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sábado, 9 de diciembre de 2017

Ver la luz que ya somos

Cuando empieza a respirarse en el ambiente el espíritu navideño, me gusta recordar este microrelato titulado “El mundo”, incluido en “El libro de los abrazos” de Eduardo Galeano:

"Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. 

A la vuelta contó que había contemplado desde arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.

-El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende"

Y es que esta época del año, con sus tradiciones y ritos sociales, culturales y religiosos, creo que da cauce a un anhelo humano de contemplar la vida desde otras perspectivas más elevadas. Puntos de vista que, aún percibiendo las diferencias, nos permiten también descubrir aquello que nos une.

Por eso, llegadas estas fechas, me gusta recordar al hombre de Neguá y ensayar esa mirada suya. Mirada que, según entiendo, solo se concentra en esa llama de vida que a todos nos habita y se expande con nuestro latido.

Tratando de imaginar ese “mar de fueguitos” que propone Eduardo Galeano me suelo embarcar en un ejercicio que consiste en dejar que vayan apareciendo en mi mente recuerdos de personas, estimadas o no, esforzándome por descubrir en cada caso, únicamente lo que creo que esos seres aman, lo que les motiva, apasiona y convoca a la acción. Aquello que les ayuda sentirse ardientemente vivos.

Los imagino crepitando con sus diferentes tipos de llamas todas ellas impulsadas por el aliento de vida que nos sostiene. Cuando reconozco el amor de ese padre por su hijo, de ese joven por su vocación, de esa ciudadana por su comunidad, de ese religioso por su fe o de esa mujer por la persona amada, por ejemplo, aunque mi mente no comprenda sus ideas, mi corazón sintoniza con la vibración de esos afectos. Y puedo unirme a todos ellos en esa chispa de humanidad que nos hermana. La vida dándose a luz una y otra vez. Cada ser humano, en su pasión, brillando con su propia luz.

Esta práctica transforma lo que siento hacia ellos. Logra que se amplie mi campo de resonancia empática. Y me lleva a reconocer mi propia llama interior. Repaso entonces mis afectos, mis pasiones, mis motivaciones, mis talentos y todo aquello que arde dentro de mi buscando cauces de expresión y expansión. Veo así mi diferencia y también el impulso vital que me une e iguala a toda la humanidad..

Un doble enfoque que me gusta subrayar practicando también con este otro ejercicio: "Contempla un cuadro al óleo, fija tu mirada en una pincelada y dile “existes y te veo”; luego observa el cuadro en su totalidad pero sin perder de vista ese trazo particular. Podrás comprender que cada cosa, por insignificante que parezca, tiene su lugar y su valor. Sólo es necesario adoptar la perspectiva adecuada al contemplarla." (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

Siempre está ahí, a tu alcance, la posibilidad de centrarte en el “fueguito” con el que brilla cada ser humano. Aún el que te parezca más frío y distante, más apático o negativo, ama algo aún cuando no encuentre formas constructivas de expresar ese aliento de vida. Ama la vida o algo que percibe en ella, sea una idea abstracta o una causa concreta, sea su propia sombra o la del prójimo, cada ser humano desde que nace ama hasta sin saberlo y desde ese impulso reconoce y expande la vida que todos somos.

En las costumbres navideñas se incluyen los encuentros entre los seres queridos, tratando de olvidar diferencias para compartir afectos, se iluminan las calles para recordar que tras la noche más larga del año volverá a amanecer y se confía en que alguna estrella en el cielo nos señalará un camino de paz. Pero quizás lo más hermoso del mensaje navideño sea recordarnos que el amor ya nos habita y solo espera ser reconocido, compartido.

“Igual que el firmamento abarca a todas las estrellas y éstas, expandiendo su luz, iluminan la bóveda celeste, también a todas las criaturas, en una red de luz, un principio de amor sustenta hasta que ellas mismas se transforman en manantial de amor y más red de luminosa vida crean.” (“Lo que el corazón quiere contemplar”)

Por eso hoy, cercana la Navidad, con esta preciosa canción de Macaco y Chambao quiero hacerte llegar mis deseos de poder continuar compartiendo, ahora y siempre, la luz que ya somos.



Gracias por leerme y por tus comentarios si es que quieres compartilos. Abrazos, felices fiestas y hasta pronto,


Pepa Arcay
Coach Personal




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"En el fondo de tu corazón están esperando los sueños no cumplidos y todo el amor que aún no ha podido ser. Date permiso para vivirlos.(“Lo que el corazón quiere contemplar”) 

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domingo, 23 de abril de 2017

Deshaciendo el apego ciego a un pensamiento

En un relato de la tradición hindú se cuenta de “un hombre que tenía un hijo al que amaba profundamente. Por algún motivo se vio obligado a viajar y tuvo que dejar a su hijo en casa. El niño tenía ocho años y su padre lo amaba profundamente. 

