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domingo, 19 de noviembre de 2017

10 claves para que volver a empezar suponga avance y no repetición

Suele suceder cuando sientes que el duelo que te mantenía ensimismado está finalizando. Tras haber constatado una realidad diferente a la que habías planeado, haberte permitido liberar las emociones de ese quiebre y, con aceptación pero sin resignación, haberte reconciliado con la vida y contigo mismo, logrando transmutar la adversidad en provechoso aprendizaje.

Entonces, cuando ya estás en disposición de reconocer que cuentas con la energía necesaria para emprender una nueva etapa, también eres capaz de escuchar algo más que tu propia copla lastimera. 

Y es por eso que ya puedes oír la sutil, entusiasmada y perseverante llamada de la vida. Me encanta como expresó este momento, el gran poeta Mario Benedetti, en su poema “Piedritas en la ventana”:


De vez en cuando la alegría
tira piedritas contra mi ventana
quiere avisarme que esta ahí esperando
pero me siento calmo
casi diría ecuánime
voy a guardar la angustia en un escondite
y luego a tenderme la cara al techo
que es una posición gallarda y cómoda
para filtrar noticias y creerlas
quien sabe donde quedan mis próximas huellas
ni cuando mi historia va a ser computada
quien sabe que consejos voy a inventar aun
y que atajo hallare para no seguirlos
esta bien no jugare al desahucio
no tatuare el recuerdo con olvidos
mucho queda por decir y callar
y también quedan uvas para llenar la boca
esta bien me doy por persuadido
que la alegría no tire mas piedras
abriré la ventana.”

 La vida, esa que tú también eres pero que temporalmente habías querido dejar fuera del envoltorio de tu estado de ánimo, te está echando piedrecitas en tu ventana. Vestida de alegría parece querer convocar tus ganas de vivir. Te está pidiendo que te asomes y compruebes que aún hay un camino que te espera.Un sendero marcado por un señalizador que reza: Volver a empezar.

Ante la esperanza de percibir que, en alguna dirección, es posible ir más lejos, resulta difícil resistirse a abrir esas ventanas. Las de tu mente, tu corazón y tu experiencia vital al completo. Sabes que quizás no podrás divisar claramente el final de esa nueva ruta pero intuyes que está a tu alcance.  Estás deseando enfrentar ya ese momento en el que respondas a la vida sonriéndole con complicidad de compañeras de viaje.

Pero también este es el momento en el que pueden surgir dudas e incertidumbres. Quieres volver a empezar pero no deseas volver a confundirte. ¿Cómo lograr que esos nuevos pasos se consoliden en un verdadero avance y no resulten un vano movimiento que te deje en el mismo lugar aún con más frustración? Confías en que hay otra manera pero una vez te asomes a esa ventana, ¿por dónde comenzar para dar pasos coherentes con esa posibilidad?

En mi experiencia personal y acompañando como coach a otras personas en sus procesos de expansión, he constatado que aún con las particularidades requeridas para cada circunstancia individual, esos primeros movimientos suponen una suerte de ampliación de la perspectiva a todos los niveles. El conjunto de propuestas que te señalo a continuación van esa dirección y pueden ayudarte a que cada nueva etapa en tu viaje de realización se convierta en una gratificante espiral de crecimiento:  

1.- Ser más consciente de las creencias que enmarcan tu manera de pensar y aprender a cuestionar las que te limitan. En este sentido te será muy útil poner en práctica las sugerencias que te propongo en “Deshaciendo el apego ciego a un pensamiento”. Y también puede ayudarte esta visualización creativa titulada “Abrir las ventanas, abrir la mente y el corazón” que tiene como objetivo dejar ir los pensamientos limitadores y abrirte a recibir ideas más creativas y constructivas:



2.- Detectar patrones de comportamiento automáticos que te bloquean o sabotean tu avance. Para trabajar este aspecto encontrarás muchas ideas en los artículos “Es humano tropezar pero también dejar de hacerlo” y “Cómo lograr que el sosiego sustituya a la precipitación”

3.- Reconocer y atender tus estados de ánimo sin permitir que te arrastren o nublen tu razón. Para lograrlo te propongo practicar estos “Cinco pasos para relacionarte bien con tus emociones”. Mejorar la gestión de tus emociones también te será útil para “mantener alta tu motivación” y “transformar positivamente tus actitudes”

4.- Manténer claros tus más profundo valores y dejar que sean ellos los que definan tus objetivos y sostengan la coherencia de tu trayectoria. Una forma divertida de ternerlos presentes es elaborar “el mandala de tus valores” y colocarlo en un lugar bien visible para que te resulte una fuente de inspiración.

