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lunes, 11 de julio de 2016

Puedes pedir con claridad o esperar que adivinen tus deseos

Nos demos cuenta o no, lo hagamos abierta o veladamente, el caso es que, desde que nacemos, nos pasamos la vida pidiendo. Pedimos afecto y colaboración, pedimos al rezar o al solicitar la complicidad del universo para hacer realidad nuestros sueños y nos pedimos esfuerzo y superación a nosotros mismos. Hasta las quejas y lamentos suelen ser meros envoltorios de algún tipo de petición.

 Una de las ventajas del desarrollo del lenguaje es que nos da la posibilidad de expresar claramente lo que queremos y, por lo tanto, de empreder un camino más directo hacia el resultado que deseamos. Los niños, a poco que empiezan a balbucear palabras, piden lo que desean. Se sienten con derecho a pedirlo y dignos de ser escuchados. Además, suelen ser muy persistentes. 

Los adultos, sin embargo, con frecuencia esperanos que los demás adivinen nuestras preferencias, renunciando a comunicarlas abiertamente. “Es que si hay que decirlo ya no tiene valor” “Me da vergüenza pedirlo” “No estoy preparado para una negativa” “Si me quiere sabrá lo que me gusta”, etc… son afirmaciones que intentan justificar la resistencia a solicitar, sin rodeos, lo que necesitamos.

Entre las razones que engrosan esas resistencias están, a menudo, una escasa consciencia corporal y desconexión emocional que dificulta el reconocimiento de nuestras querencias. También, mantener creencias limitadoras como pensar que “pedir es signo de debilidad” o sentir miedo de quedar a merced de otros. Nos puede perder el orgullo al considerar que todo lo podemos hacer por nuestra cuenta o nos puede frena excesivamente la baja autoestima al suponer que sin la aprobación de los demás no somos nada.

En medio de esta marea de creencias limitadoras, dudas y temores, gran parte de las veces, si nos atrevemos a pedir, lo hacemos sin concretar, sin determinar condiciones y esperando de los otros, no ya una escucha atenta, sino la clarividencia que les permita hacerse cargo de lo que nos atrevemos a solicitar.
Este chiste sirve como ejemplo gracioso de los problemas que se pueden generar si no somos específicos al momento de expresar nuestros deseos: 

“Un hombre encontró una botella mientras paseaba por la playa. La levantó de la arena, le quitó el tapón y, ante su sorpresa, vió salir de su interior un genio que le dijo:
 - Gracias por librarme de la botella que me tuvo preso tanto tiempo. Ahora, en recompensa te cumpliré tres deseos.
- ¡Fantástico! Siempre he soñado con algo así y sé exactamente lo que quiero.
El genio le pidió que expresara sus deseos y el paseante hizo un primer pedido de dinero que fue atendido al instante, después pidió el último modelo de su marca de coche preferida, que inmediatamente apareció a su lado y, en tercer lugar pidió  “ser irresistible para las mujeres”. Al escucharle, el genio le tocó con su mano y lo convirtió en una caja de bombones.”

 Sea que hagas una petición a otro ser humano, al universo o a ti mismo, conviene ser efectivo, pues de lo contrario, echarás a perder la gran posibilidad que supone poder solicitar apoyo.  Entendiendo que la buena comunicación no depende tanto de hablar mucho sino de hablar claro, hoy he elegido compartir contigo algunas pautas que pueden serte muy útiles si quieres mejorar en el arte de comunicar lo que quieres:

¿Quién pide?
Tú eres el que pide, se trata de tus necesidades, así que empieza por escucharte con tranquilidad hasta que tengas claro lo que quieres. Cuando respondas “me da igual” piénsalo bien. Date tiempo y permiso para reconocer lo que deseas. Expresar tus preferencias es respetarte. Es importante que descubras el fondo de tus deseos. Por ejemplo, en un primer momento, puedes creer que lo que quieres es salir a cenar a un restaurante con tu pareja, pero al preguntarte “¿qué es lo que obtendré al realizar ese deseo?” quizás descubras que lo que verdaderamente deseas es la atención de tu cónyuge y un tiempo para hablar tranquilamente.  ¿Qué es lo que realmente quiero de esta persona? ¿Qué expectativa ha quedado incumplida? ¿Qué supone eso en mi vida? Hazte estas preguntas hasta descubrir qué es lo que verdaderamente te importa.

¿A quién se lo pides?
Los demás son seres humanos, como tú, con sus altibajos, sus grandezas y sus limitaciones. A veces no estarán a la altura de tus expectativas y a veces las superarán. En cualquier caso, asegúrate que tu petición esté enmarcada en el respeto hacua su libertad de respuesta. Es decir, acostúmbrate a solicitar en vez de exigir. Ten en cuenta, además, que cada uno tiene sus tiempos. A veces, su respuesta será positiva pero después de un espacio de reflexión. Ten paciencia. También recuerda que hay muchas formas de lograr un mismo objetivo. Los demás pueden estar de acuerdo en atender tu pedido pero, quizás, prefieren una forma de hacerlo distinta a la que tú hubieras elegido.

¿Qué pides?
Asegúrate de no hacer pedidos imposibles. Los otros pueden colaborar contigo pero no podrán hacerse cargo de lo que sólo está bajo tu control y forma parte de tu responsabilidad. Ovserva la diferencia entre decir a un amigo: “Ojalá hoy propongas algo interesante pues yo no estoy muy inspirado y necesito distraerme” o afirmar: “Hoy me tienes que animar”. Igualmente es esencial que, desde el primer momento, tengas claro si lo que pides es una preferencia o una necesidad pues de esta diferenciación se derivarán las emociones que sentirás al pensar en realizar la petición.

