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lunes, 12 de septiembre de 2016

Esa gente tan necesaria

Hay gente famosa cuya labor, valores o actitud admiro. Me alegra ver que, de vez en cuando,  obtienen reconocimiento social y reciben premios por su labor.

Pero, en mi vida, también hay mucha gente admirable que no es famosa ni suele queda incluida en las nominaciones a prestigiosos galardones. Son ellos quienes hoy me inspiran este texto. 

Yo les llamo mi “gente necesaria”. Tal denominación la tomé de este precioso poema de Hamlet Lima Quintana:


“Hay gente que con solo decir una palabra
enciende la ilusión y los rosales,
que con sólo sonreír entre los ojos
nos invita a viajar por otras zonas,
nos hace recorrer toda la magia.

Hay gente,que con solo dar la mano
rompe la soledad, pone la mesa,
sirve el puchero, coloca las guirnaldas.
Que con solo empuñar una guitarra
hace una sinfonía de entrecasa.

Hay gente que con solo abrir la boca
llega hasta todos los límites del alma,
alimenta una flor, inventa sueños,
hace cantar el vino en las tinajas
y se queda después, como si nada.

Y uno se va de novio con la vida
desterrando una muerte solitaria,
pues sabe, que a la vuelta de la esquina,
hay gente que es así, tan necesaria.”

Hay personas en mi mundo que siempre son así. Y de una forma u otra procuro mostrarles mi gratitud para que sepan que les tengo en gran aprecio y son mi inspiración. A veces, cuando la vida parece ponerse difícil, invoco su recuerdo en mi corazón y, aunque sea a trancas y a barrancas, intento seguir su ejemplo, encendiendo alguna ilusión, colocando alguna guirnalda de esperanza o alimentando un sueño del alma. Pero sobre todo trato de poner en práctica algo que una de estas “personas necesarias” , me enseñó y hoy quiero compartir contigo.

“Las personas más necesaria son aquellas capaces de hacer que los demás se sientan necesarios”. Esta es la frase que me dijo ese maestro cuando le mostré mi agradecimiento por su positiva influencia en mi vida. Y, ante mi expresión interrogante, me contó este relato:

 “Dicen que una noche, hubo una curiosa asamblea en una carpintería. Las herramientas se habían reunido para arreglar diferencias que les impedían hacer equipo.
 El martillo pretendió ejercer la presidencia de la reunión pero enseguida la asamblea le notificó que tenía que renunciar:
 – No puedes presidir, martillo – le dijo el portavoz de la asamblea – Haces demasiado ruido y te pasas todo el tiempo golpeando.
 El martillo aceptó su culpa pero propuso:
 – Si yo no presido, pido que también sea expulsado el tornillo puesto que siempre hay que darle muchas vueltas para que sirva para algo.
 El tornillo dijo que aceptaba su expulsión pero puso una condición:
 – Si yo me voy, expulsad también a la lija puesto que es muy áspera en su trato y siempre tiene fricciones con los demás.
 La lija dijo que no se iría a no ser que fuera expulsado el metro. Afirmó:
 – El ,etro se pasa siempre el tiempo midiendo a los demás según su propia medida como si fuera el único perfecto.
 Estando la reunión en tan delicado momento, apareció inesperadamente el carpintero que se puso su delantal e inició su trabajo. Utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Trabajó la madera hasta acabar una preciosa mesa. Al finalizarla se fue.
 Cuando la  carpintería volvió a quedar a solas, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando el serrucho, que aún no había tomado la palabra, habló:
 – Señores, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Son ellas las que nos hacen valiosos. Así que propongo que no nos centremos tanto en nuestros puntos débiles y que nos concentremos en la utilidad de nuestros puntos fuertes.
 La asamblea valoró entonces que el martillo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron un equipo capaz de producir muebles de calidad. Se sintieron orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.”

Tras escuchar este cuento entendí que el carpintero era de esas personas que son capaces de hacer que los demás se sientan necesarios.  Y comprendí además que era una habilidad que se podía practicar y desarrollar. Quizás no todos sepamos, como dice el poeta, encender hasta los rosales con una palabra o con solo dar la mano romper soledades. Pero si podemos aprender a poner la atención, no en las carencias y defectos de quienes nos rodean sino en los dones, cualidades, recursos y aspectos más valiosos que cada cual puede aportar.

