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lunes, 11 de julio de 2016

Puedes pedir con claridad o esperar que adivinen tus deseos

Nos demos cuenta o no, lo hagamos abierta o veladamente, el caso es que, desde que nacemos, nos pasamos la vida pidiendo. Pedimos afecto y colaboración, pedimos al rezar o al solicitar la complicidad del universo para hacer realidad nuestros sueños y nos pedimos esfuerzo y superación a nosotros mismos. Hasta las quejas y lamentos suelen ser meros envoltorios de algún tipo de petición.

 Una de las ventajas del desarrollo del lenguaje es que nos da la posibilidad de expresar claramente lo que queremos y, por lo tanto, de empreder un camino más directo hacia el resultado que deseamos. Los niños, a poco que empiezan a balbucear palabras, piden lo que desean. Se sienten con derecho a pedirlo y dignos de ser escuchados. Además, suelen ser muy persistentes. 

Los adultos, sin embargo, con frecuencia esperanos que los demás adivinen nuestras preferencias, renunciando a comunicarlas abiertamente. “Es que si hay que decirlo ya no tiene valor” “Me da vergüenza pedirlo” “No estoy preparado para una negativa” “Si me quiere sabrá lo que me gusta”, etc… son afirmaciones que intentan justificar la resistencia a solicitar, sin rodeos, lo que necesitamos.

Entre las razones que engrosan esas resistencias están, a menudo, una escasa consciencia corporal y desconexión emocional que dificulta el reconocimiento de nuestras querencias. También, mantener creencias limitadoras como pensar que “pedir es signo de debilidad” o sentir miedo de quedar a merced de otros. Nos puede perder el orgullo al considerar que todo lo podemos hacer por nuestra cuenta o nos puede frena excesivamente la baja autoestima al suponer que sin la aprobación de los demás no somos nada.

En medio de esta marea de creencias limitadoras, dudas y temores, gran parte de las veces, si nos atrevemos a pedir, lo hacemos sin concretar, sin determinar condiciones y esperando de los otros, no ya una escucha atenta, sino la clarividencia que les permita hacerse cargo de lo que nos atrevemos a solicitar.
Este chiste sirve como ejemplo gracioso de los problemas que se pueden generar si no somos específicos al momento de expresar nuestros deseos: 

“Un hombre encontró una botella mientras paseaba por la playa. La levantó de la arena, le quitó el tapón y, ante su sorpresa, vió salir de su interior un genio que le dijo:
 - Gracias por librarme de la botella que me tuvo preso tanto tiempo. Ahora, en recompensa te cumpliré tres deseos.
- ¡Fantástico! Siempre he soñado con algo así y sé exactamente lo que quiero.
El genio le pidió que expresara sus deseos y el paseante hizo un primer pedido de dinero que fue atendido al instante, después pidió el último modelo de su marca de coche preferida, que inmediatamente apareció a su lado y, en tercer lugar pidió  “ser irresistible para las mujeres”. Al escucharle, el genio le tocó con su mano y lo convirtió en una caja de bombones.”

 Sea que hagas una petición a otro ser humano, al universo o a ti mismo, conviene ser efectivo, pues de lo contrario, echarás a perder la gran posibilidad que supone poder solicitar apoyo.  Entendiendo que la buena comunicación no depende tanto de hablar mucho sino de hablar claro, hoy he elegido compartir contigo algunas pautas que pueden serte muy útiles si quieres mejorar en el arte de comunicar lo que quieres:

¿Quién pide?
Tú eres el que pide, se trata de tus necesidades, así que empieza por escucharte con tranquilidad hasta que tengas claro lo que quieres. Cuando respondas “me da igual” piénsalo bien. Date tiempo y permiso para reconocer lo que deseas. Expresar tus preferencias es respetarte. Es importante que descubras el fondo de tus deseos. Por ejemplo, en un primer momento, puedes creer que lo que quieres es salir a cenar a un restaurante con tu pareja, pero al preguntarte “¿qué es lo que obtendré al realizar ese deseo?” quizás descubras que lo que verdaderamente deseas es la atención de tu cónyuge y un tiempo para hablar tranquilamente.  ¿Qué es lo que realmente quiero de esta persona? ¿Qué expectativa ha quedado incumplida? ¿Qué supone eso en mi vida? Hazte estas preguntas hasta descubrir qué es lo que verdaderamente te importa.

¿A quién se lo pides?
Los demás son seres humanos, como tú, con sus altibajos, sus grandezas y sus limitaciones. A veces no estarán a la altura de tus expectativas y a veces las superarán. En cualquier caso, asegúrate que tu petición esté enmarcada en el respeto hacua su libertad de respuesta. Es decir, acostúmbrate a solicitar en vez de exigir. Ten en cuenta, además, que cada uno tiene sus tiempos. A veces, su respuesta será positiva pero después de un espacio de reflexión. Ten paciencia. También recuerda que hay muchas formas de lograr un mismo objetivo. Los demás pueden estar de acuerdo en atender tu pedido pero, quizás, prefieren una forma de hacerlo distinta a la que tú hubieras elegido.

