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martes, 27 de junio de 2017

¿Qué hago con mi enfado? 4 pasos para convertirlo en algo beneficioso

El enfado es una de esas emociones que no tienen buena prensa y, quizá por eso, cuesta recibirlo como un aliado en la búsqueda de bienestar. Si sufres a menudo las consecuencias negativas de enfadarte más de la cuenta quizá consideres merecida su mala reputación. Sin embargo, el enfado, como toda emoción, si lo atiendes y lo gestionas bien puede guiar constructivamente tus acciones.

“Cuando se experimenta una emoción, dice Fredy Kofman en su excelente obra “Metamanagement”, se incurre en una "deuda emocional". Para "saldarla" hace falta un "pago" en términos de acciones efectivas. Si uno paga, respondiendo conscientemente a las demandas e impulsos de la emoción, recibe un beneficio por responder, aprende su lección y sigue adelante con su vida. Pero si rehúsa pagar, relegando la emoción a la incosciencia, debe soportar el coste de no responder: la deuda comienza a acumular "intereses" y crece en forma exponencial. Si la deuda excede cierto nivel, uno cae en la "quiebra" emocional: un estado de ánimo negativo recalcitrante.”

En la raíz del enfado siempre hay una historia (verdadera o imaginada) que lo genera: la creencia de que, sea por un comportamiento o por una acción que perjudica o puede perjudicar, se transgreden límites significativos respecto a la propia escala de valores. El enfado actúa entonces como un mecanismo de defensa frente el malestar que se siente al interpretar que alguna necesidad no está atendida. Debajo del enojo también se puede reconocer tristeza por el sufrimiento y miedo por lo que se puede llegar a sufrir. De manera que, como sucede siempre con la llegada de una emoción, si conscientemente la reconoces, la aceptas y la escuchas, te puede aportar valiosa información sobre la percepción de tu mundo interior y exterior. Información que te abre la posibilidad de encontrar una acción efectiva para establecer nuevos limites más saludables.

Se siente seguridad y fortaleza al comprobar que se es capaz de afrontar los desafíos, reparar los daños o minimizar el riesgo de que vuelvan a producirse. Una buena canalización del enfado te pone en disposición de proteger aquello que te importa, te conecta con el respeto hacia ti mismo y hacia los otros y te afirma en la fuerza de saber que te definen tus propias acciones y no las de los demás.

Por el contrario, si no resuelves tu disgusto, fácilmente te sentirás impotente y manipulable por tu entorno. El enfado irá tansformándose en resentimiento, rencor y odio. A veces podrás mostrar una calmada y superficial sumisión pero estallará tu ira cuando y contra quien menos la merece.

No obstante, aunque en teoría se vean claros los beneficios de gestionar bien el enfado, no es fácil lograrlo. Si compruebas que se desgastan tus relaciones por frecuentes discusiones sobre temas irrelevantes, si respondes con cólera injustificada demasiadas veces, si a menudo pierdes el control enredado en tu propia espiral de pensamientos hostiles (al estilo de Groucho Marx en el vídeo que aquí te incluyo), te será útil aplicar las propuestas que hoy comparto contigo. 



Cuatro pasos  cuyo objetivo es encauzar constructivamente tu enfado (o sus sinónimos como la ira, rabia, indignación, cólera, etc) antes de que tal emoción te inunde el ánimo en forma incontrolable:

1.- Hazte consciente de tu enfado y acepta esa experiencia emocional:

No podrás hacerte cargo de tus emociones si antes no las descubres. Tu cuerpo te puede ayudar en esta tarea siempre que lo observes y aprendas a entenderlo. 

Empieza por tener en cuenta los gestos que sueles adoptar cuando estás enfadado. Quizás frunces el ceño, cierras los puños, aprietas las mandíbulas, o tensas los músculos del estómago, por ejemplo. ¿Dónde sueles sentir el enojo, la rabia o la ira? Si mejoras tusconsciencia corporal podrás descubrir tus emociones cuando todavía puedes atenderlas sin que te dominen.

 Para conseguirlo te sugiero parar tu actividad en cuanto notes algún pequeño signo de irritación. Haz una inspiración profunda y pregúntate: ¿Qué parte de mi está tensa? Y centrándote en esa zona,  date tiempo, espacio y tranquilidad para sentir tu enfado, respirarlo y darle espacio en tu consciencia, sin prejuicios. Acepta sentir sin evaluar, simplemente estando presente en la experiencia. No mejorarás la gestión de tu enojo si al reconocerlo lo juzgas negativamente y lo censuras. Recuerda que reconocer con respeto una emoción no significa dejarte capturar por ella. Tienes capacidad para ser testigo neutral y con esa disposición podrás obtener valiosa información para comprenderte más y mejor. En el artículo “Quince pausas para la autoayuda” encontrarás más ideas para mejorar tu autoconciencia.

2- Aprende a dialogar con tu enfado para poder entenderlo:

Una cosa es tu vida y otra lo que te cuentas sobre ella. Utilizando tu capacidad de razonar, descubre los pensamientos que subyacen a tu enfado y analiza su validez. Usa un lenguaje que te sitúe en un papel protagonista y no como víctima. Por ejemplo: “Me siento enfadado”, en vez de: “Esa persona me saca de quicio”.