¿Sientes alguna resistencia a pedirlo claramente?
Si notas que algo te frena a expresarte, pregúntate: ¿Qué es lo peor que me puede pasar si solicito lo que quiero? ¿Cómo cambiará mi vida si rechazan mi petición? Imaginar “tu escena más temida” puede ayudarte a comprender su verdadera importancia y así, impedir generar emociones que no se correspondan con dicha importancia. Si en el paso anterior ya has podido diferencias entre preferencia y necesidad, tendrás ganado un buen trecho en este punto. Recuerda, además, que al obtener una respuesta, sea la que sea, siempre estarás ganando información. Y ante algunas negativas puede quedar la posibilidad de negociación para llegar a algún acuerdo. En cualquier caso, el miedo al rechazo y la frustración son dos emociones que es necesario aprender a gestionar pues aparecen, tarde o temprano, en el camino de cualquier vida.

¿Cómo vas a formular tu petición?
Una comunicación efectiva y afectiva implica atender lo que sientes y, a la vez, responsabilizarte de encontrar cauces constructivos de expresión. En este sentido es útil:


A) Eligir el momento:
Calcula el tiempo que vas a necesitar para expresarte y cuenta con la opinión de los demás pues necesitas una buena disposición a escuchar por su parte. Quizás convenga realizar preguntas del tipo: “Necesito media hora (o lo que hayas calculado) para conversar contigo, ¿podría ser ahora o prefieres en otro momento?”

B) Procurar ser claro, sencillo y específico:
Una buena fórmula puede ser “Yo te pido a ti (qué, cómo y cuándo)” Si dices “habría que pensar en las vacaciones”, ni siquiera llegas a hacer una petición concreta sino que te quedas en la expresión de un deseo muy general. Pero si, siguiendo la fórmula afirmas: “Me gustaría que, si te fuera posible, antes de acabar el mes, te encargases de buscar información sobre posibles viajes para nuestras vacaciones, pues yo no tendré tiempo y sería una pena perder las ofertas de la temporada” Esa petirción es más concreta y clara.

C) Buscar las palabras más efectivas:
Palabras que no inciten a tu interlocutor a ponerse a la defensiva. Hablar claro no tiene porque suponer desconsideración. En la medida de lo posible que tu petición no suene a mandato y que sugiera respeto por su libertad de respuesta. En vez de “Debes” o “tienes que…” di “Es necesario o es importante… ". En lugar de “Quiero que tú…” di “me gustaría que tú…” , “Te propongo …” o “te agradecería que…”

D) Ponerle emoción:
No expreses únicamente la lógica de tu petición, habla también de cómo te sientes, qué significado tiene para ti lo que reclamas o qué valor darás a la colaboración que pides. Expresa entusiasmo si quieres entusiasmar y exprésate con determinación si deseas ser tomado en serio.

E) Insistir, si es necesario.
Ante una primera negativa comprueba si te han comprendido bien, si puedes encontrar nuevos argumentos o pregunta directamente si puedes hacer algo para tener una respuesta positiva.

F) Contar con la propia creatividad:  
A veces, lo más importante para obtener lo que deseas es conseguir obtener la atención suficiente como para interesar al otro en tu asunto. En un trabajo de equipo, por ejemplo, si consideras que lo que quieres para ti puede ser de beneficio para otros, empieza exponiendo esas ventajas para captar su apoyo y así tener más fuerza al hacer la petición. Además, utiliza tu imaginación para visualizar la escena tal como quieres que resulte. Es una forma de familiarizar a tu mente con la situación y disolver algunas resistencias.

Es entrañable que el otro sea empático pero también es saludable facilitar el camino para que te comprendan. Una comunicación efectiva y afectiva implica no censurar lo que sientes y a la vez responsabilizarte de encontrar cauces constructivos de expresión. Recuerda que si no eres claro al pedir lo que quieres te arriesgas a recibir lo que no deseas.

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal




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Hablarte antes de hablarle: Si no tienes claro lo que quieres no podrás explicar lo que necesitas.

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Cómo ser más asertivo: Entre la pasividad y la agresividad puedes elegir la asertividad.

Para una mejor comunicación: Claves para lograr entender, entenderte y que te entiendan mejor.

¿A qué esperas para decir “basta”? Cómo establecer límites saludables en tus relaciones.



Además...

Coaching online: Si te interesa conocer mi labor profesional como coach personal te invito a visitar La Llamada También puedes escribirme a p.arcay@la-llamada.com y solicitar una sesión informativa y gratuita.
Estaré encantada de atenderte.



Y también ...


"En el fondo de tu corazón están esperando los sueños no cumplidos y todo el amor que aún no ha podido ser. Date permiso para vivirlos.(“Lo que el corazón quiere contemplar”) 

Ahora, a tu alcance, un apoyo para el despertar de tu consciencia: “Lo que el corazón quiere contemplar” Un libro, para  leer y practicar, que expandirá tu poder creador y promoverá la conexión con la inteligencia de tu corazón. 