Habiéndose enterado de la partida del dueño de la casa, unos bandoleros aprovecharon su ausencia para entrar en ella y robar todo lo que contenía. Descubrieron al jovencito y se lo llevaron con ellos, no sin antes incendiar la casa.

Cuando el padre regresó a su hogar se encontró con la casa derruida por el incendio. Alarmado, buscó entre los restos calcinados y halló unos huesecillos, que dedujo eran los del cuerpo abrasado de su hijo. Con ternura infinita, los introdujo en un saquito que se colgó al cuello, junto al pecho, convencido de que aquéllos eran los restos del niño. 

Tiempo después, el hijo logró escapar de los perversos bandoleros y, tras poder averiguar dónde estaba la nueva casa de su padre, corrió hasta ella e insistentemente llamó a la puerta.

¿Quién es? -preguntó el padre.
Soy tu hijo -contestó el niño.
No, no puedes ser mi hijo -repuso el hombre, abrazándose al saquito que colgaba de su cuello-. Mi hijo murió.
No, padre, soy tu hijo. Conseguí escapar de los bandoleros.
 Vete, ¿me oyes? Vete y no me molestes -ordenó el hombre, sin abrir la puerta y aprisionando el saquito de huesos contra su pecho. Mi hijo está conmigo.
 Padre, escúchame; soy yo.
 ¡He dicho que te vayas! -replicó el hombre-. Mi hijo murió y está conmigo. 
Y no dejaba de abrazar el saquito de huesos.”

Aunque el relato guarda un sentido metafórico, lo cierto es que más de una vez, como el protagonista del cuento, yo también he llegado a negar la realidad creyendo equivocadamente que un vínculo afectivo estaba muerto o muy deteriorado. Y he sufrido innecesariamente por encerrarme en una historia dolorosa que solo estaba sucediendo en mi imaginación. Reconozco que, en ocasiones, el apego ciego a un pensamiento, con sus nocivas consecuencias, me ha pasado inadvertido. La honesta verdad, esperando sosegadamente en mi interior, ha quedado oculta tras la densa nube de una creencia no cuestionada.

También he comprobado que no son los pensamientos quienes se aferran a mi sino yo a ellos. Lo hago cuando los convierto en creencias inamovibles o cuando, luchando contra ellos,  trato de eliminarlos sin ofrecerles comprensión. 

Cuando me atasco de esa manera en alguna historia dolorosa, luego compruebo que, mientras soy inconsciente de ello, suelo separarme del ahora, incluyendo personas y situaciones, quedarme bloqueada en mis pensamientos sobre el pasado o el futuro, a la defensiva, tensa y negativa. Y aún cuando en la superficie aparezca frustración, enfado, rabia o tristeza, debajo supura un doloroso miedo.

La buena noticia es que aunque, por distracción, aún sigo tropezando con estas piedras también voy consiguiendo evitarlas.  He aprendido a cuestionar mis pensamientos, a descubrir qué emociones los acompañan, a detectar a qué actos me impulsan y a dejarme guiar, únicamente, por los que son verdad para mi corazón en paz. Cuando logro darme cuenta y mantengo abierta mi mente, me siento, sobre todo, en armonía con el momento presente. Y mi corazón sale contento a abrazar la realidad recordando así que estoy unida a ella.

Me ayuda mucho recordar que continuamente estoy dando un particular significado a todo lo que sucede. Y que son esas ideas, esos juicios, esas valoraciones las que generan lo que siento. Cuando crep que son los demás o determinadas situaciones las que me traen sufrimiento solo veo el camino de intentar convencer y controlar para producir un cambio fuera de mi. Pero ese intento me deja en manos de los demás como víctima impotente. Cuando recuerdo que la raíz de mi malestar empieza en mi interpretación de la realidad se abre un gran campo de acción bajo mi responsabilidad.

Para rastrear el pensamiento perturbador suelo poner por escrito la descripción de los hechos y luego completo estas frases: “Y eso para mi significa que…” o “E interpreto que eso quiere decir que…” Hacer este ejercicio por escrito me ayuda a tomar distancia de lo que pienso y así me resulta más fácil comprender que esas valoraciones no son mi identidad. Como poco soy el campo de conciencia dónde tienen lugar ess ideas. De esta forma me resulta más fácil cuestionarlas.

Seguidamente paso a comprobar si realmente ese punto de vista es verdadero para mi, aquí y ahora pues a menudo mantengo creencias que fueron verdaderas en el pasado o en otras condiciones o con otras personas y las proyecto al presente sin cuestionar su veracidad actual. 

Por eso también suelo preguntarme si, en este momento, puede haber otras maneras de contemplar la situación. Y entre esas perspectivas alternativas siempre incluyo mirar la realidad más allá de cualquier juicio sobre ella.  ¿Qué sentiría, cómo lo viviría, qué haría, cómo respondería si …? Sucede que cuando acepto recibir el ahora tal como se presenta, sin juzgarlo, cada momento me muestra un puente para unirme en paz a lo que es.