5.- Ampliar tu capacidad de enfoque y concentración para aplicar tu energía allí dónde están tus objetivos y tus más profundas motivaciones. Tu atención es un valioso capital. Y puedes aprender “como desarrollarla, manejarla e invertirla eficazmente”.

6.- Contemplar, con más curiosidad que temorlos territorios aún sin explorar. Aceptar la incertidumbre que supondrá ir, tras tus sueños, más allá de lo conocido. Te ayudará aprender “cómo mantenerte en la frecuencia de tus más felices sueños”

7.- Descubrir  y activar alternativos y motivadores cauces de acción para no quedarte anclado en rutinas nocivas. Prueba a “moldear tu entorno para que te moldee positivamentey a "cultivar las semillas de la creatividad".

8.- Reconocer y recordar al relacionarte contigo mismo y con los demás, que por formar parte de la vida, todos somos únicos, valiosos e igualmente dignos de amor, aún cuando la limitada percepción individual no alcance a comprenderlo. Puedes empezar por ampliar tu campo de resonancia empática” y “cultivar positivas actitudes para mejorar tu autoestima”.

9.- Cultivar pausas y silencios que te ayuden a “retornar a la paz de tu hogar interior” y recuperar tu centro. Momentos que promoverán en tu ánimo, equilibrio, motivación, serenidad y alegría de vivir. A tal fin te propongo “Quince pausas para la autoayuda”.

10.- Profundizar tu percepción del momento presente experimentándolo sin resistencia y disponer tu ánimo para “honrar la vida”, aceptándola en su diversidad, apreciandola y cuidándola.  Contemplar tu ahora con amabilidad y buscar siempre, aún en medio del dolor y la oscuridad,  la belleza floreciendo a tu alrededor. En la profunda y recomendable película “Belleza oculta” de la que he seleccionado aquí una escena, queda muy bien expresado este concepto:




Tras reconocerte en tu potencial y en tu tono y además, volver a sentirte parte de esa sinfonía universal que es la vida empiezas a recuperar también la confianza y el valor para seguir adelante intuyendo la partitura que nos une en clave de amor. Aunque aún, cada uno y todos a la vez, estemos ensayándola, teniendo que volver a empezar, una y otra vez. Me gusta como lo decía Virgilio, el poeta romano que en La Divina Comedia aparece como guía en los infiernos: “Levántate otra vez, olvídate de tus temores. Un día, ¿Quién sabe? Incluso estos días difíciles serán grandes momentos para recordar.”

Gracias por tu atención. Me encantará leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal



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Y también ...


"En el fondo de tu corazón están esperando los sueños no cumplidos y todo el amor que aún no ha podido ser. Date permiso para vivirlos.(“Lo que el corazón quiere contemplar”) 

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viernes, 12 de junio de 2015

Tú eres la posibilidad y el ahora, tu oportunidad

En un relato de la tradición espiritual hindú se cuenta que “un grupo de diez sabios decidieron hacer un viaje juntos para aprender unos de otros. Una noche acudieron a una ciudad en la que se celebraba una fiesta. Cenaron copiosamente, bebieron, bailaron y de madrugada se dispusieron a volver a su campamento situado al otro lado de un gran río. 

Para cruzarlo, cogieron una barcaza y fueron remando con cierta dificultad pues estaban muy cansados. Finalmente llegaron a la orilla opuesta y, en medio de bromas y risas, decidieron contarse por si acaso alguno había caído al agua. Al hacerlo descubrieron que solamente eran nueve. ¿Dónde estaba el décimo? Buscaron entre los arbustos y la maleza que crecía al borde del río pero cuando volvieron a contarse seguían siendo nueve. La situación les empezó a resultar angustiosa y se sintieron culpables de no haberse mantenido más sobrios. 