¿Qué pides?
Asegúrate de no hacer pedidos imposibles. Los otros pueden colaborar contigo pero no podrán hacerse cargo de lo que sólo está bajo tu control y forma parte de tu responsabilidad. Ovserva la diferencia entre decir a un amigo: “Ojalá hoy propongas algo interesante pues yo no estoy muy inspirado y necesito distraerme” o afirmar: “Hoy me tienes que animar”. Igualmente es esencial que, desde el primer momento, tengas claro si lo que pides es una preferencia o una necesidad pues de esta diferenciación se derivarán las emociones que sentirás al pensar en realizar la petición.

¿Sientes alguna resistencia a pedirlo claramente?
Si notas que algo te frena a expresarte, pregúntate: ¿Qué es lo peor que me puede pasar si solicito lo que quiero? ¿Cómo cambiará mi vida si rechazan mi petición? Imaginar “tu escena más temida” puede ayudarte a comprender su verdadera importancia y así, impedir generar emociones que no se correspondan con dicha importancia. Si en el paso anterior ya has podido diferencias entre preferencia y necesidad, tendrás ganado un buen trecho en este punto. Recuerda, además, que al obtener una respuesta, sea la que sea, siempre estarás ganando información. Y ante algunas negativas puede quedar la posibilidad de negociación para llegar a algún acuerdo. En cualquier caso, el miedo al rechazo y la frustración son dos emociones que es necesario aprender a gestionar pues aparecen, tarde o temprano, en el camino de cualquier vida.

¿Cómo vas a formular tu petición?
Una comunicación efectiva y afectiva implica atender lo que sientes y, a la vez, responsabilizarte de encontrar cauces constructivos de expresión. En este sentido es útil:


A) Eligir el momento:
Calcula el tiempo que vas a necesitar para expresarte y cuenta con la opinión de los demás pues necesitas una buena disposición a escuchar por su parte. Quizás convenga realizar preguntas del tipo: “Necesito media hora (o lo que hayas calculado) para conversar contigo, ¿podría ser ahora o prefieres en otro momento?”

B) Procurar ser claro, sencillo y específico:
Una buena fórmula puede ser “Yo te pido a ti (qué, cómo y cuándo)” Si dices “habría que pensar en las vacaciones”, ni siquiera llegas a hacer una petición concreta sino que te quedas en la expresión de un deseo muy general. Pero si, siguiendo la fórmula afirmas: “Me gustaría que, si te fuera posible, antes de acabar el mes, te encargases de buscar información sobre posibles viajes para nuestras vacaciones, pues yo no tendré tiempo y sería una pena perder las ofertas de la temporada” Esa petirción es más concreta y clara.

C) Buscar las palabras más efectivas:
Palabras que no inciten a tu interlocutor a ponerse a la defensiva. Hablar claro no tiene porque suponer desconsideración. En la medida de lo posible que tu petición no suene a mandato y que sugiera respeto por su libertad de respuesta. En vez de “Debes” o “tienes que…” di “Es necesario o es importante… ". En lugar de “Quiero que tú…” di “me gustaría que tú…” , “Te propongo …” o “te agradecería que…”

D) Ponerle emoción:
No expreses únicamente la lógica de tu petición, habla también de cómo te sientes, qué significado tiene para ti lo que reclamas o qué valor darás a la colaboración que pides. Expresa entusiasmo si quieres entusiasmar y exprésate con determinación si deseas ser tomado en serio.

E) Insistir, si es necesario.
Ante una primera negativa comprueba si te han comprendido bien, si puedes encontrar nuevos argumentos o pregunta directamente si puedes hacer algo para tener una respuesta positiva.

F) Contar con la propia creatividad:  
A veces, lo más importante para obtener lo que deseas es conseguir obtener la atención suficiente como para interesar al otro en tu asunto. En un trabajo de equipo, por ejemplo, si consideras que lo que quieres para ti puede ser de beneficio para otros, empieza exponiendo esas ventajas para captar su apoyo y así tener más fuerza al hacer la petición. Además, utiliza tu imaginación para visualizar la escena tal como quieres que resulte. Es una forma de familiarizar a tu mente con la situación y disolver algunas resistencias.

Es entrañable que el otro sea empático pero también es saludable facilitar el camino para que te comprendan. Una comunicación efectiva y afectiva implica no censurar lo que sientes y a la vez responsabilizarte de encontrar cauces constructivos de expresión. Recuerda que si no eres claro al pedir lo que quieres te arriesgas a recibir lo que no deseas.

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal




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sábado, 2 de enero de 2016

¡Cuidado con las expectativas! Son un arma de doble filo

Decía el inventor estadounidense Thomas Edison que “los que dicen que es imposible no deberían molestar ni interrumpir a los que están intentándolo”. es que nos vamos influenciando mutuamente a través de las expectativas que proyectamos los unos sobre los otros. Empezando en la niñez y continuando, en cierta medida, a lo largo de toda la vida, las opiniones de padres, maestros, amigos y otras personas de referencia, hacen de freno o estímulo en nuestro desarrollo. 