Cuando doy por buena una creencia, sin investigarla conscientemente,  y ésta no coincide con lo que está sucediendo, me siento mal. La vida es continuo cambio. Cuando intento atraparla en una estática y personal idea de lo que debería ser, me alejo de la realidad. Y si considero mi punto de vista inamovible quedo prisionera de él y del sufrimiento que me genera. Así que también tengo muy en cuenta y registro en mis notas los cambios de mis emociones cuando estoy afrontando la realidad desde el marco de unos pensamientos u otros. Intento ver muy claro lo que me aporta cada creencia y hacia qué tipo de conductas me impulsa.

A veces comprendo que estoy deseando tener razón como si en eso me fuera la vida. Sin embargo, la tensión que requiere ese esfuerzo me termina agobiando y me permite ver con claridad que lo que realmente deseo es sentirme serenamente en paz. Liberarme en vez de mantenerme encerrada, abrazar en vez de rechazar, unirme en vez de separarme y amar en vez de temer.

Es un trabajo personal que tiene que ver con la soberbia de creer que tengo la información suficiente para juzgar, especialmente cuando al rastrear los pensamientos me encuentro escribiendo frases que empiezan por “el o ella deberían ser así, o deberían hacer tal cosa…” o “esto no debería estar pasando…”

En este sentido me ayuda releer algo que escribí en “Lo que el corazón quiere contemplar”: “Si miras el camino que has ido dejando atrás, comprenderás que infinitos son los elementos que han posibilitado tal caminar. Infinito el caudal de energía desplegándose en luces y sombras, dimensiones, rumbos y geometrías. Infinita vida haciéndose y deshaciéndose para ir tejiendo la singular trama de tu laberinto vital. Tras esta contemplación puedes entender que desde la puntual e individual perspectiva no hay suficiente visión para determinar qué es digno de amor y qué no merece tal distinción. Así puedes llegar a comprender que para seguir creciendo tienes que confiar en la inteligencia de tu corazón, que es potente energía que convoca a la integración.”

Así, atreviéndome a cuestionar mis pensamientos, voy deshaciendo ese apego ciego a ellos y logro abrir mi mente lo suficiente para tener en cuenta lo que está diciendo mi corazón. Entonces recurro a la quietud. Confío una vez más en que siempre hay más de una forma de percibir cada situación y decido asomarme a aquella que surja de mi más profunda paz. Así que busco un lugar tranquilo y silencioso dentro y fuera de mi. 

Comienzo relajando las tensiones que localizo en mi cuerpo, voy llevando mi respiración a un ritmo sosegado y profundo y busco la calma que hay en lo más hondo de mi conciencia. Es la paz que ya había cuando era un bebé y existía sin más. Es una sensación que cuando la buscas por un instante, simplemente en el ahora de cada respiración, brota naturalmente.

En este punto es cuando, con frecuencia, siento como si algo cediera en mi interior, como si se hubiera deshecho una resistencia. Es como si cambiase una disposición interna. Paso de estar contraída por temor dentro del caparazón de mis juicios a entregarme con inocencia a lo que es, en ese presente.

Cuando alcanzo esa vibración vuelvo al tema que estaba afrontando conflictivamente y con ánimo de expandir mi percepción de ese asunto expreso en silencio la siguiente afirmación: “Confío en la inteligencia de mi corazón donde encuentro conocimiento y efectiva disposición para, aquí y ahora, vibrar en sintonía con todo lo que es y encontrar creativos cauces de acción desde la paz y la libertad de ser.” 

Y me mantengo en silencio, con confianza hasta sentirme en paz con esa situación. A veces encuentro cauces de acción concretos, a veces simplemente dejo de necesitar responder ante esos hechos o intuyo una comprensión no traducible en palabras pero sí en un bienestar interior. 

Lo que suelo comprobar después es que las primeras reacciones surgidas de la resistencia provocan más y más resistencia dentro y fuera de mi mientras que lo surgido tras la entrega consciente genera fluidez, coincidencias y apoyos inesperados. O una aceptación tranquila cuando no aparecen cauces posibles de acción.

No siempre logro completar estos pasos que hoy he querido compartir contigo pero los momentos felices en que sí lo consigo me llevan a pensar que quizá “para comprender la vida primero hay que amarla”. Bajo los duros juicios puede haber  semillas de amorosa percepción esperando brotar. Y está en nuestra mano permitir  que les alcance la claridad de la comprensión,  la cálida luz que emana de la inocencia en nuestro corazón.

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach personal


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lunes, 12 de septiembre de 2016

Esa gente tan necesaria

Hay gente famosa cuya labor, valores o actitud admiro. Me alegra ver que, de vez en cuando,  obtienen reconocimiento social y reciben premios por su labor.

Pero, en mi vida, también hay mucha gente admirable que no es famosa ni suele queda incluida en las nominaciones a prestigiosos galardones. Son ellos quienes hoy me inspiran este texto. 

Yo les llamo mi “gente necesaria”. Tal denominación la tomé de este precioso poema de Hamlet Lima Quintana:


“Hay gente que con solo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales,
que con sólo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente,que con solo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas.
Que con solo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.

