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domingo, 23 de abril de 2017

Deshaciendo el apego ciego a un pensamiento

En un relato de la tradición hindú se cuenta de “un hombre que tenía un hijo al que amaba profundamente. Por algún motivo se vio obligado a viajar y tuvo que dejar a su hijo en casa. El niño tenía ocho años y su padre lo amaba profundamente. 

Habiéndose enterado de la partida del dueño de la casa, unos bandoleros aprovecharon su ausencia para entrar en ella y robar todo lo que contenía. Descubrieron al jovencito y se lo llevaron con ellos, no sin antes incendiar la casa.

Cuando el padre regresó a su hogar se encontró con la casa derruida por el incendio. Alarmado, buscó entre los restos calcinados y halló unos huesecillos, que dedujo eran los del cuerpo abrasado de su hijo. Con ternura infinita, los introdujo en un saquito que se colgó al cuello, junto al pecho, convencido de que aquéllos eran los restos del niño. 

Tiempo después, el hijo logró escapar de los perversos bandoleros y, tras poder averiguar dónde estaba la nueva casa de su padre, corrió hasta ella e insistentemente llamó a la puerta.

¿Quién es? -preguntó el padre.
Soy tu hijo -contestó el niño.
No, no puedes ser mi hijo -repuso el hombre, abrazándose al saquito que colgaba de su cuello-. Mi hijo murió.
No, padre, soy tu hijo. Conseguí escapar de los bandoleros.
 Vete, ¿me oyes? Vete y no me molestes -ordenó el hombre, sin abrir la puerta y aprisionando el saquito de huesos contra su pecho. Mi hijo está conmigo.
 Padre, escúchame; soy yo.
 ¡He dicho que te vayas! -replicó el hombre-. Mi hijo murió y está conmigo. 
Y no dejaba de abrazar el saquito de huesos.”

Aunque el relato guarda un sentido metafórico, lo cierto es que más de una vez, como el protagonista del cuento, yo también he llegado a negar la realidad creyendo equivocadamente que un vínculo afectivo estaba muerto o muy deteriorado. Y he sufrido innecesariamente por encerrarme en una historia dolorosa que solo estaba sucediendo en mi imaginación. Reconozco que, en ocasiones, el apego ciego a un pensamiento, con sus nocivas consecuencias, me ha pasado inadvertido. La honesta verdad, esperando sosegadamente en mi interior, ha quedado oculta tras la densa nube de una creencia no cuestionada.

También he comprobado que no son los pensamientos quienes se aferran a mi sino yo a ellos. Lo hago cuando los convierto en creencias inamovibles o cuando, luchando contra ellos,  trato de eliminarlos sin ofrecerles comprensión. 

Cuando me atasco de esa manera en alguna historia dolorosa, luego compruebo que, mientras soy inconsciente de ello, suelo separarme del ahora, incluyendo personas y situaciones, quedarme bloqueada en mis pensamientos sobre el pasado o el futuro, a la defensiva, tensa y negativa. Y aún cuando en la superficie aparezca frustración, enfado, rabia o tristeza, debajo supura un doloroso miedo.

La buena noticia es que aunque, por distracción, aún sigo tropezando con estas piedras también voy consiguiendo evitarlas.  He aprendido a cuestionar mis pensamientos, a descubrir qué emociones los acompañan, a detectar a qué actos me impulsan y a dejarme guiar, únicamente, por los que son verdad para mi corazón en paz. Cuando logro darme cuenta y mantengo abierta mi mente, me siento, sobre todo, en armonía con el momento presente. Y mi corazón sale contento a abrazar la realidad recordando así que estoy unida a ella.

Me ayuda mucho recordar que continuamente estoy dando un particular significado a todo lo que sucede. Y que son esas ideas, esos juicios, esas valoraciones las que generan lo que siento. Cuando crep que son los demás o determinadas situaciones las que me traen sufrimiento solo veo el camino de intentar convencer y controlar para producir un cambio fuera de mi. Pero ese intento me deja en manos de los demás como víctima impotente. Cuando recuerdo que la raíz de mi malestar empieza en mi interpretación de la realidad se abre un gran campo de acción bajo mi responsabilidad.

Para rastrear el pensamiento perturbador suelo poner por escrito la descripción de los hechos y luego completo estas frases: “Y eso para mi significa que…” o “E interpreto que eso quiere decir que…” Hacer este ejercicio por escrito me ayuda a tomar distancia de lo que pienso y así me resulta más fácil comprender que esas valoraciones no son mi identidad. Como poco soy el campo de conciencia dónde tienen lugar ess ideas. De esta forma me resulta más fácil cuestionarlas.

Seguidamente paso a comprobar si realmente ese punto de vista es verdadero para mi, aquí y ahora pues a menudo mantengo creencias que fueron verdaderas en el pasado o en otras condiciones o con otras personas y las proyecto al presente sin cuestionar su veracidad actual. 

Por eso también suelo preguntarme si, en este momento, puede haber otras maneras de contemplar la situación. Y entre esas perspectivas alternativas siempre incluyo mirar la realidad más allá de cualquier juicio sobre ella.  ¿Qué sentiría, cómo lo viviría, qué haría, cómo respondería si …? Sucede que cuando acepto recibir el ahora tal como se presenta, sin juzgarlo, cada momento me muestra un puente para unirme en paz a lo que es.