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martes, 10 de marzo de 2015

Entre la pasividad y la agresividad puedes elegir la asertividad

En un relato, de autor desconocido, se cuenta que un hombre fue a una sastrería y se probó un traje. Mientras permanecía de pie delante del espejo vió que la parte inferior del chaleco era un poco desigual.
- Bueno, no se preocupe por eso –le dijo el sastre-. Sujete el extremo más corto con la mano izquierda y nadie se dará cuenta.
Mientras así lo hacía, el cliente observó que la solapa de la chaqueta se curvaba en lugar de estar plana.

- Ah, ¿eso? –dijo el sastre-. Eso no es nada. Doble un poco la cabeza y alísela con la barbilla.
El cliente así lo hizo pero también notó que la entrepierna le apretaba demasiado.
- Ah, no se preocupe por eso –dijo el sastre-. Tire de la costura hacia abajo con la mano derecha y todo le caerá perfecto.
El cliente accedió a hacerlo, se compró el traje y al día siguiente lo estrenó. Mientras daba un paseo por el parque aplanándose la solapa con la barbilla, tirando con una mano del chaleco y sujetándose la entrepierna con la otra, dos ancianos que estaban jugando a las damas interrumpieron la partida al verle pasar:
- ¡Oh, Dios mío! –exclamó uno de ellos-. ¡Fíjate con cuanta dificultad camina ese hombre!
El otro anciano reflexionó un instante y después dijo en un susurro:
- Sí, lástima que esté tan lisiado, pero lo que yo quisiera saber es quién le habrá hecho un traje tan bonito.

¿Alguna vez, por miedo a entrar en conflicto o por agradar a los demás, dejando a un lado tus valores y sentimientos, has modificado tus actitudes y forzado tus acciones, hasta el punto de no reconocerte a ti mismo? Si te ha sucedido algo parecido es que, como el protagonista del relato, has respondido a las circunstancias en forma pasiva. Tarde o temprano, si no tienes en cuenta tus necesidades o permites que te traten injustamente sin rechistar, corres el riesgo de pasar al otro extremo, es decir, responder agresivamente. La buena noticia es que hay un punto intermedio y mantenerse en él es algo que se puede aprender. Me refiero a actuar asertivamente.

La asertividad es la capacidad de comunicar tus derechos, opiniones, sentimientos o preferencias claramente, con determinación y sin utilizar la violencia o la manipulación. Respetándote y respetando. Es un comportamiento intermedio entre la inhibición o pasividad y la agresividad o el atropello. Una forma de responder consciente, desde la confianza, en vez de una reacción generada por la rabia o la ansiedad.

La asertividad es una importante habilidad social que favorece el buen desarrollo de las relaciones de todo tipo y a nivel personal, mejora la autoestima y fomenta la confianza en uno mismo. Considerándola un factor decisivo para una convivencia pacífica y respetuosa, he recopilado en este post, reflexiones, sugerencias y ejercicios prácticos que te pueden ayudar a mejorarla.
  
A) Algunas consideraciones básicas:

1.- Empieza responsabilizándote de tus propios problemas y de tu bienestar emocional. Se trata de tener una actitud más asertiva en los diálogos contigo mismo. Escuchándote con respeto y pasando pronto de la preocupación a la ocupación. Recuerda que quizás no puedas cambiar algunas circunstancias pero está en tu mano elegir tu respuesta ante cualquier situación. Resignarse es ondear la bandera de la inercia y no asumir tu capacidad para afrontar creativamente cada experiencia.

2.- Se honesto y comienza por reconocer tus deseos, tus limitacones y tus necesidades. Tener un comportamiento asertivo es incompatible con ignorar tus preferencias y “seguir la corriente”. Cuando te veas respondiendo “me da igual”, piénsalo bien. ¿Realmente es así? Date tiempo, atención y permiso para descubrir qué es lo que quieres.

3.- No esperes que los demás adivinen tus pensamientos. Es entrañable que el otro sea empático pero también es saludable facilitar el camino para que te comprendan. Una comunicación efectiva y afectiva implica no censurar lo que sientes y a la vez responsabilizarte de encontrar cauces constructivos de expresión.

4.- Actúa con amabilidad pero sin tratar de complarcer a todo el mundo.. Si, por lograr la aprobación, cedes continuamente a las exigencias de tu entorno, el conflicto irá haciéndose más grande en tu interior.  Es bonito contar con el aprecio ajeno. El problema comienza al confundir el valor personal con la opinión de los demás. Respetar y respetarte implica que, a veces, te encontrarás con conflictos y desencuentros

5.- Aprende a decir que no. Si te has dado tiempo para saber lo que quieres, sabrás claramente lo que no quieres. Réspeta tus preferencias y asume también que los demás, en ocasiones, rechazarán tus propuestas. Creces cuando aceptas que los otros no se ajusten a tus expectativas sino a su verdad interior, y te animas a hacer lo mismo.

6.- Marca claramente tus límites. Deja de sentirte culpable por no darles a los demás lo que quieren o no estar a la altura de sus expectativas y,  a cambio, no les hagas culpables de tus insatisfacciones. Saca la culpa de tus relaciones y en su lugar pon responsabilidad. Aprende a identificar y evitar las manipulaciones de los demás.

B) Ejemplos y técnicas de comunicación asertiva:

1.- Habla con frases en primera persona. En vez de decir: “Tú me enfadas, me pones triste o me deprimas”, puedes decir: “Cuando me interrumpes con tus comentarios, siento un gran enfado” o “al ver que no me llamas me pongo triste y me deprimo”. Aunque estás expresando esencialmente lo mismo, al hablar en primera persona estás centrándote en tus nroblemas en lugar de responsabilizarle al otro de tus estados de ánimo.