Reflexiona por escrito en cuanto te des cuenta que un asunto te ha molestado. ¿Cuál ha sido el detonante? ¿qué necesidad no está atendida? ¿qué está faltando? ¿qué daño se ha producido? ¿quién consideras que lo ha provocado? ¿qué límite crees que se ha transgredido? ¿en qué forma te sientes amenazado? ¿qué evidencia tienes de todo esto?

Cuetiona las suposiciones, separa hechos de interpretaciones y descarta las generalizaciones, prejuicios y exageraciones. Te ayudará revisar el artículo “Cómo lograrentender, entenderte y que te entiendan mejor”, donde se hace un repaso de las distorsiones cognitivas más frecuentes tanto en el diálogo con uno mismo como en las conversaciones con los demás.

3.- Comprueba, antes de pasar a la acción, si tu enfado es proporcionado:

Cuando la rabia va creciendo es muy fácil caer en la sobreactuación y eso no solo puede restar efectividad a tu respuesta sino que puede traerte complicaciones añadidas e innecesarias.  A veces el cansancio físico, el estrés excesivo o una tendencia al perfeccionismo pueden propiciar una reacción desmesurada. Por eso es importante posponer cualquier respuesta hasta encontrar una perspectiva ponderada de la situación. Al aparecer el enojo pregúntate: ¿Mi grado de enfado es proporcional al grado de importancia del asunto que lo concierne?

Si consideras que la intensidad de tu ira es demasiado elevada prueba a reencuadrar, reinterpretar y ampliar la perspectiva de lo sucedido. Si alguien te ha faltado al respeto, o un amigo no ha respondido como esperabas, en vez de pararte a buscar otras situaciones anteriores similares que intensificarán tu malestar, reflexiona sobre lo que les ha podido suceder a esas personas para actuar así, o relativiza la importancia del agravio imaginando la poca importancia que tendrá ese hecho para ti dentro de unos años, por ejemplo. No se trata de disolver el enfado sino simplemente de rebajarlo a un nivel que sea manejable y te permita encauzarlo.

También puedes probar a equilibrar tu estado emocional buscando motivos de agradecimiento hacia las personas con las que estás enfadado. Igualmente te ayudará encontrar alguna perspectiva de la situación que incluya una buena porción de sentido del humor para desdramatizar el tema.

Además, puede ser necesario soltar el exceso de tensión en tu cuerpo. Tómate unos minutos para desahogarte de la forma que mejor te siente. Corre, salta, baila, grita, dúchate o boxea con tu cojín favorito. El caso es que logres relajarte expresando tu enfado y liberando el exceso de energía. El objetivo es sentirte con más autocontrol para poder actuar con asertividad y eficacia. Te puede resultar útil repasar el artículo “Cómo lograr que el sosiego sustituya a laprecipitación” donde encontrarás más ideas para frenar la impulsividad excesiva.

4. Elige una acción constructiva que, canalizando tu enfado, atienda tu necesidad:

Cada emoción tiene una demanda específica, relacionada con la percepción de la situación que la origina. Si atiendes esa demanda, la emoción fluirá y te sentirás en paz interior pero si no la atiendes, la emoción se estancará y aumentará el malestar. 

No obstante,  tienes que asegurarte que las acciones que elijas como respuesta realmente sean efectivas, es decir, te ayuden verdaderamente. No fuera que te suceda como al protagonista de este relato del psiquiatra y escritor Jorge Bucay:

“Había una vez un hombre que iba por el mundo con un ladrillo en la mano. Había decidido que cada vez que alguien le molestara hasta hacerle rabiar, le daría un ladrillazo. El método era un poco troglodita, pero parecía efectivo, ¿no?.

Sucedió que se cruzó con un amigo muy prepotente que le habló con malos modos. Fiel a su decisión, el hombre agarró el ladrillo y se lo tiró. No recuerdo si le alcanzó o no, pero el caso es que después, tener que ir a buscar el ladrillo, le pareció incómodo. Decidió entonces mejorar el “Sistema de Autopreservación del Ladrillo”, como él lo llamaba. 

Ató al ladrillo un cordel de un metro y salió a la calle. Esto  permitía que el ladrillo nunca se alejara demasiado, pero pronto comprobó que el nuevo método también tenía sus problemas: por un lado, la persona destinataria de su hostilidad tenía que estar a menos de un metro y, por otro, después de arrojar el ladrillo tenía que tomarse el trabajo de recoger el hilo que, además, muchas veces se liaba y enredaba, con la consiguiente incomodidad.

Entonces el hombre inventó el “Sistema Ladrillo III”. El protagonista seguía siendo el mismo ladrillo, pero este sistema, en lugar de un cordel llevaba un resorte. Ahora el ladrillo podía lanzarse una y otra vez y regresaría solo, pensó el hombre. Al salir a la calle y recibir la primera agresión, tiró el ladrillo. Erró, y no pegó en su objetivo porque, al actuar el resorte, el ladrillo regresó y fue a dar justo en la cabeza del hombre.

Lo volvió a intentar y se dio un segundo ladrillazo por medir mal la distancia. El tercero, por arrojar el ladrillo a destiempo. El cuarto fue muy particular porque, tras decidir dar un ladrillazo a una víctima, quiso protegerla al mismo tiempo de su agresión, y el ladrillo fue a dar de nuevo en su cabeza. El chichón que se hizo era enorme…

Nunca supo por qué no llegó a pegar jamás un ladrillazo a nadie: si por los golpes recibidos o por alguna deformación de su ánimo. Todos los golpes fueron siempre para él mismo.”