Hay gente que con solo abrir la boca
llega hasta todos los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.

Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria,
pues sabe, que a la vuelta de la esquina,
hay gente que es así, tan necesaria.”

Hay personas en mi mundo que siempre son así. Y de una forma u otra procuro mostrarles mi gratitud para que sepan que les tengo en gran aprecio y son mi inspiración. A veces, cuando la vida parece ponerse difícil, invoco su recuerdo en mi corazón y, aunque sea a trancas y a barrancas, intento seguir su ejemplo, encendiendo alguna ilusión, colocando alguna guirnalda de esperanza o alimentando un sueño del alma. Pero sobre todo trato de poner en práctica algo que una de estas “personas necesarias” , me enseñó y hoy quiero compartir contigo.

“Las personas más necesaria son aquellas capaces de hacer que los demás se sientan necesarios”. Esta es la frase que me dijo ese maestro cuando le mostré mi agradecimiento por su positiva influencia en mi vida. Y, ante mi expresión interrogante, me contó este relato:

 “Dicen que una noche, hubo una curiosa asamblea en una carpintería. Las herramientas se habían reunido para arreglar diferencias que les impedían hacer equipo.
 El martillo pretendió ejercer la presidencia de la reunión pero enseguida la asamblea le notificó que tenía que renunciar:
 – No puedes presidir, martillo – le dijo el portavoz de la asamblea – Haces demasiado ruido y te pasas todo el tiempo golpeando.
 El martillo aceptó su culpa pero propuso:
 – Si yo no presido, pido que también sea expulsado el tornillo puesto que siempre hay que darle muchas vueltas para que sirva para algo.
 El tornillo dijo que aceptaba su expulsión pero puso una condición:
 – Si yo me voy, expulsad también a la lija puesto que es muy áspera en su trato y siempre tiene fricciones con los demás.
 La lija dijo que no se iría a no ser que fuera expulsado el metro. Afirmó:
 – El ,etro se pasa siempre el tiempo midiendo a los demás según su propia medida como si fuera el único perfecto.
 Estando la reunión en tan delicado momento, apareció inesperadamente el carpintero que se puso su delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Trabajó la madera hasta acabar una preciosa mesa. Al finalizarla se fue.
 Cuando la  carpintería volvió a quedar a solas, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando el serrucho, que aún no había tomado la palabra, habló:
 – Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Son ellas las que nos hacen valiosos. Así que propongo que no nos centremos tanto en nuestros puntos débiles y que nos concentremos en la utilidad de nuestros puntos fuertes.
 La asamblea valoró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.”

Tras escuchar este cuento entendí que el carpintero era de esas personas que son capaces de hacer que los demás se sientan necesarios.  Y comprendí además que era una habilidad que se podía practicar y desarrollar. Quizás no todos sepamos, como dice el poeta, encender hasta los rosales con una palabra o con solo dar la mano romper soledades. Pero si podemos aprender a poner la atención, no en las carencias y defectos de quienes nos rodean sino en los dones, cualidades, recursos y aspectos más valiosos que cada cual puede aportar.

Y a eso te invito. Es todo un recurso de autoayuda pues al practicarlo, quizá no te hagas famoso pero te sentirás útil  pues estarás colaborando a que, con la aportación de todos, hagamos del mundo una obra hermosa, como la mesa de la carpintería.

Para empezar a practicar te sugiero este ejercicio:

Escribe el nombre de alguien con quien, por circunstancias, estás obligado a relacionarte pero te resulta una incómoda compañía. Detalla todo aquello que te disgusta de esa persona.

Luego escribe sobre sus circunstancias, su día a día y las motivaciones que crees le pueden llevar a hacer lo que hace. ¿Cuáles son las dificultades que afronta? ¿Cómo es su entorno? ¿Qué tipo de limitaciones tiene que asumir? ¿Está soportando presiones familiares, problemas económicos o preocupaciones de salud? ¿Qué es lo que más anhela? ¿Qué miedos le frenan?

Pregúntate cual es el valor positivo que esa persona quizás está buscando al comportarse de esas maneras que tanto  te disgustan. Piensa que su intención puede ser positiva aunque la conducta elegida sea nociva. Los seres humanos a veces gritamos para captar la atención, mentimos creyendo que así logramos mantener la paz o traicionamos nuestros principios para atender una necesidad de seguridad o reconocimiento, por ejemplo.

A continuación escribe sobre situaciones en las que tú hayas tenido reacciones similares y descubre qué es lo que pretendías actuando así. Recuerda en todo momento que, al hacer este ejercicio, no se trata de juzgar ni tan siquiera de evaluar sino de generar más comprensión.