2.- Céntrate en los hechos, en tus sentimientos y en expresar con claridad lo que solicitas: Diferencia tus interpretaciones, que pueden ser discutibles,  de los hechos objetivos. Describe tus sentimientos ante esos hechos y haz la petición de cambio que deseas sin entrar en exigencias ni amenazas. La siguiente frase te puede servir de guía y te  ayudará a descartar malos entendidos: “Ha pasado esto (el hecho que hayas detectado cómo detonante) y lo he interpretado de esta manera (tus interpretaciones de los hechos). No sé si esas interpretaciones son adecuadas, por eso quiero hablarlo. El caso es que, en función de esas interpretaciones, ahora me siento así (cómo te sientes ahora) y quiero esto (explica tu deseo)”

3- Además de las palabras, ten en cuenta los gestos, los tonos y el lenguaje corporal. Procura mantener el contacto visual, el cuerpo relajado, un tono de voz calmado y una expresión amable. Utiliza el lenguaje apropiado según la situación. Ponte una ropa con la que te sientas cómodo y que no capte excesiva atención.  Y si sientes que las emociones afloran, respira profundamente  desde el abdomen, para calmarte.

4- No te desvíes del tema. Exprésate en forma clara y concisa procurando no alejarte del asunto principal. Respeta pausas y silencios para aportar más claridad a lo que quieres comunicar.

5.- Muestra agradecimiento por la escucha, ofrece atención e interés por las respuestas que te ofrezcan y acepta que no siempre estaréis de acuerdo.

C) Algunas respuestas asertivas para soltar nudos en una conversación o negociación:

1.- Si la conversación se ha atascado en un único enfoque: Pide  tiempo para reflexionar. Lo importante es encontrar una forma de cortar el diálogo sin ofender: “Quizás tengas razón en lo que dices pero me gustaría escuchar otros puntos de vista.”

2.- Si la conversación se está yendo del tema principal a temas irrelevante: No dudes en usar, las veces que sea necesario, frases del tipo: “Lo que dices es interesante pero lo queyo te pido es …” para volver a tus propuestas y argumentos. Puedes tomar nota de los otros asuntos y ofrecerte para hablarlos en otro momento.

3.- Si te parece que no están quedando claros algunos términos: Repite lo que crees está siendo correctamente entendido y luego, en contraste, afírmate en lo que te parece confuso: “Me parece bien que venga tu amigo a comer pero tendrá que irse a las seis de la tarde, antes de que vengan tus abuelos.”

4.- Si el otro insiste en explicarse repitiendo una y otra vez el mismo argumento: Demuéstrale empatía a la vez que te reafirmas en tu reclamación: “Comprendo cómo te sientes y entiendo tus razones pero esto es lo acordado en nuestro contrato.”

5.- Si tu interlocutor no sale de críticas generales: Utiliza una pregunta para buscar más concreción en la conversación y centrar el tema: “Dices que no te convence el resultado pero ¿qué es lo que no te gusta exactamente?”

6.- Si tienes que enfrentar un error que has cometido: Mejor reconócelo, equilíbralo con algún acierto y luego vuelve al asunto que te interesa tratar: “Sí, es cierto que no he tenido en cuenta el clima al organizar el viaje, pero he logrado un buen precio y en las fechas de tus vacaciones. Ahora hemos quedado para hablar del tema del alojamient.”

D) Cómo empezar a practicar conductas más asertivas…

1.- Identifica las conductas que quieres cambiar. Situaciones en las que detectas dificualtad para expresarte, sea por inhibición o agresividad y en las que quieres responder más asertivamente. Empieza por cosas pequeñas. Describe en un cuaderno dichas situaciones (Qué, con quién, cuando, qué emociones y pensamientos aparecen, etc…)..

2.- Asegúrate de saber lo que quieres obtener de esa situación. Antes de lanzarte a defender lo que crees, asegúrate de saber exactamente lo que quieres. Puede ayudarte conversar con otras personas para ampliar tu punto de vista.

3.-Elabora un plan de acción por escrito. Identifica tu forma de proceder hasta ahora en esa situación y  reescríbela en modo asertivo.. 

4.- Ensaya la nueva respuesta. Practica ante el espejo, con una grabadora o con alguna persona de confianza y visualiza la escena imaginando que ya está sucediendo y te comportas tal como has previsto.

5.- Llévala a la práctica. Y persevera, practicando en distintas situaciones hasta habituarte a comportamientos más asertivos.

Para finalizar te sugiero escuchar esta visualización guiada, titulada De corazón a corazón creada para afrontar tus relaciones con más confianza en el valor de tu aportación y así crear vínculos afectivos más armoniosos y satisfactorios:


Recuerda que, si por temor al rechazo te retiras, te estás rechazando a ti mismo. Rechazas tu derecho a expresarte. Rechazas la vida que eres. ¡Atrévete a ser!

Gracias por tu atención. Me encantará leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.


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domingo, 8 de febrero de 2015

Cómo lograr que las suposiciones no arruinen la comunicación

Imaginar posibilidades es una forma de suponer y constituye una valiosa habilidad del ser humano. El problema de las suposiciones comienza cuando las tomamos como verdades absolutas, en vez de como alternativas dentro de un abanico de opciones. Las suposiciones se cuelan por las rendijas de nuestras conversaciones con nosotros mismos y con los demás (“Supongo que se ha dado cuenta…” “Es de suponer que se haya sentido cómodo …” “Doy por supuesto que vas a apoyarme…”) e invertimos en ellas tiempo y energía que restamos de acciones como preguntar o comprobar. Actuando así, a menudo, los resultados son malentendidos y desencuentros que socavan el buen entendimiento.