Dependiendo de la honestidad y la profundidad con la que hayas respondido a las preguntas del segundo paso de este ejercicio, te será más o menos fácil encontrar las acciones adecuadas. Sobre todo en lo que se refiere a las preguntas: ¿qué necesidad no está atendida? ¿qué está faltando? 

Teniendo en cuenta tus respuestas ahora se trata de encontrar la acción más constructiva. Entendiendo por tal aquella que está en nuestra mano,  reduce o elimina la amenaza, molestia o peligro y lo hace con la menor cantidad de daño posible para uno mismo o los demás.

Quizá se trate de hallar alguna forma de expresar tu reclamación, minimizar el perjuicio, establecer un límite protector, autoafirmarte u obtener alguna reparación o reconocimiento, por ejemplo. ¿Hay algo que puedas pedir, consensuar, mejorar o cambiar? Si nada de eso es posible quizás tengas que pensar en acciones simbólicas como escribir una carta aunque nunca la envíes, elaborar un duelo o perdonar. Busca las opciones a tu alcance y elige la que más te pueda ayudar a recuperar tu equilibrio y sentirte en paz.  

Resulta muy saludable enfocar el enfado como una posibilidad de mejorar asertivamente tu experiencia. Te animo a repasar el artículo "Entre la pasividad y la agresividad, elige la asertividad" donde podrás encontrar más sugerencias para encontrar respuestas efectivas a tus desafíos.

Además, si te centras en buscar soluciones, descubriendo tus necesidades no atendidas y buscando la forma de cubrirlas también podrás comprender más fácilmente las necesidades de la persona con la que te has enfadado y las razones de su comportamiento. Pero si simplemente te quedas en el enfado, reprimiéndolo o dejándote llevar inconscientemente por su impulso, te estancas en la superficie sin descubrir la raíz de la experiencia y, por tanto, sin posibilidad de atender la verdadera demanda que la originó.

Por eso lo importante es que tu acción vaya encaminada, no a eliminar el enfado temporalmente como puede suceder con la venganza o a mantenerlo indefinidamente como pasa con el rencor, sino a atender la verdadera necesidad sobre la cual te  ha alertado dicho enfado. 

Si la acción que eliges es efectiva no se volverá contra ti como el “ladrillo boomerang” del relato, sino que servirá para construir relaciones más saludables contigo mismo y con los demás.

Gracias por tu atención. Me alegrá leer tus comentarios y sugerencias. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal




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Y también ...

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viernes, 15 de abril de 2016

Diez pasos para evitar que una decepción se torne resentimiento

Si alguien te defrauda o te perjudica es lógico y sano que aparezca un sentimiento inicial de enfado. Pero si esa emoción no se resuelve y vuelve a aparecer una y otra vez, como un disco rayado, significa que estás resentido.

Todo resentimiento hunde alguna de sus raíces en una decepción mal gestionada. Quizás una persona no ha respondido como esperabas, quizás tú mismo no has estado a la altura que deseabas o la misma vida te ha sorprendido con unas circunstancias que no son de tu agrado. El caso es que te sientes decepcionado, te cuesta aceptar que eso haya sucedido y te resistes a asimilar esa experiencia aunque sepas que no puedes cambiar los hechos. Te debates entre la sorpresa, el rechazo, el enfado y la rabia y, tras alimentar durante un tiempo esa hoguera emocional, con un discurso interno negativo, el resentimiento te va quemando.

Albergar resentimiento siempre resulta doloroso pues es como mantener una herida abierta. Cualquier roce te va a provocar sufrimiento y va a resultar agotador tener que controlar las circunstancias para no sentirte dañado. Es fácil que te muestres hostil hacia el entorno, muy sensible e inusualmente desconfiado en las relaciones.

No obstante, antes de sentirte dañado por el mismo rencor puede que no lo reconozcas o creas que tiene sus ventajas. Quizás, para evadirte del dolor, intentas convencerte de que no ha pasado nada o quizás en el papel de víctima, proyectando una y otra vez la culpa fuera de ti, te sientes inocente, otros te ofrecen su compasivo apoyo o simplemente te permite evitar hacerte responsable de tu bienestar diciéndote estár en manos de un pasado que no puedes cambiar.

Anthony de Mello en su libro “Un minuto para el absurdo”, ofrece una buena metáfora de esta situación: “La gente no está dispuesta a renunciar a sus celos y preocupaciones, a sus resentimientos y culpabilidades, porque estas emociones negativas, con sus 'punzadas', les dan la sensación de estar vivos, dijo el Maestro. Y puso este ejemplo: Un cartero se metió con su bicicleta por un prado, a fin de atajar. A mitad de camino, un toro se fijó en él y se puso a perseguirlo. Finalmente, y después de pasar muchos apuros, el hombre consiguió ponerse a salvo. Casi te agarra, ¿eh?, le dijo alguien que había observado lo ocurrido. Sí, respondió el cartero, como todos los días..”

El riesgo es que, tarde o temprano el toro del resentimiento puede atraparte y bloquear  tu avance. La buena noticia es que puedes evitarlo. Es por eso que hoy quiero compartir contigo diez pasos que pueden ayudarte a recuperar el equilibrio  emocional tras una decepción y a impedir que se convierta en un resentimiento:

1.- Para hacerte claramente consciente de la situación empieza preguntándote ¿qué o quien me ha decepcionado?. Describe, por escrito, los hechos que sucedieron y las interpretaciones que has hecho de los mismos. Contextualiza la situación, descarta suposiciones, comprueba si te falta información y recoge los datos que necesites para tener una visión lo más objetiva posible.

