:
De vez en cuando, a lo largo del día, vete a un lugar tranquilo, siéntate, cierra los ojos y concéntrate en el ritmo de tu respiración durante un rato. Luego pregúntate: ¿Qué estoy sintiendo, cómo lo siento, en qué parte del cuerpo noto esta emoción? Observa si notas algún tipo de tensión y lleva allí tu atención mientras respiras pausadamente. Permanece así, aceptando las sensaciones, pensamientos y emociones que se vayan presentando. Acepta sentir sin evaluar, simplemente estando presente en la experiencia. Para finalizar, pregúntate si hay algo que puedas hacer para sentirte mejor y, en la medida que esté en tu mano, hazlo.
En los artículos Cómo llevarte bien con tusemociones”, “Cinco pasos para cambiar positivamente tu ánimo” y “Cómo abrazartu sombra emocional, encontrarás más explicaciones para mejorar tu inteligencia emocional.

3.- Tu insatisfacción:
Frenar una respuesta impulsiva no significa reprimir tu derecho de expresión o desatender tus necesidades. Si por temor al conflicto o por complacer a los demás, escondes tu insatisfacción, te estás faltando al respeto y tarde o temprano, la rabia y la frustración acumulada explotarán en formas que no beneficiarán a nadie.

Te puede ayudar:
No dejar que se acumule la insatisfacción. Cuando te veas respondiendo “me da igual”, piénsalo bien. ¿Realmente es así? Abre una  "hoja de quejas" y revísala periódicamente. No dejes que se queden quejas estancadas. Descubre qué es lo que está sucediendo para que no hayan sido resueltas y cuál es tu responsabilidad en ello.

4.- Los detonantes:
Además de rastrear lo que piensas, lo que sientes y lo que necesitas, procura descubrir los detonantes que desatan tu precipitación. Situaciones que aún no sabes afrontar con serenidad y, por lo tanto, al menos de momento, son circunstancias de riesgo para tu impulsividad.

Te puede ayudar:
Hacer un registro diario, durante una semana, de los momentos en los que no has reaccionado de forma satisfactoria, según tu criterio. ¿Qué sentías? ¿Cuál era el tema que afrontabas? ¿En qué contexto? ¿Qué personas estaban implicadas? ¿Cuál crees que fue el estímulo que provocó tu reacción? ¿Recuerdas otras situaciones similares? ¿Puedes imaginar otra posibilidad de respuesta? ¿Qué necesitarías cambiar para poder responder así? Ten en cuenta que en ocasiones lo único que estará en tu mano hacer es alejarte de esos detonantes.
Además te animo a revisar las propuestas explicadas en Cinco pasos para establecer límites saludables”.

5.- Las consecuencias de tus actos:
Puedes empliar tu campo de reflexión para determinar los pros y los contras de tus decisiones y las posibles consecuencias de tus acciones. Entendiendo que tan nocivo puede ser no querer ver los riesgos como exagerar su importancia.

Te puede ayudar:
Para aprender a tomar una perspectiva más equilibrada, antes de tomar una decisión, responde por escrito a estas preguntas: ¿Estoy ante una decisión de vida o muerte? ¿Qué importancia tiene? ¿Se producirán cambios importantes en mi vida en función de la decisión que tome? ¿Qué es lo que realmente está en juego? ¿Qué es lo que más temo que suceda? ¿por qué? ¿Cómo puedo prepararme para afrontar esa posibilidad?
En el artículo Seis pasos para tomar decisionesserenamente encontrarás más ideas al respecto.

6.- Tus alternativas:
Después de unos días de observarte y registrar tus reacciones, los detonantes y las consecuencias de tus acciones, probablemente se te habrán ocurrido formas diferentes y más constructivas de afrontar esas circunstancias. Para empezar a modificar tus conductas conviene que previamente familiarices a tu mente con los nuevos comportamientos.

Te puede ayudar:
Visualízate respondiendo sosegadamente. Varias veces al día, cierra los ojos y dedica unos minutos a imaginarte situaciones en las que logras ganar tiempo para la reflexión antes de actuar. Imagina disfrutando de las consecuencias positivas que traerá esa nueva conducta. Saboréa tus sensaciones, pensamientos y sentimientos al visualizarte lográndolo. Y en el momento en el que estés imaginándolo más intensamente añade un gesto que te pueda resultar fácil de realizar en cualquier momento, como por ejemplo poner en contacto los dedos índice y pulgar de una de tus manos. Ese gesto crea un anclaje con la sensaciones que estabas experimentando en el momento de la visualización. Cuando hayas repetido suficientes veces este anclaje simplemente con repetir el gesto podrás evocar ese bienestar cuando lo necesites.

7.- Tu autocontrol:
Todas las prácticas anteriores están encaminadas a introducir más consciencia y reflexión en tu forma de afrontar la vida y, si las ejercitas, ganarás terreno a la impulsividad pero para frenarla, en los momentos concretos en los que estabas acostumbrado a dejarte llevar por ella, necesitarás desarrollar más tu capacidad de autocontrol.

Te puede ayudar:
Firma un compromiso contigo mismo por el que te obligas durante, al menos, un mes, a contar lentamen te hasta diez antes de decir o hacer algo relevante. Mientras cuentas así procura respirar consciente y sosegadamente y realiza el gesto que hayas elegido para el anclaje. También puedes utilizar este tiempo para repetir alguna frase que te conecte con el objetivo de demorar tu respuesta como por ejemplo: “Puedo tomarme mi tiempo para responder” “Esta situación merece una reflexión”, “Voy a pensármelo mejor”, “Esta vez voy a actuar con sosiego y sin precipitarme”

8.- Tu ritmo de vida:
Una vida activa para que también sea efectiva ha de incluir momentos de descanso dónde se puedan reponer fuerzas, revisar el camino recorrido y descansar. Si no incluyes momentos para distraerte y relajarte, el estrés te dominará y caerás más fácilmente en la precipitación. Organiza tu agenda de manera que puedas encauzar constructivamente tus energías, practica algún deporte, mantente en contacto con la naturaleza, acompásate con sus ritmos y ciclos, cultiva las aficiones que te ayuden a relajarte y disfrutar e incluye pausas y momentos para la sosegada introspección.
En los artículos Cómo dar más vida a tu tiempoy gnar más tiempo para tu vida” y “10 claves para vivir más serenamente encontrarás más información sobre este punto.

Te puede ayudar:
Tal como te relajas en la intimidad de tu casa, te sugiero disfrutar, a menudo, de la paz de tu naturaleza más esencial. Como sugerencia te propongo practicar con la visualización explicada en este audio, titulada "En tu hogar interior". Es una forma sencilla de aprender a entrar en tu silencio interior y sentirte en casa:




Gracias por tu atención. Me encantará leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal




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