Se cuenta la historia de dos niños que patinaban sobre una laguna helada. De pronto, el hielo se quebró y uno de ellos cayó al agua, quedando atrapado. El otro niño, viendo que su amigo se ahogaba, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró romper la helada capa y rescatarlo. Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaban cómo lo había hecho, pues el hielo era muy grueso.
– “Es imposible que lo haya podido romper con esa piedra y sus manos tan pequeñas”, afirmaban.
A lo que un anciano que les escuchaba, respondío:
– “Yo sé lo que ocurrió: No había nadie a su alrededor para decirle que no podía.”

De forma más o menos consciente todos influenciamos y nos dejamos influenciar por prejuicios, creencias y estereotipos que intercambiamos al relacionarnos. Si aceptamos que las palabras pueden herir o acariciar, su importancia queda subrayada cuando nos atrevemos a expresar expectativas.  En esta preciosa escena de la película “En busca de la felicidad” queda muy bien reflejada esta idea:


La buena noticia es que poniendo más consciencia y respeto se puede lograr que las expectativas jueguen a nuestro favor. Las sugerencias que hoy quiero compartir contigo te pueden ayudar en ese empeño:

1.- De tanto en tanto, haz una pausa y pregúntate si tu vida refleja quien eres o lo que los demás esperan de ti. ¿Quiénes son esas personas a las que quieres complacer? ¿En qué aspectos sus expectativas chocan con tu verdad interior? ¿Cómo puedes poner límite a esa influencia? Querer gustar a todos te deja, cual veleta, a merced del cambiante viento de las expectativas ajenas. Para recuperar el equilibrio busca la paz que surge de la propia aceptación.

2.- Respecto a lo que tú esperas de ti mismo, acepta y ama lo que eres ahora a la vez que confías en todo lo que aún puedes llegar a ser. Anímate a expresar tu mejor versión pero asegúrate de seguirte amando aún en la peor. La excesiva autoexigencia puede  terminar bloqueándote. Quererte bien es encontrar un buen equilibrio entre aceptarte y superarte.

3.- En cuanto a tus expectativas sobre tu vida, date permiso para soñar pero no hagas depender tu felicidad de su cumplimiento. El equilibrio emocional pasa por ver los deseos como preferencias y no como necesidades. Es cuestión de entusiasmarte sin depender. Las expectativas de futuro son positivas si te ayudan a vivir mejor el presente pues, el futuro, siempre es incierto.

4.- Ante algo que te apasiona pero te parece o les parece a los demás, imposible de lograr, recuerda, antes de desistir,  que aún no alcanzando esa meta, el hecho de intentarlo puede permitirte desarrollar nuevos talentos. A veces, seguir por una dirección, aún resultando finalmente incorrecta, permite descubrimientos necesarios y beneficiosos. El candado más fuerte es el que cierra tu mente con las cadenas de creencias limitadoras. Para liberarte necesitas la llave de la confianza.

5.- Haz una lista de las personas que consideras te proyectan una imagen positiva de ti mismo anotando las consignas te expresan con palabras o actos. Igualmente haz otra lista pero de las proyecciones negativas. ¿Cómo te están influyendo unos y otros en tu vida, en este momento? Cuestiona las frases limitadoras que hayas interiorizado y sácalas de tu autodiálogo. Por el contrario, subraya con hechos que hayas podido constatar, las frases más motivadoras y repítelas a menudo. No creas que solo cuentas con los recursos desarrollados hasta ahora. Nadie conoce el límite del potencial humano.

6.-  Procura concéntrate en lo que quieres de ti  mismo en vez de enfocarte en lo que esperas de los demás. No impongas a los otros el disfraz de tu idealización. Mejor aprende a contemplar con serenidad su alma desnuda. Creces cuando aceptas que los demás no se ajusten a tus expectativas sino a su verdad interior. Y te animas a hacer lo mismo. En este poema, el psicoterapeuta Fritz Perls lo expresa de una clara y bella manera:

“Yo soy yo y tu eres tu
Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas y,
Tu no estas en este mundo para cumplir las mías.
Tu eres tu y yo soy yo.
Si en algún momento o en algún punto nos encontramos,
y coincidimos, es hermoso.
Sino, pocas cosas tenemos que hacer juntos.
Tu eres tu y yo soy yo.
Falta de amor a mi mismo,
cuando en el intento de complacerte me traiciono.
Falta de amor a ti,
cuando intento que seas como yo quiero.
En vez de aceptarte como realmente eres.
Tu eres tu y yo soy yo.”

7.- Si vas a proyectar expectativas negativas sobre los sueños de otros o sobre su  capacidad para hacerlos realidad, antes de hablar ten en cuenta la fuerza de su motivación. Quizás a ti te parece muy difícil porque no estás vibrando con su misma pasión o no compartes sus valores, de donde puede surgir la fortaleza para levantarse tras los tropiezos, la creatividad para renovarse una y otra vez, el coraje para enfrentar las circunstancias dolorosas y la alegría necesaria para disfrutar perseverando dónde tú te angustiarías.

