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martes, 19 de mayo de 2015

¿Resolver el problema o resolverte con el problema?

Se cuenta que “al bajar de la terraza de su casa, donde acababa de hacer la siesta, Nasrudín da un traspiés al pisar un escalón y rueda escaleras abajo.
- Pero ¿qué pasa? - le grita su mujer que, desde la cocina, ha oído el ruido de su caída.
- Nada importante - responde Nasrudín, poniéndose en pie como puede - Ha sido mi abrigo que se ha caído por la escalera.
- ¿Tu abrigo?.. pero ¿y ese ruido?
- El ruido ha sido porque yo iba dentro.

Cuando leí este cuento de la tradición sufí, además de sonreír, pensé que, a veces, vemos los problemas como algo que sucede fuera de nosotros, algo que padecemos pero con lo que tenemos poco que ver. Sin embargo, si observas tu experiencia, verás que los problemas, las dificultades y los conflictos no existen de una forma independiente a lo que eres y a tu evolución personal.

Quizás algunas de las preocupaciones de tu infancia ahora te provocan una sonrisa. Y si has experimentado un mismo conflicto en dos etapas diferentes de tu vida, probablemente, la vivencia, en ambos casos, habrá sido distinta. De la misma manera, dependiendo de sus creencias religiosas o tradiciones culturales, dos personas pueden afrontar una misma circunstancia como problemática o no.

Eso es así porque los problemas no se pueden separar de quien los percibe ya que es esa persona quien, en primer lugar, etiqueta el asunto como problema y en segundo lugar, decide como relacionarse con ello.

Por todo esto, cuando estoy en un problema, no tomo como objetivo resolverlo sino resolverme con el problema. Llamo resolverme a descubrir qué desafío tengo por delante, qué recursos voy a tener que desarrollar, que aprendizajes tendré que asumir, que cambios tendré que promover, etc… Le doy este enfoque, en primera persona, porque entiendo que la situación está relacionada con algo en lo  que yo puedo superarme y por lo tanto es una oportunidad para crecer. Y lo formulo como un reto: El de encontrar los caminos que me lleven del territorio problema en el que estoy enredada sintiendo perturbación, al territorio solución, en el que habiéndome expandido mi potencial, me siento en paz.

Como siempre me ha resultado muy útil esta perspectiva, hoy quiero compartir contigo los cinco pasos del ejercicio que denomino “resolverme con el problema”.  Te animo a practicarlo con algún conflicto presente en tu vida en este momento y espero que también para ti, sea de ayuda:

Primer paso:

Descubre y observa bien el territorio en el que eres parte del problema:

1.- Empieza definiendo lo que te preocupa: ¿En qué consiste el problema? ¿En qué áreas de tu vida o en relación a qué personas se manifiesta? ¿Cuándo aparece o se repite? ¿Qué forma toma? ¿Qué crees que lo causa? Escribe las respuestas y añade todos los detalles que te parezcan importantes sobre la situación.

2.- Toma conciencia de la postura física, mental y emocional que tomas ante la situación:  ¿Quizás tienes miedo a la situación percibida, sensación de islamiento, separación, exclusión, necesidad de protección o defensa, dificultades de comunicación, confusión, desconfianza o bloqueo? Colócate delante de un espejo, cierra los ojos, sigue pensando en el conflicto mientras dejas que surjan las emociones que acompañan a ese pensamiento y aún con los ojos cerrados trata de encontrar la postura corporal que mejor exprese esa vivencia. Después, sin moverte abre los ojos y observa tu gesto en el espejo.

3.- Analiza cómo han sido tus primeras reacciones al percibir el problema: ¿Te has negado a verlo? ¿Has cerrado los ojos y te has dicho a ti mismo que todo está bien? ¿Has reconocido el conflicto pero no te has decidido a afrontarlo? ¿Te estás buscando ocupaciones para retrasar  o evitar hacer lo que crees que debes hacer? ¿Estás evitando tu responsabilidad culpabilizando a otros? ¿Te está bloqueando la propia culpa? ¿Has decidido resignarte para evitar enfrentamientos? ¿Has actuado impulsivamente y aún se ha complicado más el asunto?