2.- Observa lo que sientes actualmente al recordar esa experiencia. Ubica esos sentimientos en tu cuerpo sin intentar alterarlos. Ofrece atención, reconocimiento y aceptación a esos sentimientos. Ayúdate de la respiración para tomar más y más consciencia de esas sensaciones. Inspira y al expirar centrate en la zona donde sientes presente la emoción. Mantén unos minutos de atención respetuosa.

3.- Combina el responder por escrito a las preguntas que te sugiero con la atención consciente a la energía emocional que vaya apareciendo. ¿Qué es lo que más me molesta de esta situación? ¿Qué es lo que más me enfada?¿Qué me duele de todo esto? ¿Qué me inquieta? ¿Cuál es el miedo más profundo que se ha despertado? Una y otra vez, tras escribir las respuestas haz pausas para atender las emociones.

4.- Descubre qué es lo que quedó pendiente. ¿Por qué éste es un tema importante para mi? ¿Cuáles son los valores que han sido vulnerados? No hay respuestas correctas o incorrectas, simplemente son datos relevantes para comprenderte mejor. Acepta la pena por esa valor no atendido. Dale atención y espacio en tu conciencia. Contempla la belleza de ese valor y reconoce lo importante que es para ti..

5.- Transforma las culpas en responsabilidades.  ¿Quién creo que es el causante de lo sucedido? ¿Tuve yo alguna responsabilidad? Acepta que los demás tienen otro mapa de la realidad, otros valores y quizás sus intereses pueden chocar con los tuyos. No se trata de justificar comportamientos sino de intentar comprender algunas razones detrás de esas conductas. Mirar al otro y mirarte con compasión independientemente de que decidas o no pedir responsabilidades o alguna compensación por los daños ocasionados.

6.- Encuentra el aprendizaje. A veces para poder soltar o dar por bien cerrado un asunto que no ha salido como querías, un paso esencial es extraer la enseñanza que te aporta. Así que responde por escrito a la pregunta  ¿qué es lo que he aprendido de esta experiencia? ¿Para qué me puede ser útil de aquí en adelante? Acepta que quizás nunca puedas comprender totalmente las razones de lo que sucedió, de los comportamientos  de otras personas o de tus propias reacciones en aquel momento. Pero puedes determinar para qué te va a servir esta experiencia, qué es lo que puedes aprender de ella y cómo este aprendizaje puede mejorar tu vida.

7.- Reconoce lo que no está en tu mano cambiar y responsabilízate de lo que está dentro de tu campo de influencia. ¿Qué quiero que pase? ¿Y qué lograré si obtengo eso? ¿Qué deseo verdaderamente ¿ ¿Qué puedo hacer o pedir para conseguir lo que quiero? ¿Qué necesito hacer para sentirme en paz conmigo mismo, aunque no consiga lo que quiero?

8.- Lleva a cabo lo que hayas considerado que te ayudará a sentirte en paz con esta situación. Quizás quieras pedir una reparación a la persona que te perjudicó, quizás lo que necesites es una explicación o una disculpa. Puede ser que necesites dejar caer la idealización  que mantenías sobre alguien o algo y aceptar lo que es tal cual es porque se escapa a tu control. O quizás tienes que poner paciencia y compasión. Sea como sea hazte cargo de tu responsabilidad sobre tu bienestar y actúa en consecuencia.

9.- Una vez llegado a este punto establece un compromiso contigo mismo de dejar de rumiar sobre este asunto.  Imagina como sería tu vida sin ese apego de tu mente. Cuando te des cuenta que vuelves sobre ello, no luches ni te enfades, simplemente recuerda que es un asunto que has cerrado y que decides poner la atención en otra cosa que sea beneficiosa para ti. Distráete, busca algo que capte tu atención o que te guste hacer. Te puede ayudar repetir la frase: “No está en mi mno cambiar esta mala experiencia del pasado pero aquí y ahora puedo vivir algo hermoso”.

10.-  Por último, para interiorizar más el propósito de soltar y dejar atrás este mal recuerdo,  te propongo que realices la visualización guiada que te relato en este audio:


La decepción puede llegar como una marea inesperada. Atiéndela pronto y encauza bien su caudal emocional para que no se convierta en un río de resentimiento que te desborde.

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal


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Además...

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sábado, 18 de abril de 2015

Del rechazo a la reconciliación: Cómo abrazar tu sombra emocional

En la imagen idealizada de nosotros mismos, esa que vamos construyendo día a día desde la infancia,  sólo damos cabida a todo aquello de lo que nos sentimos orgullosos, dejando fuera lo que nos avergüenza y asusta. Sin embargo, esos oscuros aspectos nos siguen como nuestra propia sombra pues forman parte de nosotros.


Hace un tiempo encontré el vídeo que AQUÏ puedes ver y, más allá de despertarme una sonrisa y mucha ternura, lo entendí como una metáfora del encuentro del ser humano con su sombra emocional.