8.- Si tienes una imagen negativa de alguien de tu entorno, con quien necesariamente tienes que convivir o colaborar, ese concepto actuará como radar para detectar más y más fallos y puede que esa relación termine basándose más en prejuicios que en hechos reales y no fluirá con naturalidad. Cambia el enfoque poniendo en tu mirada más compasión y recordando que todo camina hacia su plenitud. Haz una lista de lo que crees que esa persona ha hecho bien desde que la conoces. Reconoce sus cualidades, sus talentos, sus esfuerzos y sus buenas intenciones.  Aprecia sus logros por pequeños que sean. Y termina agradeciendo aquello que pueda estar aportando de positivo en tu vida. No señales a quien contigo va por el potencial que aún no ha sabido desplegar sino  porque, aún en la oscuridad, admiras su alma jugando a manifestar su luz.

9.- Aprovecha constructivamente la energía de la sana rebelión ante profecías limitadoras, vengan de donde vengan. Queda alterado continuamente el concepto de lo posible con cada osadía humana. Es el momento de revisar todos los episodios de tu vida en los que has sido capaz de superarte y de buscar ejemplos de otros seres humanos que han alcanzado logros que nadie creía posibles. Únete a otros que compartan ese mismo sueño y confía más que nunca en la fortaleza del espíritu humano.

10.- En toda ocasión se consciente de lo que dices y enhebra tus palabras con respeto y delicadeza por la vida que todos somos y la peculiar manera en que cada uno la manifiesta. Cómo se explica en este vídeo “tenemos una responsabilidad ineludible sobre lo que hablamos pues nuestras palabras tienen un poder más grande de lo que imaginamos”:


Gracias por tu atención. Estaré encantada de leerte si decides participar con tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal




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lunes, 7 de diciembre de 2015

Cómo lograr que ayudar resulte, realmente, de ayuda

Conforme se acercan las fiestas navideñas, ante el deseo de paz, unión y felicidad para todos, quedan más patentes las carencias de muchos, nos vamos volviendo más sensibles a las necesidades ajenas y emerge con más fuerza el deseo de ayudar. 

Desde mi punto de vista, aún contando con la mejor intención, ayudar no es fácil. Anthony de Mello lo expresaba con mucho acierto y sentido del humor:
- "¿Qué demonios estás haciendo?", le pregunté al mono cuando le vi sacar un pez del agua y colocarlo en la rama de un árbol.
- "Estoy salvándole de perecer ahogado", me respondió.

Considero que el altruismo es un hermoso gesto humano que siempre vale la pena favorecer pero también entiendo que no está de más que vaya acompañado de un poco de reflexión para que ayudar resulte realmente de ayuda.

Una antigua leyenda cuenta que “cierto día, un sabio visitó el infierno. Allí, vio a mucha gente sentada en torno a una mesa ricamente servida. Estaba llena de alimentos, a cada cual más apetitoso y exquisito. Sin embargo, todos los comensales tenían cara de hambrientos y el gesto demacrado: Tenían que comer con palillos; pero no podían, porque eran unos palillos tan largos como un remo. Por eso, por más que estiraban su brazo, nunca conseguían llevarse nada a la boca.

Impresionado, el sabio salió del infierno y subió al cielo. Con gran asombro, vio que también allí había una mesa llena de comensales y con iguales manjares. En este caso, sin embargo, nadie tenía la cara desencajada; todos los presentes lucían un semblante alegre; respiraban salud y bienestar por los cuatro costados. Y es que, allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de alimentar con los largos palillos al que tenía enfrente.”

Hace un tiempo, asistí a un taller de crecimiento personal en el que el facilitador nos propuso escenificar, entre todos los asistentes, la idea del cielo que describe este cuento. Tuvimos que disponernos en círculo alrededor de un cesto lleno de tarjetas de colores que representaban alimentos y con unas varillas preparadas para el juego, teníamos que alimentar a los demás y permitir que otros nos alimentasen. Además, a algunos participantes se les había informado sobre algunas características que debían incorporar al papel que representaban y que los demás desconocíamos. Por ejemplo, algunos “no tenían dientes”, otros “eran alérgicos a algún alimento”, etc… Al final debíamos lograr sentirnos bien, estar alegres y, por supuesto, bien alimentados. Al realizar esta dinámica aprendí muchas cosas sobre el arte de ayudar que hoy quiero compartir contigo:

1.- Una de las primeras cosas de las que nos percatamos fue que, cada cual, según su posición en el círculo, podía ayudar a unos cuantos compañeros pero resultaba imposible alimentar a otros. Así que, para ser eficaces, había que centrarse en lo que era posible hacer y confiar que otros hicieran el resto.