Segundo paso:

Afírmate en tu propósito:
Ahora ya tienes más consciencia de todo lo que supone para ti esta vivencia. Y mientras estás sintiendo estas emociones y percibiendo la tensión de tu postura en esta experiencia, afírmate en el propósito de resolverte hasta lograr salir de este territorio y encontrarte en el de la solución. Para ir hasta allí necesitas conocer ese lugar en todas sus dimensiones y eso supone dar otro paso más de la mano de tu imaginación.

Tercer paso:

Descubre y observa bien el territorio en el que eres parte de la solución:

1.- Empieza imaginando como es tu vida ahora que te has resuelto con este desafío: ¿Cómo marchan las cosas? ¿Qué cambios se han dado en las áreas en las que te sentías en conflicto? ¿Qué has aprendido, qué has logrado? Visualiza un día completo en el territorio solución y escribe todos los detalles que te parezcan importantes.

2.- Toma conciencia de la postura física, mental y emocional que tomas siendo parte de la solución: ¿Quizás te sientes en paz, en armonía con la situación que percibes? ¿Vives un clima de aceptación, integración, tolerancia y unidad de propósito con las personas involucradas? ¿Sientes motivación, confianza y coherencia entre lo que piensas, sientes y haces? ¿Notas una sensación de fluidez y buena comunicación? Y ahora, otra vez delante del espejo, cierra los ojos y visualízate como protagonista de la solución. Piensa y siente esa situación estupenda, fluída, en la que todo está bien. Disfruta imaginándolo y trata de encontrar la expresión corporal que mejor manifieste esa vivencia. Luego, abre los ojos sin moverte y obsérvate en esa postura reflejada en el espejo. 

3.- ¿Qué acciones estás llevando a cabo?:  Mientras sigues imaginándote en el territorio solución, pregúntate: ¿Qué es lo que he hecho diferente para no quedarme atascado en el territorio problema?¿Qué recursos he utilizado? ¿Qué cualidades he desarrollado? ¿Qué ayudas he buscado? ¿Qué limitaciones he superado y cómo lo he logrado? Anota todo lo que te parezca más relevante.

Cuarto paso:

Mira hacia atrás, desde el territorio solución al territorio problema y descubre el sendero: ¿Cuál fue el paso antes de llegar a resolverte? ¿Y el anterior? Recorre el camino en sentido contrario hasta llegar otra vez al territorio problema y anota todo lo que vas imaginado. Con esto ya tienes una buena base para trazar tu plan de acción. Pasa a tu agenda todas las acciones, por pequeñas que sean, que te han ayudado a alcanzar el territorio solución.

Quinto paso:

Entra en acción: Paso a paso lleva a cabo todo lo que has planeado. Ahora ya puedes enfocar la situación como lo haces cuando tienes una ilusión, un sueño que quieres hacer realidad. La insatisfacción del territorio problema te ha permitido discernir más claramente los cambios que deseas. Y ahora, con perseverancia, vas a tratar de hacerlos realidad. Mientras avanzas por ese camino, sobre todo en las acciones que te resulten más difíciles de realizar, recuerda la postura física, el gesto que viste en el espejo, cuando te imaginabas en el territorio solución y trata de adoptarlo lo mejor que puedas, incorporando lo más posible las sensaciones más agradables de esa postura. Recuerda que lo que estás haciendo es desarrollar nuevas capacidades cuyas semillas ya están en ti. Reafírmate, a cada paso, en la idea de resolverte.

Puedes pasar mucho tiempo sumando los problemas sin ver todas las capacidades que ellos te empujan a multiplicar. Y también puedes ver cualquier dificultad como una lección de vida, como un desafío que necesitas afrontar para superarte y crecer. ¡Aprovecha la oportunidad!

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.


      
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sábado, 18 de abril de 2015

Del rechazo a la reconciliación: Cómo abrazar tu sombra emocional

En la imagen idealizada de nosotros mismos, esa que vamos construyendo día a día desde la infancia,  sólo damos cabida a todo aquello de lo que nos sentimos orgullosos, dejando fuera lo que nos avergüenza y asusta. Sin embargo, esos oscuros aspectos nos siguen como nuestra propia sombra pues forman parte de nosotros.