Como el niño del vídeo sentimos malestar ante facetas de nosotros mismos que surgen inesperadamente y no nos gustan. “¿Cómo puedo estar sintiendo esta envidia? No tengo derecho a enfadarme así.  ¿Cómo se entiende que sienta miedo a estas alturas de mi vida? ¡Este entusiasmo no es normal! Tengo que frenar estos sentimientos. Ya no soy un niño, no puedo reaccionar así. Esto no es aceptable, …” nos decimos cuando vemos peligrar la foto fija de nuestra mejor versión, esa que estamos interesados en mostrar a los demás.

Desde niños, para ser aceptados y queridos, es decir para sentirnos protegidos por los adultos de nuestro entorno, intentamos ser buenos y perfectos, ocultando todo aquello que no es aprobado por los demás. De esta manera logramos la seguridad que buscamos pero a costa de encerrar en el cuarto oscuro del inconsciente valiosa energía que, tarde o temprano, reclamará nuestra atención. Pues nos guste o no, somos lo que mostramos y lo que queda oculto. Un precioso misterio evolucionando creativamente aunque no terminemos de entenderlo.

Solo nos sentimos plenamente vivos cuando aceptamos nuestra vida con todos sus matices. Tanto silencio y sombra como canción y luz. Para lograrlo necesitamos reconciliarnos con esos aspectos desterrados de nuestro ser. Darles cabida en nuestra conciencia,  iluminarlos con la luz de la compasión y así, atrevernos a mirar y dejarnos ver.

Con esa intención hoy quiero compartir contigo algunas reflexiones, sugerencias y ejercicios que te ayudarán a rescatar toda esa energía y reelaborar positivamente su expresión:

“Aunque en apariencia solo parezca que te has quedado atascado en el fondo de un conflicto o evento catalogado como problema, esa apariencia solo será el preámbulo de un magnífico acontecimiento: algo que en ti parece sombrío e inconsciente, algo que permanece oculto y que al mostrarse inquieta, va a ser, a la luz de tu serena compasión, bien acogido, y por amado, comprendido.  ¿Dispuesto a moverte en esta dirección?” (Lo que el corazónquiere contemplar)

1.- Tomar conciencia y darte permiso para sentir:

Como decía Antonio Machado: “Toda visión requiere distancia. No hay manera de ver las cosas sin salirse de ellas.” Es importante recordar que esos aspectos, luces y sombras, que constituyen tu autoimagen no son tu identidad. Esas energías forman parte de ti pero tú eres la conciencia en la que tienen cabida, el amor que puede comprenderlas y el potencial de ser en el que pueden expresarse. Toma la distancia del observador que contempla sin juzgar y vete al encuentro de los sentimientos no aceptados o energías en la sombra empezando por estar atento a los momentos en los que se muestran.

 “Te sientes mal pero te resulta muy difícil hablar de tus sentimientos, notas un miedo exagerado, sientes ganas de llorar sin razón aparente, sin saber cómo conviertes un debate en una riña y te notas agresivo, aún teniendo razónes para entusiasmarte estás apático, tu mente parece quedarse en blanco y te bloqueas, sientes un rechazo irracional por algunas situaciones o personas, etc...” Reacciones de este tipo posiblemente están indicando su presencia.

Una forma de dialogar con esas emociones soterradas es la escritura. Prueba a responder y completar, de forma automática, sin censurar lo que llega a tu mente, las siguientes preguntas y frases inacabadas: “Me estoy sintiendo muy (avengonzado, culpable, enfadado, temeroso, etc…) ahora. No debía decir esto pero …  ¿Qué aspectos de ese tú mismo que presientes no terminas de permitir que se hagan presentes? ¿Qué parte apartada de ti no te atreves a amar abiertamente? ¿Con qué ámbitos de la vida no logras una relación cordial? ¿Qué es lo que aún debe ser amado para que no tenga que llamar tu atención disfrazado de conflicto y de dolor? ¿Qué es lo que aún no encuentra un lugar en tu corazón?”

De lo que se trata, principalmente, es de darte permiso para expresarte y sentir conscientemente determinadas energías emocionales hasta ahora rechazadas. Es un proceso en el que tiene que darse una implicación mental, emocional y corporal.

2.- Experimenta el sentimiento, afírmate en la intención de liberarlo, sigue su rastro y descubre su intención positiva:

Es un ejercicio de recogimiento en el que ofreces apoyo y consideración a eso que aún no han encontrado forma de expresión. Son aspectos de ti que abandonaste porque te sentías muy avergonzado o culpable por ellas en el pasado. Experiencias que no se resolvieron y dejaron residuos emocionales negativos que se muestran ahora como impulsos de tu cerebro más primario. Situaciones que no se vivieron en base a la razón sino a sentimientos intensos relacionados con la supervivencia. Es energía que ha de ser liberada y purificada a la luz de tu compasión.

Date tiempo para estar en silencio y quietud, inspirando y expirando sin pausa y en disposición de permitir, sin enjuiciar, que se muestre la frustración, la rabia, la impotencia, la pena, la indignación o cualquier otra emoción palpitando en tu interior. Cuando empieces a percibir esa energía sigue su rastro. ¿Cómo la sientes? ¿En qué parte de tu cuerpo se hace presente? Obsérvala y acompáñala permitiéndole ser a su manera. Gruñir, gritar, saltar, bailar o estirar tu cuerpo, son formas seguras de promover el movimiento de esas energías.