Para provocarte un par de sonrisas y centrar el tema del post, hoy empiezo compartiendo contigo un vídeo y una anécdota citada por Stephen R. Covey en su libro “Los siete hábitos de la gente altamente efectiva”:


Dos acorazados asignados a una escuadra de entrenamiento habían estado de maniobras durante varios días. Yo servía en el buque insignia y estaba de guardia en el puente cuando caía la noche. La visibilidad era pobre; había niebla, de modo que el capitán permanecía sobre el puente supervisando todas las actividades. Poco después de que oscureciera, el vigía informó: “Luz a estribor” “¿Rumbo directo o se desvía hacia popa?”, gritó el capitan. El vigía respondió “Directo, capitán”, lo que significaba que nuestro propio curso nos estaba conduciendo a una colisión con aquel buque. El capitán llamó al encargado de emitir señales. “Envía este mensaje: Estamos a punto de chocar; aconsejamos cambiar 20 grados su rumbo”. Como respuesta llegó un mensaje que decía: “Aconsejamos que sean ustedes los que cambien 20 grados su rumbo.” El capitán dijo: “Contéstele: Soy capitán; cambie su rumbo 20 grados”. “Soy marinero de segunda clase –nos respondieron-. Mejor cambie su rumbo 20 grados”. El capitán ya estaba hecho una furia, así que ordenó enviar este nuevo mensaje: Soy un acorazado, cambie su rumbo 20 grados” La linterna del interlocutor envió su último mensaje: “Yo soy un faro”. Por supuesto, el capitán ordenó que cambiáramos nuestro rumbo.

¿Cómo lograr que la buena comunicación no quede contaminada por las suposiciones?

Para responder a esta pregunta creo que primero es importante comprender algunas de las razones por las que los seres humanos tendemos a suponer y a confundir suposiciones con hechos reales. Por una parte, suponiendo llenamos rápidamente el vacio que produce la incertidumbre ante la dificultad para darle sentido al mundo y a las cosas que nos suceden. Por otro lado, generamos emociones tanto si estamos ante una realidad como si únicamente la estamos imaginando, así que somos capaces de crear un drama de una idea errónea. En tercer lugar, a veces, no resulta fácil gestionar la inseguridad que aparece al confrontar la propia ignorancia y nos sentimos aliviados, con una falsa idea de control,  dejándonos secuestrar por nuestros propios prejuicios. Además, puede suceder que, suponiendo, ganemos tiempo para reunir la suficiente fortaleza con la que hacer frente a una persona o situación que nos asusta.

Teniendo en cuenta estos factores y tomando como objetivo que las suposiciones no sustituyan ni malogren la comunicación, desde mi punto de vista, es importante aprender a darse tiempo para preguntar, gestionar las emociones y escuchar. En anteriores artículos he tratado lo relacionado con cuestionar los propios pensamientos o la formas de expresarlos (Hablarte antes de hablarle”, “¿Qué te cuentas?”, “7 claves para entender, entenderte y que te entiendan” o “A preguntas motivadoras, respuestas inspiradoras) y con la gestión de las emociones (Cinco formas de relacionarte saludablemente con tus emociones” o “Cómo transformar positivamente tu atmósfera emocional), de manera que hoy voy a centrarme en el tema de la escucha.

Cuando una persona se siente escuchada, se siente atendida, y eso  genera un profundo proceso que le anima a una mayor apertura. Al dar valor, importancia y consideración a las revelaciones de la persona que te habla, creas un clima de cooperación y receptividad ¿Qué tipo de  escucha desarrollas?  ¿Desde qué lugar estas prestando atención al otro? Generalmente cuando alguien nos habla estamos pensando qué nos quiere decir desde nuestra interpretación, nuestro estado de ánimo, nuestros juicios y nuestras circunstancias y creencias. La capacidad física de escuchar de una persona es de 480 palabras por minuto, mientras que nuestra capacidad de expresarnos es de 120 palabras por minuto. Esto nos “permite “ que mientras nos hablan,  la mente divague, evoque recuerdos, prepare respuestas o simplemente piense en otra cosa.

Dicen que el rey Salomón pedía: “Dame el don de un corazón que escucha”. Compartiendo la valoración de ese don, aquí van algunas reflexiones y propuestas para promover tu mejor disposición en el arte de escuchar:

De vez en cuando, expresa en tus propias palabras, lo que estás interpretando de lo escuchado, para que el otro compruebe si le estás entendiendo bien. Si no entiendes lo que la persona está diciendo, o te sientes confuso, o te has perdido, pide repetición o clarificación de las frases que no has llegado a comprender. Tus preguntas pueden enriquecer la conversación y son una forma de mostrar atención e interés.

No te dejes distraer por la forma de expresarse de tu interlocutor: ¿Te parece aburrido, repetitivo o superficial?  Por muy monótono que pueda ser el discurso, trata de pasar por alto su estilo para poder escucharlo y centrarte en la información que te ofrece. No supongas que lo sabes todo sino recuerda que de todo puedes aprender. 