Cuando doy por buena una creencia, sin investigarla conscientemente,  y ésta no coincide con lo que está sucediendo, me siento mal. La vida es continuo cambio. Cuando intento atraparla en una estática y personal idea de lo que debería ser, me alejo de la realidad. Y si considero mi punto de vista inamovible quedo prisionera de él y del sufrimiento que me genera. Así que también tengo muy en cuenta y registro en mis notas los cambios de mis emociones cuando estoy afrontando la realidad desde el marco de unos pensamientos u otros. Intento ver muy claro lo que me aporta cada creencia y hacia qué tipo de conductas me impulsa.

A veces comprendo que estoy deseando tener razón como si en eso me fuera la vida. Sin embargo, la tensión que requiere ese esfuerzo me termina agobiando y me permite ver con claridad que lo que realmente deseo es sentirme serenamente en paz. Liberarme en vez de mantenerme encerrada, abrazar en vez de rechazar, unirme en vez de separarme y amar en vez de temer.

Es un trabajo personal que tiene que ver con la soberbia de creer que tengo la información suficiente para juzgar, especialmente cuando al rastrear los pensamientos me encuentro escribiendo frases que empiezan por “el o ella deberían ser así, o deberían hacer tal cosa…” o “esto no debería estar pasando…”

En este sentido me ayuda releer algo que escribí en “Lo que el corazón quiere contemplar”: “Si miras el camino que has ido dejando atrás, comprenderás que infinitos son los elementos que han posibilitado tal caminar. Infinito el caudal de energía desplegándose en luces y sombras, dimensiones, rumbos y geometrías. Infinita vida haciéndose y deshaciéndose para ir tejiendo la singular trama de tu laberinto vital. Tras esta contemplación puedes entender que desde la puntual e individual perspectiva no hay suficiente visión para determinar qué es digno de amor y qué no merece tal distinción. Así puedes llegar a comprender que para seguir creciendo tienes que confiar en la inteligencia de tu corazón, que es potente energía que convoca a la integración.”

Así, atreviéndome a cuestionar mis pensamientos, voy deshaciendo ese apego ciego a ellos y logro abrir mi mente lo suficiente para tener en cuenta lo que está diciendo mi corazón. Entonces recurro a la quietud. Confío una vez más en que siempre hay más de una forma de percibir cada situación y decido asomarme a aquella que surja de mi más profunda paz. Así que busco un lugar tranquilo y silencioso dentro y fuera de mi. 

Comienzo relajando las tensiones que localizo en mi cuerpo, voy llevando mi respiración a un ritmo sosegado y profundo y busco la calma que hay en lo más hondo de mi conciencia. Es la paz que ya había cuando era un bebé y existía sin más. Es una sensación que cuando la buscas por un instante, simplemente en el ahora de cada respiración, brota naturalmente.

En este punto es cuando, con frecuencia, siento como si algo cediera en mi interior, como si se hubiera deshecho una resistencia. Es como si cambiase una disposición interna. Paso de estar contraída por temor dentro del caparazón de mis juicios a entregarme con inocencia a lo que es, en ese presente.

Cuando alcanzo esa vibración vuelvo al tema que estaba afrontando conflictivamente y con ánimo de expandir mi percepción de ese asunto expreso en silencio la siguiente afirmación: “Confío en la inteligencia de mi corazón donde encuentro conocimiento y efectiva disposición para, aquí y ahora, vibrar en sintonía con todo lo que es y encontrar creativos cauces de acción desde la paz y la libertad de ser.” 

Y me mantengo en silencio, con confianza hasta sentirme en paz con esa situación. A veces encuentro cauces de acción concretos, a veces simplemente dejo de necesitar responder ante esos hechos o intuyo una comprensión no traducible en palabras pero sí en un bienestar interior. 

Lo que suelo comprobar después es que las primeras reacciones surgidas de la resistencia provocan más y más resistencia dentro y fuera de mi mientras que lo surgido tras la entrega consciente genera fluidez, coincidencias y apoyos inesperados. O una aceptación tranquila cuando no aparecen cauces posibles de acción.

No siempre logro completar estos pasos que hoy he querido compartir contigo pero los momentos felices en que sí lo consigo me llevan a pensar que quizá “para comprender la vida primero hay que amarla”. Bajo los duros juicios puede haber  semillas de amorosa percepción esperando brotar. Y está en nuestra mano permitir  que les alcance la claridad de la comprensión,  la cálida luz que emana de la inocencia en nuestro corazón.

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach personal


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domingo, 13 de marzo de 2016

Todo está en camino: Apuntes a pie de ruta

En un sentido amplio, considero que viajar es la respuesta al deseo de extender el propio horizonte. Desde esta perspectiva, entiendo que la vida es una gran viajera y por eso, todo lo que ella abarca, incluido el ser humano, está siempre en camino.  Cada cual anda sus pasos y, entre todos, hacemos avanzar la vida.

Cuando miro a mi alrededor veo aventureros de todo tipo y condición. Los contemplo diciendo adiós, compartiendo mapas, tomando atajos, embarcándose y embarrancándose. Y mientras los observo yo misma avanzo, me paro, consulto el rumbo o, en algún recodo, me desoriento. 

Sonrío al recordar unos versos de Gloria Fuertes, describiendo estas prisas de viajeros….