Y a eso te invito. Es todo un recurso de autoayuda pues al practicarlo, quizá no te hagas famoso pero te sentirás útil  pues estarás colaborando a que, con la aportación de todos, hagamos del mundo una obra hermosa, como la mesa de la carpintería.

Para empezar a practicar te sugiero este ejercicio:

Escribe el nombre de alguien con quien, por circunstancias, estás obligado a relacionarte pero te resulta una incómoda compañía. Detalla todo aquello que te disgusta de esa persona.

Luego escribe sobre sus circunstancias, su día a día y las motivaciones que crees le pueden llevar a hacer lo que hace. ¿Cuáles son las dificultades que afronta? ¿Cómo es su entorno? ¿Qué tipo de limitaciones tiene que asumir? ¿Está soportando presiones familiares, problemas económicos o preocupaciones de salud? ¿Qué es lo que más anhela? ¿Qué miedos le frenan?

Pregúntate cual es el valor positivo que esa persona quizás está buscando al comportarse de esas maneras que tanto  te disgustan. Piensa que su intención puede ser positiva aunque la conducta elegida sea nociva. Los seres humanos a veces gritamos para captar la atención, mentimos creyendo que así logramos mantener la paz o traicionamos nuestros principios para atender una necesidad de seguridad o reconocimiento, por ejemplo.

A continuación escribe sobre situaciones en las que tú hayas tenido reacciones similares y descubre qué es lo que pretendías actuando así. Recuerda en todo momento que, al hacer este ejercicio, no se trata de juzgar ni tan siquiera de evaluar sino de generar más comprensión.

Después de estas reflexiones, quizá ya con un punto de vista más amplio y compasivo sobre esta persona, trata de buscar algo en su aportación que te parezca positivo. O algo que, dadas sus cualidades podría desempeñar bien. Imagínalo haciendo tareas constructivas para su entorno y trata de visualizar en qué aspectos podríais llegar a colaborar. Anota todo lo que se te ocurra y recuérdalo cada vez que estés en su compañía. Posiblemente te sentirás más cómodo a su lado pues cuando ayudas a otros a descubrir el valor de su colaboración tú también estás haciendo una valiosa aportación

Con esa actitud te habrás situado en el grupo de “la gente más necesaria”. Esa que "procura ofrecer una mirada que se enfoca  en la dignidad humana más allá de las apariencias. Que contempla con consideración lo que a su alrededor, por pequeño que sea, también sueña e intenta transmitir confianza, compromiso y esperanza. Logrando que en su compañía todos perciban la grandeza de la vida que son: una expresión única e irrepetible de la vida, con una función que realizar, un potencial a desplegar, y siempre dignos de amor y respeto." ("Lo que el corazón quiere contemplar")

Gracias por tu atención. Estaré encantada de que participes con tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal




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"En el fondo de tu corazón están esperando los sueños no cumplidos y todo el amor que aún no ha podido ser. Date permiso para vivirlos.(“Lo que el corazón quiere contemplar”) 

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sábado, 30 de abril de 2016

Diez reflexiones y diez prácticas para mejorar tu autoconfianza

En un relato de la tradición hindú se cuenta que hubo una vez “un rey que convocó a los miembros de su corte para comprobar cuál de ellos era digno de ser su consejero. Muchos respondieron a su convocatoria y una vez estuvieron todos reunidos en palacio, el rey les habló así: ‘Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros. Al cabo de seis meses deberéis traerme, en una maceta, la planta que haya crecido. El que consiga los mejores resultados será el que ocupe el cargo’.

Pasado el tiempo establecido para la prueba sólo una tercera parte de los convocados fueron al castillo a mostrar al rey sus logros. Y hubo un joven que aún no habiendo conseguido hacer florecer su semilla, acudió a palacio con su maceta vacía, en medio de las burlas de los demás. Por el camino fue pensando todo lo que había aprendido sobre jardinería en estos seis meses  y también sobre virtudes humanas como la paciencia y la perseverancia. Volvía a palacio porque  quería aprender más de aquellos que hubieran alcanzado el objetivo. Y así se lo explicaría al monarca.

