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sábado, 9 de diciembre de 2017

Ver la luz que ya somos

Cuando empieza a respirarse en el ambiente el espíritu navideño, me gusta recordar este microrelato titulado “El mundo”, incluido en “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano:

"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. 

A la vuelta contó que había contemplado desde arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

-El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende"

Y es que esta época del año, con sus tradiciones y ritos sociales, culturales y religiosos, creo que da cauce a un anhelo humano de contemplar la vida desde otras perspectivas más elevadas. Puntos de vista que, aún percibiendo las diferencias, nos permiten también descubrir aquello que nos une.

Por eso, llegadas estas fechas, me gusta recordar al hombre de Neguá y ensayar esa mirada suya. Mirada que, según entiendo, solo se concentra en esa llama de vida que a todos nos habita y se expande con nuestro latido.

Tratando de imaginar ese “mar de fueguitos” que propone Eduardo Galeano me suelo embarcar en un ejercicio que consiste en dejar que vayan apareciendo en mi mente recuerdos de personas, estimadas o no, esforzándome por descubrir en cada caso, únicamente lo que creo que esos seres aman, lo que les motiva, apasiona y convoca a la acción. Aquello que les ayuda sentirse ardientemente vivos.

Los imagino crepitando con sus diferentes tipos de llamas todas ellas impulsadas por el aliento de vida que nos sostiene. Cuando reconozco el amor de ese padre por su hijo, de ese joven por su vocación, de esa ciudadana por su comunidad, de ese religioso por su fe o de esa mujer por la persona amada, por ejemplo, aunque mi mente no comprenda sus ideas, mi corazón sintoniza con la vibración de esos afectos. Y puedo unirme a todos ellos en esa chispa de humanidad que nos hermana. La vida dándose a luz una y otra vez. Cada ser humano, en su pasión, brillando con su propia luz.

Esta práctica transforma lo que siento hacia ellos. Logra que se amplie mi campo de resonancia empática. Y me lleva a reconocer mi propia llama interior. Repaso entonces mis afectos, mis pasiones, mis motivaciones, mis talentos y todo aquello que arde dentro de mi buscando cauces de expresión y expansión. Veo así mi diferencia y también el impulso vital que me une e iguala a toda la humanidad..

Un doble enfoque que me gusta subrayar practicando también con este otro ejercicio: "Contempla un cuadro al óleo, fija tu mirada en una pincelada y dile “existes y te veo”; luego observa el cuadro en su totalidad pero sin perder de vista ese trazo particular. Podrás comprender que cada cosa, por insignificante que parezca, tiene su lugar y su valor. Sólo es necesario adoptar la perspectiva adecuada al contemplarla." (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

Siempre está ahí, a tu alcance, la posibilidad de centrarte en el “fueguito” con el que brilla cada ser humano. Aún el que te parezca más frío y distante, más apático o negativo, ama algo aún cuando no encuentre formas constructivas de expresar ese aliento de vida. Ama la vida o algo que percibe en ella, sea una idea abstracta o una causa concreta, sea su propia sombra o la del prójimo, cada ser humano desde que nace ama hasta sin saberlo y desde ese impulso reconoce y expande la vida que todos somos.

En las costumbres navideñas se incluyen los encuentros entre los seres queridos, tratando de olvidar diferencias para compartir afectos, se iluminan las calles para recordar que tras la noche más larga del año volverá a amanecer y se confía en que alguna estrella en el cielo nos señalará un camino de paz. Pero quizás lo más hermoso del mensaje navideño sea recordarnos que el amor ya nos habita y solo espera ser reconocido, compartido.

“Igual que el firmamento abarca a todas las estrellas y éstas, expandiendo su luz, iluminan la bóveda celeste, también a todas las criaturas, en una red de luz, un principio de amor sustenta hasta que ellas mismas se transforman en manantial de amor y más red de luminosa vida crean.” (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

Por eso hoy, cercana la Navidad, con esta preciosa canción de Macaco y Chambao quiero hacerte llegar mis deseos de poder continuar compartiendo, ahora y siempre, la luz que ya somos.



Gracias por leerme y por tus comentarios si es que quieres compartilos. Abrazos, felices fiestas y hasta pronto,


Pepa Arcay
Coach Personal




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Y también ...