2.- También aprendimos a interesarnos por el otro antes de intentar ayudarle. Resultó muy impactante ver como alguien con todo entusiasmo acercó a la boca de otro compañero una tarjeta que representaba un gran pastel y, sin embargo, fue rechazado pues esa persona estaba en el papel de “diabético”. Comprendimos que todo el esfuerzo realizado y toda la ilusión invertida en ese gesto no solo no servía sino que podía haber sido lesivo, solo por no haber indagado antes sobre las verdaderas necesidades y los deseos de quien iba a recibir la ayuda. En este punto el coordinador del grupo nos animo a reflexionar sobre las motivaciones de nuestro deseo de ayudar, invitándonos a responder a las siguientes preguntas: ¿Qué busco con este gesto altruista?, ¿Admiración, control, sentirme bueno o importante, quedar bien o deseo, desinteresadamente, el bien del otro?, ¿Estoy poniendo por delante sus necesidades o mi propio interés? Aún cuando haya una mezcla de motivaciones, es importante ayudar, pero partiendo del interés real por el otro, su circunstncia y sus prioridades.

3.- El tercer punto que quedó claro es que era necesario ayudar en el momento adecuado para el que es ayudado y no cuando le fuera bien a quien ayudába. Pues sucedió que un participante se encontró que tras haber logrado coger con mucho esfuerzo una tarjeta que representaba un humeante tazón de sopa, se lo ofreció a alguien que estaba realizando, “por motivos religiosos, unos días de ayuno”. Una y otra vez vimos clara la necesidad de observar, preguntar, interesarnos por el otro para así poder ofrecerle lo que realmente necesitaba y en el momento adecuado. Por mucho que deseemos ayudarle a volar, una oruga necesita su tiempo dentro del capullo para transformarse en mariposa. Lo prioritario es la necesidad del otro y no nuestra necesidad de ayudar.

4.- También nos dimos cuenta que cada uno de nosotros formábamos parte del grupo y eso quería decir que no sólo teníamos que ayudar a comer a los demás sino que teníamos que permitir que otros nos ayudasen. Aquí, uno de los compañeros compartió este cuento de Bruno Ferrero que ilustra muy bien este punto: “Un padre estaba observando a su hijo pequeño que trataba de mover una maceta con flores muy pesada. El pequeño se esforzaba, sudaba, pero no conseguía desplazar la maceta ni un milímetro.
- “¿Has empleado todas tus fuerzas”, le preguntó el padre.
- “Sí”, respondió el niño.
- “No”, replicó el padre. “Aún no me has pedido que te ayude”.
Considero que, aún con la ayuda de los demás, poco se logra, si no empiezas por ayudarte a ti mismo. Pero en ocasiones, ayudarte a ti mismo supone, dejarte ayudar.

5.- El quinto aprendizaje consistió en comprender que en la necesidad de ayudar también se puede llegar a estorbar y obstaculizar la ayuda que otros están realizando o el aprendizaje que se necesita asimilar a base de equivocaciones. Tuvimos que ser cuidadosos, utilizar el ingenio y ponernos de acuerdo para que al irse cruzando nuestras varillas no se cayeran las tarjetas de comida, por ejemplo. Quedó claro que no era positivo hacer por el otro lo que no te ha pedido o suponer de antemano que no será capaz de hacerlo o, por no querer dedicar el tiempo necesario o querer que te sigan necesitando, hacer algo en vez de enseñar a hacerlo. Poco a poco, siendo respetuosos y pacientes unos con otros, fuimos compartiendo aprendizajes y mejorando.

6.- Además, también descubrimos talentos particulares que quedaron expuestos al trabajar en equipo por el bien común. Algunos iban coordinando las acciones, otros ofrecían ideas para manejar mejor las varillas, otros iban recopilando lo que íbamos aprendiendo, otros animaban y alentaban a los demás cuando se cometían errores, etc… Ayudando nos ayudábamos a nosotros mismos. Ibamos encontrando nuestro sitio y nuestra función dentro del grupo. Como dice Jorge Bucay, “el verdader amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar al otro para que sea quien es”

7.- Entendimos que nadie sale adelante solo sino que otros tienen que hacer bien su labor para facilitarnos nuestro bienestar. En otro momento del taller nos invitaron a descubrir esa trama de colaboración en la vida de cada uno y sentimos brotar agradecimiento por tantas personas que, de una forma u otra, estaban ayudándonos a tener una vida más grata. Fue ahí dónde escuché por primera vez la historia de la gestación del famoso cuadro “Manos” del pintor alemán Alberto Durero, que puedes escuchar en este audio:


En las conclusiones finales de la jornada, todos coincidímos en que el activar esa capacidad humana de salir de uno mismo para ayudar a otro nos generaba un sentimiento reconfortante. La clave principal es llegar a considerar los intereses de otro como tus propios intereses. Algunos neurólogos afirman que la ayuda desinteresada, enciende una parte del cerebro que está vinculada con la sensación de placer. Por otra parte, tener algo que ofrecer, mejora la autoestima y el apoyo mutuo profundiza y fortalece los vínculos sociales. Desde mi experiencia creo que cuando te sientes útil, por mucho que hayas entregado, te llevas más. Y te sientes pleno. En esta escena de "El Rey Pescador" (Terry Gilliam, 1991), una de mis películas favoritas, queda expresaba de una forma sencilla y poética, el profundo significado de la capacidad humana de ayudar:



Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach personal


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lunes, 23 de noviembre de 2015

Cómo lograr que tu comunicación afectiva sea también, efectiva

Los seres humanos contamos con un variado abanico de posibilidades para intentar comunicar nuestros afectos. Y digo intentar  porque una cosa es expresar los sentimientos y otra muy distinta, hacerlo de tal manera que los puedan entender, aquellos a quienes van dirigidos. Begoña Abad en este fragmento de su poema “La medida de mi madre” (Edit.l Olifante) lo expresa con gran belleza y ternura:

“No sé si te lo he dicho:
mi madre es pequeña
y tiene que ponerse de puntillas
para besarme.
Hace años yo me empinaba,
supongo, para robarle un beso.
Nos hemos pasado la vida
estirándonos y agachándonos
para buscar la medida exacta
donde poder querernos.”

Creo que no hay frontera ni diferencia capaz de impedir que dos seres humanos compartan un mismo sentimiento. El amor lo sabe. Es la victoria de la vida. Pero
desde mi punto de vista, ese “buscar la madida exacta donde poder querernos” es un compromiso necesario entre las personas que se aman. De la misma manera que te interesas por el idioma, las aficiones o las costumbres de quienes te importan, con el fin de comprenderlos y favorecer la cercanía, también es importante poner atención a sus formas preferidas de expresar afecto. Por supuesto, habiendo empezado por observar y descubres tus propias preferencias al respecto.

Las expresiones de afecto, en los diferentes vínculos que establecemos las personas, se pueden dividir en tres categorías que, a su vez, incluyen muchas modalidades. En primer lugar estarían las  expresiones verbales. Aquí se incluyen las frases que expresan apoyo, elogios, consuelo, gratitud, confianza, deseo, etc… ( “te quiero”, “puedes contar siempre conmigo”, “confío en tu capacidad”, “Te añoro”….) En segundo lugar, las expresiones no verbales como miradas, sonrisas,  contacto físico y gestos afectuosos como unir las manos, abrazar, besar, caricias de todo tipo, desde las que implican únicamente ternura hasta las que conllevan connotaciones sexuales, tonos de voz cariñosos, etc…. Y en tercer lugar estaría la categoría de las conductas como dar apoyo, cuidados, escuchar, colaborar, hacer regalos, acompañar, compartir tiempo de calidad, etc…

En general, suele resultar más satisfactorio recibir cariño en el mismo estilo que te gusta darlo. Por ejemplo, si te sale espontáneo dar un abrazo o decir una frase amable cuando sientes ternura, te gustará recibir caricias o palabras afectuosas de tus seres queridos y quizás no te sientes tan amado si te hacen un regalo o te ofrecen colaboración en alguna tarea. A otras personas les puede suceder justo al revés o darse otras combinaciones. No obstante, cuando dos seres humanos quieren acortar distancias, lo deseable es que, como en el poema de Begoña Abad, procuren “estirarse y agacharse” lo necesario para encontrarse. Es decir,  que se interesen por las preferencias del otro e intenten ampliar su lenguaje afectivo para comunicerse mejor.

En este sentido y entendiendo que la comunicación afectiva conviene que también sea efectiva, hoy quiero compartir contigo siete sugerencias que pueden serte útiles en este empeño:

 1.- Amplía tu mapa de lenguajes afectivos interesándote por los de los demás: Descubre con qué muestras de afecto te sientes más cómodo y cuáles son tus estilos de transmitir cariño más habituales. Después observa qué es lo que hace que tus seres queridos o las personas con las que quieres establecer vínculos afectivos, se sientan más amadas. Recuerda que no existe una receta universalmente eficaz y puede que no coincida con tus preferencias. Prueba de diferentes maneras y observa cuál es la que genera una respuesta más positiva. Se trata de encontrar el mejor camino para que esas personas sientan tu cariño.

2.- Combina diferentes expresiones de afecto para intensificar su efecto: Si tu pareja se siente querida cuando pasas tiempo a su lado, escuchándole, promueve actividades compartidas que permitan conversación e intimidad. El siguiente relato también da otra idea de cómo sumar muestras de afecto:
“En una escuela africana una alumna le dio a su maestra un regalo de cumpleaños.
Se trataba de un hermoso caracol.
- "¿Dónde lo encontraste?", le preguntó la maestra.
La niña le dijo que esos caracoles se encontraban solamente en cierta playa lejana.
La maestra se conmovió profundamente porque sabía que la niña había caminado muchos kilómetros para buscar el caracol.
- "No debiste haber ido tan lejos sólo para buscarme un regalo"
La niña sonrió y le contestó:
- "Maestra, la larga caminata es también parte del regalo"

3.- Se creativo en las formas y constante en su manifestación: Cuando estás aprendiendo un idioma sabes que puedes ir ampliando más y más el vocabulario, mejorando el acento, etc… pero sepas lo que sepas practicas con regularidad.  Pasa lo mismo con las formas de comunicación afectiva. Si sabes que tu hijo se siente querido cuando compartes tiempo con él, no te conformes con el rato diario de leer cuentos, descubre otras actividades con las que podáis disfrutar juntos pero, en cualquier caso, asegúrate de seguir ofreciéndole ese tiempo compartido. No esperes a expresar ternura en momentos señalados. Más bien recuerda que la ternura puede hacer especial cualquier momento.