El alboroto se transformó en silencio expectante mientras el rey se paseaba entre los participantes admirando las plantas. Finalizada la inspección hizo llamar al joven de la maceta vacía y le invitó a explicar su experiencia ante la mirada atónita de los demás. Tras escucharle,  el rey informó: ‘Este joven será mi nuevo consejero. A todos se os dio una semilla infértil. Algunos no han vuelto y otros habéis tratado de engañarme presentándome resultados falsos. Este joven ha tenido la valentía de volver y mostrar con franqueza su fracaso en el intento. Pero además, tal como ha explicado,  ha sido capaz de aprender de la experiencia y mantiene la esperanza de poder aprender aún más. Su honestidad y confianza en si mismo me llevan a darle también mi confianza.".

Es muy habitual que al hablar de autoconfianza se mencione a personas que han conseguido grandes objetivos. Y hay razones para hacerlo así pues la confianza es el motor capaz de llevarte aún más lejos de lo que nadie imaginó. Sin embargo he querido comenzar  esta reflexión con un relato, en el que el protagonista, aún habiendo fracasado, se mantiene seguro de si mismo, pues creo que pone de manifiesto las bases sólidas en las que ha de apoyarse la autoconfianza para no confundirse con la soberbia, la inconsciencia o el autoengaño, cimientos de barro que vuelven inconsistente cualquier confiada disposición de ánimo.

Desde este enfoque y teniendo en cuenta que la confianza en uno mismo se puede aprender y desarrollar,  hoy quiero compartir contigo diez reflexiones y diez  prácticas para mejorarla:

1.- Contempla los retos superados:

Reflexión:
Desde que naciste, cada día, has superado retos. Sacando de ti fuerza, sabiduría y talentos desconocidos. Hoy también puedes hacerlo. Si estás vivo aún hay recorrido. Allí donde estés tu eres la posibilidad y el ahora la oportunidad. Confía en tu capacidad para afrontar la realidad, darle sentido y aprender de ella. Si un camino no te lleva hasta donde quieres ir te traerá el aprendizaje que necesitas para evolucionar.

Práctica:
Haz un buen uso de los recuerdos: ¿Piensas que no vas a poder? Busca experiencias en tu historia que te demuestren que otras veces pudiste. ¿Piensas que es demasiado para ti? Busca en tu memoria momentos en que te sentiste superado y sin embargo encontraste el camino de salida. Haz un lista de los momentos de superación más importantes de tu vida. Cada vez que consigas realizar un cambio positivo en tu vida, reconócelo, celébralo y añádelo también a este registro.  Repasa esta lista cuando quieras reforzar tu confianza.

2.- Eres parte de la vida. Recuerda la fortaleza del espíritu humano.

Reflexion: 
Eres un precioso misterio. No te dejes encasillar por definiciones limitadoras. Tu no eres una éxito o un fracaso sino una persona que crece, imaginando, experimentando y aprendiendo.  Ser ya es mucho. Es colaborar a que la vida vaya siendo. Pero no creas que solo cuentas con los recursos desarrollados hasta ahora.Nadie conoce el límite del potencial humano. ¡Puedes superarte!

Práctica:
Cierra los ojos y comienza enfocando tu atención en tu casa, tu trabajo y tu grupo social. Agradece todo lo que desde el exterior esté suponiendo un apoyo positivo. Luego piensa en tu cuerpo físico, pensamientos, sentimientos, creencias, sistema de valores, o sentido de identidad. Agradece todo la ayuda recibida en estas áreas. Y comprueba como aún cuando, a veces, te hayan podido fallar los amigos, el trabajo, no te has encontrado cómodo en tu hogar, te has sentido enfermo, desanimado, se han quebrado tus creencias o has atravesado etapas de confusión y baja autoestima, has logrado encontrar impulso para continuar.
En esos momentos, aún faltándote los recursos más tangibles, has conectado con la fortaleza interior del espíritu humano, sea como sea que tú la percibas. Fuerza individual integrada en un campo de energía y conciencia colectiva susurrando ¡sigue adelante!.
Toma consciencia de tu respiración y al inspirar imagina que  esa energía universal va llenando todos los niveles de tu ser.  Respira así hasta experimentar una sensación de mayor confianza. Enraízate en ese fondo vital pues ahí es donde siempre encontrarás la sabiduría y los recursos necesarios para desplegar todo tu potencial humano.

3.- Tu autoconfianza queda determinada por los términos con los que te defines.