"En el fondo de tu corazón están esperando los sueños no cumplidos y todo el amor que aún no ha podido ser. Date permiso para vivirlos.(“Lo que el corazón quiere contemplar”) 

Ahora, a tu alcance, un apoyo para el despertar de tu consciencia: “Lo que el corazón quiere contemplar” Un libro, para  leer y practicar, que expandirá tu poder creador y promoverá la conexión con la inteligencia de tu corazón. 

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domingo, 11 de diciembre de 2016

Luces parpadeantes para el árbol de tu vida

A estas alturas de Diciembre, en muchos hogares tiene lugar un ritual que, a niños y mayores, encandila. Y digo encandilar porque se encienden sonrisas, aumenta el brillo en los ojos y aunque no sea nada nuevo lo que se contempla, los corazones laten un poco más aprisa, cómo esperando que saltan chispas de sorpresa.

De algún rincón de la casa se recupera una caja que en su interior guarda figuras, bolas, lazos y estrellas de todos los colores, guirnaldas de materiales brillantes, largas sartas de pequeñas bombillas y las esperanzas invisibles de buenos sentimientos, obsequios y los mejores deseos compartidos. Un invierno más se van a adornar árboles con lo más hermoso guardado en esas cajas y con todo lo nuevo que se elabore o encuentre en los mercadillos navideños.

Hoy, ese ritual, me ha parecido que hablaba de la vida del ser humano en su afán de mantener viva la esperanza. Cada invierno revisando lo acontecido a lo largo del año, tratando de rescatan lo más preciado y añadiendo lo descubierto y aprendido para lograr que siga brillando nuestra existencia.

 Y es que creo que más allá de las diferencias, todos tenemos una preciosa caja en la que vamos guardando aquello que más nos humaniza y, en algunas noches del alma, desplegamos su contenido para recordar lo que somos y lo que podemos llegar a ser. Cada cual tiene sus tácticas para encender su existencia y me resulta inspirador ver las infinitas formas de hacer brillar el árbol de la vida.

Hoy, quiero mostrarte el contenido de mi propia caja. Frases que representan todo aquello que me ayuda a seguir creciendo y a disfrutar en el intento.  Percepciones que que mantienen mi ánimo sereno, mi esperanza intacta y,  aunque sea parpadeante, por aquello de que no hay día sin noche, mi alegría de ser, encendida.

Cuando adorno el árbol navideño suelo hacerlo por partes, intentando que brille de forma armoniosa y esté bien equilibrada la distribución de adornos y colores. De la misma manera, estas guirnaldas de ideas y sugerencias también están ordenadas en referencia a las diez relaciones que configuran mi forma de afrontar el mistrio de existir:

1.- Relación con la vida:
Para comprender la vida primero hay que amarla. Creo que nadie lo sabe todo de ella. Por eso, en ese misterio, puede encontrar acomodola más brillante esperanza. En el fondo de la vida siempre queda mucha espontánea alegría y mucha inocencia por nacer.A veces, más allá de lo que somos capaces de entender, es posible intuir una belleza  una armonía y unos órdenes del amor que hablan de plenitud, paz y alegría. Puede parecer que tu vida se rompe cuando solo es que la vida está haciendo una ventana en el muro levantado por tus miedos. Para quien mantiene viva su curiosidad, la vida es una contínua aventura de descubrimiento. Ante la incertidumbre sobre lo que la vida te traerá mañana, céntrate en la certeza de lo que tú vas a entregar hoy a la vida. Por muy escarpada que sea la costa de tu vida si no pierdes de vista el faro del amor, llegarás a buen puerto.

 2. Relación con uno mismo:
Quererte bien supone encontrar un buen equilibrio entre aceptarte y superarte. No abandones tu creatividad. La música de la vida quiere sonar a tu través. ¡Dejate oír! La oportunidad siempre está donde estás tú porque eres tú quien puede hacer de todo una oportunidad. Potencia lo que de ti te enorgullezca pero sobre todo comprende lo que te avergüenza. Y sea como sea tu ventana a la vida ¡asómate a ella! Si quieres conocerte prepárate para sorprenderte. Si quieres comprenderte empieza por amarte.