“La tierra como león enjaulado
da vueltas alrededor del Sol
con su cadena de hombres.
Desde que hemos nacido viajamos
a ciento doce mil kilómetros por hora;
la Tierra no se para,
y sigue dando vueltas,
por eso hay tanto viento
por eso hay olas
por eso envejecemos tan deprisa,
por eso estamos locos,
porque toda la vida haciendo un viaje sin llegada
cansa mucho los nervios.”

Creo que todos somos exploradores pisando suelos de selvas vírgenes, junglas urbanas o cuevas del paisaje interior. Recorremos rutas físicas, mentales, emocionales y espirituales y, como somos humanos, lo hacemos poniéndole tripas, alma y corazón, además de algo de lógica razón. Así vamos de un sentimiento a otro, de una debilidad a una fortaleza, de un sueño a un logro, de una frustración a una esperanza, dejándonos por el camino la piel a cambio de experiencia.

En mi libro “Lo que el corazón quiere contemplar” describo, utilizando un lenguaje metafórico, mi propio viaje interior.  “Ver lo que el corazón quiere contemplar tiene relación con permitirte ser y con ampliar la conciencia de esa vida en expansión.”  Un movimiento que tiene continuación en mi labor como coach personal, acompañando a otras personas en algunos tramos críticos de sus propias andaduras. Apoyándome en estas experiencias, por si te pueden ser útiles en tu propio periplo vital,  hoy comparto contigo algunos apuntes "a pie de ruta":

Entre puertos y horizontes:
En el viaje de la vida siempre vas a contar con horizontes que te llaman y puertos que te esperan. El deseo de ir más allá, a cualquier nivel, aparece aún cuando te sientas muy cómodo y asentado. Aunque quieras pararte al resguarde de tu zona de comodidad la vida vendrá a buscarte con un desafío para recordarte que estás vivo y puedes seguir creciendo. Si por apego a lo de siempre reprimes tu deseo de ir más allá, corres el riesgo de estar cerrando el paso a tus mejores oportunidade. Pues sin la posibilidad de superarte  frente a nuevos retos no llegarás a descubrir tu escondido potencial. Se trata de in encontrando un equilibrio entre la aceptación del presente, la comprensión de la natural dinámicadel cambio y el agradecimiento por estar vivo. “Para avanzar por la vida tendrás que tener en cuenta la tierra que pisas, pero también el sol que te ilumina, el aire que respiras y las estrellas que en la noche te orientan. Pero sobre todo tendrás que escuchar tu corazón. De su mano, podrás reconocer y agradecer el camino que te lleva, el sueño que te eleva y el alma que te anima.” (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

Haciendo el equipaje:
No dejes que el peso de lo innecesario ralentice tu avance. Ni que los cabos sueltos de la vida te aten a tu pasado. Repara, acaba o suelta los asuntos pendientes antes de empezar a transitar por una nueva ruta. Asegúrate de contar con mapas mentales que incluyan coordenadas de inocencia, curiosidad y asombro. Sea cual sea tu meta, para alcanzarla, tendrás que pisar firme en el terreno de tu realidad. Prepárate calzando tu paso con entusiasmo, amor y plena atención. Haz acopio de confianza y esperanza pues sin ellas no llegarás muy lejos. Y no olvides incluir en tu mochila una buena actitud con la que vestirte cada jornada.

Los primeros pasos:
Hay que salir a navegar para comprobar las cualidades del barco y del capitán.
Para aprender necesitas ir con la mochila repleta de curiosidad desde el llano territorio del ya lo sé hasta el empinado risco del no lo sé. Pero si lo que te pone en camino es profunda motivación que viene del corazón, despertrá tus talentos, convocará a tus valores y definirá tu propósito vital. Para empezar no necesitas saberlo todo pues hay cosas que solo podrás aprender en la experiencia. Define bien tu objetivo y elabora un plan de acción ajustado a tus necesidades. Pero recuerda que estás entrando en un terrirorio desconocido donde los límites y las reglas son nuevos, así que además de planificar, prepara tu ánimo para aceptar lo imprevisto. Sea cual sea tu objetivo, analiza previamentecuantos caminos tienes para alcanzarlos. Y abre bien los ojos pues cuando un viajero da su primer paso con determinación se pone en disposición de recibir ayudas inesperadas.  “Aprende a percibir señales de sincronicidad. Es un juego divertido que consiste en observar si, a tu alrededor, algo parece moverse con tu mismo secreto compás. Es la manifestación de que tu corazón ya está siendo centro de atracción para todo aquello afín a tu misión y que, aún sin saberlo, comparte tu visión. Si descubres tales signos acéptalos como una oportunidad para ver más allá de las probabilidades establecidas y disfrútalos, confiando en que hay variables invisibles que están apoyando tu misma intención.” (“Lo que elcorazón quiere contemplar”)