Cerca de allí, el barquero que les había facilitado la embarcación, observaba atónito como se contaban una y otra vez. Pero pronto se dio cuenta que cada sabio olvidaba contarse a sí mismo. Seguro de poder ayudarles, llegó hasta ellos, les propinó una bofetada a cada uno y les instó a que se contaran de nuevo. Para alivio de los sabios, volvían a ser diez.”

Según el diccionario, una posibilidad es “la aptitud o facultad para que algo exista, suceda o se realice”. Y parece claro que para que una posibilidad nos sea útil es necesario reconocerla como tal. Por si acaso te sucede como a los sabios del cuento, hoy te invito a poner tu atención en la posibilidad que eres. Fíjate que no te estoy diciendo que observes las posibilidades que tienes a tu alrededor, sino que allá dónde estés, te percibas como posibilidad y cuentes contigo.

Eres posibilidad porque puedes imaginar, sentir y actuar. Porque puedes decidir dónde pones tu atención, cómo interpretas lo que ves y qué acciones emprendes. Porque puedes elaborar una intención, apasionarte con un objetivo y perseverar hasta alcanzarlo. Elementos que unidos concentran poder creador.

Mantenerte centrado en “ser posibilidad” supone vivir, consciente, confiada y responsablemente, de dentro a fuera: desde tu intención más profunda y esencial hasta acciones coherentes con dicha motivación.  Cada uno de nosotros tiene un potencial interno que no sabemos hasta donde se puede desarrollar y, a menudo, la falta de certidumbre nos impide desplegar toda nuestra capacidad. Por eso hoy te propongo reafirmarte en la confianza de que en tu naturaleza está toda la sabiduría y todos los recursos necesarios para hacer tu camino. Mantenerte motivado implica sostener la bandera de la esperanza aún tras las batallas perdidas. Tu vida es un ejercicio de creatividad que nace contigo. Si estás vivo hay camino, tú siempre eres la  posibilidad y el ahora, tu oportunidad para mostrarte y tejer tu particular aportación.


Para ayudarte a mantener esta visión a lo largo del día te sugiero cuatro propuestas, entresacadas de mi libro “Lo que el corazón quierecontemplar”. Espero que te resulten útiles e inspiradoras:

1.- Activa tu mejor intención:
Cada mañana, procúrate un tiempo de silencio y quietud. Para escucharte, para inspirarte y para conectar con tu mejor voluntad.  La visualización que te propongo a continuación tiene como objetivo despertar una buena disposición de ánimo. Te sugiero practicarla al comenzar el día o cuando vayas a afrontar una tarea delicada o complicada:

“Busca un lugar tranquilo, siéntate, cierra los ojos y, respirando conscientemente, coloca tu atención en el espacio físico de tu corazón. Imagina este centro energético como tu laguna interior. Con cada inspiración, las aguas se aquietan más y, con cada exhalación, se vuelven más transparentes. Mantén unos minutos esta visualización y, después imagina que con cada respiración vas descendiendo a lo más hondo hasta sentarte en la cueva de tu propia paz. 

En esa paz, entras en contacto con un infinito campo de energía, un vacío creativo de donde surge el patrón de vida necesario, para desplegar todo tu potencial. Con cada respiración te vuelves más y más receptivo a ese poder creador y a su sabia inspiración. Quédate un rato respirando así. 

Luego ponte de pie, con las piernas ligeramente separadas e imagina que eres un árbol despertando al día, deseoso de nutrirse desde su raíces para dar sus mejores frutos. Siente tus pies conectados a tierra y estira tus brazos hacia lo alto. Al inspirar reúnes fuerza vital y al expirar dejas salir todo el amor que sientas y tu mejor voluntad. Repite esta secuencia hasta que notes, en tu interior, un juguetón impulso que te invita a ponerte en acción. 

Afírmate en la intención de contemplar todo tipo de actividad, quehacer o responsabilidad que afrontes durante el día, como una valiosa oportunidad para crecer, evolucionar y contribuir." 