3.- Relación con los propios valores:
¿Qué es lo que más te importa en la vida? Ese es tu nortepersonal. Asegúrate de estar poniendo ahí tu mejor esfuerzo. Es inquietante pensar que la vida no tiene sentido pero es tranquilizador comprobar que que la vida tiene el sentido que cada uno quiera darle. Para hacer tu camino necesitas tener buenas razones y no que todo el mundo te de la razón. Si no le encuentras sentido a tu vida pon amor a todo lo que haces le darás sentido a cada instante.

4.- Relación con tus emociones:
Aquello que temes es algo que todavía no has aprendido a amar. La vida, buena maestra, quiere enseñarte. Lo que te enfada de ti mismo también está en la ira que proyectas hacia los otros. La sanadora reconciliación ha de abarcar ambas emociones. Reír a carcajadas es un acto liberador sobre todo cuando te estás riendo de ti mismo. Todas las emociones guardan información útil. Hay que sentirlas para entenderlas y después, dejarlas fluir y encauzar su energía.

 5.- Relación con tus pensamientos:
No te creas todo lo que te dicen. Cultiva tu propio criterio. No te creas todo lo que te dices. Cuestiona tus pensamientos. Cuando un “por qué” no te ayude a aprender cambialo por un “para qué”  Las excusas se volverán oportunidades y las trustraciones, resultados. No etiquetes como necesario lo que solo es preferible o sentirás una innecesaria angustia cuanto te falte lo que no es imprescindible. Si piensas desde el amor enfocas tu mente en la dirección adecuada para encontrar más amor.

 6.- Relación con tus sueños:
Permitirte soñar es ayudar al niño que hay en ti a descubrir un nuevo horizonte. Su entusiasmo te dará la energía necesaria para llegar juntos a ese soñado confín. Sea cual sea tu sueño para verlo cumplido tienes que pisar firme en el terreno de tu realidad. Prepárate calzando tu paso con  disciplina, entusiasmo, amor y plena atención. Si tu mente tiene claro el objetivo, a tu corazón le apasiona y aplicas tu mejor voluntas, activarás tu poder creador. ¿Te gusta la persona en la que te estás convirtiendo al intentar alcanzar  tus metas? Eso importa más que las propias metas. ¡No te peirdas por el camino!

7.- Relación con tus actitudes:
La mejor perspectiva para descubrir maravillas la consigues asomándote a la ventana de la gratitud. Siempre hay razones para la gratitud. Sea por lo que recibes o por lo que puedes entregar. Todo viene, florece y se va. Tú además puedes tomar consciencia de esa experiencia. Honra esa capacidad. Te sientes libre cuando ves que puedes ser feliz de muchas maneras sin necesitar ninguna de ellas para ser feliz. Si buscas motivos para admirar, agradecer y compartir, verás crecer tu alegría de vivir. Veas el vaso medio vacío o medio lleno lo importante es que vayas buscando una fuente.

8.- Relación con tus acciones:
Ama lo que haces y mantén abierta la ventana de la esperanza a todo aquello que confías llegar a hacer. Por poco que sepas, si lo aplicas,avanzas. Por mucho que sepas, te estancas si no lo aplicas. Tarde o temprano encontrarás piedras en el camino. Lo que importa es lo que decidas hacer con ellas. Todo te ayuda a alcanzar la cima. También el camino empinado que ahora subes aunque parezca frenarte. Que lo que no puedes hacer no te distraiga de loque sí está en tu mano lograr.. Si no tienes tiempo para todo procura que todo lo que consideres importante tenga su tiempo.

9.- Relación con los demás:
Para ir de corazón a corazón sigue el camino de la empatía. Los prejuicios son malos atajos. Para desarrollar empatía primero hay que dejar de criticar. Ponerte en el lugar del otro para comprender sin juzgar. Lo que recibes de los demás depende de ellos. Pero solo tú decides lo que les ofreces. Esa es tu libertad y tu responsabilidad. Atrévete a contemplar todo lo que sientes y atrévete también a poner límites a lo que consientes. Por miedos y prejucios cerramos la puerta del corazón  No dejamos entrar y nos impedimos salir. ¡Hay tanto amor que aún no ha podido ser!