Reflexión:
¿Qué te cuentas sobre ti mismo? Es saludable reconocer en qué puedes mejorar pero para desarrollar confianza necesitas además reconocer tus fortalezas.  Revisa esas conversaciones porque en ellas puedes generar el impulso extra para avanzar o la justificación para tirar la toalla. Salpica de esperanza esos diálogos pero deja de lado idealizaciones sobre ti mismo que sólo te llevarán a la frustración y la culpa.

Práctica:
Te invito a escuchar el audio titulado “Viendo crecer tu árbol de la autoestima”, en el que te explico una sencilla herramienta que te permitirá tener una imagen de ti mismo, centrada en tus cualidades y logros. Un ejercicio muy útil para mejorar tu autoconfianza:


4.- Los demás pueden decir lo que quieran pero sólo está en tu mano hacer lo que quieres:

Reflexión:
Cuidado con las expectativas que los demás tienen sobre ti y tus capacidades pues pueden mellar tu confianza. Te pueden ser útiles como puntos de vista pero no los confundas con verdades absolutas. Es bonito contar con el aprecio ajeno. El problema comienza al confundir el valor personal con la opinión que los demás tienen de ti. Más allá del éxito obtenido e independientemente de las opiniones ajenas, ¿con qué te sientes pleno y contento? Aléjate de las personas que intentan cortar tus alas y pasa más tiempo con quienes te apoyan e inspiran. Compararte no es saludable pero puedes aprender observando como afrontan la vida las personas que admiras.

Práctica:
Haz una lista de libros y películas que muestren ejemplos de superación personal para encontrar en ellos inspiración siempre que la necesites. Realiza además otra lista de la música que te motiva y las actividades o compañías que te ayudan a conectar con tu mejor versión y procura que estén presentes en tu vida.

5.- No hace falta hacerlo todo a la perfección para realizar una positiva aportación.

Reflexión:
Pregúntate en toda ocasión: ¿qué es lo que puedo ofrecer? Aunque creas que nada tienes siempre puedes dar algo más de ti mismo. Cada día agradece lo que has recibido y felicítate por lo que has aportado. La vida es una trama de colaboración y en ese tejido, cada hebra tiene su valor. Aprende de la rosa que aunque tiene espinas ofrece su perfume. Más allá de las asperezas de tu personalidad puedes compartir el aroma de tu mejor actitud.

Práctica:
Elige una tarea de voluntariado en el área que más te entusiasme o dónde creas que puedes ser más útil. Mientras que ayudas a otros puedes descubrir que eres bueno en tareas en las que no hubieras pensado. Descubres tus dones al compartirlos.

6.- Visualízate en tu mejor versión pero aprende a contemplarte con ternura aún en la peor:

Reflexión:
La imaginación te sirve para ampliar horizontes, la paciencia y el humor para aceptar dónde estás. Confía en lo que puedes llegar a ser pero primero acepta y aprecia lo que ya estás siendo pues son los cimientos sobre los que construyes tu mañana. Empieza como el personaje del relato, siendo honesto para reconocer tus limitaciones a la vez que totalmente confiado en tu capacidad de aprender. La honestidad con uno mismo a veces escuece pero termina siendo liberadora porque abre la puerta al aprendizaje y al cambio. Crecer implica ver tus capacidades para optimizarlas y descubrir tus limitaciones para superarlas. Conocer ambas facetas mantiene tu autoestima en realista equilibrio.  Procúrate la mejor formación en las áreas que te interesen, entrena cuerpo y mente poniendo tu mejor esfuerzo pero síquete dando amor incondicional independientemente de los resultados.

Práctica:
Date permiso para hacer “tonterías”,  arriésgate a hacer el ridículo en cosas sin importancia y que no pase un día sin reírte de ti mismo. Atrévete a contar un chiste o trata de quitar hierro a una situación tensa con una respuesta  graciosa. Haz broma refiriéndote a alguna de tus manías o caricaturiza algo que sea propio de tu forma de ser.

7.- Aprende a convivir con el miedo y la incertidumbre:

Reflexión:
Las personas que confían en sí mismas también sienten miedo ante la incertidumbre y notan inseguridad en momentos de inestabilidad. La diferencias es que aceptan estas emociones como parte de la experiencia de la vida y aprenden a gestionar constructivamente esa energía emocional. Al caminar das un paso en el vacío mientras con el otro te afirmas más. Sólo así puedes avanzar. También en la vida, para evolucionar, es necesario integrar momentos de inestabilidad.