Y cuando estés sintiéndola más claramente, pregúntale: ¿cuál es tu positiva intención? ¿Qué estás queriendo aportar a nuestra vida? ¿Qué es lo que deseas expresar? ¿Qué valor estás queriendo preservar? Permanecer con esa energía, sin juzgarla, puede abrirte a algún tipo de intuitiva comprensión sobre cuál fue la interpretación que te llevó a bloquear su desarrollo e impedir su manifestación.

3.- Abrete a la comprensión y encuentra formas constructivas de integrar esas facetas en tu vida:

Desde esta compasiva perspectiva contempla ese aspecto de ti en la luz de lo que es y afírmate en la confianza de encontrar saludables cauces de expresión para resolver su agitación. Quizás esa “pereza” que tan poco te gusta puede estar queriendo incorporar a tu vida más saludable tiempo de ocio o ese “pronto rabioso” lo que busca es que te respetes más y seas más asertivo. Las formas en las que aparecen esas facetas resultan nocivas pero si entiendes su intención positiva, si descubres sus cualidades, puedes encontrar maneras constructivas de integrarlas en tu vida. La cuestión es que puedas gestionar conscientemente esas energías en la dirección que te parezca más adecuada.

Por último te sugiero leer. en el capítulo ocho de mi libro,  un breve relato protagonizado por SirenaSerena y Ogro Logro . Esos dos personajes representan, en forma metafórica, la parte de uno mismo que es capaz de escuchar y comprender los más profundos sentimientos y la faceta que está escondida por haber sido rechazada y se rebela creando problemas. En ese capítulo se incluye además una meditación guiada, titulada “Descendiendo a lo máshondo” cuya audición comparto aquí contigo por si te puede resultar inspiradora.


Emociones tan intensas se revelan sólo un poco cada vez así que tienes que ser paciente contigo mismo. Recuerda que esas facetas que estás intentando liberar son enriquecedoras energías que te ayudarán a sentirte pleno pues son parte de la vida que eres. En este sentido, cuando te tropieces con algún aspecto de tu “sombra” te propongo preguntarte: ¿qué queda por honrar? Y si como respuesta puede escucharse algo triste, algo enfadado, o algo por algún miedo aprisionado, te sugiero perseverar en la práctica de estos ejercicios.

Eres vida y, por tanto, en ti hay infinitas facetas. Si quieres conocerte prepárate para sorprenderte. Si quieres comprenderte empieza por amarte.

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.



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sábado, 15 de noviembre de 2014

Seis pasos para tomar decisiones serenamente

Nuestra vida está llena de posibilidades y continuamente estamos eligiendo. Pero cuando nos damos tiempo para pensarlo, con frecuencia, aparece el miedo a equivocarnos. Nos pedimos tomar decisiones acertadas pero esa pretensión es un callejón sin salida. Nadie puede asegurar que una decisión fue correcta o incorrecta pues no sabemos que nuevas opciones se hubieran planteado si la decisión hubiera sido otra.

Además cada decisión implicará consecuencias positivas y negativas. Para comprobarlo te invito a realizar una lista de las cinco mejores decisiones que creas haber tomado en tu vida. Y una segunda lista con las cinco peores elecciones. Después describe las cosas buenas que hayan resultado de las malas elecciones y las cosas malas que hayan aparecido con las buenas decisiones. La próxima vez que tengas que tomar una decisión importante recuerda este ejercicio y piensa que lo realmente esencial es tener en cuenta que, tras cualquier decisión, podrás seguir eligiendo cómo afrontar las consecuencias y eso abrirá nuevos caminos y oportunidades.

Hoy, junto a estos primeros planteamientos, también quiero compartir contigo un itinerario de seis pasos para decidir con serenidad. A mi me resulta muy útil y espero que a ti también te ayude:

Paso 1.- Describe, por escrito, la situación sobre la que tienes que decidir. Una vez volcado en el papel todo lo que sepas sobre el asunto, ordena esa información y resume lo escrito reduciéndolo a lo más esencial. Como si tuvieras que explicárselo a otra persona en un minuto. Aquí te indico algunas preguntas que te ayudarán en este primer paso: ¿Cuál es la situación? ¿Por qué y para qué necesito tomar esta decisión? ¿Qué ocurrirá si no la tomo? ¿Qué tiempo tengo para decidirme? ¿Qué información necesito? ¿Entre cuantas opciones puedo decidir?

Paso 2- Cuando vayas a tomar una decisión pregúntate desde qué emoción la estás tomando. Se prudente si te mueve el odio o un profundo dolor. Te sugiero que te repases el artículo “Cincopasos para una buena gestión emocional” si estás en una situación así. Elegir siempre incluye, al menos mientras estás decidiéndote, entrar en una zona de incertidumbre. Deja que aparezca esa incertidumbre, siéntela y acéptala como parte del proceso, pero mantenla en la intensidad adecuada para que no te bloquee. Te ayudará tener claro cuanto antes la verdadera importancia del asunto sobre el que vas a decidir. Puedes lograrlo respondiendo a estas preguntas: ¿Estoy ante una decisión de vida o muerte? ¿Qué importancia tiene? ¿Se producirán cambios importantes en mi vida en función de la decisión que tome? ¿Qué es lo que realmente está en juego? ¿Qué es lo que más temo que suceda?