Después de estas reflexiones, quizá ya con un punto de vista más amplio y compasivo sobre esta persona, trata de buscar algo en su aportación que te parezca positivo. O algo que, dadas sus cualidades podría desempeñar bien. Imagínalo haciendo tareas constructivas para su entorno y trata de visualizar en qué aspectos podríais llegar a colaborar. Anota todo lo que se te ocurra y recuérdalo cada vez que estés en su compañía. Posiblemente te sentirás más cómodo a su lado pues cuando ayudas a otros a descubrir el valor de su colaboración tú también estás haciendo una valiosa aportación

Con esa actitud te habrás situado en el grupo de “la gente más necesaria”. Esa que "procura ofrecer una mirada que se enfoca  en la dignidad humana más allá de las apariencias. Que contempla con consideración lo que a su alrededor, por pequeño que sea, también sueña e intenta transmitir confianza, compromiso y esperanza. Logrando que en su compañía todos perciban la grandeza de la vida que son: una expresión única e irrepetible de la vida, con una función que realizar, un potencial a desplegar, y siempre dignos de amor y respeto." ("Lo que el corazón quiere contemplar")

Gracias por tu atención. Estaré encantada de que participes con tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal




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viernes, 15 de abril de 2016

Diez pasos para evitar que una decepción se torne resentimiento

Si alguien te defrauda o te perjudica es lógico y sano que aparezca un sentimiento inicial de enfado. Pero si esa emoción no se resuelve y vuelve a aparecer una y otra vez, como un disco rayado, significa que estás resentido.

Todo resentimiento hunde alguna de sus raíces en una decepción mal gestionada. Quizás una persona no ha respondido como esperabas, quizás tú mismo no has estado a la altura que deseabas o la misma vida te ha sorprendido con unas circunstancias que no son de tu agrado. El caso es que te sientes decepcionado, te cuesta aceptar que eso haya sucedido y te resistes a asimilar esa experiencia aunque sepas que no puedes cambiar los hechos. Te debates entre la sorpresa, el rechazo, el enfado y la rabia y, tras alimentar durante un tiempo esa hoguera emocional, con un discurso interno negativo, el resentimiento te va quemando.

Albergar resentimiento siempre resulta doloroso pues es como mantener una herida abierta. Cualquier roce te va a provocar sufrimiento y va a resultar agotador tener que controlar las circunstancias para no sentirte dañado. Es fácil que te muestres hostil hacia el entorno, muy sensible e inusualmente desconfiado en las relaciones.

No obstante, antes de sentirte dañado por el mismo rencor puede que no lo reconozcas o creas que tiene sus ventajas. Quizás, para evadirte del dolor, intentas convencerte de que no ha pasado nada o quizás en el papel de víctima, proyectando una y otra vez la culpa fuera de ti, te sientes inocente, otros te ofrecen su compasivo apoyo o simplemente te permite evitar hacerte responsable de tu bienestar diciéndote estár en manos de un pasado que no puedes cambiar.

Anthony de Mello en su libro “Un minuto para el absurdo”, ofrece una buena metáfora de esta situación: “La gente no está dispuesta a renunciar a sus celos y preocupaciones, a sus resentimientos y culpabilidades, porque estas emociones negativas, con sus 'punzadas', les dan la sensación de estar vivos, dijo el Maestro. Y puso este ejemplo: Un cartero se metió con su bicicleta por un prado, a fin de atajar. A mitad de camino, un toro se fijó en él y se puso a perseguirlo. Finalmente, y después de pasar muchos apuros, el hombre consiguió ponerse a salvo. Casi te agarra, ¿eh?, le dijo alguien que había observado lo ocurrido. Sí, respondió el cartero, como todos los días..”

El riesgo es que, tarde o temprano el toro del resentimiento puede atraparte y bloquear  tu avance. La buena noticia es que puedes evitarlo. Es por eso que hoy quiero compartir contigo diez pasos que pueden ayudarte a recuperar el equilibrio  emocional tras una decepción y a impedir que se convierta en un resentimiento:

1.- Para hacerte claramente consciente de la situación empieza preguntándote ¿qué o quien me ha decepcionado?. Describe, por escrito, los hechos que sucedieron y las interpretaciones que has hecho de los mismos. Contextualiza la situación, descarta suposiciones, comprueba si te falta información y recoge los datos que necesites para tener una visión lo más objetiva posible.

2.- Observa lo que sientes actualmente al recordar esa experiencia. Ubica esos sentimientos en tu cuerpo sin intentar alterarlos. Ofrece atención, reconocimiento y aceptación a esos sentimientos. Ayúdate de la respiración para tomar más y más consciencia de esas sensaciones. Inspira y al expirar centrate en la zona donde sientes presente la emoción. Mantén unos minutos de atención respetuosa.

3.- Combina el responder por escrito a las preguntas que te sugiero con la atención consciente a la energía emocional que vaya apareciendo. ¿Qué es lo que más me molesta de esta situación? ¿Qué es lo que más me enfada?¿Qué me duele de todo esto? ¿Qué me inquieta? ¿Cuál es el miedo más profundo que se ha despertado? Una y otra vez, tras escribir las respuestas haz pausas para atender las emociones.