10.- Relación con el pasado, presente y futuro:
No importa que todo pase cuando sabes que un momento también te puede saber a eternidad. Necesitas pausa y silencio para aprender del pasado, contemplar con grtitud el presente y soñar un mejor futuro. Regálate momentos de sosiego. No puedes cambiar lo que hiciste en el pasado pero puedes cambiar tú, ahora, para que el futuro sea diferente. Qué valorar lo que fue no te impida abrazar el presente para disfrutar de lo que es.

No hay dos árboles de Navidad iguales, como no hay dos vidas idénticas. Pasear por la ciudad en estas fechas y observar los abetos iluminados en las plazas, los escaparates o tras las ventanas es como observar los variopintos intentos humanos de encender la vida aún en medio de la oscuridad de guerras, odios, miserias y desesperos. Hay algo, en esta perseverante inocencia que me conmueve.  Me encanta como expresó Mario Benedetti este sentimiento en su poema “¿Por qué cantamos?”:

“Si cada hora viene con su muerte
si el tiempo es una cueva de ladrones
los aires ya no son los buenos aires
la vida es nada más que un blanco móvil
usted preguntará por qué cantamos

si nuestros bravos quedan sin abrazo
la patria se nos muere de tristeza
y el corazón del hombre se hace añicos
antes aún que explote la vergüenza
usted preguntará por qué cantamos

si estamos lejos como un horizonte
si allá quedaron árboles y cielo
si cada noche es siempre alguna ausencia
y cada despertar un desencuentro
usted preguntará por que cantamos

cantamos porque el río está sonando
y cuando suena el río / suena el río
cantamos porque el cruel no tiene nombre
y en cambio tiene nombre su destino
cantamos por el niño y porque todo
y porque algún futuro y porque el pueblo
cantamos porque los sobrevivientes
y nuestros muertos quieren que cantemos
cantamos porque el grito no es bastante
y no es bastante el llanto ni la bronca
cantamos porque creemos en la gente
y porque venceremos la derrota
cantamos porque el sol nos reconoce
y porque el campo huele a primavera
y porque en este tallo en aquel fruto
cada pregunta tiene su respuesta
cantamos porque llueve sobre el surco
y somos militantes de la vida
y porque no podemos ni queremos
dejar que la canción se haga ceniza.”


Gracias por tu atención. Te deseo lo mejor ahora y siempre y te invito a escribir tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal

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"En el fondo de tu corazón están esperando los sueños no cumplidos y todo el amor que aún no ha podido ser. Date permiso para vivirlos.(“Lo que el corazón quiere contemplar”) 

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lunes, 7 de diciembre de 2015

Cómo lograr que ayudar resulte, realmente, de ayuda

Conforme se acercan las fiestas navideñas, ante el deseo de paz, unión y felicidad para todos, quedan más patentes las carencias de muchos, nos vamos volviendo más sensibles a las necesidades ajenas y emerge con más fuerza el deseo de ayudar. 

Desde mi punto de vista, aún contando con la mejor intención, ayudar no es fácil. Anthony de Mello lo expresaba con mucho acierto y sentido del humor:
- "¿Qué demonios estás haciendo?", le pregunté al mono cuando le vi sacar un pez del agua y colocarlo en la rama de un árbol.
- "Estoy salvándole de perecer ahogado", me respondió.

Considero que el altruismo es un hermoso gesto humano que siempre vale la pena favorecer pero también entiendo que no está de más que vaya acompañado de un poco de reflexión para que ayudar resulte realmente de ayuda.

Una antigua leyenda cuenta que “cierto día, un sabio visitó el infierno. Allí, vio a mucha gente sentada en torno a una mesa ricamente servida. Estaba llena de alimentos, a cada cual más apetitoso y exquisito. Sin embargo, todos los comensales tenían cara de hambrientos y el gesto demacrado: Tenían que comer con palillos; pero no podían, porque eran unos palillos tan largos como un remo. Por eso, por más que estiraban su brazo, nunca conseguían llevarse nada a la boca.

Impresionado, el sabio salió del infierno y subió al cielo. Con gran asombro, vio que también allí había una mesa llena de comensales y con iguales manjares. En este caso, sin embargo, nadie tenía la cara desencajada; todos los presentes lucían un semblante alegre; respiraban salud y bienestar por los cuatro costados. Y es que, allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de alimentar con los largos palillos al que tenía enfrente.”