Hace un tiempo encontré el vídeo que AQUÏ puedes ver y, más allá de despertarme una sonrisa y mucha ternura, lo entendí como una metáfora del encuentro del ser humano con su sombra emocional.

Como el niño del vídeo sentimos malestar ante facetas de nosotros mismos que surgen inesperadamente y no nos gustan. “¿Cómo puedo estar sintiendo esta envidia? No tengo derecho a enfadarme así.  ¿Cómo se entiende que sienta miedo a estas alturas de mi vida? ¡Este entusiasmo no es normal! Tengo que frenar estos sentimientos. Ya no soy un niño, no puedo reaccionar así. Esto no es aceptable, …” nos decimos cuando vemos peligrar la foto fija de nuestra mejor versión, esa que estamos interesados en mostrar a los demás.

Desde niños, para ser aceptados y queridos, es decir para sentirnos protegidos por los adultos de nuestro entorno, intentamos ser buenos y perfectos, ocultando todo aquello que no es aprobado por los demás. De esta manera logramos la seguridad que buscamos pero a costa de encerrar en el cuarto oscuro del inconsciente valiosa energía que, tarde o temprano, reclamará nuestra atención. Pues nos guste o no, somos lo que mostramos y lo que queda oculto. Un precioso misterio evolucionando creativamente aunque no terminemos de entenderlo.

Solo nos sentimos plenamente vivos cuando aceptamos nuestra vida con todos sus matices. Tanto silencio y sombra como canción y luz. Para lograrlo necesitamos reconciliarnos con esos aspectos desterrados de nuestro ser. Darles cabida en nuestra conciencia,  iluminarlos con la luz de la compasión y así, atrevernos a mirar y dejarnos ver.

Con esa intención hoy quiero compartir contigo algunas reflexiones, sugerencias y ejercicios que te ayudarán a rescatar toda esa energía y reelaborar positivamente su expresión:

“Aunque en apariencia solo parezca que te has quedado atascado en el fondo de un conflicto o evento catalogado como problema, esa apariencia solo será el preámbulo de un magnífico acontecimiento: algo que en ti parece sombrío e inconsciente, algo que permanece oculto y que al mostrarse inquieta, va a ser, a la luz de tu serena compasión, bien acogido, y por amado, comprendido.  ¿Dispuesto a moverte en esta dirección?” (Lo que el corazónquiere contemplar)

1.- Tomar conciencia y darte permiso para sentir:

Como decía Antonio Machado: “Toda visión requiere distancia. No hay manera de ver las cosas sin salirse de ellas.” Es importante recordar que esos aspectos, luces y sombras, que constituyen tu autoimagen no son tu identidad. Esas energías forman parte de ti pero tú eres la conciencia en la que tienen cabida, el amor que puede comprenderlas y el potencial de ser en el que pueden expresarse. Toma la distancia del observador que contempla sin juzgar y vete al encuentro de los sentimientos no aceptados o energías en la sombra empezando por estar atento a los momentos en los que se muestran.

 “Te sientes mal pero te resulta muy difícil hablar de tus sentimientos, notas un miedo exagerado, sientes ganas de llorar sin razón aparente, sin saber cómo conviertes un debate en una riña y te notas agresivo, aún teniendo razónes para entusiasmarte estás apático, tu mente parece quedarse en blanco y te bloqueas, sientes un rechazo irracional por algunas situaciones o personas, etc...” Reacciones de este tipo posiblemente están indicando su presencia.

Una forma de dialogar con esas emociones soterradas es la escritura. Prueba a responder y completar, de forma automática, sin censurar lo que llega a tu mente, las siguientes preguntas y frases inacabadas: “Me estoy sintiendo muy (avengonzado, culpable, enfadado, temeroso, etc…) ahora. No debía decir esto pero …  ¿Qué aspectos de ese tú mismo que presientes no terminas de permitir que se hagan presentes? ¿Qué parte apartada de ti no te atreves a amar abiertamente? ¿Con qué ámbitos de la vida no logras una relación cordial? ¿Qué es lo que aún debe ser amado para que no tenga que llamar tu atención disfrazado de conflicto y de dolor? ¿Qué es lo que aún no encuentra un lugar en tu corazón?”