4.- Descubre qué es lo que quedó pendiente. ¿Por qué éste es un tema importante para mi? ¿Cuáles son los valores que han sido vulnerados? No hay respuestas correctas o incorrectas, simplemente son datos relevantes para comprenderte mejor. Acepta la pena por esa valor no atendido. Dale atención y espacio en tu conciencia. Contempla la belleza de ese valor y reconoce lo importante que es para ti..

5.- Transforma las culpas en responsabilidades.  ¿Quién creo que es el causante de lo sucedido? ¿Tuve yo alguna responsabilidad? Acepta que los demás tienen otro mapa de la realidad, otros valores y quizás sus intereses pueden chocar con los tuyos. No se trata de justificar comportamientos sino de intentar comprender algunas razones detrás de esas conductas. Mirar al otro y mirarte con compasión independientemente de que decidas o no pedir responsabilidades o alguna compensación por los daños ocasionados.

6.- Encuentra el aprendizaje. A veces para poder soltar o dar por bien cerrado un asunto que no ha salido como querías, un paso esencial es extraer la enseñanza que te aporta. Así que responde por escrito a la pregunta  ¿qué es lo que he aprendido de esta experiencia? ¿Para qué me puede ser útil de aquí en adelante? Acepta que quizás nunca puedas comprender totalmente las razones de lo que sucedió, de los comportamientos  de otras personas o de tus propias reacciones en aquel momento. Pero puedes determinar para qué te va a servir esta experiencia, qué es lo que puedes aprender de ella y cómo este aprendizaje puede mejorar tu vida.

7.- Reconoce lo que no está en tu mano cambiar y responsabilízate de lo que está dentro de tu campo de influencia. ¿Qué quiero que pase? ¿Y qué lograré si obtengo eso? ¿Qué deseo verdaderamente ¿ ¿Qué puedo hacer o pedir para conseguir lo que quiero? ¿Qué necesito hacer para sentirme en paz conmigo mismo, aunque no consiga lo que quiero?

8.- Lleva a cabo lo que hayas considerado que te ayudará a sentirte en paz con esta situación. Quizás quieras pedir una reparación a la persona que te perjudicó, quizás lo que necesites es una explicación o una disculpa. Puede ser que necesites dejar caer la idealización  que mantenías sobre alguien o algo y aceptar lo que es tal cual es porque se escapa a tu control. O quizás tienes que poner paciencia y compasión. Sea como sea hazte cargo de tu responsabilidad sobre tu bienestar y actúa en consecuencia.

9.- Una vez llegado a este punto establece un compromiso contigo mismo de dejar de rumiar sobre este asunto.  Imagina como sería tu vida sin ese apego de tu mente. Cuando te des cuenta que vuelves sobre ello, no luches ni te enfades, simplemente recuerda que es un asunto que has cerrado y que decides poner la atención en otra cosa que sea beneficiosa para ti. Distráete, busca algo que capte tu atención o que te guste hacer. Te puede ayudar repetir la frase: “No está en mi mno cambiar esta mala experiencia del pasado pero aquí y ahora puedo vivir algo hermoso”.

10.-  Por último, para interiorizar más el propósito de soltar y dejar atrás este mal recuerdo,  te propongo que realices la visualización guiada que te relato en este audio:


La decepción puede llegar como una marea inesperada. Atiéndela pronto y encauza bien su caudal emocional para que no se convierta en un río de resentimiento que te desborde.

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal


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Para un mejor entendimiento: Como ampliar tu capacidad de resonancia empática.



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jueves, 24 de marzo de 2016

Quince pausas para la autoayuda

Cuando era niña muchos de mis juguetes funcionaban dándoles cuerda. No era un asunto fácil para mis manos infantiles pero ahora recuerdo esos momentos como si estuvieran envueltos en un halo de magia. Te dabas cuenta que el juguete se había parado, lo cogías en tus manos, hacías la presión adecuada en la llave, la girabas no más de las vueltas necesarias para no forzar el tope y al volver a poner el juguete en el suelo volvía a moverse con renovada energía. Paradójicamente eran paradas necesarias para poder continuar.

Si repasas las pequeñas acciones del día quizás observes que haces paréntesis para peinarte, para lavarte las manos, para beber agua, para estirar las piernas o para muchas otras rutinas encaminadas a tu bienestar. Si practicas alguna fe religiosa probablemente haces pausas para la oración. Si mantienes una relación sentimental es fácil que te tomes unos minutos para enviar mensajes cariñosos. Y si eres aficionado al baloncesto estarás familiarizado con los tiempos que piden los entrenadores para hacer cambios o reorganizarse en una nueva estrategia de juego. En todos los casos se trata de abrir un espacio para poner atención en aquello que es importante y cuidarlo como se merece. Cómo decía Benedetti en su poema Tiempo sin tiempo: “preciso tiempo para darme cuenta y para darme cuerda”.