4.- Aunque te amoldes al lenguaje afectivo de los demás y a sus particulares “giros idiomáticos”, no renuncies a tus propias maneras de amar y ser amado: Habla de lo que tú más aprecias en la gama de muestras de afecto. De esa manera los demás sabrán tus preferencias y podrán ampliar sus propios mapas expresivos. Si a tu pareja le gusta recibir cariño en forma de contacto físico y tú sobre todo expresas amor cuidando y dejando que te cuiden, combina ambos lenguajes. Puedes proponerle aprender un nuevo tipo de masaje relajante y compartir la experiencia. 

5.- No finjas sentir lo que no sientes y encuentra formas de expresión que estén equilibradas con la intensidad de tu sentimiento:
Cuando tengas dudas de si tu afecto es sincero lee esta frase y comprueba si es lo que honestamente estás sintiendo: “Ocupas un lugar especial en mi corazón. Me importas tal como eres y deseo comprenderte, respeto tu huella y tu camino, agradezco que estés en mi vida y me siento feliz si puedo contribuir a tu bienestar.” Luego, calibra la intensidad de lo que sientes y elige en coherencia una forma de comunicarlo. No todos los vínculos piden las mismas expresiones de afecto. Llegarás mucho más al corazón del otro, si le expresas simplemente un sincero interés que no forzándote a darle un abrazo que va más allá de la cortesía que quieres mantener.

6.- Cultiva la amabilidad y desea lo mejor.  El respeto y la delicadeza en el trato demuestra que los demás te importan como seres humanos y eso ya es un primer paso de acercamiento y una forma elemental de contribuir al bienestar común. Una cálida mirada de reconocimiento reconforta a un corazón dañado por la fría indiferencia. Mira a tu alrededor con consideración. Y aún cuando no quepa en la situación ninguna muestra de afecto, siempre puedes conectar con tus mejores deseos: “Cada vez que intercambias saludos, bienvenidas o abrazos en el silencio de tu corazón, exclama: ¡Que en mi sueño feliz, tu sueño feliz encuentre culminación!. Que ese deseo, desde la disposición a la mutua colaboración, esté bien claro en el dintel de tu mirada, en la puerta de entrada de toda relación y en la ventana de cada tarea en cooperación. Que sea el lema que todos intuyan en tu saludar, que sea la firma de tu sonrisa y el sello de tu amabilidad.” (Lo que el corazón quierecontemplar)

7.- Tome la forma que tome aprecia el amor que recibes y das: Valora lo que te ofrecen y lo que aportas aunque te parezca poco. Puede ser el comienzo de algo más grande que solo llegará si aprecias esta primera ofrenda. Por miedos y prejuicios cerramos la puerta del corazón. No dejamos entrar y nos impedimos salir. Creemos que lo que deseamos es que nos amen pero quizás ocurre que, cuando nos aman, nos permitimos amar. Y amando nos sentimos felices. ¡Hay tanto amor que aún no ha podido ser! Encontrémosle cauces de expresión.

 Para acabar esta reflexión te invito a ver una escena de la preciosa película “Ahora o nunca” y a responder a las dos preguntas que proponen uno de sus protagonistas:


Gracias por tu atención. Me encantará leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal


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domingo, 21 de junio de 2015

La queja: ¿Estéril lamento o útil herramienta de cambio?

Cuenta un relato anónimo de la tradición espiritual hindú que “por la inmensa planicie de la India se deslizaba un tren como una descomunal serpiente quejumbrosa. Varios hombres compartían un departamento y, como quedaban muchas horas para llegar al destino, decidieron apagar la luz y ponerse a dormir. El tren proseguía su marcha. Transcurrieron los minutos y los viajeros empezaron a conciliar el sueño. Llevaban ya un buen número de horas de viaje y estaban muy cansados. De repente, empezó a escucharse una voz que decía:
-¡Ay, qué sed tengo! ¡Ay, qué sed tengo!

Así una y otra vez, una insistente y monótona queja. Era uno de los viajeros que no cesaba de lamentarse de su sed, impidiendo dormir al resto de sus compañeros. Ya resultaba tan molesto, que uno de los viajeros se levantó, salió del departamento, fue al lavabo y le trajo un vaso de agua. El hombre sediento bebió con avidez. Todos se echaron de nuevo. Otra vez se apagó la luz. Los viajeros, reconfortados, se dispusieron a dormir. Transcurrieron unos minutos. Y, de repente, la misma voz de antes comenzó a decir:
-¡Ay, qué sed tenía, pero qué sed tenía!”