Intenta ponerte en su lugar: Escucha sin prejuicios, dejando de lado las suposiciones, tratando de entender el contenido del mensaje desde el punto de vista de quien lo transmite y sin sentirte obligado a opinar lo mismo. Se trata de aceptar y respetar sus ideas y emociones mientras le ofreces interés y atención.

Trata de escuchar más allá de las palabras: Los gestos, las miradas, los tonos, el ritmo y las pausas también forman parte del mensaje.  Tenerlos en cuenta te ayudará a descubrir mejor el significado emocional de lo que estás escuchando. Son pistas que llegan a ser tan expresivas como el contenido de la conversación.

Respeta los silencios: Si quieres entender lo que alguien te dice, escucha sus palabras. Si quieres comprenderle escucha también la emoción de sus silencios. No te precipites en responder. Muchas veces, si esperas un poco antes de hablar, tu interlocutor te brindará más información. Adáptate a su ritmo como si estuvieras dejándote llevar en un baile. 

No des por supuesto que se necesita tu consejo, tu opinión o tu ayuda.  Quizás sólo quieren tu escucha y tu compañía. Si tienes dudas al respecto, mejor pregunta.

Como te decía al comienzo de este post, suponer es un ejercicio de imaginación que ayuda a ampliar las perspectivas. Pero si confundes tus suposiciones con la realidad y consideras que ese punto de vista es el único válido, quedarás constreñido en una limitada visión del mundo. Escuchar es tener en cuenta otros matices de la realidad y eso enriquecerá tu vida. No te quedes atascado en tus suposiciones. Date permiso para otear otros horizontes. En este sentido y como punto final de esta reflexión te invito a escuchar el audio “Tres propuestas para ampliar tus mapas mentales


Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.


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Aprende a cambiar tu enfoque: Cómo contemplas el problema puede ser el problema. Añade flexibilidad a tu forma de percibir.




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domingo, 28 de septiembre de 2014

Siete pasos para lograr entender, entenderte y que te entiendan mejor

Cuando tengo que mantener una conversación importante suelo recordar un cuento oriental de autor desconocido que hoy quiero compartir contigo. El relato empieza contando que “un sultán soñó haber perdido todos sus dientes y esa pesadilla le dejó tan angustiado que decidió llamar a un sabio para que le explicara su significado. Después de escuchar el contenido del sueño, el sabio se llevó las manos a la cabeza y exclamó: “Qué desgracia, Majestad, cada diente caído representa la pérdida de uno de vuestro parientes más queridos”. Al oírle, el sultán entró en cólera, tomó esas palabras como una atrevida insolencia y ordenó que el sabio fuera castigado. No obstante, seguía preocupado, así que decidió pedir una segunda opinión y llamó a otro erudito, quien tras conocer los detalles de la pesadilla dijo sonriente: “Qué alegría, majestad, realmente sois bienaventurado pues el sueño significa que sobreviviréis a todos vuestros parientes.” En ese momento el semblante del sultán se iluminó con una gran sonrisa y ordenó que el sabio fuera pagado generosamente. Cuando éste salía del palacio, uno de los cortesanos fue a su encuentro y le comentó con extrañeza: “La interpretación que habéis hecho es la misma que hizo el primer sabio. No entiendo por qué fue castigado y, en cambio, tú, recompensado." A lo que el segundo sabio respondió: “Una verdad puede compararse con una piedra preciosa. Si la lanzas contra el rostro de alguien, puede herir, pero si la envuelves en un delicado embalaje y la ofreces con delicadeza, ciertamente será aceptada con agrado."

Estoy de acuerdo con el segundo sabio del relato y considero que los seres humanos hace tiempo que creamos el lenguaje pero aún estamos aprendiendo a comunicarnos. En este sentido, responsabilizarnos de lo que pensamos y de las palabras que lo expresan, es un paso importante. El lenguaje puede ser un puente que te lleve al territorio del conflicto o al terreno de la comprensión.

Por si quieres entender, entenderte y que te entiendan mejor en tus conversaciones y en tu diálogo interior, a continuación te apunto siete obstáculos que pueden arruinar la comunicación y siete formas de soslayarlos:

1.- Poner “etiquetas”: Se trata de rotular con una definición global, una acción particular.  Por ejemplo, si te ha ido mal en un examen, sales de la prueba diciéndote que eres un fracasado. Si tu pareja no ha organizado bien un evento, es un inútil. Y si hay mucha cola en el supermercado, el día está siendo un desastre. Al etiquetar te olvidas de todas las asignaturas que sí has aprobado, de todas las tareas que tu pareja hace estupendamente y de todas las cosas agradables que te han sucedido durante la jornada. Aplicadas a uno mismo, las etiquetas negativas bajan la autoestima, dedicadas a los demás generan rechazo y dirigidas hacia tu vida te desaniman. Cómo mejorar: Recuerda que lo que estás considerando es un hecho puntual. La vida, y las personas como parte de la vida, estamos en continuo proceso de transformación y no hay rótulo que pueda encasillarnos definitivamente.

2.- Irte a los extremos: Es la tendencia a contemplar las situaciones de la vida en forma de todo no nada, éxito o fracaso, blanco o negro, etc… sin aceptar puntos intermedios.  Por ejemplo, quizás te está costando más de lo que esperabas hacer una buena cartera de clientes  y piensas que tu camapa comercial es nefasta y un gran fracaso. Esta forma de interpretar la vida genera tensión y rigidez. En el ejemplo, te llevaría a tirar la toalla y sin embargo, podrías comprobar que, aunque está costando,  ya has logrado que tu marca esté bien considerada y cada vez tiene más seguidores en redes sociales.  Claves para mejorar: Considera siempre la amplia gama de matices que configura la realidad. Si para ti sólo hay blanco o negro, cuestiona tu limitada percepción.