Siguiendo esta metáfora y basándome en lo que en mi libro (“Lo que elcorazón quiere contemplar”) denomino “el plan multicolor”, hoy comparto contigo quince sugerencias  que pueden serte útiles para darte ánimo, apoyo, reconocimiento, promover tu entusiasmo, centrarte y algunas otros asuntos que dejo integrados en el concepto “pausas para la autoayuda”. Momentos que promoverán en tu ánimo, equilibrio, motivación, paz y alegría de vivir. Mi propuesta es que comiences eligiendo las que más te gusten y las pongas en práctica para comprobar su resultado.  En algunas de estas pausas te recomiendo usar frases concretas pero considera que, manteniendo la misma intención,  puedes poner las palabras que vayan más acorde con tu forma de expresarte y el ejercicio será igual o aún más efectivo:

1.- Pausa para el reconocimiento:
Al comenzar el día y cada vez que te mires en un espero, contempla el brillo de tus ojos y, mientras lo haces, repite en silencio, con respetuoso reconocimiento, la siguiente declaración: “Honro tu presencia, pues perteneces a la vida y, con tu singular aportación, colaboras en su infinita expansión.”

2.- Pausa para confiar:
Cuando observes que estás sintiendo alguna dificultad para fluir con alegría de ser y determinación, ponte la mano en el pecho y posa tu atención en la zona del corazón. Siente el interior de esa área de tu cuerpo mientras realizas unas cuantas respiraciones profundas y tranquilas. ¿Qué sensaciones tienes? ¿Qué color, forma, sabor, tienen los sentimientos que experimentas? ¿Sientes esa zona cerrada, abierta, pesada, vacía, ligera, dolida, o…? No hay respuestas correctas. Se trata de tu propia experiencia. Permanece un rato con las sensaciones que te van viniendo y observa sus cambios. Puedes acabar el ejercicio recitando la siguiente afirmación: “Confío en la inteligencia de mi corazón donde encuentro conocimiento y efectiva disposición para, aquí y ahora, vibrar en sintonía con todo lo que es y encontrar creativos cauces de acción desde la paz y la libertad de ser.”  

3.- Pausa para agradecer: 
Busca un rato cada día para tomar nota de, al menos, media docena de recursos, personas, situaciones, cualidades o aspectos de tu experiencia que en alguna forma te ayudan a avanzar en tu camino y disfrutar de esa vivencia. Agradece cada uno de esos elementos y hónralos, en tu corazón, con un sentimiento de apreciación.

4.- Pausa para abrazar el presente:
Procúrate una pausa para honra tu existencia y apreciar el camino que te lleva, el sueño que te eleva y el alma que te anima. Para mejorar necesitas empezar por aceptar lo que es, aquí y ahora. Cierra los ojos e imagina que abrazas a tu niño interior, guardián de todos los sueños que alberga tu corazón. Dile a ese niño que es posible, que sois capaces y que merecéis que vuestros sueños se hagan realidad. Imagínate que lo abrazas confiando en que la vida que sois, os guiará. Y dile también que cuentas con su inocencia y su alegría para disfrutar de cada paso en este viaje.

5.- Pausa para sentir:
De vez en cuando, a lo largo del día, vete a un lugar tranquilo, siéntate, cierra los ojos y concéntrate en el ritmo de tu respiración durante un rato. Luego pregúntate: ¿Qué estoy sintiendo, cómo lo siento, en qué parte del cuerpo noto esta emoción? Observa si notas algún tipo de tensión y lleva allí tu atención mientras respiras pausadamente. Permanece así, aceptando las sensaciones, pensamientos y emociones que se vayan presentando. Acepta sentir sin evaluar, simplemente estando presente en la experiencia. Para finalizar, abre los ojos y, si te es posible, completa la frase: “Siento … cuando …. y me gustaría…”

6.- Pausa para meditar:
En este video se explica con sencillez y claridad, como meditar en un minuto. Los beneficios de esta práctica te durarán mucho más.



7.- Pausa para el humor:
Se trata de quitar hierro a una situación que reconocer no tener importancia pero, sin embargo, la estás viviendo con tensión. En esta pausa, con ternura, vas a reírte de ti mismo por estar haciendo una tragedia, de un pequeño contratiempo.  A veces, tener como “llave maestra”, una palabra dicha en un tono especialmente gracioso o un gesto cómico, puede ser una herramienta estupenda para disolver tensiones y poner flexibilidad ante actitudes rígidas. Quizás te puede servir un “ya te vale” unido a una respiración profunda. Después, haz lo que tengas que hacer, pero empieza buscando, en la circunstancia que afrontes, algún motivo de celebración y, por pequeño que sea, siente gratitud. Luego, disponte a vivir esa situación con alegría de ser, afrontándola, en la medida que te sea posible, con ternura, sencillez y sentido del humor. Abraza esa experiencia con todo el amor que logres sentir y siéntete en paz por haber puesto en este momento tu mejor voluntad.