2.- Renueva tu sentido de abundancia:
Cuando te encuentres vacío o creas que ya nada te queda, recuerda preguntarte: ¿qué es lo que yo aún puedo aportar? Y organízate para entregar aquello que aparezca como respuesta. Recuerda que eres la posibilidad de que en tu vuda haya un poco más de eso que tanto valoras. Si quieres un mundo más alegre, más pacífico, más honesto, etc… aporta alegría, paz y honoestidad. Confía en que haciéndolo pasarás de sentirte victima a saberte protagonista movido por la fuerza de tu espíritu, leal militante de la vida. A lo largo de la jornada, cada vez que cambies de actividad, cierra los ojos y recita con convicción: “Soy parte de la vida y, aquí y ahora, tomo conciencia de su abundancia y su poder creador”.

3.- Consolida la visión de mútua colaboración:
Tu eres posibilidad interactuando con la posibilidad que es todo lo demás. La vida va desplegando su potencial a través de la trama que todos tejemos con cada particular aportación. Me gusta como lo expresa Malcolm Wells en este texto: " El año pasado en alguna parte del planeta, un rayito de luz solar terminó su viaje de ocho minutos a la Tierra y se detuvo en las hojas de una caña de azúcar. La planta transformó esa luz en azúcar. Misteriosamente ese azúcar fue a dar al té que tomo por la mañana. En mi desayuno, bebí a sorbitos la luz solar del año pasado. Ahora ésta comienza a alimentar mis viejos músculos. Ya oscureció, y me dirijo a casa en mi bicicleta. La luz solar transformada en fuerza muscular de pronto se convierte en energía de pedales, luego en tirón de cadena, en giro de rueda, en calor de filamento, y finalmente, desde el faro, en luz ¡otra vez¡”. 

Procura conseguir que, en tu compañía, todos se sientan grandes al recordarles la grandeza de la vida que canta en su corazón. Imagínate junto a ellos habiendo hecho realidad los más elevados anhelos. Cada vez que intercambias saludos, bienvenidas o abrazos en el silencio de tu corazón, exclama: “¡Que en mi sueño feliz, tu sueño feliz encuentre culminación!”. Que ese deseo, desde la disposición a la mutua colaboración, esté bien claro en el dintel de tu mirada, en la puerta de entrada de toda relación y en la ventana de cada tarea en cooperación. Que sea el lema que todos intuyan en tu saludar, que sea la firma de tu sonrisa y el sello de tu amabilidad.


4.- Vuelve al centro:
Con actitud confiada, cada vez que, haciendo tu diario caminar, te sientas confundido, desmotivado o falto de sentido, enfoca tu atención en la zona de tu corazón y afirma con convicción: “Tomo conciencia de lo que soy y, en el espacio y el tiempo, mis movimientos lo manifiestan. 
Entro en sintonía con lo que mi corazón quiere contemplar y, en coherencia total, mi huella dibuja el mandala de mi propósito vital. Danzando así, en mi conciencia de ser se reflejan tres círculos de plenitud: el círculo espiritual, el círculo del corazón y el círculo vital. En el primero, brillo en paz; en el segundo, alumbro con amor; y en el tercero, ilumino desde la alegría, la gratitud y el ánimo de celebración.” 

Después haz lo que tengas que hacer manteniéndote en la vibración de esos tres círculos. Empieza buscando, en la circunstancia que afrontes, algún motivo de celebración y, por pequeño que sea, siente gratitud. Luego, disponte a vivir esa situación con alegría de ser, afrontándola, en la medida que te sea posible, con ternura, sencillez y sentido del humor. Abraza esa experiencia con todo el amor que logres sentir y siéntete en paz por haber puesto en este momento tu mejor voluntad.

En tu interior hay semillas de plenitud esperando ser cultivadas.en el terreno de la experiencia. ¡Hoy puede ser un buen día para florecer! Tú eres la posibilidad y el ahora, tu oportunidad.

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.



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"En el fondo de tu corazón están esperando los sueños no cumplidos y todo el amor que aún no ha podido ser. Date permiso para vivirlos.(“Lo que el corazón quiere contemplar”) 

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lunes, 28 de abril de 2014

Seis regalos que llegan al corazón

Hubo un momento en mi vida en que me sentí desplazada en medio de un contexto social nuevo; creyéndome invisible y algo ansiosa por captar la atención, a la vez que dudando de si era acertado estar allí.

Entonces recibí uno de los regalos de los que hoy quiero hablarte. Alguien me vió y me dio la bienvenida. Así de fácil. Se acercó a mi sonriendo, me dio un abrazo y se encargó de presentarme al resto del grupo. Me sentí aliviada, en paz conmigo misma y con el entorno, centrada y un poco como “en casa”.

