miércoles, 28 de enero de 2015

Cinco pasos para establecer límites saludables

Hace unos días, una persona de probada actitud solidaria, me explicó su decepción ante el comportamiento desagradecido y exigente de algunos vecinos a los que venía ayudando. Había llegado a la conclusión de que no sabía poner límites pues con frecuencia se sentía poco respetada. Desde un punto de vista espiritual creía que todos somos uno pero, aquí y ahora, veía que se perdía a sí misma en su entrega a los demás.  Le propuse que, mientras conversábamos, fuéramos completando un puzle pues es un juego que evoca la doble perspectiva de lo individual y lo total y podía inspirarnos en el tema que me proponía.

Después de un rato, con una gran sonrisa en el rostro, exclamó: “Creo que he comprendido algo importante. Para poder colocar en su lugar una pieza del puzle y que pueda hacer su aportación al conjunto, hay que tener en cuenta su contorno y el dibujo de su superficie. De la misma forma, para mantener relaciones equilibradas en mi vida y disfrutar compartiendo, he de saber lo que soy y lo que quiero.” Me pareció una excelente reflexión que dio pie a otras interesantes consideraciones. Acabado el encuentro y tomando como base el contenido de esa conversación escribí el artículo que ahora comparto contigo, entendiendo que saber poner límites saludables es una de las claves que facilita tanto la autorrealización como la buena convivencia.

¿A qué me refiero cuando hablo de límites?

Desde un punto de vista existencial, considero que un límite es una línea que puedes establecer para diferenciar lo que eres y lo que quieres de lo que no eres y no quieres. Es una frontera que, una vez definida,  preserva la integridad de lo que abarca y muestra hasta dónde, una incursión en tu espacio personal, es considerada respetuosa o invasiva.

Por otra parte, hay márgenes que quedan definidos por la cultura, las creencias, las costumbres sociales, los prejuicios o las rutinas y muchas veces son de utilidad pero también pueden convertirse en una prision. Es decir que algunos límites los percibirás como obstáculos a superar y otros como lindes a consolidar. En cualquier caso son valiosos instrumentos para apoyar tu evolución y puedes aprender a usarlos con eficacia.

En artículos anteriores (Cambiar el paso a la rutina”, “Sugerencias para fluir sin resistencia en la espiral del cambio” y “Reciclándote: Sietepasos para favorecer cambios positivos en tu vida), te he ofrecido ideas y ejercicios para ir más allá de los contornos limitadores y expandir tu potencial. Aquí voy a centrarme en cómo desarrollar la habilidad para poner buenos límites y hacerlo  consciente y responsablemente:

1.- Límite de bienestar: Con frecuencia decidimos poner fin a una situación cuando ya no podemos más. Entonces, saturados y casi siempre enojados, decimos ¡basta!, pero no hay por qué llegar a ese extremo. Puedes aprender a ser consciente de tu límite de bienestar en vez esperar a sentirte desbordado en tu límite de tolerancia. Descubrir hasta dónde te sientes bien con una situación es algo muy distinto a percibir el momento en el que ya no puedes soportarlo más. Por ejemplo, si te pido prestada una prenda de vestir quizás te sientas bien dejándomela para un día concreto (tú límite de bienestar) pero no más, así que tendrás que dejar clara la fecha en la que quieres que te lo devuelva.

 2.- Revisión de situaciones: Responder a las siguientes preguntas puede ayudarte a descubrir situaciones en las que quizás estás alejándote de tu límite de bienestar. ¿Tienes la sensación de que pierdes el tiempo o dejas que te lo roben? ¿Entregas demasiada energía a relaciones que te aburren? ¿Cargas con responsabilidades que no te corresponden y que te impiden atender otros asuntos prioritarios para ti?  ¿Te sientes poco respetado? ¿Dejas que otros decidan por ti, o te dejas llevar por la corriente y luego te sientes culpable? ¿Haces cosas que no quieres hacer pero las usas como excusa para no enfrentar miedos o realidades que te asustan? ¿A quién o en qué situaciones no te atreves a decir “no”? ¿En qué áreas de la vida te sucede algo de todo esto? ¿En qué asuntos en concreto? ¿Con qué personas? Teniendo en cuenta tus respuestas, elige uno de los asuntos en el que te parezca importante poner límites,  comprométete a pasar a la acción y empieza poco a poco llevando a la práctica las sugerencias que te explico en este artículo.. (También te será útil consultar: Cómo dar más vida a tu tiempo y ganar mástiempo para tu vida”, “¿Víctima o protagonista?)