Hace un tiempo, asistí a un taller de crecimiento personal en el que el facilitador nos propuso escenificar, entre todos los asistentes, la idea del cielo que describe este cuento. Tuvimos que disponernos en círculo alrededor de un cesto lleno de tarjetas de colores que representaban alimentos y con unas varillas preparadas para el juego, teníamos que alimentar a los demás y permitir que otros nos alimentasen. Además, a algunos participantes se les había informado sobre algunas características que debían incorporar al papel que representaban y que los demás desconocíamos. Por ejemplo, algunos “no tenían dientes”, otros “eran alérgicos a algún alimento”, etc… Al final debíamos lograr sentirnos bien, estar alegres y, por supuesto, bien alimentados. Al realizar esta dinámica aprendí muchas cosas sobre el arte de ayudar que hoy quiero compartir contigo:

1.- Una de las primeras cosas de las que nos percatamos fue que, cada cual, según su posición en el círculo, podía ayudar a unos cuantos compañeros pero resultaba imposible alimentar a otros. Así que, para ser eficaces, había que centrarse en lo que era posible hacer y confiar que otros hicieran el resto.

2.- También aprendimos a interesarnos por el otro antes de intentar ayudarle. Resultó muy impactante ver como alguien con todo entusiasmo acercó a la boca de otro compañero una tarjeta que representaba un gran pastel y, sin embargo, fue rechazado pues esa persona estaba en el papel de “diabético”. Comprendimos que todo el esfuerzo realizado y toda la ilusión invertida en ese gesto no solo no servía sino que podía haber sido lesivo, solo por no haber indagado antes sobre las verdaderas necesidades y los deseos de quien iba a recibir la ayuda. En este punto el coordinador del grupo nos animo a reflexionar sobre las motivaciones de nuestro deseo de ayudar, invitándonos a responder a las siguientes preguntas: ¿Qué busco con este gesto altruista?, ¿Admiración, control, sentirme bueno o importante, quedar bien o deseo, desinteresadamente, el bien del otro?, ¿Estoy poniendo por delante sus necesidades o mi propio interés? Aún cuando haya una mezcla de motivaciones, es importante ayudar, pero partiendo del interés real por el otro, su circunstncia y sus prioridades.

3.- El tercer punto que quedó claro es que era necesario ayudar en el momento adecuado para el que es ayudado y no cuando le fuera bien a quien ayudába. Pues sucedió que un participante se encontró que tras haber logrado coger con mucho esfuerzo una tarjeta que representaba un humeante tazón de sopa, se lo ofreció a alguien que estaba realizando, “por motivos religiosos, unos días de ayuno”. Una y otra vez vimos clara la necesidad de observar, preguntar, interesarnos por el otro para así poder ofrecerle lo que realmente necesitaba y en el momento adecuado. Por mucho que deseemos ayudarle a volar, una oruga necesita su tiempo dentro del capullo para transformarse en mariposa. Lo prioritario es la necesidad del otro y no nuestra necesidad de ayudar.

4.- También nos dimos cuenta que cada uno de nosotros formábamos parte del grupo y eso quería decir que no sólo teníamos que ayudar a comer a los demás sino que teníamos que permitir que otros nos ayudasen. Aquí, uno de los compañeros compartió este cuento de Bruno Ferrero que ilustra muy bien este punto: “Un padre estaba observando a su hijo pequeño que trataba de mover una maceta con flores muy pesada. El pequeño se esforzaba, sudaba, pero no conseguía desplazar la maceta ni un milímetro.
- “¿Has empleado todas tus fuerzas”, le preguntó el padre.
- “Sí”, respondió el niño.
- “No”, replicó el padre. “Aún no me has pedido que te ayude”.
Considero que, aún con la ayuda de los demás, poco se logra, si no empiezas por ayudarte a ti mismo. Pero en ocasiones, ayudarte a ti mismo supone, dejarte ayudar.