Ante tropiezos y obstáculos:
El optimismo es compatible con el realismo. Ante los negros nubarrones recuerda que pasarán y volverá a salir el sol pero, de momento, no olvides el paraguas. Si te topas con los mismos obstáculos una y otra vez, quizás es que, como una foto fija, mantienes una visión caduca de la realidad. Abre los ojos al momento presente y amplía tu perspectiva. Tendrás que desplegar las velas de tus sueños y aprovechar los vientos favorables pero, en la calma, necesitarás el motor de la paciencia. No creas que solo cuentas con los recursos desarrollados hasta ahora. ¡Nadie conoce el límite del potencial humano! ¡Puedes superarte!Las dificultades suelen llegar mezcladas con las oportunidades. Si afrontas unas descubres las otras.  “Por pertenecer a la vida podrás contar, en todo momento, con la fuerza de tu espíritu. Es una cualidad que si confiamos en ella todos podemos manifestar. Y consiste en saber encontrar algo que dar cuando parece que ya nada nos queda; y, dándolo, encontrar una puerta de salida al drama y a la adversidad. Suele ser hermosa la manera en que toma forma y presencia este poder, pues todo empieza con una pequeña decisión, un primer paso, algo sencillo pero que finalmente resulta ser la entrada a la alegría de vivir, porque la propia vida ha encontrado su rumbo verdadero. En esos momentos también podemos aprender que, para comprender la vida, primero hay que amarla. Y que hay que creer para ver, pues con fe los ojos nos mostrarán lo que nuestro corazón quiere contemplar.” (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

En momentos de desorientación:
No importa que aún no veas el final del sendero.Lo importante es que veas suficiente tramo para dar un paso más  Y que lo des. Si te has perdido a ti mismo por el camino no habrá éxito que calme tu profundo desasosiego. Vuelve a tu encuentro por la senda del silencio y la escucha compasiva. En el mar de las dudas, la propia escala de valores, cual baliza sujeta al fondo del alma, te servirá de señal orientadora. Estés donde estés, invoca el amor que eres y déjate guiar. Te llevará a casa.  Aunque a veces, perderte, puede convertirse en la mejor motivación para abrir un nuevo camino. “Además te sugiero un estribillo para repetirlo cuando el camino presente giros arriesgados, confusas bifurcaciones, abismos o pendientes: Si me pierdo, recordaré que mi rumbo está escrito en mi corazón. Y que aún en el sueño del olvido, todo a coro cantará a mi oído la canción de mi alma, la que aprendí de niño, la que canta el sueño que aún no se ha cumplido. Y cantarán así, hasta cantar conmigo en un común despertar agradecido.” (“Lo que el corazón quiere contemplar”)


Encuentros con otros viajeros:
Por mucho que viajes si no logras ir más allá de tus puntos de vista, tus horizontes seguirán siendo limitados. De poco sirve recorrer el mundo si no acortas las distancias que van de corazón a corazón Agradece la senda que otros han marcado y date permiso para ir más allá. Abre tu propio tramo del camino que quizás a otros ayudará. “Además de los senderos que recorras dentro de tus zapatos, la vida te ofrecerá la posibilidad de descubrir espacios que únicamente podrás transitar de la mano de unos cuantos sentimientos. Para embarcarse en ese tipo de aventura hay que ponerse de acuerdo para obtener un billete compartido. De ahí que sea necesaria la compañía de otro; aunque, al adquirir ese billete y emprender juntos el periplo, sucede, en algunas benditas ocasiones, que uno no sabe si el impulso del propio paso viene de tu corazón, del corazón del compañero o del mismo latir de la vida que se ha quedado enredada en tan prometedora aventura. No es que sea un solo caminar, pero es sentirse unido en un único aliento, en busca de un común sentimiento.” (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

Un alto en el camino:
¿Te gusta la persona en la que te estás convirtiendo al intentar alcanzar tus metas? De vez en cuando resulta saludable hacer un alto en el camino, observar el tramo recorrido y reconocer lo aprendido. Hay un tiempo para entrar en acción y mojarse en las aguas de la vida. Y un tiempo para contemplar tu transcurrir desde la orilla de la reflexión. 

“Andando, andando;
que quiero oír cada grano
de la arena que voy pisando.
Andando, andando;
dejad atrás los caballos, que yo quiero llegar tardando
-andando, andando-,
¡ qué dulce entrada en mi campo,
noche inmensa que vas bajando!
Andando, andando.
Mi corazón ya es remanso;
ya soy lo que me está esperando
-andando, andando;
¡que quiero ver todo el llanto del camino que estoy cantando!”
(“Andando, andando” Juan Ramón Jiménez)

Disfrutando del paisaje:
A cada paso puedes encontrar insospechada belleza que espera ser descubierta. No te ciegues mirando únicamente el horizonte soñado. Si te aburres comprueba en que parte del camino has perdido la curiosidad y vuelve a recuperarla. Si quieres mantener un buen ánimo, dirige tus pasos por las sendas de la alegría, el esfuerzo y la compasión. “No te preocupes demasiado por las apariencias. Más allá de lo que somos capaces de entender es posible intuir una belleza, una armonía y unos órdenes del amor que hablan de plenitud, paz y alegría. Cuando te desorientes busca esos vislumbres. Confía en que los encontrarás. Te voy a contar algunos que a mí me han maravillado y rescatado siempre: Escucha cantar a un coro; date cuenta de cómo son capaces de hacerse uno con sus voces. Abraza a otro ser humano, si puede ser a un niño; observa cómo eres capaz de entenderle aunque su idioma y su cultura te sean extraños. Párate en un verso; el baile de sus palabras te trasportará a una comprensión más allá de los signos. Contempla un cuadro al óleo, fija tu mirada en una pincelada y dile “existes y te veo”; luego observa el cuadro en su totalidad pero sin perder de vista ese trazo particular. Podrás comprender que cada cosa, por insignificante que parezca, tiene su lugar y su valor. Sólo es necesario adoptar la perspectiva adecuada al contemplarla.” ("Lo que el corazón quiere contemplar")