¿Imaginas que estupendo sería que cuando llegáramos nuevos a un grupo, a un trabajo o a un país siempre hubiera alguien dispuesto a darnos un recibimiento así?

Es un obsequio que también he aprendido a regalármelo a mi misma. Y siempre tiene efectos positivos y relajantes. En “Lo que el corazón quiere contemplar” lo sugiero como una práctica: “Soy parte de la vida. Aquí y ahora tomo conciencia de su abundancia y poder creador." Juega a recitar esta frase cada mañana cuando te despiertas, al momento de poner tus pies sobre el suelo. Y hazlo sabiéndote vida en su infinita aventura de expansión.


En otra ocasión, me estaba sintiendo vacía, sin ideas, mediocre, hasta un poco avergonzada pensando que nadie me valoraba y que era fácilmente reemplazable.

Entonces recibí un correo electrónico expresándome agradecimiento por mi valiosa colaboración. Recordé el asunto motivo del mensaje y me sentí satisfecha, motivada y llena de energía.  Volví a confiar en mi creatividad.

A partir de entonces, por si acaso a nadie se le ocurre regalarme su agradecido reconocimiento, de vez en cuando me escribo una carta a mi misma expresando todo aquello por lo que puedo sentirme valiosa. Esa carta siempre la empiezo recordándome que sólo por ser una pieza única en este taller de obras de arte de la vida, ya soy valiosa.

¿Cómo crees que cambiaría el estado de ánimo del mundo si expresáramos, más a menudo, reconocimiento y gratitud por las cosas bien hechas?


También en mi libro propongo otra práctica que ayuda a recordar a esas personas que merecen especial consideración: “Anota todo lo que descubras que, formando parte de tu experiencia, está colaborando a que puedas avanzar en tu camino y disfrutar de esa vivencia. Juega a bendecir todo elemento incluido en esa trama existencial; es decir, nómbralo con estimación y hónralo dándole reconocimiento en tus anotaciones. Hazlo así hasta sentir que estás abrazando tu presente con entusiasmo y gratitud. Y vuelve a esta actividad cada vez que tu atención solo esté teniendo en cuenta algún tipo de carencia o insatisfacción.”

Otro día, en una conversación con alguien muy versado en la materia que tratábamos, más preparado que yo y con mucha más experiencia, me sentía inferior, pensaba que no merecía estar ahí y que mejor hablar lo menos posible para que mi interlocutor no creyera que le estaba haciendo perder el tiempo.

En esta experiencia recibí el regalo del respeto. Y me sentí tan atendida y considerada, tan contenta de ser aceptada tal y como era que decidí aprender a dar lo mismo a los demás, estando más presente para ellos. Y también procurármelo a mi misma, buscando tiempo para la escucha interior y la meditación. El respeto lo entiendo como ver y apreciar al otro en su calidad de ser humano, valorándolo por sí mismo como una persona diferente, digna de ser escuchada y atendida en su particular forma de ser.

En otra ocasión, tras haber mostrado una actitud de la que no me sentía orgullosa, temía ser rechazada y me notaba insegura e incómoda ante un grupo de personas que eran muy importantes y significativas para mi.

Esa vez me regalaron una segunda oportunidad. Y tras escuchar esas palabras en las que se me recordaba que seguía perteneciendo al grupo, que continuaban confiando en mi y que merecía su apoyo, me invadió un sentimiento de lealtad, entrega y gratitud.

Tras esta experiencia decidí guardar siempre en el bolsillo del corazón, un puñado de segundas oportunidades, para tenerlas a mano, sea para cuando yo misma tropezara o para cuando alguien querido hubiera fallado en algún intento. Es un regalo sencillo. Solo se necesita reunir un poco de confianza, compasión y optimismo y entregar el paquete envuelto en palabras amables y una actitud honesta de apoyo, que invite a volver a empezar.

También, cuando alguna parte de mi se encuentra desanimada, realizo una visualización incluída en “Lo que el corazón quiere contemplar” con la que me doy aliento y ánimo para seguir avanzando más allá de las caídas. Te invito a escucharla.