Practica:
Regálate tiempos de autoescucha. Búscate un lugar tranquilo, pon una música suave que te resulte entrañable pero no te distraiga, toma papel y lápiz y ves respondiendo a las preguntas que te indico a continuación. No fuerces las respuestas, deja que vayan apareciendo. Sé paciente contigo mismo, como lo serías con un buen amigo: ¿Qué te está sucediendo? ¿Qué daño o qué pérdida estás sufriendo? ¿Con qué área de tu vida está relacionado? ¿Te asustan algunas circunstancias que tienes que afrontar? ¿Qué te preocupa? ¿Qué significado le das a ese asunto? ¿Qué consecuencias negativas crees que tendrá para ti? ¿Cómo podrías disminuir esos perjuicios? ¿Ves alguna solución? Reconoce lo que no está en tu mano cambiar y responsabilízate de lo que está dentro de tu campo de influencia. ¿Qué quiero que pase? ¿Y qué lograré si obtengo eso? ¿Qué deseo verdaderamente ¿ ¿Qué puedo hacer o pedir para conseguir lo que quiero? ¿Qué necesito hacer para sentirme en paz conmigo mismo, aunque no consiga lo que quiero?

8.- Superando retos descubres tu escondido potencial:

Reflexión:
Cuando eras niño, llevado por la curiosidad, disfrutabas frente a cada desafío y te entusiasmabas aprendiendo. Cuando aún no sabías andar o hablar, no vivías estas circunstancias como un problema sino que te divertías aventurándote más allá de tu zona de comodidad para experimentar en el terreno de lo desconocido. Apuntabas alto, intentando hacer todo aquello que hacían los mayores. Y atravesando emociones, intentándolo una y otra vez, descubrías con alegría que tú también podías sosterte de pie o pronunciar algunas palabras. Convoca al niño que aún hay en ti y haz aquello que crees que no puedes hacer. Con cada experiencia en la que te atrevas a mirar a tus miedos cara a cara y a aceptar que caminen a tu lado sin obstaculizarte el paso, generarás más y más fortaleza, coraje y confianza.

Práctica:
No te dejes arrastrar por las rutinas que nada te aportan. Paséate  fuera de las zonas de confort. “Jugar así implica, por ejemplo, salir a dar un paseo y moverte diferente. Cambiar algún ingrediente al elaborar tu preferido pastel. Poner más atención al tono de la voz en vez de al contenido de una conversación. Sorprenderte haciendo algo al revés o saboreando el vacio que aparece al no hacer algo que estés habituado a hacer. Por un día, imaginar que acabas de nacer. Experimentar con alguna nueva afición. Ponerte en contacto con quien jamás hubieras pensado conversar. Atreverte a darte eso que nunca te das. Probar a expresarte con los gestos y sin hablar. Hablar de tu experiencia imaginando que eres únicamente el dedo gordo de tu pie. Cantar cuando toca comer y retozar cuando esperabas descansar. Cambiar el paso a la rutina y, por el simple deseo de jugar, probar nuevas experiencias más allá de lo habitual.” (“Loque el corazón quiere contemplar”)

9.- ¡Que la fuerza de la perseverancia te acompañe!

Reflexión:
La palabra perseverancia proviene del término latino “perseverantia” que significa constancia, persistencia, firmeza, dedicación o tesón aplicado a actitudes, propósitos u acciones. Una capacidad que se despliega frente a disficultades, frustraciones, cansancios o desanimos. "Mi fuerza se apoya únicamente en mi tenacidad" decía Louis Pasteur.

Práctica:
Haz una lista de los hábitos que te alejan de tus objetivos y descubre cuál es el precio por sostener perseverantemente cada uno de ellos. Luego considera cuanto podrías confiar en ti mismo si esa misma constancia la aplicases a rutinas beneficiosas. Después elige un hábito que te pueda resultar favorable y elabora un plan de acción que incluya un compromiso contigo mismo para lograr incorporarlo a tu vida. Asegúrate que tu plan sea claro y específico, que incluya plazos razonables, fechas de evaluación y formas concretas de premiar tu esfuerzo y resultados.