8.- Pausa para compartir:
Como reconstituyente para el ánimo, cuando te encuentres vacío o creas que ya nada te queda, recuerda preguntarte: ¿qué es lo que yo puedo dar? Y organízate para entregar aquello que aparezca como respuesta. Puedes compartir lo que ya eres, lo que sabes, lo que sientes y lo que tienes. Puedes empezar por sonreir.

9.- Pausa para soñar despierto:
Tómate unos minutos para reafirmar tu apoyo a los sueños del alma latiendo en tu corazón. De tu lista de deseos, proyectos y esperanza, elige uno e imagínatelo felizmente realizado. Cuando tengas bien clara esa visión, afirma con convicción: “Esto es lo que quiere contemplar mi corazón”. Visualízate protagonizando ese sueño mientras cruzas tus manos sobre tu corazón. Haz ese gesto con la profunda intención de anclar en tu conciencia ese sentimiento de realización y repítelo cada vez que quieras promover tal frecuencia de vibración.

10.- Pausa para sentir la abundancia:
A lo largo de la jornada, cada vez que cambies de actividad, cierra los ojos y recita con convicción: “Soy parte de la vida y, aquí y ahora, tomo conciencia de su abundancia y su poder creador.” Luego mira a tu alrededor y toma conciencia de, al menos, un recurso que forme parte de tu vida y haya venido naturalmente y en abundancia. Puedes empezar reconociendo el valor del aire que respiras o del sol que te ilumina.

11.- Pausa para inspirarte:
Un rato para elevar tu ánimo recordando tus ideales, tus valores y el sentido de tu caminar. Igualmente puede ser un buen momento para realizar una frase, un poema, escuchar una canción o contemplar una imagen que alimente tu espíritu. Como ejemplo, el poema de Mario Benedetti que me ha inspirado este post:

“Preciso tiempo necesito ese tiempo
que otros dejan abandonado
porque les sobra o ya no saben
que hacer con él
tiempo
en blanco
en rojo
en verde
hasta en castaño oscuro
no me importa el color
cándido tiempo
que yo no puedo abrir
y cerrar
como una puerta
tiempo para mirar un árbol un farol
para andar por el filo del descanso
para pensar qué bien hoy es invierno
para morir un poco
y nacer enseguida
y para darme cuenta
y para darme cuerda
preciso tiempo el necesario para
chapotear unas horas en la vida
y para investigar por qué estoy triste
y acostumbrarme a mi esqueleto antiguo
tiempo para esconderme
en el canto de un gallo
y para reaparecer
en un relincho
y para estar al día
para estar a la noche
tiempo sin recato y sin reloj
vale decir preciso
o sea necesito
digamos me hace falta
tiempo sin tiempo.”
12.- Pausa para saludar:
Cierra los ojos y busca en tu memoria una persona querida a la que quieras desearle lo mejor. Imagina que la abrazas mientras que en el silencio de tu corazón, le dices: “¡Que en mi sueño feliz, tu sueño feliz encuentre culminación!”. Luego sonríe confiando en que, compartiendo o no caminos, vuestro afecto os mantendrá unidos.

13.- Pausa para poner más atención.
En cualquier momento, haciéndote consciente de tu respiración, pasea la mirada detenidamente a tu alrededor con el objetivo de descubrir detalles que hasta ahora te habían pasado inadvertidos. Párate en lo que llame más tu atención y observalo con detenimiento. Luego mira a otro zona u otro objeto. Cuando veas que tu atención queda enganchada en tu diálogo interior vuelve a comenzar hasta que vayas descubriendo matices en los que antes nunca te habías fijado.

14.- Pausa para revisar:
Cada anochecer procúrate un tiempo de tranquilidad para repasar las experiencias del día. Disponte a reconocer y apreciar todo lo recibido, y también a valorar honestamente tu contribución. Las siguientes preguntas te pueden resultar útiles en esa recopilación: “¿Qué has aprendido? ¿Qué has compartido? ¿Se han encaminado tus acciones en la dirección de tus sueños? ¿Has apoyado los sueños de los demás? ¿Te has permitido ser con más libertad? ¿Te has sentido útil? ¿Qué aspectos de tu experiencia has honrado hoy? ¿Has expresado agradecimiento? ¿A quien has cuidado? ¿Te has reído? ¿En qué formas has expresado afecto? ¿Has compartido respeto y reconocimiento?

15.- Pausa para soñar dormido:
Procura que, antes de quedarte dormido, tu mente se concentre en alguna visión que te inspire paz y esperanza. Quizás te gusta este pensamiento: “Igual que el firmamento abarca a todas las estrellas y éstas, expandiendo su luz, iluminan la bóveda celeste, también a todas las criaturas, en una red de luz, un principio de amor sustenta hasta que ellas mismas se transformaban en manantial de amor y más red de luminosa vida crean.” Déjate llevar por el sueño confiando en que, en los matices de tu particular luz, la infinita y creativa inteligencia de la vida que eres está sincronizando todos los acontecimientos que han de suceder en ese proceso, para que tu estrella brille en todo su potencial.

Gracias por tu atención. Estaré encanta de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal



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