Un poco de aliento:
Avanzarás con el ánimo, unas veces alto y otras bajo. Solo llega quien, en los dos casos, persevera teniendo en cuenta que, al caminar, das un paso en el vacío, mientras con el otro te afirmas más. Solo así puedes avanzar. También en la vida, para evolucionar, es necesario integrar momentos de inestabilidad. Ten en cuenta que cada paso andado, es un paso menos que te queda por andar y una prueba más de tu fortaleza. Tomarte tiempo para reconocer los logros te generará energía para afrontar nuevos retos. Ese también será un buen momento para preguntarte: ¿Cómo ha quedado el camino tras mi paso? ¿Cuál ha sido mi aportación? ¿Qué he aprendido, que he recogido, que he compartido? Date una merecida palmada en la espalda por tu esfuerzo, sean cuales sean los resultados. Con mimo y sentimiento En el viaje de la vida necesitas alguien que siempre esté a tu lado, que confíe en ti y que sepa motivarte: ¡Tenecesitas! Si estás vivo hay camino. Allí dónde estés, recuerda que tú eres laposibilidad y el ahora tu oportunidad. ¡Cuenta contigo!

Y siempre llega un momento, sea porque se ha llegado a un callejón sin salida o porque tras alcanzar la meta te llama otro horizonte, en que hay que volver a empezar.   Comprendes que lo que parecía ser el final de la historia resulta ser únicamente el final de un capítulo. Y sigues adelante. Al encuentro de los caminos que te permiten seguir siendo. Con audacia y creatividad. Soñar, planificar, empezar, seguir, perseverar, terminar, reconocer, celebrar, compartir y volver a empezar. Cómo música de fondo: Amar. Amar la vida, sus sendas y los pasos que permiten evolucionar.

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach perosnal



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martes, 19 de mayo de 2015

¿Resolver el problema o resolverte con el problema?

Se cuenta que “al bajar de la terraza de su casa, donde acababa de hacer la siesta, Nasrudín da un traspiés al pisar un escalón y rueda escaleras abajo.
- Pero ¿qué pasa? - le grita su mujer que, desde la cocina, ha oído el ruido de su caída.
- Nada importante - responde Nasrudín, poniéndose en pie como puede - Ha sido mi abrigo que se ha caído por la escalera.
- ¿Tu abrigo?.. pero ¿y ese ruido?
- El ruido ha sido porque yo iba dentro.

Cuando leí este cuento de la tradición sufí, además de sonreír, pensé que, a veces, vemos los problemas como algo que sucede fuera de nosotros, algo que padecemos pero con lo que tenemos poco que ver. Sin embargo, si observas tu experiencia, verás que los problemas, las dificultades y los conflictos no existen de una forma independiente a lo que eres y a tu evolución personal.

Quizás algunas de las preocupaciones de tu infancia ahora te provocan una sonrisa. Y si has experimentado un mismo conflicto en dos etapas diferentes de tu vida, probablemente, la vivencia, en ambos casos, habrá sido distinta. De la misma manera, dependiendo de sus creencias religiosas o tradiciones culturales, dos personas pueden afrontar una misma circunstancia como problemática o no.

Eso es así porque los problemas no se pueden separar de quien los percibe ya que es esa persona quien, en primer lugar, etiqueta el asunto como problema y en segundo lugar, decide como relacionarse con ello.

Por todo esto, cuando estoy en un problema, no tomo como objetivo resolverlo sino resolverme con el problema. Llamo resolverme a descubrir qué desafío tengo por delante, qué recursos voy a tener que desarrollar, que aprendizajes tendré que asumir, que cambios tendré que promover, etc… Le doy este enfoque, en primera persona, porque entiendo que la situación está relacionada con algo en lo  que yo puedo superarme y por lo tanto es una oportunidad para crecer. Y lo formulo como un reto: El de encontrar los caminos que me lleven del territorio problema en el que estoy enredada sintiendo perturbación, al territorio solución, en el que habiéndome expandido mi potencial, me siento en paz.

Como siempre me ha resultado muy útil esta perspectiva, hoy quiero compartir contigo los cinco pasos del ejercicio que denomino “resolverme con el problema”.  Te animo a practicarlo con algún conflicto presente en tu vida en este momento y espero que también para ti, sea de ayuda:

Primer paso:

Descubre y observa bien el territorio en el que eres parte del problema:

1.- Empieza definiendo lo que te preocupa: ¿En qué consiste el problema? ¿En qué áreas de tu vida o en relación a qué personas se manifiesta? ¿Cuándo aparece o se repite? ¿Qué forma toma? ¿Qué crees que lo causa? Escribe las respuestas y añade todos los detalles que te parezcan importantes sobre la situación.

2.- Toma conciencia de la postura física, mental y emocional que tomas ante la situación:  ¿Quizás tienes miedo a la situación percibida, sensación de islamiento, separación, exclusión, necesidad de protección o defensa, dificultades de comunicación, confusión, desconfianza o bloqueo? Colócate delante de un espejo, cierra los ojos, sigue pensando en el conflicto mientras dejas que surjan las emociones que acompañan a ese pensamiento y aún con los ojos cerrados trata de encontrar la postura corporal que mejor exprese esa vivencia. Después, sin moverte abre los ojos y observa tu gesto en el espejo.