Paso 3.- Trata de ampliar las opciones que han aparecido en un primer momento, buscando puntos de vista alternativos. Usa tu creatividad. Por ejemplo imagina qué decidiría un niño, un árbol, alguien que tú admiras, un anciano, etc… Y escucha a todos los aspectos de ti mismo. ¿Qué te dice tu intuición? ¿Qué parece lo más razonable? ¿Cuál es la decisión más fácil? ¿Cuál la que más te entusiasma? ¿Cuál es la decisión que sientes más tuya? ¿Hay alguna decisión que atendería todos estos aspectos o la mayoría de ellos?

Paso 4.- Cuando veas más clara una opción pregúntate qué te mueve a decidirte por ella. Qué valores o qué prioridades te llevan a esa decisión. Teniendo en cuenta tus sueños y el tipo de vida que estás queriendo construir, ¿de qué manera afectaría tu decisión a esa trayectoria? De esta forma tendrás la seguridad de que lo que elijas, más allá de las consecuencias imprevistas, o la dificultad del momento, te ayudará a sentirte en paz contigo mismo. ¿Esta decisión te acerca más a tu visión? ¿Saca lo mejor de ti y te permite seguir creciendo?

Paso 5.- Consúltalo con la almohada. Los científicos explican que mientras soñamos -en la fase REM del sueño- nuestro cerebro suaviza las emociones dolorosas almacenadas en la memoria. Al despertar con menos carga emocional nos sentimos más capaces de tomar decisiones.

Paso 6.- Recuerda, una vez más, que estás buscando una decisión lo suficientemen te buena con la información que tienes en este momento y no la solución perfecta. Recuerda también que no tomar una decisión es tomar la decisión de que decidan otros o la vida y eso igualmente tendrá sus ventajas e inconvenientes. Considerado todo esto, renueva la confianza en tu sabiduría interior. Te invito a leer y poner en práctica el fragmento de “Loque el corazón quiere contemplar” que transcribo a continuación:  
Si miras el camino que has ido dejando atrás, comprenderás que infinitos son los elementos que han posibilitado tal caminar. Infinito el caudal de energía desplegándose en luces y sombras, dimensiones, rumbos y geometrías. Infinita vida haciéndose y deshaciéndose para ir tejiendo la singular trama de tu laberinto vital.
Tras esta contemplación puedes entender que desde la puntual e individual perspectiva no hay suficiente visión para determinar qué es digno de amor y qué no merece tal distinción. Así puedes llegar a comprender que para seguir creciendo tienes que confiar en la inteligencia de tu corazón, que es potente energía que convoca a la integración.
Con este ánimo, cada vez que te sientas en conflicto o te resulte difícil asumir con serenidad una situación, ubícate en ese círculo cordial y convoca su vibración para expandir tu percepción de la situación, recitando la siguiente afirmación:
Confío en la inteligencia de mi corazón donde encuentro conocimiento y efectiva disposición para, aquí y ahora, vibrar en sintonía con todo lo que es y encontrar creativos cauces de acción desde la paz y la libertad de ser.”

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.


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"En el fondo de tu corazón están esperando los sueños no cumplidos y todo el amor que aún no ha podido ser. Date permiso para vivirlos." (“Lo que el corazón quiere contemplar”) 

Ahora, a tu alcance, un apoyo para el despertar de tu consciencia: “Lo que el corazón quiere contemplar” Un libro, para  leer y practicar, que expandirá tu poder creador y promoverá la conexión con la inteligencia de tu corazón. 

Puedes leer fragmentos o el libro completo, escucharlo en audio, descargar en ebook, todo gratuitamente aquí.

miércoles, 11 de junio de 2014

Decálogo de buenas prácticas para recibir críticas y salir airoso del reto

Se cuenta que, el último día de curso, un alumno se acercó a su maestro y, en un tono desafiante, le dijo: "Profesor, lo que más me alegra de haber terminado las clases es que ya no tendré que escuchar sus tonterías ni ver su aburrida cara." Y con semblante arrogante, esperó que el maestro reaccionara ofendido y descontrolado.

 Pero el profesor miró al alumno por un instante y en forma muy tranquila le preguntó: "¿Cuando alguien te ofrece algo que no quieres, lo recibes?" El muchacho quedó desconcertado con la pregunta y, en tono despectivo contestó: "¡Por supuesto que no!"
"Bueno", prosiguió el profesor. "Cuando alguien intenta ofenderme o me dice algo desagradable, me está ofreciendo algo que puedo decidir no aceptar."

"No entiendo a qué se refiere", dijo el alumno confundido. "Muy sencillo", replicó el profesor. "Tú me estás ofreciendo rabia y desprecio, y, si yo me siento ofendido o me pongo furioso, estaré aceptando tu regalo. Y yo prefiero obsequiarme mi propia serenidad."

"Muchacho", concluyó el profesor, "tu rabia pasará, pero no trates de dejarla conmigo, porque no me interesa. No puedo controlar lo que  llevas en tu corazón, pero de mí sí depende lo que yo cargo en el mío. No obstante, estaré encantado de recibir de ti una crítica constructiva y estudiaré con atención tus propuestas para mejorar mi trabajo."

Me gusta esta historia porque pone el acento en la libertad que cada cual sostiene para elegir qué recibe y qué rechaza, de todo aquello que le llega de los demás. Considero que recordar esa libertad es una de las llaves para no sentirte preso de las opiniones ajenas. Dado que críticas siempre habrá y entendiendo que son importantes para evolucionar, la buena noticia es que se puede aprender a mejorar la habilidad de recibirlas y, como consecuencia de este aprendizaje, mejorar también la forma de hacerlas y entregarlas. 