Ya ves, cinco regalos sencillos y a tu alcance, que llegan al corazón y mejoran el ánimo y la autoestima. Pero todos estos obsequios que son, tal como yo los veo, formas de amor, toman aún más brillo si se apoyan en un sexto presente: la escucha atenta y personalizada. Una anécdota que cuenta Osho y transcribo a continuación te ayudará a entender lo que quiero decir:
“Jorge y su hija pequeña Mati fueron a dar un paseo al parque de atracciones. En el camino se detuvieron a darse una comilona. Una vez en la feria se acercaron a un puesto de perritos calientes y Mati dijo:
- “Papi, quiero...”. Jorge le interrumpió y le atiborró de palomitas.
Al llegar al puesto de los helados Mati volvió a gritar:
- “Papi, quiero...”. Jorge le volvió a interrumpir... pero esta vez dijo:
- “¡Quiero, quiero!”
- "Ya sé lo que quieres, ¿un helado?"
- "No, papi", suplicó. "Quiero... vomitar"

Así  que los regalos que te propongo son seis: Escuchar atentamente, dar la bienvenida, dar reconocimiento y gratitud, dar respeto y dar una segunda oportunidad.  No los venden en los grandes almacenes porque son de fabricación casera y tienes todo lo necesario para crearlos. Puedes combinarlos entre si y aún adquirirán más valor. No pasan de moda y sientan bien a gente de todo tipo, talla y condición. ¿Aún sigues pensando que no sabes que regalarle a …? :0)

Gracias por leerme. Hasta pronto.


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jueves, 30 de enero de 2014

En clave de oportunidad

Dice el escritor Jackson Brown, Jr.,  que “la oportunidad baila con aquellos que están siempre en la pista de baile”.  Considerando que puede tener razón, a continuación te propongo un ejercicio, en cinco pasos, con el que lograrás una positiva disposición física, mental y emocional para danzar con la vida en clave de oportunidad.

Abres los ojos. Comienza el día. Y elijes ver la vida como una oportunidad. Una oportunidad, ¿para qué? Tú decides. Quédate en silencio, deja que aparezcan respuestas y comprométete con ellas. Al hacerlo te estás marcando un rumbo y eso te ayudará a descubrir pronto y bien, como aprovechar tus circunstancias en función del sentido de tus respuestas. En un mundo cambiante, con este primer paso, aún teniendo que asumir un cierto grado de incertidumbre, tú ya has descubierto un horizonte al que dirigirte.


Desde esa claridad  entramos en el segundo movimiento. Te levantas de la cama y pones los pies sobre el suelo. Saborea esa estabilidad. Sigues con los ojos abiertos y ahora quieres comprobar con qué cuentas y como lograr que te sirva para avanzar hacia tus objetivos. Es el momento de recordar que todo puede serte útil, hasta lo que consideras una dificultad. Dicen que en Brasil hay un árbol anacardo que desafiando todas las convenciones de su especie ha crecido hasta sobrepasar los quinientos metros de circunferencia en noventa y cinco años de existencia. La causa de tal crecimiento es una anomalía genética, por la cual sus ramas alcanzan una largura y un peso que no se sostienen, y al caer doblegadas a tierra, vuelven a desarrollar raíces que estimulan aún más su crecimiento. El aspecto final, es el de muchos árboles cuando en realidad es uno sólo. Tómalo cómo ejemplo, acepta y valora lo que tienes, repasa lo que aparezca como una limitación y hazte otra pregunta: ¿Cómo puedo transformar este obstáculo en una oportunidad?

Para encontrar respuestas te animo a enlazar con el tercer movimiento. Manteniendo los ojos abiertos, el rumbo bien claro y los pies  apoyados en el suelo, elevas tus brazos bien alto, como si quisieras, además de estirar tus músculos, expandir  tu mente y alcanzar nuevos puntos de vista. A veces, te puede parecer  que todo sigue igual porque siempre estás mirando las mismas cosas. Si quieres sacar partido a tu presente, habrá momentos en los que no te valdrá con tu habitual forma de pensar. Disponte a contemplar nuevas perspectivas. Cómo decía, Emily Dickinson, “si no sabes por donde amanecerá, abre todas las ventanas”. Y anímate a romper con prejuicios y creencias limitadoras. Si te dicen que cuando echas un dado sobre una mesa, siempre quedará una cara que no podrás ver, cambia de mesa. Echa el dado sobre una superficie de cristal y mira por debajo. Decide ampliar tus mapas mentales y experimentar con nuevos enfoques.