10.- Cuídate por dentro y por fuera:

Reflexión:
Aprende a hacerte cargo de tu bienestar como forma de autoliderar tu vida. Escuha, respeta y cuida tu cuerpo. Apoya los sueños cantando en tu corazón. Procura que tus valores orienten tus actos buscando la coherencia entre lo que piensas, sientes y haces. Atiende tu apariencia para que tu interior y tu exterior estén en sintonía. Acicálate siempre que puedas con una sonrisa amable que represente el reconocimiento de la preciosa vida que en esencia todos somos.

Práctica:
Escucha y practica esta visualización guiada, titulada “De corazón a corazón” creada para moverte en contextos sociales nuevos con más confianza y establecer vínculos afectivos más armoniosos y satisfactorios:


Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach Personal



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lunes, 7 de diciembre de 2015

Cómo lograr que ayudar resulte, realmente, de ayuda

Conforme se acercan las fiestas navideñas, ante el deseo de paz, unión y felicidad para todos, quedan más patentes las carencias de muchos, nos vamos volviendo más sensibles a las necesidades ajenas y emerge con más fuerza el deseo de ayudar. 

Desde mi punto de vista, aún contando con la mejor intención, ayudar no es fácil. Anthony de Mello lo expresaba con mucho acierto y sentido del humor:
- "¿Qué demonios estás haciendo?", le pregunté al mono cuando le vi sacar un pez del agua y colocarlo en la rama de un árbol.
- "Estoy salvándole de perecer ahogado", me respondió.

Considero que el altruismo es un hermoso gesto humano que siempre vale la pena favorecer pero también entiendo que no está de más que vaya acompañado de un poco de reflexión para que ayudar resulte realmente de ayuda.

Una antigua leyenda cuenta que “cierto día, un sabio visitó el infierno. Allí, vio a mucha gente sentada en torno a una mesa ricamente servida. Estaba llena de alimentos, a cada cual más apetitoso y exquisito. Sin embargo, todos los comensales tenían cara de hambrientos y el gesto demacrado: Tenían que comer con palillos; pero no podían, porque eran unos palillos tan largos como un remo. Por eso, por más que estiraban su brazo, nunca conseguían llevarse nada a la boca.

Impresionado, el sabio salió del infierno y subió al cielo. Con gran asombro, vio que también allí había una mesa llena de comensales y con iguales manjares. En este caso, sin embargo, nadie tenía la cara desencajada; todos los presentes lucían un semblante alegre; respiraban salud y bienestar por los cuatro costados. Y es que, allí, en el cielo, cada cual se preocupaba de alimentar con los largos palillos al que tenía enfrente.”

Hace un tiempo, asistí a un taller de crecimiento personal en el que el facilitador nos propuso escenificar, entre todos los asistentes, la idea del cielo que describe este cuento. Tuvimos que disponernos en círculo alrededor de un cesto lleno de tarjetas de colores que representaban alimentos y con unas varillas preparadas para el juego, teníamos que alimentar a los demás y permitir que otros nos alimentasen. Además, a algunos participantes se les había informado sobre algunas características que debían incorporar al papel que representaban y que los demás desconocíamos. Por ejemplo, algunos “no tenían dientes”, otros “eran alérgicos a algún alimento”, etc… Al final debíamos lograr sentirnos bien, estar alegres y, por supuesto, bien alimentados. Al realizar esta dinámica aprendí muchas cosas sobre el arte de ayudar que hoy quiero compartir contigo:

1.- Una de las primeras cosas de las que nos percatamos fue que, cada cual, según su posición en el círculo, podía ayudar a unos cuantos compañeros pero resultaba imposible alimentar a otros. Así que, para ser eficaces, había que centrarse en lo que era posible hacer y confiar que otros hicieran el resto.