3.- Analiza cómo han sido tus primeras reacciones al percibir el problema: ¿Te has negado a verlo? ¿Has cerrado los ojos y te has dicho a ti mismo que todo está bien? ¿Has reconocido el conflicto pero no te has decidido a afrontarlo? ¿Te estás buscando ocupaciones para retrasar  o evitar hacer lo que crees que debes hacer? ¿Estás evitando tu responsabilidad culpabilizando a otros? ¿Te está bloqueando la propia culpa? ¿Has decidido resignarte para evitar enfrentamientos? ¿Has actuado impulsivamente y aún se ha complicado más el asunto?

Segundo paso:

Afírmate en tu propósito:
Ahora ya tienes más consciencia de todo lo que supone para ti esta vivencia. Y mientras estás sintiendo estas emociones y percibiendo la tensión de tu postura en esta experiencia, afírmate en el propósito de resolverte hasta lograr salir de este territorio y encontrarte en el de la solución. Para ir hasta allí necesitas conocer ese lugar en todas sus dimensiones y eso supone dar otro paso más de la mano de tu imaginación.

Tercer paso:

Descubre y observa bien el territorio en el que eres parte de la solución:

1.- Empieza imaginando como es tu vida ahora que te has resuelto con este desafío: ¿Cómo marchan las cosas? ¿Qué cambios se han dado en las áreas en las que te sentías en conflicto? ¿Qué has aprendido, qué has logrado? Visualiza un día completo en el territorio solución y escribe todos los detalles que te parezcan importantes.

2.- Toma conciencia de la postura física, mental y emocional que tomas siendo parte de la solución: ¿Quizás te sientes en paz, en armonía con la situación que percibes? ¿Vives un clima de aceptación, integración, tolerancia y unidad de propósito con las personas involucradas? ¿Sientes motivación, confianza y coherencia entre lo que piensas, sientes y haces? ¿Notas una sensación de fluidez y buena comunicación? Y ahora, otra vez delante del espejo, cierra los ojos y visualízate como protagonista de la solución. Piensa y siente esa situación estupenda, fluída, en la que todo está bien. Disfruta imaginándolo y trata de encontrar la expresión corporal que mejor manifieste esa vivencia. Luego, abre los ojos sin moverte y obsérvate en esa postura reflejada en el espejo. 

3.- ¿Qué acciones estás llevando a cabo?:  Mientras sigues imaginándote en el territorio solución, pregúntate: ¿Qué es lo que he hecho diferente para no quedarme atascado en el territorio problema?¿Qué recursos he utilizado? ¿Qué cualidades he desarrollado? ¿Qué ayudas he buscado? ¿Qué limitaciones he superado y cómo lo he logrado? Anota todo lo que te parezca más relevante.

Cuarto paso:

Mira hacia atrás, desde el territorio solución al territorio problema y descubre el sendero: ¿Cuál fue el paso antes de llegar a resolverte? ¿Y el anterior? Recorre el camino en sentido contrario hasta llegar otra vez al territorio problema y anota todo lo que vas imaginado. Con esto ya tienes una buena base para trazar tu plan de acción. Pasa a tu agenda todas las acciones, por pequeñas que sean, que te han ayudado a alcanzar el territorio solución.

Quinto paso:

Entra en acción: Paso a paso lleva a cabo todo lo que has planeado. Ahora ya puedes enfocar la situación como lo haces cuando tienes una ilusión, un sueño que quieres hacer realidad. La insatisfacción del territorio problema te ha permitido discernir más claramente los cambios que deseas. Y ahora, con perseverancia, vas a tratar de hacerlos realidad. Mientras avanzas por ese camino, sobre todo en las acciones que te resulten más difíciles de realizar, recuerda la postura física, el gesto que viste en el espejo, cuando te imaginabas en el territorio solución y trata de adoptarlo lo mejor que puedas, incorporando lo más posible las sensaciones más agradables de esa postura. Recuerda que lo que estás haciendo es desarrollar nuevas capacidades cuyas semillas ya están en ti. Reafírmate, a cada paso, en la idea de resolverte.

Puedes pasar mucho tiempo sumando los problemas sin ver todas las capacidades que ellos te empujan a multiplicar. Y también puedes ver cualquier dificultad como una lección de vida, como un desafío que necesitas afrontar para superarte y crecer. ¡Aprovecha la oportunidad!

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.


      
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Hay más de un camino: Encuentra el más adecuado para ti, en este momento.

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Otras formas de mirar, otras cosas que ver: Ejercicios para ampliar tu perspectiva y ver más allá del horizonte habitual.


¡No sé qué decisión tomar! 6 pasos para tomar decisiones serenamente.



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lunes, 19 de enero de 2015

Sugerencias para fluir sin resistencias en la espiral del cambio

Decía William Shakespeare: “Sabemos lo que somos pero aún no sabemos lo que podemos llegar a ser.” Apoyándome en esta idea, percibo la vida como una experiencia de ampliación de consciencia, que discurre desde lo conocido hasta lo desconocido.  Pienso que todo está en camino jugando a manifestar su máximo potencial en una espiral que empieza en una zona de comodidad, pasa a otra de riesgo, toca el suelo del error y sube por la cuesta del aprendizaje hasta llegar a los parajes de la satisfacción para volver a empezar en un nuevo tramo del bucle.