5.- El quinto aprendizaje consistió en comprender que en la necesidad de ayudar también se puede llegar a estorbar y obstaculizar la ayuda que otros están realizando o el aprendizaje que se necesita asimilar a base de equivocaciones. Tuvimos que ser cuidadosos, utilizar el ingenio y ponernos de acuerdo para que al irse cruzando nuestras varillas no se cayeran las tarjetas de comida, por ejemplo. Quedó claro que no era positivo hacer por el otro lo que no te ha pedido o suponer de antemano que no será capaz de hacerlo o, por no querer dedicar el tiempo necesario o querer que te sigan necesitando, hacer algo en vez de enseñar a hacerlo. Poco a poco, siendo respetuosos y pacientes unos con otros, fuimos compartiendo aprendizajes y mejorando.

6.- Además, también descubrimos talentos particulares que quedaron expuestos al trabajar en equipo por el bien común. Algunos iban coordinando las acciones, otros ofrecían ideas para manejar mejor las varillas, otros iban recopilando lo que íbamos aprendiendo, otros animaban y alentaban a los demás cuando se cometían errores, etc… Ayudando nos ayudábamos a nosotros mismos. Ibamos encontrando nuestro sitio y nuestra función dentro del grupo. Como dice Jorge Bucay, “el verdader amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar al otro para que sea quien es”

7.- Entendimos que nadie sale adelante solo sino que otros tienen que hacer bien su labor para facilitarnos nuestro bienestar. En otro momento del taller nos invitaron a descubrir esa trama de colaboración en la vida de cada uno y sentimos brotar agradecimiento por tantas personas que, de una forma u otra, estaban ayudándonos a tener una vida más grata. Fue ahí dónde escuché por primera vez la historia de la gestación del famoso cuadro “Manos” del pintor alemán Alberto Durero, que puedes escuchar en este audio:


En las conclusiones finales de la jornada, todos coincidímos en que el activar esa capacidad humana de salir de uno mismo para ayudar a otro nos generaba un sentimiento reconfortante. La clave principal es llegar a considerar los intereses de otro como tus propios intereses. Algunos neurólogos afirman que la ayuda desinteresada, enciende una parte del cerebro que está vinculada con la sensación de placer. Por otra parte, tener algo que ofrecer, mejora la autoestima y el apoyo mutuo profundiza y fortalece los vínculos sociales. Desde mi experiencia creo que cuando te sientes útil, por mucho que hayas entregado, te llevas más. Y te sientes pleno. En esta escena de "El Rey Pescador" (Terry Gilliam, 1991), una de mis películas favoritas, queda expresaba de una forma sencilla y poética, el profundo significado de la capacidad humana de ayudar:



Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach personal


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martes, 10 de noviembre de 2015

Siete formas de honrar la vida

Aún contando respetuosamente con las personas que, por unas razones u otras, se suicidan, entiendo que una gran mayoría de seres humanos no queremos perder la vida. No obstante, como  dice el estribillo de un precioso tango de Eladia Blázquez: “Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir. Porque no es lo mismo que vivir, honrar la vida”. Y es que, a veces, no basta haber nacido para sentirte vivo, igual que no basta estar con alguien al lado para sentirte acompañado. 

Por si acaso tu existencia está teniendo demasiado de “durar y transcurrir” y quieres intensificar tus ganas de vivir,  hoy te invito a encontrar tus propias respuestas a la pregunta: ¿Cómo puedo honrar la vida? Y añado siete sugerencias que, desde mi punto de vista, ayudan a lograrlo:

1.- Parece obvio que para honrar la vida hay que comenzar por reconocerla. Es decir, darte cuenta de que estás vivo y que por ello formas parte de ese misterio, en continua transformación, llamado vida. Dedicarle atención plena manteniéndote en disposición de experimentar la plenitud que guarda cada instante. A quien contempla la vida con mente curiosa y humilde corazón, la vida le regala infinitos motivos de admiración. Honrar la vida es vivir con la actitud de los viajeros que captan los matices de los fugaces instantes. Abiertos al asombro. Intuyendo lo maravilloso. Observar, escuchas, tocar, oler y saborear como si fuera la primera vez, cada vez. No he encontrado mejor ejemplo de esta actitud que la mostrada por la niña de este vídeo:


2.- Honrar la vida es aceptarla en su diversidad. Te sientes vivo cuando aceptas la vida con todos sus matices. Todo cuenta. Tanto silencio y sombra como canción y luz. Apreciar en las diferencias la riqueza de la vida que somos. Algo que tiene mucho que ver con desarrollar tu capacidad de empatía. La sinfonía de la vida requiere variados instrumentos y compases. Con paciencia, compasión y tolerancia lo comprendes y disfrutas del concierto. “Más allá de los juicios basados en las apariencias, todos tenemos un sitio, un valor y una función; y desde alguna perspectiva, todo puede ser admirado, si a tu mirada le pones inocencia y corazón” (Lo que el corazón quiere contemplar)

3.- Honrar la vida es experimentarla sin resistencia: Puedes aceptar de antemano que la vida es continua mudanza y transformación y prepararte para fluir sin resistencia en esemovimiento de continuo cambio. Aceptar que en la vida todo es temporal es también asumir que siempre hay algo que descubrir y, por eso, vivir, es una aventura. Honrar la vida es aceptarla con sus luces y sus sombras, su vacío y su plenitud. Igual que un pintor logra los tonos más bellos mezclando colores, en la vida surgen nuevos órdenes y armonías del creativo caos. Honrar la vida es, más allá de miedos, obstáculos y dificultades, seguir dándole un sí a la experiencia de vivir, pues cuanto más temes la vida menos vida te quedará para amar. Aceptar las estaciones del año, disfrutar con lo que cada una ofrece y hacer lo mismo con cada una de las etapas de la vida. Has aprendido a vivir si, con la misma serenidad que el atardecer, aceptas envejecer y morir. Honrar la vida es honrar también la muerte como parte de ella y que cuando llegue estemos conscientemente vivos y con la misma curiosidad, ante esa parte del misterio, que al nacer. Tal como queda bellamente expresado en el poema de Jorge Blajot “No os olvidéis la vida”:

“Cuando vengáis, no os olvidéis la vida,
mantenida caliente entre los brazos.
No seáis espectadores. A retazos
no la desparraméis por la avenida.

Traedla tal cual es, vida vivida:
doblegada de viento y de zarpazos
arañada; tiesa también con lazos
de paz, de amor, de júbilo prendida.

Venid sin maquillar. Portad la duda,
el desencanto, el grito de protesta.
Vestíos de todo aquello que hoy se lleva.

Pero llegue vuestra alma bien desnuda,
con hambre de banquete, ansia de fiesta,
de par en par abierta a vida nueva.”


 4.- Honrar la vida es apreciarla. “Estés dónde estés y hagas lo que hagas, durante tu jornada, honra tu existencia y agradece el camino que te lleva, el sueño que te eleva y el alma que te anima. Contempla con consideración lo que a tu alrededor, por pequeño que sea, también sueña; y juega a transmitir confianza, compromiso y esperanza,” (Lo que el corazónquiere contemplar) Deja que te inspire la belleza a tu alrededor. Solo tienes que buscarla y cultivar tu capacidad de atención para que puedas descubrir no solo lo que puede mejorarse sino lo que ya es una maravilla. No permitas que el muro de la negatividad te lo impida ver. Permítete pausas y silencios para apreciar y agradecer.  Con agradecimiento puedes ver la vida como un regalo a descubrir, desenvolver y disfrutar. “Empieza buscando, en la circunstancia que afrontes, algún motivo de estimación y, por pequeño que sea, siente gratitud. Luego disponte a vivir esa situación con alegría de ser; afrontándola, en la medida que te sea posible, con ternura, sencillez y sentido del humor. Abraza esa experiencia con todo el amor que logres sentir y quédate en paz por haber puesto en este momento tu mejor voluntad.” (Lo que el corazón quiere contemplar)

5.- Honrar la vida es cuidarla. E intentar mejorarla a nuestro paso. Es tratar con respeto todos los aspectos de la vida incluidos nosotros mismos. La vida es una trama de colaboración donde todo cuenta y con todo hay que contar. Al cuidar nos cuidamos, al ayudar nos ayudamos. Honrar la vida es apoyarnos mutuamente para entre todos, sostenernos y sostenerla. Como queda reflejado metafóricamente en este cuento de la tradición hindú:

“Se cuenta que un rey, quiso poner a prueba la actitud de sus súbditos y tras colocar una inmensa roca en medio de uno de los caminos más transitados de su reino, se escondió a observar las reacciones de quienes pasaban por allí.