Hoy quiero compartir contigo diez pautas, a modo de decálogo de buenas prácticas, para recibir críticas y salir airoso del reto:

1.- Cuando compruebes que alguien quiere ofrecerte un juicio crítico, recuerda tu libertad de elegir recibirlo o no. Si decides aceptarlo evalúa si es el momento, el lugar adecuado y si estás preparado emocionalmente. Puedes aceptar escucharle pero pedir tener esa conversación en otras condiciones. Cuando sea ese encuentro procura comprobar que estás físicamente relajado y centrado en el momento presente para no reaccionar en función de otros acontecimientos del pasado.

2.- Antes de esa conversación, recuerda que lo que te van a ofrecer son opiniones y no una verdad absoluta. Puedes discrepar en todo o en parte y también estar de acuerdo. Recuerda además que las opiniones que los demás tienen de ti no te definen. Les definen a ellos, al modo en que son capaces de contemplarte. Evalúa qué autoridad concedes a esas opiniones. Establecer esto de antemano te ayudará a mantenerte más centrado.

3.- Cuando ya estés escuchando, si lo consideras adecuado, puedes poner límites en esa conversación para que sea más efectiva y más fácil de sobrellevar. Por ejemplo, no permitas que te etiqueten,  generalicen, exageren o te adscriban intenciones o motivos que no tienes, con frases como: “Tú eres …” “Siempre…” “Todo es un desastre…” o “Ya se sabe que lo que tú intentas es ….” Para la conversación y pide que se atengan a hechos concretas y que te pregunten por tus motivos en vez de suponerlos.

4.- Ante las críticas es fácil ponerse a la defensiva y dejar de escuchar atentamente. Para evitarlo, mantén una respiración pausada y equilibrada, cambia de postura para estar más relajado y si te es posible, incluye pausas para tomar algún sorbo de agua. A veces, puedes sentirte mal porque quien está haciendo la crítica te está culpabilizando de sus sentimientos con frases como “me haces sentir así …” Frena esa actitud y responsabilízate de tus actos pero pídele también a la otra persona que se responsabilice de su respuesta ante dichos actos tuyos.

5.- Pregunta todo lo que no te resulte claro o evidente. Con esas preguntas ayudarás a centrar el tema en hechos concretos, podrás entender mejor los puntos de vista de quien te está juzgando y el estado emocional desde el que se expresa. De vez en cuando, expresa en tus propias palabras, lo que estás interpretando de lo escuchado, para que el otro compruebe si le estás entendiendo bien. Especifica todo aquello que comprendes pero aún así no compartes. Y acepta los puntos válidos, las cosas en las que estás de acuerdo.

6.- Incluye en la conversación, un tiempo de debate sobre lo expuesto. Un tiempo para analizar tanto las consecuencias positivas de las posibles soluciones como las consecuencias negativas de lo que no se quiera, se sepa o se pueda cambiar. Pero evita entrar en amenazas, responder con críticas sobre otros asuntos o involucrar a personas que no están presentes. Si crece demasiado la tensión emocional, por el bien de la conversación, pide un poco de tiempo y que se reanude el encuentro cuando todos estéis más tranquilos.

7.- Si no te ofrecen propuestas de mejora, pídelas tú. No aceptes quedarte sólo con las quejas y pasa al terreno de las posibles soluciones, utilizando la frase: “Teniendo en cuenta todo lo que me estás diciendo, ¿qué crees tú que podría hacer para ….?”

8.- Si la persona que te hace la crítica te pide una respuesta y no te sientes cómodo en ese momento, tómate tu tiempo para dársela. De la misma forma que él ha tenido tiempo para pensar su crítica también tú tienes derecho a tu tiempo para reflexionar.

9.- Si la crítica ha sido constructiva y expresada con respeto,  agradece el esfuerzo que el otro ha hecho compartiendo sus opiniones y brindándote la oportunidad de conocer otros puntos de vista.

10.- Una vez acabada la conversación atiéndete. Quédate un rato contigo mismo y observa cómo te sientes. Recuérdate, mientras respiras pausadamente, que sigues teniendo el mismo valor como persona que antes de la conversación. Pon tu foco de atención, durante un rato, en aspectos de tu vida que estén yendo bien, en acciones de las que te sientas orgulloso y reconoce tu esfuerzo. Luego, si como consecuencia de la conversación, notas restos de enfado, rabia, vergüenza o resentimiento en tu interior, procura soltarlos. Sal a caminar, baila o haz algún ejercicio de respiración consciente en el que con cada expiración imaginas que sueltas la energía sobrante y con cada inspiración te llenas de tranquilidad. Por último, cuando te encuentres en paz, toma nota de todo lo aprendido y si consideras adecuado hacer algún cambio, ponte manos a la obra, con un sentimiento de agradecimiento por la posibilidad de aprender y mejorar.

Las críticas vienen y se van. Y tú no eres un éxito o un fracaso, sino una persona siempre capaz de aprender y crecer. Espero que estas sugerencias te resulten útiles. Gracias por leerme. Hasta pronto.


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"En el fondo de tu corazón están esperando los sueños no cumplidos y todo el amor que aún no ha podido ser. Date permiso para vivirlos." (“Lo que el corazón quiere contemplar”) 

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