Nada como observar a un niño queriendo escalar los barrotes de su cuna para reconocer la motivación que suscita el reto de ir más allá de los márgenes establecidos. Desde que naciste has afrontado y superado desafíos, sacando de ti, fuerza, sabiduría y talentos desconocidos. Descubrir, sorprenderte, experimentar y aprender, es decir, cambiar y transformarte forma parte de la apasionante aventura de vivir. Y, aunque quieras pararte al resguardo de tu zona de comodidad la vida vendrá a buscarte con un nuevo reto para recordarte que estás vivo y puedes seguir creciendo.

Me gusta cómo queda expresada esta idea en un antiguo relato oriental en el que se cuenta que “un rey recibió como obsequio dos pequeños halcones, y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara. Pasados unos meses, una de las aves volaba perfectamente pero la otra no se había movido de la rama donde la dejaron el día de su llegada. Entonces el rey decidió comunicar a su pueblo que ofrecería una recompensa a la persona que la hiciera volar. Para su sorpresa a la mañana siguiente, vio al halcón planeando ágilmente sobre los jardines y pidió que llevaran a su presencia al autor del milagro que resultó ser un anciano campesino. Cuando el monarca le preguntó que magia había utilizado para hacer volar a su halcón, el aldeano, algo intimidado, le explicó que simplemente le había cortado la rama sobre la que estaba apoyado.”

Sí, a veces la vida te empuja a un precicpio y tienes que aprender a planear en la caída. Ese frío vértigo te ayuda a descubrir que puedes volar. Pero también puedes aceptar de antemano que la vida es continua mudanza y transformación y prepararte para fluir sin resistencia en ese movimiento. Admiro el elegante desapego de las hojas en otoño. Regalan al paisaje sus más bellos tonos mientras se preparan para soltar sus ramas y dejarse llevar por el viento.

Por si te puede ser útil, hoy quiero compartir contigo algunas sugerencias para disfrutar más y aprovechar mejor las posibilidades que te ofrece cada zona de la espiral del cambio:

Zona de comodidad: Espacio en el que te encuentras seguro y protegido. Aquí habitan las rutinas, las costumbres, los hábitos, las certezas, lo que sabes, lo que haces bien y las aptitudes conocidas.
Sugerencias:
Confía en lo que puedes llegar a ser pero primero aprecia y acepta lo que ya estás siendo.
Reconoce tus recursos, pon en juego tus habilidades y disfruta compartiendo. 
Revisa tus rutinas para descubrir cuales te apoyan y cuales te frenan.
Date permiso para avanzar de la mano de la intuición.
Encuentra tiempo para escucharte, descubre los sueños que te llaman desde tu corazón y prepárate para responder a esa llamada.
Mantén viva tu curiosidad. Si te estancas en un continuo “ya sé” anestesias esa curiosidad.  La posibilidad de aprender se inicia con la expresión “no sé”. Surgen más ganas de vivir cuando quedan muchas preguntas por responder que cuando crees tener todas las respuestas.
Cultiva tu capacidad de asombro. Aunque todo parezca igual, a cada instante todo es diferente y, así visto, el presente resulta apasionante.
Si quieres estar realmente preparado, planifica lo necesario  y además, dispón tu ánimo para improvisar. (Más información útil para esta fase: “Cambiar el paso a la rutina” y ¿Tienes claro tu objetivo?”)
         
En un momento u otro, llevado por la curiosidad, por tus sueños, por la insatisfacción o por la necesidad traspasarás los límites de lo conocido comprendiendo que tu franja de confort no es todo el universo y que más allá de esa zona de comodidad están tus oportunidades para crecer. Estarás a punto de entrar en zona de riesgo.

Zona de riesgo: Es un espacio en el que te pones en guardia, se agudiza tu atención y se alertan todos tus sentidos. Aparece la incertidumbre, la inseguridad y las cautelas o resistencias pues sabes que estás en un territorio desconocido y puedes tropezar.
Sugerencias:
Mántén un enfoque y un diálogo interior positivo y opta por percibir retos en vez de problemas.
Ten presentes tus ideales, tus valores y el sentido de tu caminar.
Recuerda otros momentos de tu vida en los que te atreviste a ir más allá de tus posibilidades y creciste con la experiencia.
Toma consciencia de tu contexto de apoyo.

Acepta la incertidumbre y dedica tiempo a aprender a gestionarla. Al caminar das un paso en el vacío mientras que con el otro te afirmas más. Solo así puedes avanzar. También en la vida para evolucionar, es necesario integrar momentos de inestabilidad. No hay camino que te lleve al control total pero si te atreves a recorrer el sendero de la incertidumbre descubrirás nuevas oportunidades.
No asocies riesgo únicamente con miedo sino también con valor para afrontar los desafíos. Analiza bien los posibles peligros pero procura pasar pronto de la preocupación a la ocupación.
Aférrate con disciplina a un buen plan de acción. No basta con creer que hay una salida y tampoco es suficiente verla. Lo importante es dar los pasos que te lleven hasta ella.
Más allá de tu apariencia y logros actuales confía en que en tu naturaleza están los recursos necesarios para desarrollar todo tu potencial. (Más información útil para esta fase: “Cinco pasos para una buena gestión emocional” y “Cómo hacer de tu autodiálogo,tu aliado”)

Pero por más que realices bien tu labor en algún momento tropezarás con la piedra de alguna ignorancia y caerás de bruces en la zona de error, antesala de la zona de aprendizaje.