3.- Caer en la generalización: Frases como siempre pasa lo mismo, nadie me entiendie, nunca voy a lograr el asecenso te impiden descubrir la disficultad concreta a la que te estás enfrentando y por lo tanto, te impide también ver las posibles soluciones. La generalización obstaculiza el cambio. Tu estado de ánimo decaerá y sentirás cansancio y frustración. Cuando te refieres a otros en estos términos, especialmente a niños que aún no han  desarrollado un criterio propio, los efectos en su autoimagen y su autoestima pueden ser muy negativos. Clave para mejorar: Especificar aporta claridad y favorece la concentración en lo que es necesario transformar. Al expresarte apunta claramente a la dificultad, aquí y ahora, pues a su lado también está la solución.

 4.-Ver sólo lo negativo: ¿Tienes tendencia a concentrarte sólo en los detalles negativos para luego concluir que la totalidad de la situación es desastrosa? Por ejemplo, has hecho una presentación de tu proyecto y varias personas de tu departamento se han mostrado interesadas y te han dado su apoyo. Sin embargo cuando llegas a casa lo que cuentas es que no tuviste respuesta para una de las preguntas que te formuló tu jefe y consideras que eso causó muy mala imporesión y hasta es posible que rechacen tu propuesta.  Pensar de forma sesgada genera innecesarias angustias. Si además magnificas lo malo, la situación pronto la verás totalmente catastrófica y tu desasosiego irá en aumento. Clave para mejorar: Cultiva una atención equilibrada para ser capaz de descubrir tanto lo que puede mejorarse como lo que ya es una maravilla.

5.- Entregar el poder sobre tus estados de ánimo: Si dices, me enfadas, me pones triste o no me deprimas,  estás colocándote en el papel de víctima irresponsable, otorgándole al otro todo el poder sobre tu estado de ánimo. Pero si explicas, cuando me interrumpes con tus comentarios, siento un gran enfado o al ver que no me llamas me pongo triste y me deprimo, estás reconociendo tu emoción y retomas el poder de elegir tu respuesta a la situación concreta. En el primer caso aparecerá tensión en la conversación pues el otro verá que le haces responsable no solo de su comportamiento, que puede regular,  sino también de tus emociones, algo que escapa a su control. Clave para mejorar: Ten en cuenta que las circunstancias tienen su importancia pero lo que posibilita la gestión de tus emociones es tu capacidad de elegir respuesta ante esas circunstancias.


6.- Adivinar intenciones: Es  el hábito de  hacer suposiciones atribuyendo a los demás pensamiento negativos, sin molestarte en comprobar lo cierto de tus ideas. ¿Te reconoces diciendo … ¡Ya sé que piensa que ha sido por mi culpa y que soy un desastre!...? Esta forma de hablar dificulta la comunicación pues, dado que uno ya lo sabe todo y no pregunta al respecto, el otro empieza a pensar que quizás no será escuchado y difícilmente comprendido. Clave parar mejorar: Atrévete a preguntar. Es una forma de respetar a tu interlocutor y demostrarle que te interesa comprenderle.

7.- Apoyarte en los deberías: Es la costumbre de hablar en términos de obligaciones intentando imponer tu modo de ver la vida como si fuera una verdad absoluta. Mira cómo cambia la emoción que se suscita si dices, hubiera preferido que me hubiera consultado y me gustaría explicarte mi punto de vista, en vez de deberías haberme consultado y deberías avergonzarte por tu desconsideración. Este tipo de expresiones pone al interlocutor a la defensiva e impide un acercamiento cordial. Clave para mejorar: Prueba a cambiar el debería ser así por el preferir que sea de esa manera y expresa con claridad tus deseos.

Poniendo un poco de atención puedes identificar y corregir estas tendencias, verdaderos obstáculos para la buena comunicación. Con ello allanarás el camino del encuentro, el entendimiento y la comprensión.

Gracias por tu atención. Me alegrará leer tus comentarios. Hasta pronto.



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"En el fondo de tu corazón están esperando los sueños no cumplidos y todo el amor que aún no ha podido ser. Date permiso para vivirlos.(“Lo que el corazón quiere contemplar”) 

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domingo, 13 de julio de 2014

¿Tienes claro tu objetivo? Pautas para saber mejor lo que realmente quieres.

Tengo una idea. Está relacionada con un área de mi vida que hace tiempo quiero cambiar. Aunque aún es una idea difusa, ya me emociona y quiero desarrollarla, pero no se por dónde empezar. “Lo último que uno sabe es cómo empezar” decía Pascal. La sensación es la de descubrir un sueño que está empezando a gestarse en mi interior. “Un objetivo es un sueño con patas” decía John Whitmore.  Quizás tengo que alimentar este sueño, darle más cuerpo, hasta conseguir que sea un objetivo con piernas, con el que pueda avanzar a buen paso.   Sé por experiencia que crece aquello en lo que enfocas la atención así que decido tener una conversación conmigo misma para hablar del tema.  

¿Qué es lo que quiero? ¿Cuál es esa idea que tanto me emociona?
Al principio parece que tengo más claro lo que no quiero pero poco a poco, mi deseo se va abriendo camino entre los confusos pensamientos y consigo escribirlo en términos positivos. Hago varios intentos para ser nás específica. Me ayuda cerrar los ojos e imaginarme como me voy a sentir cuando este sueño se haga realidad.