E imaginando que así lo haces comienza el cuarto movimiento.  Vas bajando los brazos y abriéndolos hasta dejarlos en horizontal a la altura de los hombros. Allí los echas hacia atrás, a la vez que respiras hondo. Luego los cierras sobre tu pecho como en  un abrazo. Al hacerlo. concéntrate en todo el amor que le vas a poner a la experiencia de vivir este día. Ábrete a dar y recibir. Esa también es una forma de expandir tu campo de oportunidades. Contempla la posibilidad de colaborar, asociarte e intercambiar apoyos. Y valora lo que aportas además de lo que te ofrecen aunque parezca poco. Puede ser el comienzo de algo más grande que solo llegará si aprecias ese primer paso. 


Se cuenta que un hombre fue injustamente encarcelado en lo alto de un torreón. Su esposa que lo amaba mucho buscó la forma de ayudarle. Cogió un escarabajo y tras haberle atado un finísimo hilo de seda, untó sus antenas con unas gotas de miel. Luego lo depósito al pie de la torre con las antenas dirigidas hacia lo alto. El insecto, en su afán de alcanzar la miel, trepó tanto que llegó a la ventana del prisionero. Esa noche, el prisionero, oyó que su esposa le llamaba pidiéndole que tomara entre sus manos el hilo que arrastraba el insecto. Tiró de él y pronto tuvo en sus manos un hilo un poco más gordo. Volvió a tirar  y se encontró con un hilo de lana, a continuación un hilo de pita, luego una cuerda y al final un grueso cabo de soga, con el que pudo descolgarse y escapar.  El abrazo a la vida que supone este cuarto movimiento, lo haces desde la aceptación pero poniendo osadía, entrega y deseo de superación. Para finalizar este paso te sugiero leer una frase incluida en "Lo que el corazón quiere contemplar" que dice así: "Confío en la inteligencia de mi corazón, donde encuentro conocimiento y efectiva disposición para, aquí y ahora, vibrar en sintonía con todo lo que es y encontrar creativos cauces de acción, desde la paz y la libertad de ser."

Y con esa actitud  llegas a la quinta posición, en la que caminas con determinación, un paso tras otro. Si no tienes espacio suficiente en tu habitación, simplemente pisa fuerte una y otra vez con energía y convicción.  Pasas a la acción. A partir de aquí también tú haces la oportunidad.  Entras en contacto con tus recursos, optimizas tus habilidades y  te ubicas en un estado de permanente aprendizaje. También es momento de mantenerte despierto y optimista porque pueden aparecer posibilidades imprevistas. 


En una pequeña población italiana llamada Orasso, durante gran parte del invierno pueden observarse diariamente dos amaneceres y dos anocheceres. Fenómeno visual provocado por una montaña vecina, el monte Riga, que tiene dos elevaciones separadas por grandes depresiones. Cuando el sol aparece por vez primera, lo hace sobre uno de los valles, y hacia el mediodía desaparece tras uno de los picos, causando el primer ocaso que obliga a encender las luces. El sol reaparece al llegar a la segunda hondonada, dejando pasar de nuevo la luz natural y provocando un nuevo amanecer hasta que al caer la tarde desaparece por el resto de la noche, detrás de la segunda colina. En ocasiones, cuando algún aspecto de mi vida se vuelve a iluminar o cuando  todo se ensombrece, me imagino el paisaje de Orasso. Y pienso que, a veces, aparecen las segundas oportunidades, solo que hay que mantener la perspectiva adecuada para descubrirlas y la confianza necesaria para esperarlas.

Completados estos cinco movimientos con sus correspondientes actitudes,  puedes repetirlos para interiorizar más y más el proceso. Después, llévalo a la práctica en el día recién estrenado. Empiezas abriendo bien los ojos. Y eliges contemplar la vida como una oportunidad. ¿De qué? Tu respondes.

Por mi parte aprovecho la oportunidad para enviarte un cordial saludo y mi gratitud por tu atención y tu compañía. Hasta pronto.


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