Quizás tu también conozcas a alguna de esas personas que nunca se cansan de quejarse. O puede ser que convivas con un quejica en tu interior. Un aspecto de ti que solo sabe lamentarse y que nada le contenta. Sea como sea, resulta agotador. Como les sucedía a los pasajeros del tren, en el relato,  con su insatisfecho compañero de viaje. No obstante, posiblemente también estarás de acuerdo conmigo en que la sumisión y el conformismo no favorecen la evolución, la insatisfacción promueve el progreso y las críticas pueden ser un estímulo para aprender.

Desde mi punto de vista, lo que sucede es que la queja, es una espada de doble filo. Según como la apliques puede ser muy efectiva pero si no la utilizas adecuadamente puede resultarte lesiva. Por si quieres mejorar en su manejo, hoy te propongo seis claves para que una queja pase de esteril lamento a útil herramienta de cambio:

1.- Descubre  la raíz de tu insatisfacción:
La queja habla de algún tipo de insatisfacción. Dicho de otra manera, te enseña claramente aquello que puedes mejorar. En este sentido, la queja te motiva a la superación pues te muestra el valor cuya falta te duele. Si lo descubres puedes trabajar para que ese valor florezca en tu vida. La clave está en ransformar tu preocupación en una reflexión útil en vez de rumiarla como esteril cavilación. Pon tus quejas por escrito, estableciendo claramente los hechos y pregúntate : ¿Qué insatisfacción está señalando esta queja?

2.- Calibra bien tu disconformidad:
Para no vivir en un permanente lamento, acepta las consecuencias lógicas de tus acciones y del devenir de la vida. Si decides practicar surf, asume de antemano que habrá días que no tendrás suficiente oleaje, si tienes hijos ten en cuenta que aumentarán tus responsabilidades y si viajas en avión tendrás que limitar el peso de tu equipaje.
Además, vigila si te quejas de alguien simplemente porque no ha estado a la altura de una expectativa que ni siquiera has expresado. Recuerda que la reclamación será adecuada si se ha dado un incumplimiento de algo sobre lo que previamente había un compromiso. Algo muy distinto a creer que algo es “obvio” o “debe ser así” sólo porque ese sea tu punto de vista. Calibra tu inquietud de forma realista preguntándote: ¿Tengo motivos válidos para quejarme?.

3.- Pasa pronto a la búsqueda de soluciones:
El problema de quejarte comienza cuando insistes en lamentarte por algo sin intención de buscarle solución. Con esa actitud, aunque al principio pueda parecer un desahogo, solo consigues frustrarte y consumir energía inútilmente. La clave es descubrir lo que tú puedes hacer para mejorar la situación. Es la diana en la que te interesa poner tu atención. Determina concretamente tu petición de cambio y pregúntate: ¿Qué está en mi mano hacer para mejorar este asunto? Al responder a esta pregunta la queja ya se ha convertido en una meta positiva

4.- Responsabilízate de tu parte en el cambio:
Reconocer el malestar y la posibilidad de mejora es el primer paso para poder cambiar. El segundo es ir más allá de la queja para crear constructivos cauces de acción. Si solo te quejas te sientes víctima y cargas la responsabilidad en los demás. Si trabajas para cambiar conectas con tus capacidades y descubres tu poder creador. Entra en acción a la vez que aceptas que no todo está en tu mano. Presenta la queja a las personas implicadas o a las que podrían colaborar en la mejora. Disfruta haciendo lo mejor posible aquello que depende de ti y asume con serenidad lo que no controlas. Encontrarás más información útil sobre este punto en “Cinco pasos para establecer límitessaludables”.

5.- Equilibra queja y agradecimiento:
Si contaminas de negatividad la visión del presente no podrás ver su horizonte de posibilidades. Cada experiencia tienes facetas positivas y negativas. Si sólo te centras en los daños y las limitaciones te invadirá el desánimo. Para no quedarte regodeándote en la pena enfócate no solo en lo que se puede mejorar sino también en lo que ya es una maravilla. Reconoce también el bien hacer y muestra agradecimiento pues pregonar las quejas constantemente termina desgastando las relaciones. Te sugiero poner en práctica las iniciativas explicadas en “Seis regalosque llegan al corazón”.

6.- No dejes que se acumule la insatisfacción:
Revisa de tanto en tanto tu  "hoja de quejas" y comprueba si se han solucionado y cómo lo has conseguido. No dejes que se queden quejas estancadas. Descubre qué es lo que está sucediendo para que no hayan sido ya resueltas. Si por temor al conflicto o por complacer a los demás, escondes tu insatisfacción, te estás faltando al respeto y tarde o temprano, la rabia y la frustración acumulada explotarán en formas que no beneficiarán a nadie. Victimismo, pasividad y resignación levantan el muro de la impotencia. Consciencia, acción responsable y confianza forman la escalera con la que puedes superar esa muralla. Te ayudarán las propuestas explicadas en “Entre la pasividad y la agresividad,puedes elegir la asertividad”

El equilibrio está en mantenerte en la queja sólo tiempo necesario para comprender la posible mejora. Ante una insatisfacción, con objetividad, afronta los hechos, con respeto, expresa tu disconformidad, con imaginación, busca soluciones y con tu mejor voluntad, haz lo que creas adecuado.

Gracias por tu atención. Me encantará leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.



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