¿Para qué quiero alcanzar este objetivo? Imagino qué es lo que aparecerá en mi vida, aún más importante que el propio sueño, como consecuencia de haberlo logrado. Me doy cuenta de la relación directa de este deseo con mi escala de valores. Aún me siento más motivada.

¿Cómo voy a saber cuándo lo he logrado? Vuelvo a esforzarme por ser concreta. Cierro los ojos y me imagino todo lo que tendrá que estar pasando para que pueda decirme a mi misma: ¡Lo has conseguido! Lo anoto con detalle. Responder a esta pregunta me ayuda a descubrir más información sobre el momento, el lugar y las personas que estarán involucradas. Me recreo en esa visualización.

¿De qué manera mi sueño afectará a las diversas facetas de mi vida? Aquí aparecen algunos temores y trato de mantenerme atenta a todos ellos. Esta idea no es lo único importante en mi vida. Quiero que sea compatible con todo lo que valoro y no quiero cambiar. Quiero que este sueño sume y no reste. Tomo nota de lo que se me va ocurriendo en este sentido y modifico un poco la primera definición.

Mientras realizo este ejercicio voy incluyendo momentos de quietud en los que respiro hondo y simplemente observo lo que siento. Siguen apareciendo miedos. Los dejo mostrarse. Voy escribiendo frases cortas que describen todo aquello que según esos miedos me pueden impoedir alcanzar el objetivo. Cuestiones relacionadas con mi voluntad, mis experiencias negativas con asuntos similares, posibles problemas de falta de tiempo, de falta de creatividad, etc… Me prometo tener todo eso en cuenta cuando realice el plan de acción. De momento, simplemente lo anoto. Una parte de mi se siente más relajada.

Pero quiero ser lo más objetiva posible. No quiero quedarme estancada en sentimientos de carencia e impotencia. Así que hago una lista de los recursos necesarios. Subrayo en color verde todo aquello que ya tengo y en color rojo lo que me falta. Ahora la visión es más equilibrada y me centro en anotar ideas sobre cómo puedo encontrar esos recursos que aún no están a mi alcance. Cosas que necesito aprender, adquirir o desarrollar y cambios a realizar en mis horarios y mis costumbres. Conforme más información anoto más matices se van añadiendo a la idea original.

Y vuelven a aparecer más temores. ¿Y si no puedo conseguir esos recursos y esas ayudas? Me obligo a pensar en más alternativas para alcanzar el objetivo. Cierro los ojos y me imagino cómo afrontaría esta situación una persona a quien admiro mucho. También pienso en qué haría si estuviera en otro país, si tuviera otra edad o si nadie me conociera. Poco a poco empiezan a surgir más caminos, más alternativas. Y más incertidumbre también.

Así que me hago la gran pregunta. La que es necesario formular para soñar con los ojos bien abiertos: ¿Qué es lo peor que puede pasar? Dejo que aparezca la escena más temida. ¿Qué haría si eso sucediera? Hay respuesta y eso me calma. Modifico algunas anotaciones anteriores, incluyo aspectos que no había tenido en cuenta, saco algunas conclusiones y me hago la otra gran pregunta. La que es necesario hacer para soñar con los ojos abiertos y mirando en la dirección que señala el corazón: ¿Qué es lo mejor que podría pasar? Hay respuesta y me entusiasma. Me recreo en esa visualización. Trato de vivirla con todos los sentidos.

Ahora ya tengo un objetivo bien formulado, una visión que me inspira y el siguiente paso es desarrollar un plan de acción que me lleve al resultado deseado. Cómo dice Anthony Robbins “establecer metas es el primer paso para transformar lo invisible en visible”. Estoy en ello.

El proceso que te acabo de describir lo he vivido muchas veces a lo largo de mi vida. Hoy he querido compartirlo contigo porque siempre me ha resultado muy útil seguir estas pautas para aclarar ideas. Espero que mi experiencia te pueda ayudar en la tarea de formulación de tus propios objetivos.  Si quieres dar el siguiente paso y elaborar un buen plan de acción te sugiero leer el artículo ¡Manos a la obra! donde explico algunas claves para lograrlo. 

Si un sueño te está llamando estás a punto de emprender un viaje en el que lo más importante no es alcanzar tu objetivo, aunque eso te mueve a ponerte en camino, sino lo que crecerás en el intento. Pues todo deseo implica que una parte de la vida que eres quiere ser de alguna soñada manera. Vida queriendo ser vida expandida. Vida que quiere ser admirada, honrada y celebrada.

En mi libro Lo que el corazón quiere contemplar hablo de ese viaje, de todos los aspectos de uno mismo que es necesario despertar para ir alcanzando metas y te ofrezco metáforas, ejercicios y herramientas útiles para ese periplo. Puedes descargarlo gratuitamente en ebook y en audio. También verlo en web o solicitarlo en papel. Si decides leerlo espero que disfrutes y te ayude en tu camino.

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Hasta pronto.


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¡Manos a la obra! Aprende a elaborar un buen plan de acción.

Carta a un sueño recién nacido: Carta de aliento a esa parte de ti capaz de volver a empezar como si fuera la primera vez.

Las semillas de tus sueños: Visualización guiada para apoyar a tus sueños en el viaje hacia su más feliz realización.



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