2.- También aprendimos a interesarnos por el otro antes de intentar ayudarle. Resultó muy impactante ver como alguien con todo entusiasmo acercó a la boca de otro compañero una tarjeta que representaba un gran pastel y, sin embargo, fue rechazado pues esa persona estaba en el papel de “diabético”. Comprendimos que todo el esfuerzo realizado y toda la ilusión invertida en ese gesto no solo no servía sino que podía haber sido lesivo, solo por no haber indagado antes sobre las verdaderas necesidades y los deseos de quien iba a recibir la ayuda. En este punto el coordinador del grupo nos animo a reflexionar sobre las motivaciones de nuestro deseo de ayudar, invitándonos a responder a las siguientes preguntas: ¿Qué busco con este gesto altruista?, ¿Admiración, control, sentirme bueno o importante, quedar bien o deseo, desinteresadamente, el bien del otro?, ¿Estoy poniendo por delante sus necesidades o mi propio interés? Aún cuando haya una mezcla de motivaciones, es importante ayudar, pero partiendo del interés real por el otro, su circunstncia y sus prioridades.

3.- El tercer punto que quedó claro es que era necesario ayudar en el momento adecuado para el que es ayudado y no cuando le fuera bien a quien ayudába. Pues sucedió que un participante se encontró que tras haber logrado coger con mucho esfuerzo una tarjeta que representaba un humeante tazón de sopa, se lo ofreció a alguien que estaba realizando, “por motivos religiosos, unos días de ayuno”. Una y otra vez vimos clara la necesidad de observar, preguntar, interesarnos por el otro para así poder ofrecerle lo que realmente necesitaba y en el momento adecuado. Por mucho que deseemos ayudarle a volar, una oruga necesita su tiempo dentro del capullo para transformarse en mariposa. Lo prioritario es la necesidad del otro y no nuestra necesidad de ayudar.

4.- También nos dimos cuenta que cada uno de nosotros formábamos parte del grupo y eso quería decir que no sólo teníamos que ayudar a comer a los demás sino que teníamos que permitir que otros nos ayudasen. Aquí, uno de los compañeros compartió este cuento de Bruno Ferrero que ilustra muy bien este punto: “Un padre estaba observando a su hijo pequeño que trataba de mover una maceta con flores muy pesada. El pequeño se esforzaba, sudaba, pero no conseguía desplazar la maceta ni un milímetro.
- “¿Has empleado todas tus fuerzas”, le preguntó el padre.
- “Sí”, respondió el niño.
- “No”, replicó el padre. “Aún no me has pedido que te ayude”.
Considero que, aún con la ayuda de los demás, poco se logra, si no empiezas por ayudarte a ti mismo. Pero en ocasiones, ayudarte a ti mismo supone, dejarte ayudar.

5.- El quinto aprendizaje consistió en comprender que en la necesidad de ayudar también se puede llegar a estorbar y obstaculizar la ayuda que otros están realizando o el aprendizaje que se necesita asimilar a base de equivocaciones. Tuvimos que ser cuidadosos, utilizar el ingenio y ponernos de acuerdo para que al irse cruzando nuestras varillas no se cayeran las tarjetas de comida, por ejemplo. Quedó claro que no era positivo hacer por el otro lo que no te ha pedido o suponer de antemano que no será capaz de hacerlo o, por no querer dedicar el tiempo necesario o querer que te sigan necesitando, hacer algo en vez de enseñar a hacerlo. Poco a poco, siendo respetuosos y pacientes unos con otros, fuimos compartiendo aprendizajes y mejorando.

6.- Además, también descubrimos talentos particulares que quedaron expuestos al trabajar en equipo por el bien común. Algunos iban coordinando las acciones, otros ofrecían ideas para manejar mejor las varillas, otros iban recopilando lo que íbamos aprendiendo, otros animaban y alentaban a los demás cuando se cometían errores, etc… Ayudando nos ayudábamos a nosotros mismos. Ibamos encontrando nuestro sitio y nuestra función dentro del grupo. Como dice Jorge Bucay, “el verdader amor no es otra cosa que el deseo inevitable de ayudar al otro para que sea quien es”

7.- Entendimos que nadie sale adelante solo sino que otros tienen que hacer bien su labor para facilitarnos nuestro bienestar. En otro momento del taller nos invitaron a descubrir esa trama de colaboración en la vida de cada uno y sentimos brotar agradecimiento por tantas personas que, de una forma u otra, estaban ayudándonos a tener una vida más grata. Fue ahí dónde escuché por primera vez la historia de la gestación del famoso cuadro “Manos” del pintor alemán Alberto Durero, que puedes escuchar en este audio:


En las conclusiones finales de la jornada, todos coincidímos en que el activar esa capacidad humana de salir de uno mismo para ayudar a otro nos generaba un sentimiento reconfortante. La clave principal es llegar a considerar los intereses de otro como tus propios intereses. Algunos neurólogos afirman que la ayuda desinteresada, enciende una parte del cerebro que está vinculada con la sensación de placer. Por otra parte, tener algo que ofrecer, mejora la autoestima y el apoyo mutuo profundiza y fortalece los vínculos sociales. Desde mi experiencia creo que cuando te sientes útil, por mucho que hayas entregado, te llevas más. Y te sientes pleno. En esta escena de "El Rey Pescador" (Terry Gilliam, 1991), una de mis películas favoritas, queda expresaba de una forma sencilla y poética, el profundo significado de la capacidad humana de ayudar:



Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

Pepa Arcay
Coach personal


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lunes, 6 de enero de 2014

Dar y recibir

Es posible que, en estas fechas, estés pensando en todo aquello que quieres conseguir a lo largo del año. Has renovado  propósitos, has hecho listas con nuevos objetivos y estás concentrado en lo que esperas que la vida te traiga. Por el contrario,  hoy te propongo que  enfoques la mirada en todo aquello que puedas entregar.  Y lo sugiero así convencida de que, más allá de lo que suponga para los de tu alrededor,  es una actitud que te puede aportar ventajas inesperadas para ti mismo. Beneficios, entre otros, como mejorar la autoestima y el estado de ánimo, conectar con la vibración de abundancia, descubrir una vocación, sentirte útil o desarrollar tu creatividad.

He seleccionado algunos párrafos de “Lo que el corazón quiere contemplar” donde quedan especificadas algunas formas de llevar a la práctica este enfoque:


Al comenzar el día, mira el brillo de tus ojos en un espejo y, mientras lo haces, recita varias veces, con respetuoso reconocimiento, la siguiente declaración: Honro tu presencia, pues perteneces a la vida y, con tu singular aportación, colaboras en su infinita expansión. Sean cuales sean tus circunstancias y más allá de la forma en la que quieras evolucionar, empieza por compartir lo que ya eres, lo que sabes, lo que sientes y lo que tienes. Hazlo como una forma de salir del estancamiento, entrar en acción y así tener la oportunidad de reconocer el valor de tu aportación


“Te ofrezco unas preguntas puente para encontrarte con esos dones, cualidades y talentos que puedes compartir: ¿Qué es aquello que de ti puedes dar que a otros puede ayudar, y que además, al darlo tú, descubres que sigues teniendo más y que parece infinito ese caudal?  ¿Cómo puedes usar tus energías en acciones que, además de promover tu realización, beneficien a los de tu alrededor? ¿Hay algo que puedas entregar a los demás que, a su vez, te permita liberar tu potencial?”  


Solo se trata de dar aquello que hay en ti y que tanta satisfacción te produce compartir. Eso ya es vocación, es decir, profunda inspiración que te invita a desplegar tu potencial y a compartir ese caudal para facilitar la evolución de todo lo demás.

“Además, como reconstituyente para el ánimo, cuando te encuentres vacío o creas que ya nada te queda, recuerda preguntarte: ¿qué es lo que yo puedo dar? Y organízate para entregar aquello que aparezca como respuesta. Confía en que haciéndolo pasarás de sentirte victima a saberte protagonista movido por la fuerza de tu espíritu, leal militante de la vida. Con esta actitud también estarás cultivando esa disposición de ánimo desde la que se puede contemplar los intereses de otros como tus propios intereses, y sentir el sosiego y la paz interior que proviene de la mutua colaboración.”


También te dejo este vídeo que muestra
 como pequeños detalles de cortesía, solidaridad o simpatía, al alcance de todos, pueden seguir un recorrido en forma de boomerang donde dar y recibir quedan enlazados.



He querido subrayar la perspectiva del dar porque percibo la vida desde la confianza en que todo tiene vocación de contribuir y en ese servicio encuentra forma de brillar, evolucionar y sonreír. Espero que también  lo puedas descubrir y disfrutar así en tu propia experiencia.

Gracias por tu atención. Estaré encantada de leer tus comentarios. Abrazos y hasta pronto.

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"En el fondo de tu corazón están esperando los sueños no cumplidos y todo el amor que aún no ha podido ser. Date permiso para vivirlos.(“Lo que el corazón quiere contemplar”) 

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