De lo que se trata, principalmente, es de darte permiso para expresarte y sentir conscientemente determinadas energías emocionales hasta ahora rechazadas. Es un proceso en el que tiene que darse una implicación mental, emocional y corporal.

2.- Experimenta el sentimiento, afírmate en la intención de liberarlo, sigue su rastro y descubre su intención positiva:

Es un ejercicio de recogimiento en el que ofreces apoyo y consideración a eso que aún no han encontrado forma de expresión. Son aspectos de ti que abandonaste porque te sentías muy avergonzado o culpable por ellas en el pasado. Experiencias que no se resolvieron y dejaron residuos emocionales negativos que se muestran ahora como impulsos de tu cerebro más primario. Situaciones que no se vivieron en base a la razón sino a sentimientos intensos relacionados con la supervivencia. Es energía que ha de ser liberada y purificada a la luz de tu compasión.

Date tiempo para estar en silencio y quietud, inspirando y expirando sin pausa y en disposición de permitir, sin enjuiciar, que se muestre la frustración, la rabia, la impotencia, la pena, la indignación o cualquier otra emoción palpitando en tu interior. Cuando empieces a percibir esa energía sigue su rastro. ¿Cómo la sientes? ¿En qué parte de tu cuerpo se hace presente? Obsérvala y acompáñala permitiéndole ser a su manera. Gruñir, gritar, saltar, bailar o estirar tu cuerpo, son formas seguras de promover el movimiento de esas energías.

Y cuando estés sintiéndola más claramente, pregúntale: ¿cuál es tu positiva intención? ¿Qué estás queriendo aportar a nuestra vida? ¿Qué es lo que deseas expresar? ¿Qué valor estás queriendo preservar? Permanecer con esa energía, sin juzgarla, puede abrirte a algún tipo de intuitiva comprensión sobre cuál fue la interpretación que te llevó a bloquear su desarrollo e impedir su manifestación.

3.- Abrete a la comprensión y encuentra formas constructivas de integrar esas facetas en tu vida:

Desde esta compasiva perspectiva contempla ese aspecto de ti en la luz de lo que es y afírmate en la confianza de encontrar saludables cauces de expresión para resolver su agitación. Quizás esa “pereza” que tan poco te gusta puede estar queriendo incorporar a tu vida más saludable tiempo de ocio o ese “pronto rabioso” lo que busca es que te respetes más y seas más asertivo. Las formas en las que aparecen esas facetas resultan nocivas pero si entiendes su intención positiva, si descubres sus cualidades, puedes encontrar maneras constructivas de integrarlas en tu vida. La cuestión es que puedas gestionar conscientemente esas energías en la dirección que te parezca más adecuada.

Por último te sugiero leer. en el capítulo ocho de mi libro,  un breve relato protagonizado por SirenaSerena y Ogro Logro . Esos dos personajes representan, en forma metafórica, la parte de uno mismo que es capaz de escuchar y comprender los más profundos sentimientos y la faceta que está escondida por haber sido rechazada y se rebela creando problemas. En ese capítulo se incluye además una meditación guiada, titulada “Descendiendo a lo máshondo” cuya audición comparto aquí contigo por si te puede resultar inspiradora.


Emociones tan intensas se revelan sólo un poco cada vez así que tienes que ser paciente contigo mismo. Recuerda que esas facetas que estás intentando liberar son enriquecedoras energías que te ayudarán a sentirte pleno pues son parte de la vida que eres. En este sentido, cuando te tropieces con algún aspecto de tu “sombra” te propongo preguntarte: ¿qué queda por honrar? Y si como respuesta puede escucharse algo triste, algo enfadado, o algo por algún miedo aprisionado, te sugiero perseverar en la práctica de estos ejercicios.

Eres vida y, por tanto, en ti hay infinitas facetas. Si quieres conocerte prepárate para sorprenderte. Si quieres comprenderte empieza por amarte.

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.



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