El primero en llegar fue un mercader con un carro tirado por caballos y repleto de mercancías.  Al ver el obstáculo se dio media vuelta maldiciendo por el mal estado del camino y pensando en volver al día siguientes cuando posiblemente ya hubieran quitado la roca.

Al poco rato llegaron un concurrido grupo de peregrinos muy silenciosos y concentrados en sus oraciones. Al ver el camino cortado hicieron una hilera y, uno a uno, aún con dificultades por la estrechez del paso, lograron sortear la piedra y siguieron adelante.

El tercero en aparecer por el camino fue un hombre a caballo y pronto se dio cuenta que sería imposible pasar con su montura. Ató una cuerda a la roca e intentó desplazarla tirando de ella con su caballo pero no logró moverla. Entonces llegaron otros dos viajeros en un carromato tirado por dos mulas y tras explicarles lo sucedido decidieron unir sus fuerzas para intentar despejar el camino. Tardaron un buen rato pero finalmente consiguieron mover la roca y lanzarla al mar por el acantilado que bordeaba el sendero.

Felices por su éxito decidieron tapar el agujero que había quedado tras quitar la piedra y al hacerlo vieron que había un cofre y una nota que decía así: Las monedas de oro que contiene este arcón son para quienes hayan sido capaces de sacar la roca del camino. Es un premio por haber sido capaces de colaborar para superar una dificultad y sobre todo por haber logrado, tras su paso, dejar mejor el camino para si mismos y para quienes vengan después.”

 6.- Honrar la vida es expandirla: Todo, incluido tú, está en camino, orientado a manifestar su máximo potencial. Cada cual anda sus pasos y entre todos hacemos avanzar la vida. Honrarla es salir del balcón de la indiferencia y la pasividad y cultivarla en la forma que mejor sepamos para engrandecerla. Cultivar nuestras semillas de plenitud para contribuir con nuestros talentos. Crecer es apoyar el despliegue de la vida que, en ti, quiere expandirse para ser admirada, honrada y celebrada. Haz como hace la vida: sea lo que sea que suceda, sigue adelante. Al encuentro de los caminos que le permiten seguir siendo. Con audacia y creatividad. Honrar la vida también es soñarla en nuevas facetas y con otros horizontes. Y es apoyar esos sueños hasta lograr hacerlos realidad. “Trocitos de sueños lograrán alcanzar su más elevada expresión y en tu conciencia de ser nueva vida podrá ser honrada, admirada y celebrada. La intención de ese movimiento siempre es amor por la vida, amor por su expansión, amor por el proceso de creación, amor por la canción que canta cada corazón y por el canto común, canto en unión, al comprobar que todo puede ser permitiendo y colaborando a que todo lo demás también lo sea.” (Lo que el corazónquiere contemplar) Para potenciar el expansivo poder creador de la vida que eres te sugiero esta meditación titulada “En la Onda Encantada de la Vida”:



7.- Honrar la vida es celebrarla. “Procura mantener encendida una vela de olor en tu hogar, un rato cada día, para recordar que la vida es algo a celebrar. Para ayudarte con esta intención, cada mañana, pregúntate: ¿En el día de hoy qué es lo que voy a hacer motivo de celebración? Elige algo distinto cada vez, entre todo aquello que valores y esté presente en tu experiencia. Y al llegar el anochecer comprueba que has vivido algún momento de admiración, agradecimiento y alegría al encontrarte con aquel aspecto de la vida que has decidido honrar y celebrar.” (Lo que el corazón quiere contemplar). La vida, con sus luces y sus sombras, es motivo de celebración si tienes ojos para admirar, corazón para agradecer y abrazos para compartir.

En el fondo de la vida siempre queda mucha espontánea alegría y mucha inocencia por nacer. Abraza la vida con aceptación y ámala con osadía, entrega y creatividad. De ese encuentro puede nacer la felicidad.

Gracias por tu atención y también por tu participación si es que decides dejar tus comentarios que serán muy apreciados. Hoy me despido invitándote a escuchar, en la versión de Sandra Mihanovich, la canción de Eladia Blazquez, “Honrar la vida”, en la que me he inspirado para redactar este artículo. Abrazos y hasta pronto.





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