Zona de error y aprendizaje: La zona de error es un espacio que se extiende en relación a tu capacidad de aprender de él. Es decir que empieza siendo el territorio del error hasta convertirse en el territorio del aprendizaje. En esta zona aparecen el cansancio y la frustración pero también la paciencia y la perseverancia.
Sugerencias:
Date tiempo, intentarlo muchas veces y de varias maneras forma parte del camino al éxito. Todos cometemos errores, pero solo algunos son capaces de hacer lo que hacíamos de niños: caer, levantarnos, ponernos en pie y vuelta a probar.
Ten en cuenta que el fracaso es una oportunidad para volver a empezar pero aprendiendo qué es lo que hay que hacer diferente para no volver a tropezar.
Ten paciencia. Quizás aun no puedes ver lo que está creciendo.  Recuerda las preciosas flores que brotan tras los deshielos.
No llames error a encontrarte con que las cosas no han salido como esperabas. Analiza las ventajas de la nueva situación y no te dejes aprisionar por los puntos de vista rígidos.
En el desierto de la adversidad, tal como harías con un ser querido, háblate con cariño, recordando que, más allá de logros o decepciones, eres digno de amor.
(Más información útil para esta fase: “Cómo afrontar con éxito los llamados fracasos” y “Cómo afrontar lascríticas serenamente”)

Recuerda que tú no eres un éxito o un fracaso sino una persona que crece imaginando, experimentando y aprendiendo. Tras encontrar un escollo en tu camino, una vez estudiada la experiencia y aprendida la lección, puedes mirar con más fuerza hacia adelante. Ahora estás más preparado. Y entras en la zona de satisfacción.

Zona de satisfacción: Cuando has superado el muro de un nuevo reto, entras en este espacio. Aquí aparecen el sano orgullo y las fuerzas renovadas, la confianza, la motivación y también la adormecedora autocomplacencia. Al llegar a la zona de satisfacción comprendes que estás otra vez en la zona de comodidad pero ahora más ampliada, al haber ensanchado los límites de tu consciencia de ser.
Sugerencias:
Reconocer los logros genera energía para afrontar nuevos retos. Date esa merecida palmada en la espalda. Con mimo y sentimiento.
Agradece todos los apoyos que has recibido por el camino.
Cada vez que logres realizar un logro positivo en tu vida, celébralo. Cada reto superado aumenta tu voluntad y fortaleza interior. Regístralo en tu memoria para poder recordarlo cuando estés desanimado.
Comparte los nuevos conocimientos colaborando en la realización de los sueños de los demás.
Persevera poniendo en práctica, hasta convertirlo en nuevos hábitos, todo lo que has aprendido.
Aprovechando este aumento de tu confianza manten tu mente abierta a nuevos puntos de vista. Cultiva la empatía para descubrir otras formas de sentir y entrena tu creatividad.
En la zona de comodidad inspiramos seguridad, en la zona de riesgo buscamos el progreso, en la zona de error generamos aprendizaje y en la zona de satisfacción obtenemos la recompensa necesaria para motivarnos y seguir avanzando en la espiral del cambio.
(Más información útil para esta fase: “¿Qué es lo que vas a celebrar hoy?” y “Entrelazados en la trama de lavida”)

Nunca acabas de aprender si lo que quieres es aprender a vivir.  Haz como hace la vida, sea lo que sea que suceda, sigue adelante. Al encuentro de los cauces que te permitan seguir siendo. Agradeciendo el camino que te lleva, el sueño que te eleva y el alma que te anima. Y recordando siempre que para apreciar la belleza de la vida hay que vivir instantes de todos los colores. Vivir es un movimiento creativo. Con su punto de misterio, de cambio, de soñados horizontes y de límites a transcender. ¡Emocionante aventura! Me gusta como lo expresa Hermann Hesse en su poema "Escalores":

"Así como toda flor se enmustia y toda juventud cede a la edad,
así también florecen sucesivos los peldaños de la vida;
a su tiempo surge toda sabiduría, toda virtud,
mas no les es dado durar eternamente.
Es menester que el corazón, en cada llamado,
esté pronto al adiós y a comenzar de nuevo,
esté dispuesto a darse, animado y sin pudores,
a nuevos y distintos desafíos.
En el fondo de cada comienzo hay un hechizo
que nos protege y nos ayuda a vivir.
Debemos ir serenos y alegres por la Tierra,
atravesar espacio tras espacio
sin aferrarnos a ninguno, cual si fuera una patria;
el espíritu universal no quiere encadenarnos:
quiere que nos elevemos, que nos ensanchemos
escalón tras escalón. Apenas hemos ganado intimidad
en un morada y en un ambiente, ya todo empieza a languidecer:
sólo quien está pronto a partir y peregrinar
podrá eludir la parálisis que causa la costumbre.
Aun la hora de la muerte acaso nos coloque
frente a nuevos espacios que debamos andar:
las llamadas de la vida no acabarán jamás para nosotros...

¡Ea, pues, corazón, arriba! ¡Despídete, estás curado!"

Grcias por tu atención. Me encantará leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

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