3.- Miedo a las consecuencias: Es fácil que al pensar en explicar tus condiciones, aparezcan algunos temores. Pero no poner un límite por evitar un conflicto supone generar un conflicto en tu interior. Es necesario asumir que no siempre tendrás la aprobación de los demás ni su comprensión. Si el miedo a encontrarte con algún tipo de consecuencia negativa empieza a bloquearte, reflexionar por escrito te ayudará a ordenar pensamientos y a escuchar tus emociones. Pregúntate cuáles serían las ventajas y los inconvenientes de poner límites y de no ponerlos. Imagina los diferentes escenarios, las personas implicadas, etc y escribe todas las respuestas que se te vayan ocurriendo. Si tu mente únicamente estaba concentrándose en las consecuencias negativas, identificar todo lo bueno que se generará al poner límites te dará más fuerza para llevarlo a cabo. Y si decides que el precio va a ser demasiado caro te habrás hecho consciente de los beneficios de no expresarte y estarás en condiciones de buscar otras alternativas (puede ser que convenga resolver previamente otros asuntos o necesites fortalecer tu autoestima o conseguir algún tipo de recurso). (En relación a la gestión de las emociones te vendrá bien lo explicado en: EmocionArte: Cinco formas de relacionartesaludablemente con tus emociones)

4.- Expresar: Una vez que te has hecho consciente de tu límite de bienestar en una situación concreta tienes que hacerte responsable de explicarlo con claridad y firmeza, sin esperar que los demás lo vayan a adivinar, por muy obvio que te parezca. Los otros puede que no perciban, desde su ignorancia, sus valores, sus costumbres o su disfuncionalidad, los límites que a ti te parecen saludables. Si lo que te preocupa es la forma en la que vas a poner el límite o si encontrarás el momento adecuado, recuerda que no hay una fórmula mágica y lo que decidas hacer no tiene que ser perfecto. Vas a llevar a cabo lo que creas adecuado y eso ya es suficiente. A veces lo más útil es una conversación, quizás te convenga escribir un mensaje, iniciar una acción legal, dejar de seguir una rutina, negarte a colaborar, aclarar mejor tu punto de vista, etc… Partiendo de la situación que enfrentes, estudia todas las alternativas posibles tratando de mantenerte siempre en el territorio del respeto y la amabilidad sin que por eso disminuya la claridad, la determinación y si cabe, el sentido del humor como queda expresado en este relato de la tradición espiritual sufí, que posiblemente te robará una sonrisa:

 “Un maestro fue a una casa de baños turcos. Al ver que  iba pobremente vestido los empleados le atendieron con desgana y le proporcionaron  sólo un poco de jabón de mala calidad y una toalla vieja. Sin embargo, para sorpresa de todos, al irse dejó una generosa propina en monedas de oro.  A la semana siguiente el maestro volvió a los baños pero esta vez fue masajeado, perfumado y tratado con la mayor deferencia. Al irse dejó un única moneda de cobre explicando que era la propina correspondiente al día anterior. Luego se despidió sonriente... "

5.- Perseverancia y coherencia: Con frecuencia no basta con poner límities sino que hay que insistir para consolidarlos. Perseverar incluye ser coherente pues se debilitarán esos límites si, por presiones sociales u otros factores, finges lo que no sientes, expresas opiniones contrarias a lo que piensas o sigues bromas que van en contra de tus valores, etc… Además esa coherencia también tiene que verse reflejada en tu modo de tratar a los otros, ofreciéndoles la misma consideración que pides para ti.  Por otra parte, ganarte el respeto de los demás comienza por respetarte a ti mismo alejándote, por ejemplo, de situaciones o hábitos que puedan resultarte lesivos,  no dando excesiva importancia a las opiniones ajenas o no estancándote en aspectos del pasado que no puedes modificar. Es decir, hacerte responsable de tu bienestar físico, mental y emocional.

Como resumen considero que lo importante es escucharte, ser consciente de tu límite de bienestar y responsabilizarte de mantenerlo recordando que “aunque cada cual es único, no estamos aislados pues todos pertenecemos a la vida que nos anuda en una misma red, en la que todo cuenta y encuentra su profundo valor en la combinación con todo lo demás. Siendo lo que eres y estando en tu sitio en el puzle de la vida colaboras a que también los demás puedan ser quienes son y encuentren su lugar. (“Lo que el corazón quiere contemplar”)”.

Gracias por tu atención. Me encantará leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.


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5 comentarios:

  1. Gracias Pepa por este artículo. Me ha sido aclarador y muy útil. Las fotos y sus mensajes realmente inspiradores.

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  2. Creo que es un blog del cual hay mucho positivismo. He visto pocos igual. Mis felicitaciones y un saludo

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  3. Muchas gracias por el post Pepa. ¡Es excelente! Qué importante recordar que no poner un límite por evitar un conflicto genera un conflicto en tu interior. Cuanto que reflexionar sobre aprender a respetarnos a nosotros mismos... Es increíble el proceso de autodestrucción que si no, nos genera.

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  4. Gracias, me cuesta mucho hacerlo....me ayudó mucho el mensaje...lo volveré a leer.

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